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La ideológica parte de ideas preconcebidas que perturban nuestra percepción de lo observado y distorsionan nuestra comprensión de la realidad. Esa perturbación puede estar causada por intereses personales en el momento de la observación o por ideas preconcebidas sobre lo que se espera obtener de lo observado y afectan nuestra percepción de la realidad. Todos tenemos reflexiones lógicas y asumimos creencias ideológicas en función del nivel y calidad de la información que cada cual tenga sobre el tema en cuestión. Nuestros intereses personales y nuestro conocimiento del tema en discordia, determinan si vemos la realidad o lo que queremos o esperamos ver. Hay unas personas naturalmente inclinadas a la lógica y otras a la ideología. Cuando se intenta influir sobre otra persona, se recurre a la ideología. Todo el márquetin, la publicidad, son proclamas ideológicas, eslóganes que se intentan imponer de manera acrítica en otras mentes. La lógica nos inclina a buscar, contrastar y analizar la información relevante en cada circunstancia, pero la mentalidad ideológica no es crítica ni selectiva y no es la información más oportuna en cada situación, entre la disponible. Por ejemplo, si nos encontramos conduciendo nosotros, y estamos parados ante un semáforo, la información relevante en esa circunstancia y a la que hay que estar atento con especial atención, es el color de la luz del semáforo. Pero hay personas que, en esas ocasiones, miran a los peatones o los escaparates, o aprovechan la parada para consultar el móvil o miran a la radio del coche mientras la escuchan o se enfrascan en sus pensamientos sin ver nada. Cuando el semáforo se pone verde, el conductor con comportamiento ideológico no arrancara el coche hasta que no oiga el claxon del conductor que está detrás, o vea varios vehículos adelantarle por un carril paralelo al suyo o un acompañante diga: Está verde.
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El razonamiento lógico se basa en la mayéutica socrática. Consiste, simplemente, en cuestionar las propias ideas y hacerse preguntas. Es así como avanza la ciencia. En ciencia, lo normal es el pensamiento lógico, aunque a veces se dan inspiraciones y surgen ideas que no parecen surgir de ningún razonamiento. Emergen sobre un divagar sobre el tema. En política suele prevalecer el pensamiento ideológico. En ciencia el lógico. Y, afortunadamente, se dan científicos de la política.
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Uno de los mejores ejemplos del pensamiento lógico científico lo tenemos en Newton. Cuando Kepler, basándose en las tabulaciones de Ticho Brahe sobre las posiciones de Marte respecto al sol, descubrió que la órbita de Marte era elíptica, Newton se hizo una pregunta: ¿Por qué es elíptica? Lo que le llevó a una serie de preguntas más concretas, descubriendo con cada pregunta una nueva teoría o desarrollando una nueva área de las matemáticas. Así, a partir de la pregunta sobre cuál es la fuerza que hace que Marte se desvíe de una órbita circular, aristotélica, a una elíptica, descubrió la gravedad. Para medir el efecto de la fuerza de atracción del sol sobre Marte, desarrolló la mecánica newtoniana, comenzando con la propuesta de que la fuerza ha de ser proporcional a la masa por la aceleración y para explicar matemáticamente la evolución de esa fuerza de un punto al siguiente, desarrolló el concepto de derivada y el cálculo diferencial.
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El pensamiento ideológico se va arraigando en la mente, mediante un proceso mental, por el cual las ideas y tareas reiterativas se van fijando y automatizando. Estoy aprendiendo a dibujar , actividad que he iniciado recientemente y tarea que recomiendo practicar por sus gratificantes efectos en la mente. Dibujar es una tarea contemplativa, en la que se observa la realidad con la intención de identificar las formas, con la intención de reproducirlas con exactitud o inspirarse en ellas para crear formas estéticas ideales. Dibujando con cierta regularidad y asiduidad, como aprendiz interesado en ir mejorando la técnica, he observado un fenómeno que me ha llamado poderosamente la atención y he estado analizando en detalle. Estando dibujando un paisaje, descubrí un hecho llamativo al trazar la línea de horizonte, esa línea que, en los paisajes marítimos, separa al cielo del mar. Durante meses, había estado trazándola esa línea recta con la ayuda de una regla, pero llevaba unas semanas tratando de trazarla a pulso, con gran concentración y cuidado, unas veces con mejor y otras con peor fortuna, dependiendo del día. Descubrí de repente que, ese día, dibujaba el horizonte con gran acierto y soltura Es más, observé que mi atención se limitaba a observar lo que estaba haciendo, como supervisando la calidad del resultado, sin prestar ninguna atención en cómo se ejecutaba lo que estaba haciendo, tarea que realizaba automáticamente mi cuerpo, especialmente el brazo y la mano, guiando el lápiz mecánicamente, sin esfuerzo por mi parte, con sorprendente maestría y velocidad.
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Tanto me fascinó ese fenómeno que lo estuve investigando y me enteré de que tenemos los humanos un proceso neurológico por el que tareas reiterativas terminan desarrollando neuronas madre indiferenciadas haciéndolas que maduren y se especialicen en hacer con corrección creciente las tareas reiterativas y se asocien con otras para formar un circuito que codifique una rutina de actuación. El fenómeno se conoce como neurogénesis creativa. En mis sesiones de dibujo he visto como el proceso se reproducía en otras tareas elementales: afilar la mina del lápiz, borrar con la goma de precisión y, poco a poco, ese automatismo se extendía a otras tareas más complejas como hacer el primer esbozo de un dibujo para encajar las proporciones o mezclar colores. Yo definía el tono de verde que quería, ponía azul y amarillo y el inconsciente se encargaba de ir mezclando las pinturas hasta obtener el tono de verde imaginado.
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Entiendo que el proceso es el mismo para el aprendizaje de cualquier oficio o tarea que hagamos de forma reiterada y frecuente, acelerándose los resultados en función de nuestro interés por lo que estamos haciendo, ya se trate de un deporte, una afición o un trabajo, la neurogénesis creativa es la herramienta más eficaz para aprender algo que nos interesa realizar con eficacia.
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En términos analógicos con la informática, considero que las tareas iniciales que necesitamos aprender se realizan mediante “software”, es decir, rutinas de trabajo que conocemos y ejecutamos con atención pero, a medida que se repite una tarea, la memoria la reprograma como ”hardware”, es decir: rutinas registradas en circuitos físicos, redes neuronales, generadas con un propósito concreto a partir de células madre vírgenes. La gran diferencia en la práctica entre realizar algo programado en la memoria o mediante circuitos físicos está entre hacerlo consciente, unas veces mejor y otras peor, o hacerlo inconscientemente y automáticamente, siempre, aparentemente igual, pero mejorando progresivamente. La conversión de actuar de una manera o de otra se realiza inicialmente con tareas muy elementales, sencillas y reiterativas, pero que terminan integrándose en tareas más complejas, como la de conducir un coche, pilotar un avión, o reparar un motor. Cuando conducimos un coche, no ponemos atención a si estamos cambiando de marcho o vamos frenando. Hemos automatizado la conducción.
También nuestra percepción de la realidad se ve afectada por este proceso neuronal, con la diferencia de que la percepción de lo observado no capta los errores de percepción que hacemos al observar, a diferencia de la facilidad con que vemos los errores en la ejecución de nuestras acciones. Si no arreglamos bien un motor, el motor no arranca, reclamándonos que identifiquemos y reparemos nuestro error. En el caso del dibujo, la labor parte y depende de la calidad de la observación que hacemos de esas formas de la realidad que miramos con el fin de reproducirlas o de inspirarnos en ellas para crear otras formas ideales con valor estético. La observación ha de ser atenta y consciente, analítica, lógica. Pero la ejecución puede hacerse automática, inconsciente, ideológica.
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Cuando vamos forjando nuestra opinión sobre algo y la neuroplasticidad va fijando un percepción determinada en redes neuronales, creadas mediante neuronas especializadas difíciles de reprogramar una vez programadas, las ideas falaces que asumimos como dogmas de fe, forjan ideas referentes que actúan como ideologías, y terminan creando circuitos mentales prácticamente inalterables, que con el tiempo, tunden a reforzarse, haciéndonos cada vez más inflexibles, impermeables a ideas contrarias a las nuestras y ciegos a la realidad de los hechos y las circunstancias que observamos. El ideólogo no valida la información que cree ver y que, normalmente, ve deformada por su ideología, ni escucha los datos que contradicen su parecer.
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Cuando analizamos las afirmaciones de otras personas, especialmente de los políticos, podemos observar que, en lo que dicen, la ideología predomina sobre la verdad de lo discutido, distorsionando la verdad. El político no siempre miente, con frecuencia, están profundamente equivocados. Es cierto que se miente cuando afirmamos algo que creemos que es falso, pero el error ideológico es muy frecuente y se trata de un error desconocido, dado que es inconsciente, que se asume como verdad.
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El pensamiento lógico hace deducciones en base a datos que la mente lógica, predomínate entre los científicos, contrasta y vuelve a verificar con la realidad observada y revisa las conclusiones de su razonamientos con nuevos datos empíricos El famoso debate entre von Mises y los profesores de Harvard sobre economía, que los americanos perdieron y los gobiernos ocultaron en defensa y protección de sus manifiestamente erróneas políticas. A pesar de que todos los intervinientes en ese debate eran científicos y asiduos pensadores lógicos, los profesores de Harvard razonaban sobre premisas no contrastadas pero firmemente asumidas ideológicamente, mientras que el profesor austriaco partía de premisas contrastadas y evidentes, verificadas reiteradamente y confirmadas lógicamente.
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Vista previa del vídeo Cuando Mises Destruyó a los Socialistas de Harvard en 30 Minutos (Video Perdido) de YouTube
https://youtu.be/WE3bh_JDRyo?si=HjgAZF6QwEEo4ir4
jueves, 12 de febrero de 2026
Ideología y Lógica
Carlos del Ama
Leyendo y escuchando las declaraciones públicas de los políticos y hablando con amigos, parientes y esporádicos interlocutores, he llegado a la conclusión de que hay dos maneras de razonar en búsqueda de la verdad; la Ideológica y la Lógica.
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