Mostrando entradas con la etiqueta UE. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta UE. Mostrar todas las entradas

domingo, 24 de noviembre de 2013

Los límites de La Unión Europea y El problema de Ucrania



Nota: Este artículo fue escrito en 2004, durante la Convención sobre el Futuro de Europa, y se publicó en 2007 como parte del libro Hacia un Nuevo Orden Mundial, Carlos del Ama, páginas 163-180. El artículo predice la reacción que se debe esperar de Rusia a la posible solicitud de Ucrania para unirse a la Unión Europea y propuso, como medida preventiva que evitaría una crisis entre la UE y Rusia, la creación de una Confederación de Mar Negro, que integrase a Rusia, la UE y Turquía.

Ocho años después, la realidad de los acontecimientos confirma la predicción y hace que sea urgente considerar esta propuesta como una solución permanente a la crisis y consolidación de la paz.

Los límites de La Unión Europea y El problema de Ucrania
Por Carlos del Ama

Los límites de Occidente
“Human rights are universal”
Los derechos humanos son universales
Nicole Fontain, discurso al Consejo Europeo de Helsinki el 10 de Diciembre de 1999,”.

Al parecer, según afirman los entendidos basándose en las observaciones filológicas y genéticas que manejan, la identidad Indoeuropea se forjó junto al Caspio. Desde allí, la emigración indoeuropea al este y al oeste determinó los conceptos de Oriente y Occidente que hoy manejamos, al marchar los unos dándoles la espalda a los otros. Mientras que los que iban en el mismo sentido entrecruzaron sus caminos con frecuencia, los que marcharon en direcciones opuestas se reencontraban, esporádicamente, enfrentándose irreconciliables en cruentas guerras. Mientras que el remoto oriente quedaba distante y ajeno (salvo durante las avalanchas de Hunos y Turcomanos), el oriente cercano, indoeuropeo y vecino, forma parte de la historia de Europa como “los otros”, quienes frecuentemente aparecen como “el enemigo”. La identidad de lo que hoy llamamos Occidente se va fraguando en su diferenciación y enfrentamiento con esos “otros” pertenecientes al Oriente Indoeuropeo. El Telón de Acero trazó la última frontera entre el Este y el Oeste y su caída abrió una nunca imaginada esperanza hacia la reconciliación. En el fondo, procedentes de una misma cepa, todos los indoeuropeos, orientales y occidentales, somos familia.
Nos reconocemos en los otros por nuestras semejanzas y nuestras diferencias, por lo que somos y lo que no somos. Las distintas formas de ser hombre no nos son extrañas, pero nuestra propia identidad se nos muestra en las diferencias con los demás, especialmente con los más afines a nosotros. Conocemos mejor lo que somos cuando descubrimos en los otros lo que pudiendo haber sido no somos. Entre las diferencias históricas más determinantes entre Oriente y Occidente, destaca la distinta percepción de la libertad. Dos aspectos destacables de esta diferencia son el absolutismo despótico y el fatalismo. Frente a esos aspectos típicamente orientales, son característicos de occidente la democracia y el libre albedrío, fomento del individualismo y de la responsabilidad personal.
Si hay un momento histórico en el que se delimitan claramente las diferencias entre el oriente despótico persa y el occidente democrático griego, ése es la batalla de las Termópilas, en la que Leónidas, siendo espartano, lucha en inferioridad de condiciones por defender la democracia ateniense. Habría que hablar largo y tendido sobre los héroes de las Termópilas, pues no sólo sabían que iban a morir, sino que estaban convencidos de su condenación eterna por luchar en los días sagrados de la Carneia y, a pesar de eso, lucharon por los ideales por los que se empezaba a diferenciar la Grecia clásica, como cuna de Occidente, del Oriente antiguo. Cuando los cruzados o los mujaidines se enfrentan a la muerte en batalla lo hacen convencidos de que si mueren irán al Paraíso, pero los soldados de Leónidas lucharon en la creencia de que por su acción irían al infierno. El objetivo de los voluntarios de Leónidas era retrasar el avance persa hasta pasada la fiesta religiosa que prohibía la lucha a los griegos y dar tiempo a la movilización del ejército ateniense, aunque fuese a costa de la propia muerte y condenación. No puedo pensar en un heroísmo mayor. En definitiva, Europa, cuna de un Occidente nacido en las Termópilas, es el triunfo del individualismo frente a la masificación, el predominio de la identidad personal frente a la colectiva, la libertad frente al despotismo y al determinismo, es el fruto del heroismo voluntario y personal aunque suponga la rebeldía ante la autoridad y la costumbre. Lo cual genera una ética personal, una responsabilidad indelegable, una conciencia sensible a la culpa y un espíritu crítico personal frente a la presión social.
Cicerón opinaba que “aunque Ciro, el famoso rey de Persia, fue muy justo y sapientísimo, aquella forma del pueblo no me parece que fuera muy de desear, por depender del imperio y disposición de uno solo[1]”. Mientras que “si los pueblos saben mantener integro su derecho, niegan que pueda haber algo más glorioso, más libre y más afortunado, puesto que entonces son señores de las leyes, de los juicios, de la fuerza, de la paz, de los tratados, de la vida y de la fortuna de cada cual[2]”. Frente al despotismo oriental uniformador, el espíritu europeo se caracteriza por el individualismo y la diversidad, la afirmación de la propia identidad mediante la aceptación del otro como otro. Simultáneamente, frente al determinismo, se afirma en Occidente la libertad, garante de la responsabilidad individual.
Occidente se fragua en Grecia, en su lucha por la libertad frente al absolutismo persa. Tras su paso de Grecia a Roma, los valores clásicos se infunden de cristianismo, pasando a los godos y por ellos son trasmitidos a los polacos, magiares y fineses. El Principado de Kiev recibe con el príncipe Vladimir la tradición cristiana de mano de Bizancio y Moscú se convierte en la tercera Roma. Aunque el cristianismo hermana, las diferencias entre Oriente y Occidente subsisten y se plasman en el cisma de Oriente. Los cruzados intentan una y otra vez llevar por las armas las ideas cristianas al Islam por las antiguas rutas de Bizancio, pero son finalmente derrotados primero por Saladino y finalmente por los turcos en Nicópolis y Varna. Sellada la expansión al Este, el espíritu de Occidente cruzará el gran océano para implantarse en América y por la ruta de la buena Esperanza y el Estrecho de Magallanes, llegará a Australia, Filipinas y Nueva Zelanda.

                Los límites de Europa

El artículo I-1,2 del Tratado Constitucional afirma que “La Unión está abierta a todos los estados europeos[3] que respeten sus valores y se comprometan a promoverlos en común”, pero no dice que esté cerrada a nadie. Como ya hemos señalado, ni antes los tratados, ni ahora la constitución definen qué es Europa ni especifican que no puedan formar también parte de la UE otros países que cumplan con esas mismas condiciones aunque no fuesen europeos, por lo que el citado artículo no resuelve la cuestión de la identidad, ni la de los límites. Ya que cabe una lectura de ese punto de los tratados por la que, teniendo los estados europeos el derecho a ser miembros de la Unión si cumplen con las condiciones, no se niega la posibilidad de ser miembros a quienes no sean europeos, Nueva Zelanda seria un excelente candidato a estado miembro si no fuese por la enorme distancia geográfica.

Por otro lado, la Unión Europea se ha definido como un ámbito de libertad. Todo ámbito de libertad es inestable en tanto no sea universal y esté consolidado de manera que, junto a la libertad,  se aseguren la seguridad y la justicia. No se deben ignorar los rasgos culturales, esos rasgos que perfilan lo que Europa es como comunidad cultural, pero no se debe excluir a nadie de una unión con vocación universal, una vocación que está implícita a su propia concepción como ámbito de libertad, seguridad y justicia. Arduo dilema. La necesidad intrínseca de universalización de los ámbitos de libertad tiene dos cauces posibles: la expansión indefinida de un único ámbito de libertad o la articulación de diversos ámbitos de la libertad entre sí en una estructura superior que los armonice. En el primero de los casos se corre el peligro de pérdida de coherencia interna y disolución de la identidad, con riesgo de ingobernabilidad y de generar tensiones en todo aquel que no se sienta plenamente identificado con un único proyecto en curso o lo vea como una amenaza a sus intereses o un atentado para su identidad.

El segundo modelo resuelve ambos problemas, si bien debiera prestarse especial atención a la articulación de las fronteras entre ámbitos distintos y, muy especialmente, al tipo de permeabilidad del que dichas fronteras se doten. No debemos olvidar que un componente básico de la libertad es la libertad de movimientos. Otro problema, determinante del anterior, radica en definir el grado y tipos de diferencias tolerables entre ámbitos de libertad yuxtapuestos. Cinco son los principales tipos de diferencias: Políticas, religiosas, culturales, sociales y económicas. Una organización de ese tipo requerirá políticas que, por un lado tiendan a reducir las diferencias fomentando los intercambios, y por otro, fomenten la tolerancia por esas diferencias manteniéndolas y defendiendolas.

La solución china de aislarse del resto del mundo mediante una muralla no es hoy viable. Un paso intermedio, es el que todo ámbito de libertad desarrolle la conciencia de la necesidad de dotarse de un cinturón sanitario de otros ámbitos de libertad en torno a él. La solución del cordón sanitario, si se lograse, no deja de ser una solución parcial, pues las zonas periféricas tienen sus propias fronteras exteriores y garantizar la seguridad fronteriza de las zonas de seguridad adyacentes será un compromiso difícil de eludir. La experiencia de la Unión Europea muestra como países que fueron seculares enemigos, como es el caso de Francia y Alemania, pueden participar con éxito en un proyecto común de calado internacional. También enseña la importancia de institucionalizar el diálogo y la argumentación racional.

Siguiendo los pasos de la UE, se podría pensar en iniciar otros procesos en otras regiones del mundo como proyectos de unión económica, para ir profundizando en lo que proceda ir haciendo juntos en otros campos, teniendo claro, desde el inicio, tanto el principio rector del proceso: la renuncia explícita a toda acción de dominio de unos sobre otros, con el objetivo final de llegar a crear un área de libertad, seguridad, justicia y paz para todos: universal.

En la articulación de todo ámbito de libertad con sus vecinos, serán de gran importancia los individuos y pueblos que puedan actuar como bisagra entre ambos, aquellos que perteneciendo a una zona se sientan identificados de alguna manera con los habitantes de la otra. Sea por sus orígenes, por lazos familiares, por estudios o por largos periodos de residencia.

Ante la pauta universal que un ámbito de libertad exige, una solución al dilema del equilibrio entre la tensión universalizadora y las exigencias de controlar la complejidad orgánica y preservar la identidad en la diversidad sería que el crecimiento posterior se planificarse fractalmente, mediante otra estructura superior en la que la Unión se integre, como un todo, en una macroestructura organizada con otras federaciones regionales de estados análogas, ya existentes o que puedan configurarse en el futuro, reconstruyendo como objetivo final, en el plano político, la unidad fundamental que constituye el planeta.

              La frontera del Este
Al este encontramos la ampliación en curso de la Unión Europea, a fin de asegurar la reunificación de Europa y, al mismo tiempo, consolidar la seguridad en esa frontera. Pero la expansión no elimina la frontera, sino que la desplaza, creando una nueva frontera, y una nueva periferia, abriendo una nueva incógnita sobre ¿hasta dónde habrá de seguirse en futuras ampliaciones? Con cada ampliación se dilata la frontera, con lo que se debilita, se introduce mayor heterogeneidad que diluye, aún más, la identidad común y se incorporan nuevos problemas (por ejemplo, la incorporación a la Unión Europea de Bulgaria aportará el problema de la central nuclear de Kozludu, la de Estonia y Lituania vienen con el problema de las minorías rusas y la vulnerabilidad de la refinería de Mazeikiai a los cortes de suministro rusos, Rumania traerá las tensiones sociales de las minas del valle del Jiu, Hungría viene con las numerosas mafias húngaras y los problemas de integración de la minoría rumana. Chequia aportó el problema de la minoría “roma” y Chipre el problema de la división entre las minorías turca y griega, Turquía vendría con el problema kurdo, la amenaza latente del fundamentalismo religioso y los problemas hidráulicos con Irak. Tarde o temprano será necesario establecer zonas de seguridad al este y sureste que no formen parte de la Unión.

Está la largamente dilatada y polémica incorporación de Turquía, miembro de la OTAN desde antiguo, miembro también del Consejo Europeo, OECD y OECE. ¿Cuál debiera ser la frontera definitiva de la Unión Europea por el este? La alternativa de que tanto Rusia y Turquía pudieran, algún día, formar parte de la Unión exigiría tener que contar también con Ucrania, la República Moldova, Bielorrusia y alguna de las repúblicas del Caúcaso, incluso todas. Alternativamente, cabria considerar la posible incorporación a la Unión Europea de esos países sin que llegaran a hacerlo nunca  ni Rusia ni Turquía.

El debate público realizado con motivo de la convención constitucional ha revelado múltiples reservas entre la opinión pública europea respecto a la entrada de Turquía que cristalizaron en las desabridas declaraciones del Presidente Giscard descartando a Turquía y  fue un importante ingrediente del No francés a la Constitución Europea por vincular (erróneamente) en la campaña del referéndum la entrada de Turquía con la Constitución. Turquía podrá entrar o no en la UE, con o sin Constitución. Tanto por su tamaño como por el componente asiático, la entrada de Rusia en la Unión Europea presenta también importantes retos, pero, geopolíticamente, si Europa aspira a ser un partícipe importante de la comunidad mundial, le interesaría ser bioceánica, como lo son los EE.UU. No debemos sufrir vértigo geográfico y debiéramos hacer el ejercicio de contemplar por un momento, sin prejuicios, un mapa de Europa que cubra del Atlántico al Pacífico.

En cualquier caso, por su importancia y singularidad, hay que estudiar con especial interés, con toda la dificultad que implican su tamaño, disparidad, pluralidad y complejidad, las opciones de cooperación de la Unión Europea con Rusia y Turquía. Una cuestión no menor, es determinar si compartimos con ellos unos principios comunes y unos valores característicos, que ya vimos ser rasgos identificativos de toda comunidad comunicativa y, por consiguiente, constituyen requisitos previos para constituir una comunidad comunicativa eficaz.
 

               Rusia

A pesar de lo dicho por Prodi sobre detener la frontera y finalizar la ampliación con la incorporación de Bulgaria y Rumania, es de esperar que, en un futuro más o menos breve, Rumania abogue por Moldavia. Es también de esperar que, tarde o temprano, Polonia ponga en la agenda europea la posibilidad de incorporar a Ucrania, reinsertando la amputación de la que fue víctima en Yalta, o la propia Ucrania lo solicite en virtud del tan citado Artículo I-1,2 de la constitución. Tanto Hungría como Bulgaria, Rumania, Alemania y Austria, junto con los estados yugoslavos que en ese momento formen parte de la Unión, apoyarán, previsiblemente, la propuesta y el resto de países miembros posiblemente no solo no lo vean mal, sino que miren la incorporación de Ucrania con simpatía. Pero, ¿es posible incorporar a Ucrania sin incorporar a Rusia? ¿Puede Rusia renunciar al “Principado de Kiev”, cuna de la patria rusa? ¿Puede Rusia olvidar a los millones de rusos que forman parte de Ucrania? ¿Pueden los rusos renunciar a disponer de un espléndido puerto aliado en el Mar Negro para su flota del sur? Si algún día Ucrania se moviese hacia la Unión Europea, Rusia reaccionaría oponiéndose con energía, el suministro de gas a una fría Ucrania sería su principal argumento. Como contrapartida, ¿No va siendo hora de que la historia haga justicia a los esfuerzos de Pedro el Grande y se le proporcionen a Rusia puertos adecuados? No hablemos de San Petersburgo ni de Odessa o Sebastopol, sino de Hamburgo y Ámsterdam, de Marsella y Estambul. ¿Queremos tener en Kalingrado un nuevo Danzig y en Ucrania una nueva Alsacia? ¿Podría Europa vivir tranquila con una Rusia resentida e insegura como frontera? Rusia tiene que saber que la Unión Europea es su Aliado natural y su esperanza y no una amenaza. Es la hora de reunir la Gran Casa Indoeuropea mediante una alianza entre Europa y Rusia.

A Rusia habría que asegurarle, cuanto antes, que la Unión Europea cuenta con ella. Tanto Rusia, como Turquía y España, son países que pudiendo haber sido asiático el primero, oriental el segundo y africano el tercero, eligieron ser europeos. Rusia optó por Europa con el bautismo del príncipe Vladimir, reafirmándolo con Pedro I y Catalina la Grande. La Gran Casa Europea de Gorvachov es la ratificación reciente de la voluntad de Rusia de ser europea. Turquía optó con Ataturk por Europa y España lo hizo en las Navas de Tolosa, logrando que Africa no empiece en los Pirineos. No se les puede negar a ninguno de los tres el deseo de ser europeos. La opción de ser europeos es una opción a la que tienen derecho porque se la han ganado por propia voluntad y esfuerzo. No olvidemos que Moscú es, tras Bizancio, la tercera Roma. Asimilar a Rusia dentro de la Unión Europea sería difícil de no ser imposible, tanto por su tamaño como por su diversidad. Tampoco es cuestión de pensar en una división de Rusia que facilitase la integración de la parte europea en la Unión tras desprenderse de los territorios asiáticos.

Si bien Rusia no está en condiciones de adhesión, sería conveniente elaborar un plan que abra vías de estrecha colaboración mediante una alianza permanente e institucionalizada. Una vez resuelto el estatus de Kalingrado, tras la incorporación de los países bálticos y con Polonia en la Unión,  Rusia se ve dividida por el territorio de la Unión y vecina de una enorme potencia. La incorporación de Rusia sería algo natural en esas circunstancias, pero tanto el tamaño como la componente asiática de Rusia son serios inconvenientes para su asimilación, tanto en términos políticos como económicos y sociales.

Al igual que los países del este europeo, empezando por Ucrania, la Rusia europea podría llegar a incorporarse a la Unión Europea por propio derecho en virtud del Articulo I-1,2.  Por supuesto que la integración de Rusia, de la Rusia europea, de llegar a hacerse, no sería cosa de pocos años. Enormes problemas han de ser resueltos, como la pacificación y estabilización de sus fronteras, asegurar la seguridad de sus centrales nucleares y otras instalaciones y zanjar, entre otros, el problema chechenio. La tensión de una frontera entre una Siberia desértica y una China superpoblada no deja de ser de un potencial preocupante. Llevará posiblemente décadas para que Rusia pueda cumplir con todas las condiciones de Copenhague y de Helsinki. Pero. ¿Qué ocurriría si las llegase a cumplir? Con independencia de que se llegase o no a integrar como país miembro, habría que ayudándoles a trabajar y progresar desde ya en el sentido de su alianza y convergencia con la Unión y formular la forma de una eventual asociación muy estrecha.

De mantenerse la unidad trans-ural de Rusia, su integración como un estado más de la UE es más que difícil de incluso considerar; pero Rusia podría, como alternativa, llegar a formar su propia unión regional con alguna de las antiguas integrantes de la disuelta URSS, como Bielorrusia, Armenia, etc. Las elecciones en esos países muestran como se reparten los afectos de esos pueblos entre Europa y Rusia. Si bien, dado que la disolución de la URSS es muy reciente, podrían presentarse reticencias entre la población a una nueva confederación regional entre repúblicas ex-soviéticas, salvo que ello fuese un paso dentro de un programa de unión con la Unión Europea en torno a una Confederación del Mar Negro. Otra opción es que, en paralelo, las antiguas repúblicas islámicas soviéticas podrían formar parte de una Gran Unión Turca con mejor éxito y menores tensiones que su reincorporación a una nueva federación con Rusia, al gozar de una mayor identificación cultural entre ellas y con Turquía, máxime cuando comparten religión y lenguaje.

Ahora bien, si no le es posible integrase como estado miembro de la Unión Europea, Rusia se podría vincular como estado asociado o, mucho mejor, llegar a formar una confederación entre la Unión Europea y Rusia, una Rusia ampliada o no.

Hemos de tener en cuenta los ya numerosos programas de cooperación entre la Unión Europea y Rusia, como The Nordem Dimension Actinon, TACIS, ECHO, Consejos de Cooperación, Comités de Cooperación, como el “EU-Russia parlamentary cooperation committee” y la creciente cooperación en la OTAN, mediante el NATO-Russia Council y el Partnership. La institucionalización de las relaciones de la Unión Europea con Rusia debiera culminar en la creación de una Confederación del Mar Negro a la que pudiese, o no, incorporarse Turquía.


[1] Cicerón, De Republica. Libro I-43.
[2] Ciceron, o,c. Libro I-48.
[3] Punto al que podrían acogerse tanto Ucrania como Bielorrusia, Moldavia o la propia Rusia.

martes, 6 de marzo de 2012

Europa y la Globalización IV La Misión de Europa

¿Para qué una Unión Europea?

Según los tratado, los objetivos de la Unión son:

1.- La finalidad de la Unión es promover la paz, sus valores y el bienestar de sus pueblos.
2.- La Unión ofrecerá a sus ciudadanos un espacio de libertad, seguridad y justicia sin fronteras interiores.
3.- La Unión obrará en pro de una Europa caracterizada por el desarrollo sostenible basado en un crecimiento económico equilibrado.
4.- En sus relaciones con el resto del mundo, la Unión afirmará y promoverá sus valores e intereses. Contribuirá a la paz, la seguridad, el desarrollo sostenible del planeta, la solidaridad y el respeto mutuo de los pueblos.
Artículo 3 de la propuesta de constitución por la convención

Un proyecto común
Europa es la solución, decía Ortega. Se refería a su análisis de España como problema, pero Europa es respuesta para cada estado miembro al afrontar su futuro en un mundo globalizado. Europa es la respuesta a la pregunta que los europeos se hacen sobre sí mismos, es la interpretación de lo que colectivamente son, la determinación de su propia identidad colectiva en un mundo globalizado, respuesta que se presenta como un proyecto común en el mundo y ante el mundo.

Toda pregunta por "el qué" de algo se puede disolver en una pregunta por "el para qué" de ese algo. Ya hemos visto que el primer “para qué” de la Unión es la paz, pero la Unión también tiene otros fines, que contribuyen a perfilar su misión. La misión de Europa tiene dos vertientes, una interior y otra exterior. El “para qué” de un ente es su forma de ser como “ser para”. El “ser para” es una forma de “ser útil”. Es la forma disponible y funcional de ser. Pero el ser de Europa es un modo de ser colectivo de quienes “propiamente son”: los europeos, pues ya hemos visto que Europa es un ser simbólico y social. El “en sí” de Europa está en sus ciudadanos, es un “en ellos”. El “ser para” de Europa es la forma colectiva de ser de los seres que la integran, un “para que sean lo que quieren ser quienes realmente son”. Europa somos los europeos, en tanto es nuestra forma de convivir en un mundo globalizado mediante un afán colectivo que se concreta en una misión común. La identidad de un colectivo humano está determinada por los objetivos comunes de sus miembros.

Misión de la Unión Europea
... no somos un estado ni una nación ni un imperio, sino todo un mundo, consistente en muchas naciones, de muchos estados y toda suerte de comunidades bajo una misma bandera. General Smuts,
Discurso al Parlamento tras la Imperial Conference de 1917

Si lo que se es, la identidad existencial, la única identidad a la que pueden aspirar los colectivos como Europa, se determina por lo que se va haciendo, definir lo que se quiere ser es trazar un conjunto coherente de propósitos de acción: se trata de definir una misión. La unidad de los grupos humanos, con independencia del talante y naturaleza de cada grupo, podría estar potenciado por un origen común, pero el único fundamento que hace que un grupo sea viable en el futuro lo constituye un proyecto común. No en balde, como enseña Julián Marías, el hombre es futurizo . Es por ello que pueblos hermanos se quiebran en ausencia de un proyecto común (no hay más que echar un vistazo al mapa sudamericano tras desaparecer Bolívar y San Martín); a la par que pueblos dispares fundan imperios, ahí tenemos a los EE.UU. y al imperio otomano.

Definir a la Unión Europea es determinar su misión, la cual debiera estar especificada en su constitución. La misión de todo colectivo tiene dos facetas: una interna y otra externa, debiendo ser ambas coherentes y complementarias. La misión interior, tal y como se definía en los tratados y recoge la constitución, es lograr una unión, cada vez más estrecha, entre los europeos, en un ámbito de libertad, seguridad y justicia para constituir un futuro común. Potenciando la acción comunicativa, añadimos, y asegurando la paz y la prosperidad en el continente. La misión exterior debiera ser el contribuir a la paz mundial mediante su aportación y ejemplo para institucionalizar la acción comunicativa en las relaciones internacionales. Europa debiera colaborar y estimular la creación de otras uniones de países, a imagen y semejanza de la UE.

Corresponde a la Unión Europea exportar su modelo a otras regiones del globo, de manera que se constituyan diversas uniones regionales en todos los continentes, creando una red de bloques semejantes, capaces de lograr una serie de instituciones afines que permitan trabajar en conjunto en aras de una ordenación mundial, entre iguales, sin violencia, mediante un proceso negociador continuo y un diálogo institucionalizado, que asegurase la progresiva extensión de la comunidad comunicativa en el mundo.

Europa ofrece un modelo de unión que podría ser imitado en la búsqueda de una coexistencia global.

El reto de la Unión Europea es ser capaz de alcanzar la unidad en la diversidad, manteniendo esa diversidad y fortificando la unidad. Para desarrollar la reflexión de ese tema podríamos continuar la línea de pensamiento renacentista sobre el “cuerpo místico” o, mejor, acudir a la Teología Trinitaria, profundizando en el “pluribus in unum”. Quizás las naciones europeas no sean sino hipóstasis diversas de una naturaleza común llamada Europa. Dejemos a los teólogos la posibilidad de analizar las implicaciones que esta idea pudiera tener para la concepción de la Unión Europea. Sin embargo, un punto está claro, la línea del pensamiento trinitario sobre la unión en la diversidad, lleva a la conclusión de que, como ya lo fuera en la unión entre los romanos y los sabinos, la clave de toda unión profunda y fecunda es el amor mutuo.

El objetivo es crear los cauces para la universalización del ideal encarnado por la Unión Europea, sin caer en la tentación del expansionismo ilimitado, evitando el peligroso juego de los equilibrios de poder entre bloques y evitando el riesgo de sufrir choques Huntingtonianos , tanto ideológicos y culturales como económicos o bélicos. Evitar las relaciones de dominio, que inevitablemente conducen a la confrontación, promoviendo acciones comunicativas entre bloques que lleven, por medio del diálogo sincero y constructivo, a acuerdos de cooperación. Europa debiera dedicar recursos para ayudar con asesoramiento, experiencia, tecnología y fondos a la implantación e institucionalización de otras uniones regionales a imagen de ella.

martes, 14 de febrero de 2012

Europa y la Globalización I I I Naturaleza de la Union Europea

Puede que llegue el día en que el juego limpio, el amor a los otros hombres, el respeto por la justicia y la libertad, permitan a generaciones atormentadas marchar hacia delante serenas y triunfantes.
Churchill, 4 abril 1955

El profesor García Morente dejó escrito que a los seres humanos no se los define por lo que son, sino que se les identifica por quienes son. Sin embargo, lo que son, aunque no las identifica, muestra aspectos importantes de las personas que complementan la información sobre quienes son. Los humanos tenemos rasgos esenciales y rasgos existenciales y ambos caracterizan y condicionan nuestro actuar. Los primeros integran nuestra identidad esencial y determinan nuestros impulsos naturales, como el de respirar o el de pensar; los existenciales los hemos venido desarrollando mediante nuestras acciones pasadas, forman parte del acervo histórico personal, Julián Marías lo llamaría “nuestra vida biográfica vivida”, y ellos configuran nuestra identidad existencial y condicionan nuestras acciones mediante hábitos y costumbres, como el fumar, que no es un mero respirar, o el filosofar, que es un pensar sistemático peculiar. Mientras que la esencia determina quienes somos, la existencia va configurando lo que somos, correspondiendo a nuestros propósitos la especificación de lo que queremos ser. Lo que se es se determina por lo que se hizo y lo que se hace queda condicionado por lo que se va siendo.

Los países, las federaciones de estados y los grupos de individuos carecen de identidad esencial, sus únicas señas de identificación son existenciales, históricas, personalidad jurídica incluida. (Podemos preguntarnos qué es la Unión Europea, pero no podemos plantear quién es la Unión Europea, aunque sí podemos preguntar quiénes formamos parte de la Unión Europea). No se puede hablar de la esencia de un pueblo, porque todos los pueblos carecen de ella. Si preguntamos: ¿Qué es Europa?, nos encontramos ante dos cuestiones: el Qué de Europa y el Ser de Europa. Es decir, tenemos una cuestión óntica y otra ontológica .

El qué de Europa es de naturaleza histórica. Se va determinando día a día por lo que Europa hace dentro de los límites y posibilidades fijadas en los tratados y, algún día, en su constitución. Como realidad dinámica, la identidad de la Unión Europea se determina por su quehacer. Se configura mediante una serie de acontecimientos, siendo, por tanto, un acontecer cuyo pasado, ya acontecido, se acumula en su ser como lo históricamente dado en cada momento. Acontecer que, como Unión Europea, se ha ido plasmando en los sucesivos tratados y compendiado en la propuesta de constitución.

La Unión Europea es una realidad presente en la que se sintetiza su historia y constituye la condición ineludible de lo que pueda llegar a ser. El futuro de la Unión Europea no parte de cero, es lo que hoy es como resultado de lo que ha venido siendo y haciendo. Pero si bien es cierto que la realidad presente, la actualidad, condiciona el futuro, no lo determina. Tanto los hombres como las comunidades humanas y, por ende, la Unión Europea, son realidades vivas que, siendo lo que en cada instante son, están abiertas a la discontinuidad del cambio y a la evolución. Si bien la comunidad de origen facilita la cooperación y la unión, lo auténticamente aglutinador de un colectivo humano es participar en un proyecto común. La cohesión de la Unión será función de la comunidad de objetivos y del volumen, frecuencia e importancia de los intercambios que tengan lugar entre sus miembros, ya sean intercambio de personas, ideas, valores, intereses, afectos, genes o mercancías.

Al ser los rasgos existenciales consecuencia de los actos, decir lo que se es equivale a describir lo que se hace, así, un pintor es pintor porque pinta, un estudiante es estudiante porque estudia y Miguel Ángel se hizo Miguel Ángel pintando la Capilla Sixtina y esculpiendo el Moisés. Frente al futuro, nuestros propósitos especifican indistintamente lo que pretendemos hacer y lo que nos proponemos ser, pues ambos convergen. A la luz de los tratados, el propósito de la Unión Europea de “realizar una política exterior y de seguridad común” define uno de los rasgos de lo que la Unión quiere ser: “un grupo de países solidarios en materia de defensa y política exterior”. Europa es y quiere ser algo más que una unidad defensiva, una unidad comercial y una unidad judicial y penal. Esos no eran más que tres “pilares” y los pilares forman parte de la estructura pero no son el edificio.

El Ser de Europa, como ser en el mundo, le exige la comprensión del ser, Seinverständnis, como modo humano de ser, así como la atención y cuidado, sorge, de los otros seres con los que se comparte este mundo. Europa no puede concebirse a sí misma al margen del resto del mundo ni actuar despreocupada por los demás países. Analizando a Heidegger, Zubiri dice, que ese ser en el mundo supone una patencia precursora definitoria del porvenir y preocupada por el futuro, identificando posibilidades y definiendo proyectos que habrá que ejecutar .