Ante todo, hemos de felicitarnos por haberse conseguido un acuerdo que nos saque del impás institucional y operativo en el que los referenda fallidos nos habían situado. El nuevo tratado tiene mucho de lo bueno que se recogía en la fallida Constitución y alguna novedad interesante:
-Se establece la identidad jurídica de la Unión Europea.
-Se margina la lacra de las decisiones por unanimidad a casos muy reducidos.
-Se crea la figura de Presidente permanente con dedicación en exclusiva y por un periodo renovable de dos años y medio.
-Se crea la figura de Alto Representante con participación en el Consejo y en la Comisión.
-Se elimina el requisito de tener un Comisionado[1] por cada país miembro.
-Se les da un papel a los parlamentos nacionales para que puedan contribuir a la legislación europea.
-Se establecen los cimientos de una política energética común.
-Se abren las puertas a futuras ampliaciones.
-Se regula la salida de miembros que deseen abandonar la Unión.
-Se reconoce la carta de derechos de los ciudadanos.
Lamentablemente se han quedado en la cuneta retazos importantes de la abortada constitución y se ha perdido la ocasión de aportar elementos positivos nuevos.
Así:
-Hasta 2017 seguiremos padeciendo el NO polaco. La expresión “no polaco” debiera pasar al lenguaje popular para significar la negativa sistemática a cualquier propuesta. Se opusieron a la ley de patentes de software, a la reducción del IVA, al importante acuerdo con Rusia, al nuevo tratado que comentamos,... y seguirán haciéndoselo difícil al resto de los europeos.
-Al dejar que los países miembros puedan dictar su propia política exterior al margen de la europea, se ha perdido la ocasión de que Europa pudiese actuar en política exterior con una voz y una única voluntad. Se desatiende con ello uno de los anhelos más extendidos entre los ciudadanos europeos: el de que Europa actúe en el mundo con unidad y eficacia, evitando escándalos de enfrentamientos en política exterior como los que se produjeron con motivo de la guerra de Irak. Ahora tendremos una voz más potente y mejor documentada, pero seguiremos con 27 gargantas cacareando.
-Se pierde la ocasión de racionalizar aún más la estructura de la Comisión, limitando el número de comisionados a 15, mejor todavía seria dejarlos en 12, con independencia del número de países miembros y olvidándose de nacionalidades. Los estados ya están representados en el Consejo. Si la Unión Europea es una Unión de estados y ciudadanos, dejemos que los primeros estén representados en el Consejo, los segundos en el Parlamento y que la Comisión represente a la Unión olvidándonos de nacionalidades.
-Se podría extender el ejemplo del Alto Representante a otras funciones comunitarias, especialmente a los famosos tres pilares, creando tres Altos Representantes de economía, de seguridad y de justicia que también formen parte del Consejo y sean comisionados de oficio.
-Además de potenciar la política energética común, habría que establecer una política hidráulica y del medioambiente común. No olvidemos que el agua potable va a ser el recurso más escaso en el mundo. Dan pena ver las inundaciones del norte y centro de Europa y las sequías del sur.
-La Agencia Europea de Defensa es urgente que esté operativa cuanto antes. Hay que acelerar los estándares comunes e instrumentar una política común de investigación armamentista, enseñanza militar, reclutamiento y formación de la tropa y cuadros de mando conjuntos. ¿No debieran poder ser utilizados los obuses polacos en cañones italianos? Es un ejemplo.
-Habría que poder expulsar de la Unión a un país miembro por acuerdo unánime de los demás miembros.
-Habría que hacer de éste un Tratado Refundido, que, como pretendía hacer la Constitución, no añada nuevos artículos a los anteriores tratados, sino que los resuma, consolide, perfeccione y reemplace.
-Hemos de lamentar, por último, la desaparición de todo tipo de símbolos y términos de carácter supranacional.
Esperemos que la CGI tenga ocasión de incorporar alguna mejora en lo que ya tenemos y el futuro nos depare renovadas ocasiones de seguir mejorando la Unión.
La reflexión sobre Europa no ha terminado.
[1] El nombre castellano de los miembros de la Comisión debiera ser el de Comisionado, que es lo que son, y no el de comisario. Se trata de una comisión y no una comisaría.
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domingo, 24 de junio de 2007
viernes, 22 de junio de 2007
El no polaco
Polonia dice y dirá no a todo acuerdo dentro de la Unión Europea. No porque se oponga, sino porque quieren utilizar su capacidad de veto para renegociar sus condiciones de adhesión a la Unión Europea. No se trata de una intuición mía, sino de un conocimiento de primera mano. Me lo dijo en Ankara, en junio de 2001, un representante de la entonces Oficina polaca del Comité para la Integración Europea, durante una reunión en la METU con los países candidatos para tratar sobre el proceso de integración. Sus palabras fueron: “Nuestro objetivo es entrar en la UE cuanto antes y a cualquier precio. Una vez dentro ya renegociaremos las condiciones de adhesión utilizando el veto, como hicisteis los españoles”.
Es preciso descartar el requisito de unanimidad cuanto antes o la UE no irá a ninguna parte.
La solución de un minitratado, si se consigue, sin ser la mejor solución, no es mala. Yo mismo se la propuse hace un año a D. Joaquín Almunia en un encuentro en el Colegio de Economistas, creo que lo recordará. Pero antes habría que aprovechar el empuje del nuevo presidente francés y, antes de que se pueda quemar políticamente y con el apoyo decidido de la oposición, hacer un nuevo referéndum de ratificación del tratado en Francia. Evitando que la ratificación del Tratado Constitucional no se vuelva a convertir en un plebiscito contra el gobierno. Cosa que ocurrió en el referéndum anterior.
Para ello, será preciso explicar bien y en pocas palabras el contenido y los objetivos del tratado, cosa que no se ha hecho en ningún país. Habría que dejar claro que lo que el Tratado Constitucional propone, principalmente, es:
-Simplificar la legislación comunitaria, reemplazando los múltiples tratados existentes por uno solo. Una tarea análoga a la hazaña de Alonso Martínez integrando la legislación española en un único Código Civil. Durante años estuvo trabajando en ello el Instituto Europeo de Bolonia y fue un tema que les supuso muchas horas a los miembros de la Convención que redactó la propuesta de Constitución.
-Simplificar las instituciones europeas. La primitiva asociación de países que constituyó el entonces Mercado Común se diseñó para seis miembros. Las instituciones ya funcionaban deficientemente con quince miembros y, como se está viendo, están anquilosadas tras las dos últimas ampliaciones.
-Simplificar los procedimientos. El tratado Constitucional, por ejemplo, reduce las leyes a dos tipos: Leyes marco y leyes europeas.
-Se introduce una mayor democratización de las instituciones, con más poderes para el Parlamento Europeo, representante directo de los ciudadanos. El propio procedimiento de ratificación es una apertura a la participación popular, algo de lo que se carece en los tratados intergubernamentales.
-Se potencia la identidad jurídica de la Unión Europea: Recordemos que el primer artículo de la Constitución comienza por crear la Unión Europea.
-Se potencia el peso internacional de la Unión Europea y la unidad de acción. Una de las más frecuentes quejas ciudadanas es cuestionar el por qué no actúa la Unión Europea como un bloque en cuestiones como la guerra de Irak o el problema palestino. La respuesta es que la Unión Europea carece de poder para hacerlo. Los nuevos cargos de Ministro de Asuntos Exteriores y de Presidente permanente y en exclusiva de la Unión Europea (los actuales presidentes, además de ser transitorios y efímeros, tienen que simultanear el cargo con el de Jefe de Estado de su país) permitirían una mayor eficacia en lograr los objetivos comunitarios en política internacional y una mayor presencia en el mundo.
-Se simplifica el procedimiento de decisión. Entre otras cosas, se elimina el paralizante corsé de la unanimidad en la toma de decisiones por el Consejo.
-Se reconocen una serie de derechos de los cuídanos europeos a lo largo y ancho de la Unión. Muchos de esos derechos hoy no existen y cuando existen son válidos en el interior de cada país, pero no en el conjunto del continente. El famoso Habeas Corpus británico no tiene porque serle válido a un ciudadano de ese país fuera del Reino.
Y eso es en esencia lo que implica el Tratado Constitucional. No consigo entender que tiene para que sea rechazado.
Tanto si se logra la ratificación francesa como si no (si se hacen las cosas bien, tiene que lograrse su aprobación y por amplia mayoría) queda otro camino a seguir como alternativa al minitratado:
-Crear una Unión Europea con los países que han ratificado.
-Dar un plazo para que los demás puedan ratificar.
-Hacer tratados bilaterales de asociación entre la Unión Europea y los países que no ratificasen el tratado.
-Dejar fuera de la Unión a quienes ni ratifiquen ni firmen un tratado de adhesión.
Dejando siempre abierta la puerta a quienes pudiesen ratificar más adelante.
Por Carlos del Ama
Dr. en Relaciones Internacionales
Miembro del Grupo de Contacto Académico de la Convención
Autor del libro: Hacia un nuevo orden mundial
http://www.authorhouse.com/BookStore/ItemDetail.aspx?bookid=45560
Es preciso descartar el requisito de unanimidad cuanto antes o la UE no irá a ninguna parte.
La solución de un minitratado, si se consigue, sin ser la mejor solución, no es mala. Yo mismo se la propuse hace un año a D. Joaquín Almunia en un encuentro en el Colegio de Economistas, creo que lo recordará. Pero antes habría que aprovechar el empuje del nuevo presidente francés y, antes de que se pueda quemar políticamente y con el apoyo decidido de la oposición, hacer un nuevo referéndum de ratificación del tratado en Francia. Evitando que la ratificación del Tratado Constitucional no se vuelva a convertir en un plebiscito contra el gobierno. Cosa que ocurrió en el referéndum anterior.
Para ello, será preciso explicar bien y en pocas palabras el contenido y los objetivos del tratado, cosa que no se ha hecho en ningún país. Habría que dejar claro que lo que el Tratado Constitucional propone, principalmente, es:
-Simplificar la legislación comunitaria, reemplazando los múltiples tratados existentes por uno solo. Una tarea análoga a la hazaña de Alonso Martínez integrando la legislación española en un único Código Civil. Durante años estuvo trabajando en ello el Instituto Europeo de Bolonia y fue un tema que les supuso muchas horas a los miembros de la Convención que redactó la propuesta de Constitución.
-Simplificar las instituciones europeas. La primitiva asociación de países que constituyó el entonces Mercado Común se diseñó para seis miembros. Las instituciones ya funcionaban deficientemente con quince miembros y, como se está viendo, están anquilosadas tras las dos últimas ampliaciones.
-Simplificar los procedimientos. El tratado Constitucional, por ejemplo, reduce las leyes a dos tipos: Leyes marco y leyes europeas.
-Se introduce una mayor democratización de las instituciones, con más poderes para el Parlamento Europeo, representante directo de los ciudadanos. El propio procedimiento de ratificación es una apertura a la participación popular, algo de lo que se carece en los tratados intergubernamentales.
-Se potencia la identidad jurídica de la Unión Europea: Recordemos que el primer artículo de la Constitución comienza por crear la Unión Europea.
-Se potencia el peso internacional de la Unión Europea y la unidad de acción. Una de las más frecuentes quejas ciudadanas es cuestionar el por qué no actúa la Unión Europea como un bloque en cuestiones como la guerra de Irak o el problema palestino. La respuesta es que la Unión Europea carece de poder para hacerlo. Los nuevos cargos de Ministro de Asuntos Exteriores y de Presidente permanente y en exclusiva de la Unión Europea (los actuales presidentes, además de ser transitorios y efímeros, tienen que simultanear el cargo con el de Jefe de Estado de su país) permitirían una mayor eficacia en lograr los objetivos comunitarios en política internacional y una mayor presencia en el mundo.
-Se simplifica el procedimiento de decisión. Entre otras cosas, se elimina el paralizante corsé de la unanimidad en la toma de decisiones por el Consejo.
-Se reconocen una serie de derechos de los cuídanos europeos a lo largo y ancho de la Unión. Muchos de esos derechos hoy no existen y cuando existen son válidos en el interior de cada país, pero no en el conjunto del continente. El famoso Habeas Corpus británico no tiene porque serle válido a un ciudadano de ese país fuera del Reino.
Y eso es en esencia lo que implica el Tratado Constitucional. No consigo entender que tiene para que sea rechazado.
Tanto si se logra la ratificación francesa como si no (si se hacen las cosas bien, tiene que lograrse su aprobación y por amplia mayoría) queda otro camino a seguir como alternativa al minitratado:
-Crear una Unión Europea con los países que han ratificado.
-Dar un plazo para que los demás puedan ratificar.
-Hacer tratados bilaterales de asociación entre la Unión Europea y los países que no ratificasen el tratado.
-Dejar fuera de la Unión a quienes ni ratifiquen ni firmen un tratado de adhesión.
Dejando siempre abierta la puerta a quienes pudiesen ratificar más adelante.
Por Carlos del Ama
Dr. en Relaciones Internacionales
Miembro del Grupo de Contacto Académico de la Convención
Autor del libro: Hacia un nuevo orden mundial
http://www.authorhouse.com/BookStore/ItemDetail.aspx?bookid=45560
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