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viernes, 24 de octubre de 2014

Sobre Podemos y los otros





Todos los análisis coinciden en que el éxito de Podemos viene propiciado por el desprestigio de los partidos tradicionales. La corrupción generalizada, sistémica, ha logrado desprestigiar a la clase política ante el resto de la ciudadanía hasta el punto de producir la repulsa de los políticos por la mayoría de sus conciudadanos, que se han visto traicionados, abusados y saqueados por aquellos a quienes había dado su confianza en la esperanza de que se pusiesen al servicio de sus electores y dedicasen sus esfuerzos a resolver los problemas que aquejan a la nación.

Es cierto que no se puede generalizar y que tiene que haber personas honradas también  entre la clase política, pero el sentimiento es que esos, o estaban en la inopia o no han hecho nada por impedir la rapiña.

Urge que los partidos que ahora aún tienen poder, tanto por estar en el Gobierno como por ocupar escaños en las Cortes y el Senado, promuevan medidas que permitan erradicar la corrupción antes de que sean barridos del servicio público y pierdan toda ocasión de acción. Se habla de un plan conjunto de los partidos políticos para erradicar la corrupción, muchos ciudadanos nos tememos que sea un plan para maquillar la corrupción. En mi opinión, una ley o conjunto de leyes anticorrupción debieran incluir tres artículos:

                            1.-Los delitos por corrupción no prescriben

                            2.-Las penas por corrupción no son indultables

                       3.-Al corrupto se le requisarán todos sus bienes en España y el extranjero
                 
                        4.-Fomentar juridicamente la acción de denunciantes y testigos

Solo quien haga eso habrá demostrado que realmente desea erradicar esa lacra y se ganará el aprecio popular.

De momento, solo Podemos manifiesta un deseo vehemente por actuar con determinación en la lucha contra la corrupción.

Lamentablemente, el programa del nuevo partido no se queda en la limpieza ética de cargos e instituciones tan deseable y deseada, sino que amenaza con un futuro nacional de males mucho mayores. Sin entrar en otros puntos del programa que tan llamativamente invitan a la crítica al demostrar un desconocimiento patológico de la más elemental economía, me preocupa muy destacadamente su pretensión de condonar una parte de la Deuda Pública, aunque el cacareado impago se dulcifique ahora con el término “reestructuración”. Por dos razones: Por contravenir un principio ético y por las penosas consecuencias que habría que esperar de esos actos, como reiteradamente la historia nos muestra ha ocurrido con aquellas naciones que no cumplieron con sus compromisos financieros.

Cuando, en su Crítica de la Razón Práctica, Kant nos explica el Imperativo Categórico, como un método racional de conocer el valor ético de un acto con independencia de los principios religiosos que se puedan tener, pone Kant como ejemplo paradigmático el no pagar las deudas.

Recordemos que el Imperativo Categórico consiste es analizar que sucedería si el acto que se considera fuera practicado por la totalidad de la población de forma generalizada, concluyendo de las consecuencias de ese proceder la valoración de la rectitud de dicho acto por sus efectos para la humanidad. Por ejemplo, si queremos analizar si el suicidio es éticamente bueno o malo, nos basta con pensar qué ocurriría si todo el mundo se suicidase. Como la indiscutible conclusión sería que la humanidad desaparecería, el análisis categórico concluye que suicidarse es un mal para la humanidad y no es ético hacerlo. Como ejercicio, lo podemos aplicar a otros temas polémicos: el aborto, no pagar impuestos,...

Como decía antes, Kant pone de ejemplo el impago de las deudas, preguntándose si eso es éticamente malo o bueno, al generalizar el acto de no pagar las deudas, Kant concluye que, si nadie paga sus deudas, nadie daría crédito a nadie, y siendo la desaparición del crédito un claro dañó para la humanidad, resulta evidente que el no pagar las deudas es éticamente malo.

Pero no es la desaparición del crédito la única consecuencia de que los estados no paguen sus deudas, la historia nos muestra una y otra vez las nefastas consecuencias que sufren aquellos estados que no pagan sus deudas. A la vista de la actualidad están las dificultades que el Gobierno Argentino padece por pretender no pagar parte de sus deudas, pero conviene recorrer otros ejemplos de los que la historia guarda amargos recuerdos. Por ejemplo, cuando Egipto suspendió pagos por su descapitalización como consecuencia de las obras del Canal de Suez, eso le llevó a que los dos principales países acreedores, Gran Bretaña y Francia, interviniesen las fianzas egipcias y nombrasen al ministro de Hacienda cairota (1976), teniendo que autorizar las potencias acreedoras cada pago que hacia el gobierno egipcio, controlaron los ferrocarriles, los dominios de la corona, los tribunales... Para no alargar el relato y como remate final de la situación creada por el impago, Gran Bretaña, que ya se habia quedado con todas las acciones que los egipcios tenían de la empresa del Canal de Suez (1875), invadieron el país con la escusa de sanear las finanzas, iniciándose el largo periodo de dominio británico del país del Nilo que todos conocemos (1882).

Esperemos que, por el bien de todos, los partidos con capacidad legislativa atajen con diligencia, contundencia, eficacia y credibilidad la corrupción, evitandonos que a una década de honrradez le siga un siglo de miseria y pérdida de la soberania.