Todos los análisis coinciden en
que el éxito de Podemos viene propiciado por el desprestigio de los partidos
tradicionales. La corrupción generalizada, sistémica, ha logrado desprestigiar
a la clase política ante el resto de la ciudadanía hasta el punto de producir la repulsa de los políticos
por la mayoría de sus conciudadanos, que se han visto traicionados, abusados y saqueados por aquellos a
quienes había dado su confianza en la esperanza de que se pusiesen al servicio
de sus electores y dedicasen sus esfuerzos a resolver los problemas que aquejan
a la nación.
Es cierto que no se puede
generalizar y que tiene que haber personas honradas también entre la clase política, pero el sentimiento
es que esos, o estaban en la inopia o no han hecho nada por impedir la rapiña.
Urge que los partidos que ahora aún
tienen poder, tanto por estar en el Gobierno como por ocupar escaños en las
Cortes y el Senado, promuevan medidas que permitan erradicar la corrupción
antes de que sean barridos del servicio público y pierdan toda ocasión de acción.
Se habla de un plan conjunto de los partidos políticos para erradicar la
corrupción, muchos ciudadanos nos tememos que sea un plan para maquillar la
corrupción. En mi opinión, una ley o conjunto de leyes anticorrupción debieran
incluir tres artículos:
1.-Los
delitos por corrupción no prescriben
2.-Las
penas por corrupción no son indultables
3.-Al
corrupto se le requisarán todos sus bienes en España y el extranjero
4.-Fomentar juridicamente la acción de denunciantes y testigos
Solo quien haga eso habrá
demostrado que realmente desea erradicar esa lacra y se ganará el aprecio popular.
De momento, solo Podemos
manifiesta un deseo vehemente por actuar con determinación en la lucha contra
la corrupción.
Lamentablemente, el programa del
nuevo partido no se queda en la limpieza ética de cargos e instituciones tan
deseable y deseada, sino que amenaza con un futuro nacional de males mucho mayores. Sin
entrar en otros puntos del programa que tan llamativamente invitan a la crítica
al demostrar un desconocimiento patológico de la más elemental economía, me
preocupa muy destacadamente su pretensión de condonar una parte de la Deuda Pública,
aunque el cacareado impago se dulcifique ahora con el término “reestructuración”.
Por dos razones: Por contravenir un principio ético y por las penosas
consecuencias que habría que esperar de esos actos, como reiteradamente la
historia nos muestra ha ocurrido con aquellas naciones que no cumplieron con sus
compromisos financieros.
Cuando, en su Crítica de la Razón
Práctica, Kant nos explica el Imperativo Categórico, como un método racional de
conocer el valor ético de un acto con independencia de los principios religiosos
que se puedan tener, pone Kant como ejemplo paradigmático el no pagar las deudas.
Recordemos que el Imperativo Categórico
consiste es analizar que sucedería si el acto que se considera fuera practicado
por la totalidad de la población de forma generalizada, concluyendo de las
consecuencias de ese proceder la valoración de la rectitud de dicho acto por
sus efectos para la humanidad. Por ejemplo, si queremos analizar si el suicidio
es éticamente bueno o malo, nos basta con pensar qué ocurriría si todo el mundo
se suicidase. Como la indiscutible conclusión sería que la humanidad
desaparecería, el análisis categórico concluye que suicidarse es un mal para la
humanidad y no es ético hacerlo. Como ejercicio, lo podemos aplicar a otros temas polémicos: el aborto, no pagar impuestos,...
Como decía antes, Kant pone de ejemplo
el impago de las deudas, preguntándose si eso es éticamente malo o bueno, al
generalizar el acto de no pagar las deudas, Kant concluye que, si nadie paga sus
deudas, nadie daría crédito a nadie, y siendo la desaparición del crédito un
claro dañó para la humanidad, resulta evidente que el no pagar las deudas es éticamente
malo.
Pero no es la desaparición del crédito
la única consecuencia de que los estados no paguen sus deudas, la historia nos
muestra una y otra vez las nefastas consecuencias que sufren aquellos estados
que no pagan sus deudas. A la vista de la actualidad están las dificultades que
el Gobierno Argentino padece por pretender no pagar parte de sus deudas, pero
conviene recorrer otros ejemplos de los que la historia guarda amargos
recuerdos. Por ejemplo, cuando Egipto suspendió pagos por su descapitalización
como consecuencia de las obras del Canal de Suez, eso le llevó a que los dos
principales países acreedores, Gran Bretaña y Francia, interviniesen las
fianzas egipcias y nombrasen al ministro de Hacienda cairota (1976), teniendo que
autorizar las potencias acreedoras cada pago que hacia el gobierno egipcio, controlaron los ferrocarriles, los dominios de la corona, los tribunales... Para
no alargar el relato y como remate final de la situación creada por el impago, Gran Bretaña, que ya se habia quedado
con todas las acciones que los egipcios tenían de la empresa del Canal de Suez (1875),
invadieron el país con la escusa de sanear las finanzas, iniciándose el largo periodo de dominio británico del país del Nilo que todos conocemos (1882).
Esperemos que, por el bien de todos, los partidos con capacidad legislativa atajen con diligencia, contundencia, eficacia y credibilidad la corrupción, evitandonos que a una década de honrradez le siga un siglo de miseria y pérdida de la soberania.
Esperemos que, por el bien de todos, los partidos con capacidad legislativa atajen con diligencia, contundencia, eficacia y credibilidad la corrupción, evitandonos que a una década de honrradez le siga un siglo de miseria y pérdida de la soberania.