Analizando lo ocurrido, he sido
consciente de que al dibujar, centramos la atención en el modelo que copiamos y
en el dibujo que hacemos, es decir, la atención se concentra en el presente,
tanto en la observación de las líneas, formas, luces y sombras del modelo, como
en la actividad de la acción de dibujar, en lo que se está haciendo; es un ejercicio de
“mindfulness” integral, es decir, un ejercicio de concentración en el presente,
con los beneficios que ello reporta, principalmente, evitar que la mente divague
preocupándose por lo que pueda ocurrir en el futuro o atormentándose con
recuerdos negativos sobre hechos ya pasados.
El dibujo tiene la peculiaridad de
que el pasado, lo dibujado hasta ese momento, también está presente
permanentemente, y ¡se puede borrar y modificar!, corregir. Al corregir en el presente los errores del pasado, modificamos el futuro. Si estoy dibujando una cara y al personaje le dibujo tuerto, el dibujo quedará tuerto salvo que corrija el error y, al hacerlo, altero el futuro, dado que la cara ya no estará tuerta, dado que lo he corregido, siendo es producto muy diferente al que hubiese sido de no corregir el error. Roda acción presente altera el futuro.
El futuro potencial, el modelo, también está presente desde el inicio y en todo momento,
actualizado con la luz de cada instante. El proceso es relajante y gratificante.
Recomiendo probarlo. Comenté mis observaciones con uno de mis hijos y me contó
que había visto una entrevista con Mike Jordan, en la que le preguntaban que
¿cuál era la idea fundamental para tener éxito en el deporte? Contestando Mike
que “todo consistía en estar permanentemente presente a cada jugada. No se puede
estar pensando en el tiro anterior que fallé o pensando en que podría fallar el
siguiente, lo importante es concentrarse en ejecutar el tiro que estoy
realizando lo mejor que pueda, al margen del resultado.” Otra observación que me
ha llamado la atención es la dificultad de dibujar fielmente lo que vemos.
Dibujando un retrato de Brat Pitt, era incapaz de lograr un parecido aceptable
entre mi dibujo y el original. Finalmente, me di cuenta de que mientras yo
dibujaba unos ojos almendrados, mi modelo tiene los párpados en forma poligonal formada por tres
líneas rectas. Unos días después, vi un tutorial en el que se explicaba la
tendencia de los principiantes a dibujar los objetos como ellos creen que deben
ser y no como en realidad son, aconsejando el realizador del video que, para
corregir esa tendencia, se copiasen modelos invertidos, de manera que el copista
viese formas sin reconocer objetos. Es decir, si ves en el modelo unos ojos,
tiendes a dibujarlos como piensas que deben ser los ojos y no como los ves,
mientras que si lo que ves son trazos sin sentido, te es más fácil reproducir
esos trazos tal y como son.
Mi reflexión sobre el fenómeno me llevó a
generalizarlo filosóficamente, concluyendo que existe una tensión entre lo
observado y lo percibido, estando distorsionado lo percibido por las
preconcepciones que tenemos sobre la realidad, tendiendo nuestras opiniones a
deformar la información percibida e imponerse nuestra opinión sobre la verdad
que la realidad nos muestra. Ya nos advirtió Parménides que debemos buscar la verdad y
evitar el camino de la apariencia. Vivimos permanentemente engañados por nuestro
ego, que sistemáticamente trata de imponernos lo que él cree que debemos ver y
oír en detrimento de lo que en realidad vemos y oímos. El prejuicio nos esconde
la verdad. Lo vemos a diario en las interpretaciones de los acontecimientos
políticos, cada cual observa en ellos lo que sus inclinaciones políticas le
inducen a ver.
La búsqueda de la verdad, el esfuerzo por marginar la distorsión
del ego de la información recibida, debiera ser un ejercicio sistemático en toda
observación. No podremos dibujar bien en tanto no sepamos observar la realidad
de lo que queremos dibujar. El primer paso para formar un artista consiste en
enseñarle a ver como son las cosas realmente y ser críticos con las opiniones
que tendemos a formarnos en base a lo que vemos. Aconsejo al lector probar la
práctica del dibujo. El efecto de mindfulness que la práctica del dibujo implica
es sumamente gratificante y relajante, no sustituye la práctica de la meditación
pero la complementa y refuerza.
Nuestros errores al dibujar nos revelan nuestra
falta de objetividad sistemática y lo esquiva que es la verdad ante nuestra
falta de objetividad al interpretar la información que recibimos, ocultándose
tras las distorsiones de nuestros prejuicios. Y, quién sabe, tras unos días de
práctica, quizás descubras un gran artista dentro de ti, esperando dormido a
ser un dia despertado.
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lunes, 26 de agosto de 2024
La práctica del dibujo y la búsqueda de la verdad
Tras publicar mi último libro, Estrategia Empresarial, me quedé sin tarea y,
buscando una actividad que me evitase sentirme “clase pasiva” y me impidiese pensar que empezaba a no pintar nada. decidí aprender a
dibujar. Hace ahora dos meses, que inicié clases de dibujo con lápiz a través de
Internet. Me dedico a ver videos de You Tube en los que se dan recomendaciones
teóricas sobre cómo dibujar, se asesora sobre los instrumentos de dibujo a
utilizar e incluso se muestra como hacer algunos dibujos paso a paso. Se lo
recomiendo a quien tenga interés en el dibujo. Basta con entrar en You Tube y
preguntar: “¿Cómo se dibuja a lápiz un (nombre del objeto deseado) paso a
paso?”. Selecciono un ejercicio y lo copio. He descubierto la existencia de
herramientas para mi desconocidas hasta ahora pero de gran utilidad al dibujar,
como la goma de borrar deformable, el lápiz blanco, el lapicero de borrar de precisión o la hoja en blanco a
interponer entre la mano que apoyas al dibujar y el folio sobre el que dibujas,
para evitar engrasar lo dibujado con la mano. La experiencia ha sido
gratificante por encima de mis expectativas.
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Mindfulness,
observar
lunes, 24 de noviembre de 2014
La apoteosis de la apariencia
En alguna otra ocasión, he reflexionado en este blog, guiado por la larga mano de Parménides,
sobre la dicotomía epistemológica opinión-verdad;
hoy, ante el cúmulo de manifestaciones públicas que se están produciendo sobre
el triunfo de la apariencia, quiero dedicar unos minutos a pensar sobre la dicotomía
paralela, en el campo ontológico, apariencia-realidad.
Parménides nos advertía sobre los riesgos de seguir por el
camino de la opinión abandonando el de la verdad. El artículo ¿Qué es la verdad? Del 14 de abril de
2012 ( http://carlosdelama.blogspot.com.es/2012/04/que-es-la-verdad.html
) explora alguna de las dificultades que se encuentran en el camino de la verdad cuando se
intenta satisfacer la necesidad radical de certidumbre de la que nos habla D.
Julián Marías. En La acción política de
la verdad (http://carlosdelama.blogspot.com.es/2012/04/funcion-regulativa-de-la-verdad.html
) la reflexión considera el valor persuasivo de la verdad, valor que la
apariencia le disputa en un afán por satisfacer por la vía rápida esa necesidad
radical de certidumbre de todo ser humano.
En los últimos meses, estamos asistiendo en España a una
desequilibrada batalla de la apariencia sobre la realidad, en la que la capa de
la apariencia cubre a una verdad derrotada y velada, sin permitirnos discernir cual es cual. En
nuestra época, la apariencia se nos ha convertido en una compañera cotidiana.
Vivimos ante la explosión de la imagen y la marginación de la realidad, en un
mundo en el que ha quedado demostrado que si “la mentira se repite un número
suficiente de veces, termina por ser creida como verdad”. Vivimos en un mundo
de efectos especiales y ciencia ficción. En un mundo en el que las etiquetas
esconden el contenido de los productos. En un mundo en el que se incumplen las
promesas y se reescribe la historia. En un mundo en el que las fotos de los
menús gráficos superan las imágenes de los alimentos servidos en el plato. Un mundo en
el que las medias verdades ocultan completas mentiras. Podríamos seguir
enumerando ejemplo tras ejemplo, pues no escasean.
El problema está tanto en tomar la imagen como real, como
hicieron los primeros espectadores de las primeras proyecciones
cinematográficas que se levantaban despavoridos ante la llegada de un tren o
alzaban las manos pare evitar mojarse con el riego de una manguera que aparecía
en la pantalla, unas personas a las que Orson Welles pudo aterrorizar con su
retrasmisión de La Guerra de los Mundos; como es también un problema el
considerar que toda manifestación es farsa y parodia. Siguen siendo numerosos
los que defienden que las imágenes del aterrizaje en la luna se rodaron en un
estudio cinematográfico. El resultado es que constituimos una población sumida
en la desorientación y acostumbrados a ella como estado natural de las cosas. Sabemos que la luz de las estrellas que vemos tiene años de antiguedad, pero las vemos en su imperiosa actualidad y simultaneidad.
Somos una generación confundida y confusa, incapaz de
discernir entre la apariencia y realidad ajenas y obsesionada por la imagen
propia, como aquel hidalgo que salía a la calle con un palillo entre los labios
para dar a entender que había comido. Somos la generación de la cosmética, la cirugia estética, la
imagen retocada por el fotoshop y los
selfies amañados.
El caso es que, ante las declaraciones de un joven estudiante,
no somos capaces de saber con certeza si estamos ante un superagente secreto
cuya brillante y precoz carrera al servicio de los intereses nacionales ha sido
frustrada por los celos de un competidor que ha desvelado su doble identidad o ante un
pillo paradigmático de la picaresca ancestral, sin otra arma que un teléfono movil y grandes dosis de imaginación y descaro. El caso es que casi un tercio de
la población en edad de votar considera firmes, creibles y realizables las inverosímiles promesas
de un grupo de teóricos de la manipulación, la imagen y la apariencia, versados en la especulación académica y los esquemas de pizarra, aunque,
pública y reiteradamente, han demostrado, con su carencia de respuestas, (http://carlosdelama.blogspot.com.es/2014/11/mis-preguntas-podemos.html ) lo irrealizable de sus promesas. El
caso es que quienes tienen en su mano la posibilidad, deber y poder para
erradicar la corrupción se limitan a hacer declaraciones y enumerar tímidos propósitos, sin más objetivo que
apuntalar los sondeos que pronostican su inminente debacle político, sin
adoptar decisiones resolutivas y eficaces, como legislar que los delitos de corrupción no prescriban,
facilitar las denuncias de los actos corruptos y dando potestad a jueces independientes dotados de medios adecuados. !Con la de cientos de miles de
testigos que han traído, llevado y entregado sobres, carteras y maletines! Seguro que más de uno está deseando irse de la lengua. ¡La
de maletines que han circulado desde aquel 1984 con el famoso maletín con
cuatro millones de marcos del consorcio industrial Flick del que el SPD hizo de
mensajero! Al que habrían de añadirse los de Filesa, Malesa y Time-Export, Gürtel,
Bárcenas, Pujol…eso sin salirse de los que públicamente se conocen por estar en la cumbre del iceberg
maletil. El caso es que, en éste nuestro
tiempo, tras el triunfo apoteósico de la apariencia se oculta la realidad, deformada y escondida, y se fomenta que
la opinión oculte la verdad, secuestrada y desconocida, hasta el punto de que, tras marginar la sociedad a la filosofía, se ha
renunciado mayoritariamente a la certeza, despreciando la práctica del pensamiento crítico. Ahora satisfacemos nuestra necesidad radical de saber con
forjarnos una opinión suficientemente coherente con lo que queremos creer, pero que no nos terminamos de creer. El
caso es que hemos renunciado a la verdad y nos conformamos con sucedáneos, de manera que nos hemos acostumbrado a engañarnos y a dejarnos engañar por la
prestidigitación de los creadores de opinión y fabricantes de falsas
apariencias, trileros de la apariencia, escamoteadores de la realidad y pescadores a rio revuelto. La penitencia a nuestro pecado la encontraremos, como dijo Ortega,
en que “los que se empecinen en el error terminarán tropezando contra la
dura realidad”.
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