Para entender la economía hay que tener en cuenta la profunda diferencia entre las ciencias naturales y las ciencias humanas. Las ciencias naturales se rigen por causas, por lo que son predecibles, mientras que las ciencias humanas se rigen por fines, por lo que, con precisión, solo pueden ser explicables.
En química, física, etc, las relaciones causa-efecto nos permiten predecir en las dos direcciones; así, si conocemos con que velocidad, dirección y sentido lanzamos un móvil de masa conocida, podemos predecir a que distancia llegará ese móvil y al revés, sabiendo la distancia que pretendemos alcanzar, podemos calcular la velocidad con la que debiéramos lanzarlo; sin embargo, algo así no es siempre posible en sociología, historia o economía. Así, se podrán establecer correlaciones entre los precios y la demanda, pero no es tan fácil establecer si son los precios causa de la demanda o la demanda la que determina los precios. Son variables covariantes, no una la causa de la otra, razón por la que resulta paradójico pensar simultaneamente que si los precios bajan la demanda sube y que si la demanda sube los precios suben.
Las ciencias humanas, en las que el sujeto es el hombre, es decir, un ser dotado de libertad y, por tanto, ajeno al determinismo, es alguien que actúa por fines personales, por lo que siempre nos podrá sorprender. Siempre podrá surgir quien sea capaz de cruzar los Alpes con elefantes, atravesar el Mar Tenebroso en busca de un Nuevo Mundo, inventar el dinero como medio de pago o las hipotecas sub-prime, trastocando con ello todas nuestra expectativas.
Es cierto que, como cuerpo físico y como animal de instintos, el hombre también esta sujeto a determinadas causas. Si vamos en un autobús y el conductor da un frenazo, todos los pasajeros se verán impulsados inercialmente hacia delante, pero si el autobús para en una parada unos viajeros bajarán otros no, pues cada cual ha subido al autobús con un objetivo distinto y tienen previsto pararse en paradas diferentes. Claro que si el conductor para, abre las puertas y anuncia que le informan por radio de la central que hay una bomba a bordo, también serán todos los viajeros quienes abandonen el autobús, pues existe una causa común para bajarse.
No obstante, llevamos más de doscientos años de teoría económica basada en dos hipótesis: que la actividad económica se basa en el intercambio de productos y servicios equivalentes y que los agentes económicos basan su actividad en su intención de maximizar el beneficio. Hipótesis muy diferentes a la hipótesis newtoniana de la gravedad. No es que esas hipótesis no sean falsables, como nos pide Karl Popper en su teoría de la ciencia, sino que son probadamente falsas. Los intercambios se producen cuando ambas partes consideran que lo que entregan vale menos que lo que obtienen, que hay relaciones económicas forzadas, como la esclavitud, o impuestas, como en el monopolio, y que no todos actúan para optimizar su beneficio económico. Así, cuando los ingleses llegaron a Río Tinto y conocieron lo bajo de los salarios locales, decidieron duplicar los salarios, con lo que se encontraron que parte de la plantilla decidió trabajar solo media jornada. Con todo, sí podemos pensar que estadísticamente los intercambios tienden a la equidad y que los agentes económicos sienten predilección por maximizar sus beneficios. Que una ciencia sea básicamente estadística no es un problema grave, también la mecánica cuántica es estadística y es una ciencia física, el problema surge cuando las estadísticas conocidas no son aplicables a la nueva situación, cuando no hay extrapolación posible.
Otro problema con la teoría económica es que, dada la gran cantidad de variables involucradas, las relaciones económicas se establecen bajo el principio del coetibus paribus, es decir, en la hipótesis de que el resto de las variables no cambian, lo cual no es cierto, por las muchas realimentaciones de unas variables obre otras que actúan en la realidad.
Con todo, se pueden establecer relaciones entre variables que nos permiten tener indicaciones sobre el efecto de determinadas medidas económicas, lo cual nos ayuda a tomar decisiones y establecer políticas económicas razonables. La mayoría de esas relaciones se limitan a conocer el signo de una derivada, es decir, se limitan a saber que si una determinada variable sube, otra, correlacionada con ella, también ha de subir, mientras que otras variables, inversamente correlacionadas con aquella, han de bajar, pero difícil es saber cuanto subirá o bajara una variable concreta ante determinado impulso. No debe, por tanto, sorprendernos que, por ejemplo, haya medidas económicas tomadas por el Gobierno que sabemos que han de favorecer el empleo pero nadie pueda predecir el número de puestos de trabajo que se crearán con esa medida ni cuándo se crearán.
Con todo lo dicho en mente, si podemos identificar medidas adecuadas ante situaciones económicas concretas y, como muestra, tenemos lo publicado en este mismo blog en 2011 en http://bit.ly/HgEuvq
En química, física, etc, las relaciones causa-efecto nos permiten predecir en las dos direcciones; así, si conocemos con que velocidad, dirección y sentido lanzamos un móvil de masa conocida, podemos predecir a que distancia llegará ese móvil y al revés, sabiendo la distancia que pretendemos alcanzar, podemos calcular la velocidad con la que debiéramos lanzarlo; sin embargo, algo así no es siempre posible en sociología, historia o economía. Así, se podrán establecer correlaciones entre los precios y la demanda, pero no es tan fácil establecer si son los precios causa de la demanda o la demanda la que determina los precios. Son variables covariantes, no una la causa de la otra, razón por la que resulta paradójico pensar simultaneamente que si los precios bajan la demanda sube y que si la demanda sube los precios suben.
Las ciencias humanas, en las que el sujeto es el hombre, es decir, un ser dotado de libertad y, por tanto, ajeno al determinismo, es alguien que actúa por fines personales, por lo que siempre nos podrá sorprender. Siempre podrá surgir quien sea capaz de cruzar los Alpes con elefantes, atravesar el Mar Tenebroso en busca de un Nuevo Mundo, inventar el dinero como medio de pago o las hipotecas sub-prime, trastocando con ello todas nuestra expectativas.
Es cierto que, como cuerpo físico y como animal de instintos, el hombre también esta sujeto a determinadas causas. Si vamos en un autobús y el conductor da un frenazo, todos los pasajeros se verán impulsados inercialmente hacia delante, pero si el autobús para en una parada unos viajeros bajarán otros no, pues cada cual ha subido al autobús con un objetivo distinto y tienen previsto pararse en paradas diferentes. Claro que si el conductor para, abre las puertas y anuncia que le informan por radio de la central que hay una bomba a bordo, también serán todos los viajeros quienes abandonen el autobús, pues existe una causa común para bajarse.
No obstante, llevamos más de doscientos años de teoría económica basada en dos hipótesis: que la actividad económica se basa en el intercambio de productos y servicios equivalentes y que los agentes económicos basan su actividad en su intención de maximizar el beneficio. Hipótesis muy diferentes a la hipótesis newtoniana de la gravedad. No es que esas hipótesis no sean falsables, como nos pide Karl Popper en su teoría de la ciencia, sino que son probadamente falsas. Los intercambios se producen cuando ambas partes consideran que lo que entregan vale menos que lo que obtienen, que hay relaciones económicas forzadas, como la esclavitud, o impuestas, como en el monopolio, y que no todos actúan para optimizar su beneficio económico. Así, cuando los ingleses llegaron a Río Tinto y conocieron lo bajo de los salarios locales, decidieron duplicar los salarios, con lo que se encontraron que parte de la plantilla decidió trabajar solo media jornada. Con todo, sí podemos pensar que estadísticamente los intercambios tienden a la equidad y que los agentes económicos sienten predilección por maximizar sus beneficios. Que una ciencia sea básicamente estadística no es un problema grave, también la mecánica cuántica es estadística y es una ciencia física, el problema surge cuando las estadísticas conocidas no son aplicables a la nueva situación, cuando no hay extrapolación posible.
Otro problema con la teoría económica es que, dada la gran cantidad de variables involucradas, las relaciones económicas se establecen bajo el principio del coetibus paribus, es decir, en la hipótesis de que el resto de las variables no cambian, lo cual no es cierto, por las muchas realimentaciones de unas variables obre otras que actúan en la realidad.
Con todo, se pueden establecer relaciones entre variables que nos permiten tener indicaciones sobre el efecto de determinadas medidas económicas, lo cual nos ayuda a tomar decisiones y establecer políticas económicas razonables. La mayoría de esas relaciones se limitan a conocer el signo de una derivada, es decir, se limitan a saber que si una determinada variable sube, otra, correlacionada con ella, también ha de subir, mientras que otras variables, inversamente correlacionadas con aquella, han de bajar, pero difícil es saber cuanto subirá o bajara una variable concreta ante determinado impulso. No debe, por tanto, sorprendernos que, por ejemplo, haya medidas económicas tomadas por el Gobierno que sabemos que han de favorecer el empleo pero nadie pueda predecir el número de puestos de trabajo que se crearán con esa medida ni cuándo se crearán.
Con todo lo dicho en mente, si podemos identificar medidas adecuadas ante situaciones económicas concretas y, como muestra, tenemos lo publicado en este mismo blog en 2011 en http://bit.ly/HgEuvq