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viernes, 10 de febrero de 2017

Economía con karma

El libro Economía con karma ya está a la venta, puede pedirse en librerías o pedirlo a Amazón en http://amzn.to/2pZ91Oo . El objetivo del libro es animar y ayudar al lector a reflexionar sobre temas económicos que le afectan. Pretende ser de interés tanto para economistas como para quienes no lo son, pero quieren conocer los fundamentos de la economía y entender en profundidad asuntos como la crisis, las implicaciones del Brexit, los riesgos de la era Trump o las amenazas y oportunidades de la UE. Si bien está escrito en tono coloquial, con criterios pedagógicos (los cálculos matemáticos se han recluido en un anexo reservado a los profesionales, especialmente a los profesores y alumnos de economía), constituye un análisis riguroso de los temas que trata.  Una economía con karma, con énfasis y atención en lo que se hace y en cómo redunda en los demás lo que hacemos, contribuiría a hacernos generosos, plenos y gozosos. El hombre es homo faber, se identifica por lo que hace, no por lo que consume.

La estructura mecánica que tradicionalmente se impone a la teoría económica surge del intento de lograr una teoría altamente predictiva. El énfasis en encontrar repeticiones, reiteraciones y ciclos mecánico contrasta con la estructura orgánica de la economía expuesta a la evolución, el crecimiento y el desarrollo no exenta de innovaciones y novedades. Mientras que en las ciencias naturales los fenómenos se originan por causas, los hechos de las ciencias humanas ocurren por fines, dado que son actos humanos realizados con una finalidad. Las relaciones causales permiten predecir y explicar los fenómenos, porque la relación causal es determinista, lo que nos permite conocer tanto a que distancia llegará un proyectil lanzado con un determinado cañón conociendo la dirección y el ángulo con el que se dispara como calcular el ángulo necesario para alcanzar una distancia determinada. En el caso de la economía, como en el de la historia o la política, resulta difícil hacer preediciones, ya que normalmente, las intenciones de los agentes económicos no son conocidos, pero como esas intenciones se hacen públicas en los actos que motivan, son ciencias observacionales que permiten establecer registros y realizar análisis retrospectivos, con la ventaja en el caso de la economía, de que al ser cuantitativa, se pueden recoger estadísticas y analizarlas en busca de pautas, correlaciones y tendencias, a sabiendas de que siendo datos históricos, pueden truncarse en cualquier momento y no mantenerse en el futuro.

El libro es una reflexión metódica sobre el conjunto de la economía. Parte del concepto de propiedad, sobre el que se reflexiona en profundidad en busca de su origen, motivación y justificación, analizando cómo se obtiene la propiedad, cómo se justifica y cómo se cede mediante el don, la donación. Toda donación induce la reciprocidad y, con el tiempo, las donaciones se estructuran en la práctica del trueque, que es una doble donación mutua. El trueque hace que se vaya dando más importancia al regalo recibido que al regalo otorgado, hasta un punto en el que, tras aparecer el dinero, cuya esencia y funciones se estudian en detalle, aparece el mercado y el concepto del don se pierde tras el anonimato del dinero, quedando triunfante lo adquirido y forjándose el concepto de adquisición y compra. Las teorías económicas se centran en el análisis de los diferentes mercados y suelen poner el énfasis en la demanda. Las políticas económicas de los gobiernos, después de Keynes, tienden a buscar fórmulas de estimular la actividad económica mediante medidas que aumenten la demanda. La teoría de Keynes, que no es más que la transcripción del relato de José en Egipto, aconsejando ahorrar durante las vacas gordas para poder gastar cuando sean flacas, es ignorada por los gobiernos en su primera parte e interpretada como que se ha de gastar en las crisis lo que no se tiene y fomentar la demanda. El énfasis en la demanda y el consumo nos hace egoístas, insatisfechos e infelices. Una de las tesis del libro es que hay que recuperar el gozo del don enfocando la atención en la oferta, en lo que se hace y se ofrece, actos que se fundan en lo que hacemos para otros y por otros, como fórmulas de autodonación . Una economía con karma, con énfasis y atención en lo que se hace e interés sobre cómo redunda en los otros lo que se hace, contribuiría a hacernos generosos, plenos y gozosos. En el texto se reconsideran aspectos clave de la teoría económica, cuestionando algunos principios básicos de la economía tradicional.

Recientemente, está creciendo el número de empresas con interés en los Stakeholders y no solo en los Stockholders, es decir, no solo en los inversores sino en todos los afectados por la actividad de la empresa: personal, clientes, proveedores, vecindario... Son las Empresas con Karma. Recordemos que Karma significa acción o energía trascendente que se deriva de los actos, palabras y pensamientos de las personas.

No todas las personas somos iguales ni todos los gestores y emprendedores de negocios tienen las mismas prioridades. Unos buscan crecer, otros prestigio, otros hacer cosas, otros buscan el poder, otros relaciones sociales y también los hay que solo quieren hacerse ricos, pero al considerar intereses subjetivos, hay tantos como individuos. Un claro objetivo a maximizar por todos es la autorrealización. Hacer de cada uno de nosotros mismos la mejor versión posible de todas las que podíamos ser. Somos lo que hacemos. Buonaroti se hizo Miguel Angel esculpiendo el David y pintando la Capilla Sixtina y Cristóbal se hizo Colón descubriendo América. Somos el producto de lo que hacemos, no de lo que compramos, por lo que hemos de cuidar lo que hagamos y progresar por el camino seguro de la oferta.

En términos económicos, podemos identificar la autorrealización con lo que, a nivel teórico, los economistas denominan satisfacer la Función de Utilidad. La maximización del beneficio, lo que hace es incrementar el presupuesto disponible pero el objetivo personal se encuentra en maximizar la función de utilidad. Si el presupuesto impide el acceso al punto óptimo de satisfacción, no se puede maximizar la Función de Utilidad, por lo que tanto el beneficio para las empresas como los ingresos para los individuos son una resticción a superar, pero no un objetivo a maximizar. Cuando se alcanza la utilidad deseada, a partir de un determinado presupuesto disponible, incrementar el presupuesto no resulta necesario. Aunque el coste fuese cero, no se puede beber más cerveza en una barra libre de la tolerable. Somos finitos y nos saturamos.

Quedando claro que el beneficio es un posibilitante, un medio y un requisito para lograr lo necesario, no un fin en sí mismo. Por tanto, maximizar el beneficio no puede ser un objetivo, máxime si eso implica renuncias a la calidad de vida, lo que incidiría directamente en una disminución del valor de la función de utilidad. En la práctica, ninguna empresa se fija maximizar como objetivo, sino cumplir presupuestos finitos que cubran las necesidades de gasto y proporciones beneficios realistas y suficientes.
           
No son esos los únicos temas del libro, que incluye toda una reflexión sobre la actividad económica, desde diversos puntos de vista, considerando diferentes aspectos de la economía y dedicando bastante atención a comparar algunas teorías económicas y a analizar las políticas económicas de los estados que, de manera tan determinante, condicionan el quehacer empresarial y la vida de sus ciudadanos. Reflexionando, por ejemplo, sobre cómo mejorar la aplicación de la teoría de Keynes en las crisis, las deficiencias a corregir en el neoliberalismo o los errores de las políticas económicas del régimen bolivariano en Venezuela. 

El libro concluye con un análisis de la crisis de las sub-prime que nos ha tocado sufrir, junto con una reflexión sobre el Brexit y otra sobre la política anunciada por el Presidente Trump o trumpismo, se proponen medidas que aceleren la recuperación económica y el empleo, incluida una propuesta para deshacerse de la deuda pública.

Para más información (pincha aquí)
           

lunes, 2 de mayo de 2016

Echando cuentas





Consideraciones económicas sobre
las cocheras de Cuatro Caminos

Toda inversión tiene unos ingresos y unos costes. Desde un punto de vista meramente económico, la única consideración para valorar un proyecto es su rentabilidad. Anular el proyecto Metropólitan supondría tener que devolver a los cooperativistas los 90 millones de euros que han invertido en el solar, más los costes de gestión, promoción y comercialización de la operación, que no deben de ser bajos, más los gastos financieros, más los intereses de demora, más los costes de oportunidad, e indemnizarlos por daños y perjuicios, los costes jurídicos en que habrá que incurrir, pues es de esperar que los cooperativistas reclamen ante los tribunales. Se nos podría poner a la broma en un pico para las arcas públicas, que tendremos que financiar los contribuyentes.

Entre el Ayuntamiento y el Metro, el contribuyente al fin de cuentas, tendrían que asumir, además, los costes de urbanizar la zona, de soterrar y construir los talleres nuevos, enterrar la subestación eléctrica, hacer un túnel que conecte la nuevas cocheras con la Línea 1 del Metro, reparar y equipar las viejas cocheras, crear el parque, gestionar la operación más lo que ahora no soy yo capaz de prever y, pongamos, un 15% de imprevistos, como sorpresas en el subsuelo o tareas complementarias y modificados que puedan surgir durante las obras. Mas los gastos anuales de mantenimiento y gestión de las viejas cocheras, junto con el cuidado del parque.

Por parte de los ingresos, se dejarán de ingresar los, calculando a ojo, unos 450.000€ de ingresos anuales por IBI a lo largo de, al menos, los próximos 100 años como periodo razonable de vida operativa para el conjunto, antes de que una nueva raza de políticos se percate de que lo mejor que puede hacer en demoler las cocheras, entierren sus restos y desentierren el proyecto Metropólitan.

A grosso modo, la operación bien pudiera tener un coste para los contribuyentes de unos cientos de millones de euros. Claro está, si hacemos un balance social, en vez de meramente uno económico, habría que añadir el coste social de privar de sus casas a esas 443 familias marginadas de toda consideración, cuyo valor es incalculable. Más el coste político de una pésima gestión por parte de la administración, que también es imponderable. Y los costes sociales de haber perdido la oportunidad de rejuvenecer un barrio envejecido, difícil de cuantificar, en sí y en sus repercusiones futuras.

La alternativa económica, en caso de mantener el proyecto Metropólitan, sería dejar que corra la cooperativa con todos los gastos de urbanizar la parcela, soterrar las cocheras, enterrar la cancerigena subcentral eléctrica, ceder un terreno al Ayuntamiento para dotaciones, crear un parque público dosde faltan zonas verdes, generar 1.800 puestos de trabajo, contribuir al pequeño comercio de la zona con una demanda adicional de cerca de 2.000 personas y poner en las arcas municipales esos 450.000€  de impuestos al año, limpios de polvo y paja.

No hacen falta muchos alardes contables ni clarividencia financiera para decidir que opción es la aconsejable desde un punto de vista económico. Uno de esos factores de la operación que se han eliminado de toda consideración.

Foto de actualidad: Soterrando las cocheras del metro en Nueva York

lunes, 18 de enero de 2016

Gestión del patrimonio urbanístico




Ignoro los motivos de la espantada del magnate chino Wang Jianlin, pero el largo proceso de negociación que ha precedido a su decisión parece indicar que podría haber sido causada por las dificultades que ponían las autoridades que rigen el Ayuntamiento de Madrid para abordar la remodelación del Edificio España. Si añadimos los retrasos y amenazas a otros proyectos, como el Metropólitan, Operación Chamartín o Mahou-Calderón, la situación resulta preocupante y me hace pensar sobre cuál es el sentido del concepto de patrimonio urbanístico y reflexionar sobre cuál debiera ser el criterio para valorarlo y gestionarlo.

Parto de considerar a la riqueza como una forma de energía, en tanto es una capacidad para modificar la realidad, un potencial para la acción. La riqueza inmobiliaria tiene tres atributos o calificaciones, pudiéndose distinguir entre: el valor de uso o funcional, el económico o de intercambio y el artístico-histórico o estético-nostálgico de un inmueble; lo cual complica su evaluación; aunque, para simplificar, el valor de uso puede considerarse incorporado en el económico. Un inmueble, tiene, por tanto, un valor económico, cuantitativo, que valora el mercado; más un valor artístico, cualitativo, para el que no tenemos una escala objetiva con la que medirlo. Cabría una valoración relativa que nos permitiese comparar un inmueble con otro y decidir cuál es artísticamente superior al otro. Si bien, al ser relativa, el resultado de la comparación dependerá del gusto y valores estéticos del evaluador, es una estimación subjetiva. La riqueza inmobiliaria, tanto económica como histórico-artística, se acumula como patrimonio de las ciudades. Una limitación física del patrimonio inmobiliario es el hecho de estar anclado al terreno, lo que supone una importante restricción para su sustitución, intercambio y renovación, que hay que aceptar. Como consecuencia, el valor estético y funcional de un edificio viene condicionado por su entorno, con el que debe estar en armonía, realzándolo y siendo realzado por él, además de ser complementarios en funciones y servicios. Todo edificio es un centro de actividad abierto a una red de desplazamientos, por lo que no sólo es importante su ubicación, sino también su orientación, por la captación de la luz solar para iluminar la actividad y por la importancia de la entrada al edificio, de por dónde se accede y desde dónde se accede; así como hacia dónde se mira, las vistas que tiene.

Los organismos vivos, suelen regular la adquisición y consumo de la energía que necesitan para vivir, contando con sistemas de acumulación que les permite gastar puntualmente excedentes de energía adquirida en tiempos anteriores. Cuando la disponibilidad de energía es escasa, su utilización está totalmente dedicada a cubrir necesidades en un régimen de supervivencia, solo en caso de acumular excedentes se puede derrochar energía en actividades superfluas e incluso ostentosas. En el caso de las ciudades, unos organismos vivos muy peculiares, también deben administrar su patrimonio inmobiliario en función de las necesidades a cubrir, sin renunciar a hacer uso de excedentes en acciones concretas, cuando se considere conveniente, generando actuaciones urbanísticas que exhiban la exuberancia de un momento histórico, debiendo velar las autoridades por la mejora permanente del patrimonio arquitectónico de la ciudad al fomentar el desarrollo urbano.

El anclaje del patrimonio inmobiliario al terreno fuerza, en ocasiones, a tener que elegir entre lo existente y lo que se propone realizar en un espacio concreto. En esos casos, se impone la necesidad de tener que comparar entre lo existente y lo proyectado, entre lo actual y lo potencial. Debiendo tenerse muy en cuenta la reflexión sobre si el balance energético de una operación es positivo, es decir, si el valor artístico y económico del nuevo inmueble supera al valor artístico y económico del anterior más la inversión económica necesaria para demoler el viejo y construir el nuevo. El tiempo es un componente del gasto, todo retraso y demora incrementan el coste económico de la renovación. El objetivo es optimizar el balance patrimonial de la ciudad. El criterio no puede estar basado únicamente en si lo que ahora tengo es bueno, sino en si la alternativa es mejor o peor que lo actual. En el caso de que lo que se tenga merezca ser salvado, a pesar de que lo propuesto lo mejore con creces, habrá que plantearse el desplazamiento de lo que ahora hay. Hay reliquias del pasado que se interponen en la ruta del progreso y no se pueden demoler por los valores que sean. No es la primera vez que eso pasa. Nos ocurrió con la Puerta de Hierro que impedía la construcción de la autopista de la Coruña, y se decidió desplazarla unos metros, en vez de paralizar el proyecto; nos ocurrió con los templos egipcios de Nubia, como los de Abu Simbel y de Debob, que paralizaban la construcción de la presa de Asuán, se trasladó Abu Simbel a donde las aguas no llegasen y nos trajimos a Madrid el templo de Debob como regalo del gobierno egipcio; el templo de Dendur se llevó al Metropolitan de Nueva York, el de Taffa al Rijksmuseum de Leiden, Países Bajos, y el de Ellesiya al Museo Egipcio de Turín, Italia;  pero no se paralizó la construcción de Asuán.

Por investigación operativa, sabemos que la optimación de una función está limitada por las restricciones que se impongan al sistema. Poner un exceso de restricciones es reducir las posibilidades de optimización. Da la impresión de que un posible problema de los proyectos urbanísticos fallidos en el municipio de Madrid se ha producido el verse constreñidos  los promotores por exigencias que impedían la viabilidad del proyecto, como resultado de imponerles las autoridades un balance muy negativo, gravado por plazos de demora indefinidos. Una de esas restricciones es la gestión del patrimonio urbano mediante criterios ideológicos. Como ya he citado en otro artículo de este blog, (bit.ly/1PiFYtt) Henri Lefebvre, el gran filósofo del espacio, dejó escrito que “los proyectos relativos al espacio, sean arquitectónicos, urbanísticos o de planificación, deben ser gestionados mediante el empleo político del saber, de un conocimiento en principio desinteresado, evitando caer en ideologías que tienden a confundirse con el conocimiento por aquellos que aceptan esta práctica” (La producción del espacio, IV.5). La ideología es la cristalización de un eslogan impermeable a la argumentación e ignorante de las restricciones y oportunidades de cada espacio, transforma la realidad en esquemas y la reflexión en dogmas, eliminando la consideración de toda información que se oponga a la ideología asumida. El Ayuntamiento de Madrid parece actuar bajo el principio inamovible de considerar que todo edificio tiene un valor estético irrenunciable que hay que salvaguardar; entendiendo por administración del patrimonio su mantenimiento, frente a toda oportunidad de mejora, por lo que priva a la ciudad de su renovación al dar prioridad a la conservación frente al desarrollo. Por ello, no se tiene en cuenta el principio de la destrucción creativa de Werner Sombart, analizada y popularizada por  Schumpeter, quien deja bien claro a lo largo de su obra que para construir hay que destruir, estando ese principio en la base de la actividad del emprendedor innovador. Y sabemos muy bien que sin innovación no hay crecimiento y sin crecimiento no hay empleo ni riqueza ni futuro. También Mijaíl Bakunin  sostenía que la  destructucción de lo viejo es la fuerza creadora de lo nuevo: "la pasión por la destrucción es una pasión creadora". En la práctica urbanística no se trata de destrucción, sino de regeneración. Houssmann demolió en París 170 iglesias y del orden de 55.000 viviendas, incluida la casa en la que él nació, para hacer los bulevares y la Gran Via madrileña se llevó 310 edificios por delante. En 1172, la expansión de la ciudad de Florencia desbordó las murallas romanas reduciéndolas a vestigios. Tenemos el ejemplo de la Baugrenelle en Paris y la historia de Troya, Susa o Leptis Magna, entre otras, con sus respectivas series de superposiciones de ciudades sobre los restos de las ciudades anteriores, son ejemplos paradigmáticos de la aplicación del principio de Schumpeter al urbanismo, con más acierto en unos casos que en otros. En Madrid, más bien parece que estemos en uno de esos casos en los que, como advertía Carlos Marx en los Grundrisse, "las fuerzas reaccionarias frenan el progreso potenciando el valor de los vestigios del pasado porque los tienen delante", mientras que "las virtualidades o potencialidades de lo proyectado solo adquieren todo su valor al desarrollarse".

El problema madrileño básico es no contar con un proyecto de ciudad que, respetando la identidad de la ciudad, villa y corte, defina objetivos globales para su crecimiento y desarrollo y, adicionalmente, en los proyectos concretos no parece que se haga un balance de patrimonio, no se compara lo proyectado con lo existente ni se plantean los beneficios de la renovación. Como consecuencia, se pierden oportunidades como la de contar en Madrid con el Museo de las artes, la arquitectura, el diseño y el urbanismo del arquitecto Emilio Ambasz, evitando la demolición del antiguo y deteriorado edificio de la UNED o nos quedamos empantanados con el viejo Edificio España, que por su fecha de construcción puede que sufra aluminosis, por conservar su carcasa. Un sarcófago vacío e inútil en clara amenaza de ruina. Por desgracia, ni siquiera contamos con un bosquejo del proyecto del edificio que podría haber sustituido al deteriorado Edificio España. Un arquitecto amigo me comentaba que mientras se habían demolido una joya arquitectónica de Miguel Fisac (la "pagoda" de laboratorios Jorba) y el mercado de Olavide para hacer una plaza fea; se pretenden salvar las cochambrosas cocheras de 4 caminos, o mantener la piel del edificio de la Plaza España, que a él le parece feo y sin ningún valor, y demolería sin contemplaciones para hacer otro que fuese más permeable a luz del oeste hacia esas calles a su espalda. Son todos esos casos muestras de carecer de un proyecto de ciudad y de no haber realizado un balance del Patrimonio Inmobiliario proyecto a proyecto. Hay obras que conviene conservar y otras a las que habrá que renunciar o desplazar, estudiando cada caso y cada alternativa dentro de un concepto global.



Ese tipo de actuaciones no solo priva a Madrid de edificios emblemáticos modernos, sino que lanza señales a los inversores internacionales y nacionales de que invertir en Madrid es entrar en territorio comanche, donde no se sabe cuales son las reglas de juego ni si serán respetadas. Como decía Lefebvre, a veces, el sustituir mentalmente el espacio social real por un espacio mental abstracto permite que "el poder de la burocracia esquive, con coartadas, reivindicaciones y propuestas", obligando a abortar proyectos de primera magnitud que engrandecerían a la ciudad.

En las declaraciones posteriores al portazo y fuga del inversor Wang Jianlin, dejándonos con la duda sobre que pasará con el proyecto Campamento o con los terrenos del Atlético de Madrid, los responsables del urbanismo municipal reiteraron la referencia al cumplimiento de la ley como razón para su inflexibilidad en las negociaciones sobre la mejor forma de regenerar el espacio ocupado por el Edificio España, pero en el caso del proyecto Metropólitan, la ley y el derecho parecen no contar, amenazándose a los propietarios del terreno con incumplir el APR 07-02 aprobado por la Comunidad de Madrid el 25 de julio de 2012 y expropiar a los cooperativistas que compraron el solar al Metro de Madrid en subasta pública con ese APR incorporado. Se proclama a bombo y platillo la defensa de los desahuciados por impago y se amenaza con desahuciar a 450 familias que han pagado sus viviendas. Recordemos que, según el diccionario de la RAE, desahuciar es quitar a alguien toda esperanza de conseguir lo que desea. La ley no se utiliza como herramienta de la justicia, sino como arma para potenciar la prepotencia de la Administración frente a los derechos de los ciudadanos, en manos de un ayuntamiento que actúa como prefectura. Una Administración que además de ser un poder ejecutivo tiene poder legislativo, no teniendo dificultad para alterar la ley cuando lo considera oportuno, no puede tomar a esa ley, que parece estar dispuesta a incumplir cuando le complace, como excusa de sus errores, sembrando la actividad inmobiliaria madrileña de incertidumbre e inseguridad jurídica. El problema es de mala gestión y falta de visión. El patrimonio urbanístico no puede administrarse por restricciones ideológicas, sino que debe gestionarse con criterios de mejora de ese patrimonio mediante operaciones que generen un balance de energía patrimonial positivo. La gran diferencia entre la concesión de los juegos olímpicos a Barcelona y, en mi opinión, la no concesión de los juegos a Madrid, se debe a que en el proyecto de Barcelona la política olvidó su ideología para seguir los consejos técnicos de los urbanistas y arquitectos y tenían un proyecto de ciudad. También yo dejaría mi ideología a un lado para dejar que el cirujano me opere como él crea debe hacerlo.

Los organismos vivos mueren de inanición cuando hacen una mala gestión de la energía de que disponen. Las ciudades también se van debilitando y deteriorando por mala gestión de su patrimonio urbanístico. Rechazar inversión foránea es espantar las posibles presas de primera, renunciar a una dieta nutritiva y altamente energética que asegure el desarrollo. Se habla del comerciante que se arruinó por no comprar, me temo que estemos llevando a la parálisis a Madrid por no demoler lo que conviene renovar.

Todo inmueble es medio para la ocupación y actividad de sus usuarios, es ground y background. Para atraerlos, ha de ser un medio atractivo al que quieran convertir en su medio. Además de la economía y el arte, en la ecuación del patrimonio urbanístico habría que dar cabida al capital humano, tener en consideración a los ocupantes de cada inmueble y la actividad que desarrollarán. Una de las funciones del proyecto Metropólitan es la de ofrecer la posibilidad de recuperar población emigrante joven y valiosa, al darles  la oportunidad de encontrar en su ciudad de origen la tipología de edificio que encuentran en el extranjero y en los que están acostumbrados a vivir.

jueves, 17 de diciembre de 2015

Reflexión sobre el Proyecto Metropolitan



Intervención del autor en El Pleno de Chamberí del 14/12/2015
Reflexión sobre el Proyecto Metropolitan
Y los Talleres del Metro de Madrid en Cuatro Caminos

         Antecedentes


El lunes 14 de diciembre de 2015, La Junta Municipal del distrito de Chamberí, de Madrid,  aprobó, a propuesta de Ahora Madrid y PSOE, con la abstención de Ciudadanos y la oposición del PP, solicitar que las cocheras del Metro de Madrid, junto a la Glorieta de Cuatro Caminos, sean declaradas de interés histórico artístico.


Ello supone paralizar la construcción del proyecto Metropólitan, en el que se prevé se construyan viviendas, un parque público y otros servicios en esos terrenos por una cooperativa de ciudadanos.

El presente documento fue la base de la intervención desde el público del autor, quien asistió al Pleno a petición de un cooperativista.


Me llamo Carlos del Ama y soy vecino del barrio de Cuatro Caminos. En él que, como hicieran mis padres y antes mi abuelo, nací, me crié y pasé mi juventud. Una vez casado, viví en la calle Ponzano esquina a Raimundo Fernández Villaverde,  los años que no estuve trabajando en el extranjero y, tras haberme jubilado, sigo viviendo en el barrio, ahora, en San Francisco de Sales.

Tomo la palabra sin esperanza. Me temo que las decisiones estén ya tomadas por unos e impuestas por otros entre quienes nos gobiernan y deciden sobre nuestras vidas, con lo que mis palabras serán un mero canto al sol. Pero me atrevo a exponer aquí lo que, como vecino, creo conveniente para los vecinos de Cuatro Caminos, en la esperanza y convencimiento de que también hay políticos amantes de la verdad, la justicia y el buen hacer, amigos de escuchar y conocer opiniones ajenas que les puedan servir para contrastar la propia.

Se trata de ver la mejor forma de preservar un bien de carácter industrial, que son los antiguos talleres del Metro de Madrid en Cuatro Caminos. Como todo bien industrial es un bien funcional. Tienen tuvieron una función, la de reparar trenes del Metro y mantener los túneles. Función para la que se han quedado absoletos y superados por las actuales necesidades. Se trata, por tanto, como diría Ortega, de un bien anacrónico y, por consiguiente, es un bien  inservible. Podría interesarnos como recuerdo histórico, yo, como vecino del barrio de toda la vida no tengo ninguna imagen que recordar ni guardo ningún vínculo afectivo con esas cocheras, ya que siempre ha sido un lugar apartado y oculto, abierto al abismo subterráneo y cerrado al vecindario tras un muro acaparador de espacio urbano inaccesible. Solo recuerdo que han sido y siguen siendo un obstáculo para el tráfico de la zona. Pero como técnico, si me gustaría que se conservase su recuerdo y, como técnico, me bastaría con  que se conservasen una buena colección de planos y algunas fotografías a las que, a lo sumo, se añada una maqueta. Puede que haya alguna minoría, muy mínima, que quiera conservar el edificio y la maquinaria para las generaciones futuras. Lo Admito. Afortunadamente los elementos industriales no están vinculados a su entorno. Todas las industrias alemanas fueron desmanteladas por rusos y americanos después de la guerra mundial y trasladados sus elementos al otro lado del Atlántico o de los Urales, sin pérdida de su valor intrínseco. No se trata de la Acrópolis, ni de la Fallingwater House de Frank Lloyd Wrigh, ni de las casas colgantes de Cuenca, para las que su ubicación forma parte integrante y fundamental de su identidad. Los talleres se pueden trasladar sin perder ni ganar más interés que el que tienen. Trasladar la maquinaria no es problema y la propuesta de algún concejal, que se ha estudiado el caso, de llevar las máquinas al museo del ferrocarril de la calle Delicias me parece muy acertada. Respecto al edificio, yo no le veo ningún valor arquitectónico que justifique conservarlo, pero si alguno, mejor informado que yo, cree tener razones para ello y desea que se puedan ver las naves en el futuro tal cual eran, dado que es un edificio modular, y como para muestra basta un botón, bastaría con conservar uno o dos módulos, uno para ver como eran esas destartaladas naves y dos para mostrar como se ensamblaban entre ellas. En el museo de Londres se da cobijo a una Cariátide, no a todo el Erecteion y eso que las Cariátides son diferentes entre ellas, pero entre la muestra, unas fotos y una maqueta, el visitante se lleva una buena idea del conjunto. Pero el caso es que la necesidad para la que fueron construidos esos talleres subsiste y urge modernizarlos, ya que las necesidades de Metro son ahora distintas a las de hace un siglo.


Hay un segundo problema y es que las cocheras se interponen e impiden el desarrollo de una espléndida parcela en el centro de Madrid, para la que hay un magnífico proyecto que, entre otras cosas, dotaría al barrio de un amplío parque público. Pero reconozco que hay reliquias del pasado que se interponen en la ruta del progreso y no se pueden demoler por los valores que sean. No es la primera vez que eso pasa. Nos ocurrió con la Puerta de Hierro que impedía la construcción de la autopista de la Coruña, y se decidió desplazarla unos metros, en vez de paralizar el proyecto; nos ocurrió con los templos egipcios de Abu Simbel y de Debob, que paralizaban la construcción de la presa de Asuán, se trasladó Abu Simbel a donde las aguas no llegasen y nos trajimos a Madrid el templo de Debob, pero no se paralizó la construcción de Asuán. Y volvió a ocurrir con los numerosos pueblos, monumentos, fábricas,  riquezas, fauna y flora que paralizaban la gran presa china de Las Tres Gargantas y los chinos cambiaron medio país de ubicación; pero no se paralizó la central china de las Tres Gargantas, porque al desarrollo hay que abrirle puertas, no obstaculizarlo.

Hay personas conservadoras y las hay progresistas. Las primeras viven mirando al pasado y queriendo conservar hasta lo que ya no sirve para nada y hay otras progresistas, orientadas al futuro y amantes del progreso, deseosas de buscar soluciones a los problemas vigentes: vivienda, empleo, desarrollo económico. Se da en el arte una clara dicotomía que todos conocemos entre antigüedades y trastos viejos. A las antigüedades conviene atesorarlas, pero guardar trastos viejos es costoso, estéril y engorroso, pero hemos de reconocer que, entre los ultraconservadores más retrógrados, hay personas afectadas por el síndrome de Diógenes, amigos de guardar hasta la basura. Me pega que estamos hablando de un trasto viejo más que de una obra de arte. Pero estoy hablando desde mi ignorancia artística, yo prefiero la estética de las flores a la de los ladrillos y la contemplación de las puestas de sol a mirar una fachada ruinosa que reclama ser cubierta de graffiti. Y tanto flores como puestas de sol son arte efímero, por lo que asumir la finitud que el tiempo impone a la belleza me entristece pero no me desconsuela y dado que por las cocheras no siento ningún aprecio, ni estético ni de ningún tipo, no las echaré en falta cuando el tiempo las pulverice.

Schumpeter dejó claro que para construir hay que destruir. La destrucción creativa de Werner Sombart, analizada y popularizada por  Schumpeter, es la base de la actividad del emprendedor innovador. Y sabemos muy bien que sin innovación no hay crecimiento y sin crecimiento no hay empleo ni riqueza ni futuro. También Mijaíl Bakunin  sostenía que la  destrucción de lo viejo es la fuerza creadora de lo nuevo: "la pasión por la destrucción es una pasión creadora". En la práctica urbanística no se trata de destrucción, sino de regeneración. Houssmann demolió en París 170 iglesias y del orden de 55.000 viviendas, incluida la casa en la que él nació, para hacer los bulevares y la Gran Via madrileña se llevó 310 edificios por delante. En 1172, la expansión de la ciudad de Florencia desbordó las murallas romanas reduciéndolas a vestigios y la historia de Troya, Susa o Leptis Magna, entre otras, con sus respectivas series de superposiciones de ciudades sobre los restos de las ciudades anteriores, son ejemplos paradigmáticos de la aplicación del principio de Schumpeter al urbanismo.


La renovación es el motor del proceso histórico al que llamamos progreso. Se trata de un proceso creativo por el cual el ser se transforma en su deber ser mediante la renuncia a lo ya sido. Benavente nos dejó escrito, en los Intereses Creados, que la diferencia entre América y Europa es que cuando se hace una zanja, en América es para poner cimientos al futuro, mientras en Europa es para buscar ruinas del pasado. La creación de espacio, como propone Lefebvre, supone despejar el espacio previo que se queda como sustrato. A veces, el sustituir mentalmente el espacio social por un espacio abstracto permite que "el poder de la burocracia esquive con coartadas reivindicaciones y propuestas (en favor de satisfacer necesidades sociales) para sustituir objetivos vitales por objetos", en este caso viviendas por viejos vagones de metro fuera de servicio. (La producción del espacio XVIII.8). En su texto metodológico sobre el progreso en los Grundrisse, Marx advierte de que las fuerzas reaccionarias frenan el progreso potenciando el valor de los vestigios del pasado porque los tienen delante, mientras que "las virtualidades o potencialidades de lo proyectado solo adquieren todo su valor al desarrollarse".

Las cocheras ocupan una zona muerta e inútil, cuya única producción es una nutrida colonia de ratas. Se trata de los restos de algo ya inservible, un reducto oculto, fuera de la escena pública y, como tal, obsceno, un deshecho a la espera de ser evacuado. La solución propuesta y acordadada entre Ayuntamiento, Comunidad de Madrid y Metro es la de hacer unos nuevos telleres soterrados y financiar la obra con un proyecto inmobiliario que levante un parque sobre las nuevas cocheras y construya unas viviendas en la perifeeria del parque. El proyecto Metropolitan dará vivienda a cientos de familias, creará actividad económica en el bario, creará miles de empleos durante su construcción, dará vida a la zona contribuyendo a paliar el deterioro de la pirámide de edad local, además de aportar un esplendido parque público a un barrio en el que no abundan y desratizar el entorno saneándolo. Para las arcas municipales, aportará el proyecto las tasas de las licencias de contrucción y las rentas anuales de los IBIs de las viviendas. Sin contar honorarios de arquitectos, notarios, registradores...y al mercado de Maravillas le vendrá... de cine.

Urbanísticamente, el proyecto Metropolitan creará un edifico representativo, heredero de los famosos Titanic que fueron gloria y orgullo de Cuatro Caminos, un edificio que será emblemático para la zona y enriquecerá la silueta del nuevo Madrid. Será un edificio singular porque, en un entorno de edificios adosados, cumple el criterio de la Bauhaus de ser edificios aislados con cuatro fachadas, formando un conjunto armónico situado en un parque, destacará por su altura y forma parte de un proyecto total que ocupará cuatro manzanas. Henri Lefebvre dejó escrito que “los proyectos relativos al espacio, sean arquitectónicos, urbanísticos o de planificación, deben ser gestionados mediante el empleo político del saber, de un conocimiento en principio desinteresado, evitando caer en ideologías que tienden a confundirse con el conocimiento por aquellos que aceptan esta práctica” (La producción del espacio, IV.5). La ideología es la cristalización de un eslogan impermeable a la argumentación e ignorante de las restricciones y oportunidades de cada espacio, transforma la realidad en esquemas y la reflexión en dogmas, eliminando toda información que no desea dar a conocer.


En otras ocasiones análogas, en Berlín, París o Londres, de parcelas que eran propiedad de entes públicos, los Ayuntamientos, sea directamente o por medio de algún organismo municipal, compraron los solares cuando salieron a la venta e hicieron en ellos lo que les pareció mejor para los fines del Ayuntamiento. Pero en este caso, el solar, que fue del Metro, es ahora privado, es más, pertenece a una cooperativa de más de cuatrocientos vecinos. No soy abogado, más bien soy y me reconozco lego en derecho, pero mi sentido natural de la justicia me hace pensar que el Ayuntamiento debiera habérselo pensado antes de que fuese vendido y haber comprado el solar cuando se puso en venta. Si en algo se diferencian los estados de derecho de…los otros, es que son estados de derecho. Si los derechos adquiridos no se salvaguardaran no seríamos un estado de derecho. El Ayuntamiento de París, además de poder comprar, tiene derecho de tanteo y retracto sobre todas las transacciones inmobiliarias en la ciudad y lo ejercen, con lo cual:

                  -Se evita el dinero negro, pues si alguien intenta vender cobrando el 50% en B, se arriesga a que el Ayutamiento se lo quede por la mitad del precio.

                 -Se evita la especulación, pues el Ayuntamiento puede comprar antes de una actuación urbanistica, recalificar y vender despues de la recalificación.

                     -Protege el patrimonio histórico y cultural sin daño de los derechos de ningún propietario, dado que compra el inmueble que desea proteger.

No hay razones estéticas, ni industriales, ni económicas, ni urbanísticas, ni sociales, ni filosóficas, ni humanas, que justifiquen, no ya impedir, sino frenar y aplazar el que el proyecto Metropólitan se haga realidad. Si hay otras razones que los ciudadanos ignoramos, si hay motivos ocultos, aspiraciones escondidas, intereses que desconozcamos, espero nos los aclaren antes de seguir adelante con sus incomprensibles planes paralizadores del progreso de la ciudad. Es evidente que los viejos talleres les importan tan poco como a mi y a la gran mayoria de los vecinos de Madrid. El Proyecto Metropólitan, además de cumplir con creces las reomendaciones de Kioto, sumideros de CO2, contrucción en altura, bajo coeficiente energético, energías alternativas...; cumple las cuatro funciones básicas de la ciudad que propone Le Corbusier en sus Pincipios de Urbanismo: Hábitad, trabajo, circulación y ocio; al proporcionar viviendas, terciario, abrir vías de comunicación entre las calles periféricas y crear un parque público.

Si finalmente deciden que los ladrillos de las cocheras, que polvo son y en polvo se han de convertir, como lo hicieron los valiosos y alabados ladrillos de los Zigurat de Babilonia, si hay ladrillos, repito, que han de preservarse para la posteridad, desplácenlos y guárdelos en un museo o en una caja fuerte, pero no paren el proyecto, no paren el desarrollo, no paren el futuro, no paren el progreso, no caigan en la tentación de ser conservadores, guardianes de ruinas y momias del pasado, no sean retrógrados recalcitrantes enemigos del progreso y del futuro; sean progresistas, dejen abiertas las puertas al progreso, al desarrollo y al futuro, no trunquen los cientos de proyectos vitales que integran el proyecto Metropólitan. Si no aceptan las sabias tesis de Shumpeter demoliendo las ruinas en que se han convertido los antiguos talleres, llévenselas a otro sitio o entiérrenlas. Pero no priven al barrio ni a Madrid ni a sus vecinos de un proyecto emblemático del que podrán estar orgullosos ellos y sus hijos y nietos, ni priven a los cientos de familias de cooperativistas que han puesto en el proyecto sus ahorros y sus ilusiones, a miles de ciudadanos que han invertido su pasado en aras de un mejor futuro, de su proyecto vital.
 

El Doctor José Manuel Calvo Concejal de Desarrollo Urbano Sostenible del Ayto. de Madrid y miembro del Consejo Ciudadano Municipal de Ahorapodemos, ha declarado públicamente que

 No hay nada más indigno que echar a una familia de su casa por no tener suficientes recursos para pagar la hipoteca. Acabar con los desahucios y, sobre todo, garantizar el derecho a la vivienda”. Supongo que también considere indigno privar de su vivienda a más de 400 familias que son los dueños legítimos y que ellos también merezcan se respete su derecho a una vivienda que han comprado.

También dijo:

“Debemos hacer todo lo posible para permitir a las pequeñas empresas y a las cooperativas participar en concursos a los que ahora no tienen acceso”. Imagino que también hará lo posible por defender los derechos de los cooperativistas que han participado en concursos  y los han ganado.

Imagino que cada cooperativista del Metropólitan encarna una historia humana que las autoridades municipales quieren transformar en tragedia. Recuerden las autoridades municipales cuando decidan que tienen sobre su mesa cientos de tragedias. No sería malo que las escuchasen, una a una, antes de decidir. Porque no se trata de una multinacional anónima que va a especular con el terreno, son miles de ojos de una muchedumbre humana que observan llenos de inquietud sus  ciegos actos, impersonales y burocráticos, mirándoles con ojos rebosantes de temor y temblor. Pónganles rostros, atrévanse a mirarlos a la cara con su imaginación.

Son muchos los cooperativitas que tienen sus ahorros invertidos en el proyecto y sus ilusiones puestas en su conclusión. El proyecto del edificio Metropolitan no es un proyecto, aglutina más de cuatrocientos proyectos personales en los que más de cuatrocientas familias han invertido sus ahorros y puesto sus ilusiones. Ortega decía que la vida es proyecto y privarle de su proyecto vital a una persona con violencia es quitarle el sentido a su vida. Víctor Frank observó en el campo de concentración en el que estaba prisionero, que los que se morían eran los que, habiendo perdido toda esperanza, no tenían un proyecto de futuro, por lo que él asumió el proyecto de escribir y publicar su libro y sobrevivió. Sin proyectos no hay vida, por no haber futuro ni esperanza sin proyectos. Hannah Arendt, analizó la banalidad del mal y denunció la frialdad administrativa con la que muchos funcionarios politizados y políticos burocratizados toman decisiones que afectan  a cientos, miles e incluso millones de personas que se ven victimas de esas decisiones tomadas sin considerar ni inmutarse por la ruina y sufrimientos que llevan a otras vidas. Fue también  Hannah quien  señaló, que son los sistemas totalitarios los que pugnan por dejar a los individuos sin proyectos personales para convertirlos en masas sometidas y manipulables.


¿De qué hablamos?: 
 

Para comprender lo que está en juego, conviene recordar lo que pensaron los filósofos del espacio sobre algunos aspectos de las operaciones urbanísticas. Así,  Jane Jacobs, en su libro The Death and Life of Great American Cities, dice que a veces "el urbanismo (citiy planning) conlleva la desaparición de la vida urbana, al eliminar al vecindario, la vivienda, la crianza de los niños, etc.". Robert Coodman, en After the Planners, comenta que "el experto al servicio de las exigencias de los poderes burocráticos  o políticos no escucha las voces de los usuarios, pretendiendo hablar en su nombre". Henri Lefebvre dejó escrito, en La Production de l´Espace, que "cuando surge una coalición, a propósito de algún contra-proyecto o contra-plan, proponiendo un contra-espacio en oposición a la estrategia en curso de ejecución,... responde... a un plan de confiscación del espacio". Lo cual propicia que se pretendan imponer decisiones arbitrarias, con fines nada claros, salvo satisfacer el orgullo de la prepotencia, mediante el abuso del poder político, vulnerando una situación jurídica, en la que hay derechos y obligaciones contraídas en el marco de una legalidad y normativa vigentes, con grave daño moral y económico a personas concretas.

Todo edificio tiene dos funciones: Satisfacer una necesidad y mostrarse. La necesidad satisfecha por 450 viviendas y un parque público es incomparable con la de un taller obsoleto. El mostrarse de un edificio es para ser visto y juzgado por su imagen y, al ser el edificio parte de la ciudad, su imagen es parte de la imagen de la ciudad. ¿Qué imagen queremos para Madrid? Juzguemos.












domingo, 13 de diciembre de 2015

El problema del paro inducido por la mecanización





Ya Carlos Marx analizó el impacto de la mecanización en el empleo, llegando a la conclusión de que, si bien en una primera etapa la máquina reduce la mano de obra, al disminuir la mecanización los costes de producción, eso permite reducir los precios del producto, lo que hace que la demanda aumente y se abran nuevas fábricas que terminan por emplear un mayor número de obreros que el que inicialmente estaba empleado antes de la aparición de las máquinas. Recordad las citas de El Capital: "las maquinas aumentan el numero de esclavos del trabajo" (Libro 1 secc IV cap XV ap 7) o que la maquina "intensifica su sed de trabajo ajeno" (Libro 1 secc IV cap XV ap 2).

El planteamiento sobre los efectos de la mecanización se ve reproducido y aumentado al considerar la automatización y la robótica. ¿Terminará el ser humano por no tener que trabajar?

Una consideración es que parece evidente que habrá tareas que dejarán de necesitar la intervención del ser humano. Ocurrió en la primera crisis energética, cuando la escasez de madera obligó a la apertura de las minas de carbón, eliminando el oficio de leñador y cuando el trasporte mecanizado eliminó el oficio de carretero y el ferrocarril elimino a los conductores de diligencias y a los jinetes del Pony Express. Pero en compensación se abrieron puestos de trabajo en las minas de carbón, en las fábricas de automóviles y ferrocarriles, en los talleres de reparación, en la construcción de líneas ferroviarias y carreteras, en las fábricas de señales de circulación, en la construcción de puentes, en la conducción de camiones y trenes…El reto fue reconvertir la mano de obra entrenada para labores obsoletas para realizar nuevas tareas. Como se reconvirtieron los arqueros en arcabuceros y los fabricantes de herraduras en productores de neumáticos. El que no quiso reconvertirse se murió en el paro.

Pero es previsible que pueda llegar un momento en el que todo lo que quede por hacer a mano lo hagan las máquinas, máquinas automatizadas y robotizadas. ¿A qué nos tendremos que reconvertir? Evidentemente, si las máquinas van a hacer todo lo que se está haciendo, habrá que hacer otra cosa y como el crecimiento económico crece con la innovación, habrá que reconvertirse a realizar las tareas que el futuro necesite y las máquinas no puedan hacer: A innovar. Presiento que el hombre no fue creado ut operatur (para trabajar) sino ut innovatur (para innovar).

Los animales han de adaptarse al medio pero el ser humano adapta el  medio a sus necesidades. Adaptar el medio es una labor creativa. Para cruzar un ancho río, un animal necesitaría años de evolución biológica para adoptar un cuerpo capaz de nadar y que, tras cruzar el río, deberá de seguir manteniendo durante siglos de evolución antes de poder salir andando por la otra orilla, pero un hombre puede inventar una canoa o construir un puente que, una vez utilizados, puede abandonar. Mientras la humanidad tenga necesidades deberá inventarse el modo de satisfacerlas.

Por último, podemos pensar que las máquinas puedan llegar a pensar y ser creativas, dejándonos finalmente sin nada que hacer, pero no es así. Hay dos formas de ser creativo: pensando sobre lo que nadie ha pensado o pensando sobre lo que otros han pensado. Si las máquinas llegasen a pensar, el ámbito de lo ya pensado crecería, dándonos mucho sobre lo que pensar. Siempre quedará campo para la investigación y el desarrollo. Como en mayo de 68, la imaginación al poder.

El proceso innovador



Toda innovación tiene por objetivo una mejor manera de producir bienes y servicios, ya sea mediante un mejor diseño, una mejor organización, nuevos procedimientos, mejores herramientas, maquinaria y equipos productivos más modernos, materiales más adecuados, mejores condiciones y ambiente laboral. Como fruto de la innovación se producirán más y mejores productos, con más y mejores prestaciones, más cómodos de utilizar y transportar, más baratos, que consuman menos y producidos con menos recursos, menos energía y menor volumen de mano de obra por unidad producida.

Siendo la innovación un requisito para conseguir un crecimiento económico sostenible, conviene reflexionar sobre el proceso que sigue una innovación con éxito y los condicionantes e implicaciones que tiene.

Hasta que se materializa una innovación tecnológica hay tres fases


                              Concepción                           Desarrollo                                  Implementación
                         
   Invención      Diseño + Construcción          Aplicación

Llevar las ideas a la realidad es un proceso complicado que puede constar de varios aspectos, tales como ingeniería de diseño, ingeniería de procesos, estudio de nuevos métodos de producción, adquisición o desarrollo de nuevos equipos de producción, formación del personal, documentación, inversión de capital, contratación de mano de obra especializada, marketing. Todo ello lleva su tiempo y tiene sus costes.
    

Restricciones económicas  

Existen restricciones a la innovación. La introducción de una tecnología nueva Tb depende de la rentabilidad de aplicar los nuevos procedimientos, la cual es función del volumen de producción que utiliza la nueva tecnología.

En estas gráficas sobre el efecto económico de la innovación  se ve que, para fomentar una revolución técnica, se requiere un alto volumen de producción, lo que supone que normalmente haya que ampliar o abrir mercados antes de poder introducir determinadas innovaciones. Lo cual explica una de las posibles causas por las que  pequeñas empresas o algunos países subdesarrollados encuentren dificultades para abandonar sus tecnologías tradicionales y poco competitivas.

Mientras que para un volumen bajo Q1 no es rentable el cambio de tecnología de Ta a Tb, por lo elevado de la inversión fija necesaria; para un volumen de producción mayor Q2 si lo sería, ya que mientras producir un bajo volumen Q1 es más caro por unidad de producto con la nueva tecnología, ( Ca1 < Cb1), producir un alto volumen Q2 es más económico con la nueva tecnología Tb que con la tradicional Ta,   dado  que ( Cb2 < C a1) al reducirse notablemente los costes variables, lo cual compensa la inversión fija al multiplicarse por un volumen elevado.



Conclusión. Para que un incremento técnico tenga un impacto positivo en la productividad, deberá tener lugar en un mercado lo suficientemente amplio como para que pueda absorber el incremento de producción correspondiente.



Corolario.  Ampliar mercados potencia el desarrollo tecnológico.



Efectos inducidos: Un cambio tecnológico, una innovación, ayuda a toda la cadena  de producción, es decir, la innovación se expande, “rebosa”, beneficiando a proveedores y clientes.


La bajada de precios y la mejora del producto beneficiará a los clientes, que, al reducir sus costes y mejorar sus propios productos o servicios, podrán aumentar sus ventas y su demanda al proveedor innovador.

Al reducir la empresa innovadora los precios de sus productos con la innovación, aumentara la demanda por parte de sus clientes, con lo que se aumentaran las compras a los proveedores para poder producir más, con lo que los proveedores aumentarán sus volúmenes de producción reduciendo sus costes unitarios  a la vez que increventan sus ventas al innovador.


Conclusión. La innovación técnica, además de mejorar la propia productividad, favorece la competitividad y el volumen de negocio de los clientes y la de los proveedores de quien innova.

Corolario. Es por ello que, cuando la innovación está muy avanzada, conviene concertar algunos aspectos con proveedores y clientes

Oportunidad de la innovación

El hecho de innovar también ha de tener en cuenta el tiempo en que se produce, es decir, hay que saber cuándo dar el “salto innovador”. Se debe considerar que en la innovación existen unos efectos colaterales: la anticipación y la congestión, que debemos tener en cuenta al decidir la oportunidad de actuar:

Anticipación. Si bien es cierto que quien da primero da dos veces, cuando la innovación supone introducir un nuevo producto para el que no existe mercado, la situación favorece el salto tecnológico en un tiempo posterior al de introducción de un nuevo producto, es decir, una vez que alguien ha abierto brecha y ha creado el mercado,

Siendo aconsejable posponer la innovación para cuando el mercado esté desarrollado, si no somos una empresa fuerte y sólidamente financiada que puede arriesgarse a abrir mercados que no existen.

Las siguientes gráficas ilustran este concepto.



Observando ambas gráficas se ve que, en un primer momento t1, no es “rentable” introducir la tecnología Tb, porque para la demanda Q1 el coste Ca  con la tecnología antigua es menor; pero, sin embargo, posteriormente en t2, cuando el volumen del mercado ha crecido a Q2,    es rentable utilizar la nueva tecnología, dado que para ese volumen el coste con la nueva tecnología es menor que con la tecnología anterior.

De esta forma Tb desplazará a la tecnología Ta a partir del momento t en el cual se igualan los costes productivos en las dos tecnologías para un mismo volumen de producción, cuando ya se ha desarrollado el mercado y se han formado los operarios en la nueva  tecnología.

Congestión. Existen situaciones donde lo mejor es entrar el primero, porque si  posteriormente los mercados  crecen poco y están ya copados, la fracción de mercado a la que se puede acceder como competidor tardío es tan pequeña, que entonces ya no es rentable el cambio tecnológico. Siempre es aconsejable ser el primero si existe un mercado potencial para el cual el nuevo producto cubre una necesidad generalizada. Todos los hombres se afeitaban y todas las mujeres cosían cuando Gillette inventó la maquinilla de afeitar y Singer la máquina de coser.

Por el contrario, ni Ford, ni General Motors fueron los primeros fabricantes de coches, ni IBM fue la primer fabricante de ordenadores, ni Standar Oil la primer productora de petróleo, ni Morgan el primer banquero, ni General Electric la primer empresa de electricidad; pero todos ellos triunfaron gracias a una innovación sobre productos ya existentes. Ford aplicó la fabricación en serie al automovil, Sloan introdujo la asociación de los mejores fabricantes de componentes y piezas de automóviles para construir el coche más fiable, Warton comprendió que la red de vendedores de IBM tenia que poner la prioridad en enseñar a los usuarios a utilizar el producto  Rockefeller se asoció con los ferrocarriles para garantizarse el transporte del petroleo a precios económicos y creó la primera red de gasolineras para distribuir la gasolina al pormenor, Morgan se arriesgó a invertir en industrias emergentes y apostó por la corriente alterna en General Electric frente a la continua de Edison, que habia sido el pionero en llevar la electricidad a los domicilios.

Será la relación entre el tamaño mínimo de las empresas del sector y el tamaño del mercado la que determine si predomina la anticipación o la congestión, si hay que adelanterse o esperar.

Conclusión. El impacto de la innovación tecnología en la competitividad y éxitode la empresa innovadora depende del momento que se elija para introducir la innovación, el momento óptimo está en función del tamaño y capacidad de la empresa para desarrollar un mercado inexistente y del grado de congestión y anticipación que suponga la asimilación de la nueva tecnología por el mercado y el resto de la industria.