Mostrando entradas con la etiqueta desahucios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta desahucios. Mostrar todas las entradas

viernes, 17 de junio de 2016

Resumiendo





Me dijo D. Julián Marías, en una de las reuniones de Los Amigos de Julián Marías en el Parador de Chinchón, que el filósofo debe reflexionar sobre los temas de la actualidad social, siendo ese pensamiento uno de los motivos por los que se interesaba por el cine y escribía críticas de películas. Ese pensamiento ha contribuido a mantenerme motivado y comprometido con la defensa de los cooperativistas del proyecto Metropólitan, pero estoy deseando que el asunto llegue a buen fin para "dejar la política". Mi ámbito profesional han sido la empresa y la academia, donde lo que cuenta es la calidad del servicio al usuario. He descubierto que en política la atención "al cliente-súbdito" no existe, su misión es pagar impuestos y resignarse a lo que le impongan, no el reclamar un buen servicio. No importa tampoco ni tiene buena acogida la racionalidad ni está bien vista la verdad. Actitud que parecen practicar tanto los de la casta como los descastados. Para la mayoría de los políticos, lo fundamental son los fines y, en el más puro maquiavelismo, si ocultar la verdad e ignorar las razones mejor fundadas contribuye al logro de los fines, se oculta y se ignoran. La opinión prevalece sobre el argumento, los intereses sobre los derechos y los intereses de los políticos sobre los de los ciudadanos. Los ediles madrileños han dejado claro que su objetivo sobre el Metropólitan es paralizar el proyecto a toda costa, vaya usted a saber por qué. Para ello se inventó que los talleres de reparación y cocheras de Cuatro Caminos habían sido diseñados por el arquitecto Palacios y había que declararlas Bien de Interés Cultural. El argumento se basaba en que Palacios había sido arquitecto de Metro, efectivamente, está documentado que fue él quien diseño el rómbico anagrama de la compañía, diseñó las primeras estaciones y el templete del ascensor que desmontaron de Gran Vía y alguna cosa más pero, como se demuestra en la documentación existente en los archivos documentales de la empresa, los talleres fueron obra del ingeniero de caminos D. José Valentí de Dorda. Como no podía ser menos, ya que sólo los ingenieros de caminos podían actuar en temas ferroviarios. Afortunadamente, como decía don José Ortega, quien ignora la verdad termina tropezando con la realidad.

Al rompérseles el primer palo que ponen entre los radios de las ruedas del proyecto, recurren a decir que el soterramiento previsto para las cocheras no cumple el APR, cuando:

                        -En el Protocolo de Colaboración suscrito en marzo de 2010 entre el Ayuntamiento de Madrid y Metro de Madrid, S.A, sobre los ámbitos APR.07.02  las partes se comprometen a promover en todos los ámbitos afectados alternativas de ordenación urbanística equilibradas y sostenibles, ajustadas, entre otros, al siguiente principio y condición:

"La ordenación resultante, que implicará la desaparición en superficie de las cocheras e instalaciones anexas, y en su caso su soterramiento, deberá satisfacer las necesidades de espacio requeridas por Metro garantizando los niveles de prestación del servicio público de transporte que le ha sido encomendado, atendiendo a las presentes y futuras necesidades de movilidad madrileña. Por lo que  c) todas las actuaciones que sigan quedarán siempre sometidas al respeto del interés público de la correcta prestación del servicio de transporte madrileño."

                        -En la Modificación puntual aprobada por Consejo de Gobierno de 26 de junio de 2014, se observa como el soterramiento de la cochera es parcial, asomando parcialmente, se sabía perfectamente que la cota de la Plataforma de la zona verde estaría, al menos, en la cota 707.

                        -Hay antecedentes de otros soterramientos en los que el techo de lo soterrado sobresale sobre la rasante de la calle, como el aparcamiento de Santo Domingo, o el parque del Canal de Isabel II.

                       -Hay un informe técnico de la Comunidad de Madrid, firmado por

D. Dav¡d González Herrero
El Jefe del Área de Planeamiento y Control de Madrid Capital y Metropolitano 1
D. Tomás Redondo Carrera
EL JEFE DE NORMATIVA Y RÉGIMEN JURÍDICO
D. Rafael Lleonart Torán
EL SUBDIRECTOR GENERAL DE URBANISMO
D. Beatriz Lobón Cerviá
LA SUBDIRECTORA GENERAL DE NORMATIVA URBANÍSTICA
                          
                         Que demuestra y concluye que SÍ cumple 

Parar el proyecto es paralizar las necesarias obras de modernización de los talleres de Cuatro Caminos, razón por la que se inició el proyecto Metropólitan. Esas cocheras tiene un siglo de antigüedad. Se diseñaron para atender el servicio de unos pocos trenes, puede que cuatro o cinco, que daban servicio a una línea con ocho estaciones. En la actualidad, me decía un ingeniero de los talleres, los talleres no solo están obsoletos e infradimensionados, sino que se ven forzados a trabajar como en la Fórmula 1, ya que entre el momento en el que cada día sale de la red el último convoy y vuelve a entrar el primero al día siguiente, cuentan con menos de dos horas para revisar todas las locomotoras, todos los vagones, todos los kilómetros de vías y reparar las incidencias encontradas. Está en juego la fiabilidad y seguridad del servicio. Así como la seguridad en el trabajo de los mecánicos de Metro. Temas que los políticos empeñados en paralizar el proyecto no quieren ni plantearse.

Adicionalmente, al no contar Metro con medios para financiar la obra, Ayuntamiento, Comunidad de Madrid y Metro acordaron sacar a concurso público la venta de los terrenos, con la condición de que el comprador cedería el uso de las actuales cocheras en tanto no se realizasen las obras y ejecutaría su modernización y soterramiento para dejar un parque público sobre las mismas. Y, a cambio, podría construir un determinado volumen de viviendas.

Como consecuencia, la paralización de la licencia de obras supone que los 443 cooperativistas que compraron el terreno de buena fe, en base a los derechos de contracción asignados por las autoridades locales a ese terreno, se encuentran con el dinero pagado para la compra del mismo paralizado y sin esperanza de poner llegar a construir sus viviendas. Visto en retrospectiva, fue un enorme error de cálculo político paralizar a la cooperativa, ya que no se trataba de los derechos de un inversor chino, ni de los derechos de un consorcio de una entidad bancaria con inversores inmobiliarios, se trataba de padres y madres de familia, predominantemente jóvenes, con quienes la mayoría de la población votante de identifica. Los damnificados por el dislate de decisión tomada eran gente normal, "de la calle", con quienes cualquiera que llegase a conocer los hechos, por mucho que se intentasen deformar, se identificaba y, además, con una mayoría de profesionales muy preparados, integrada por  juristas, economistas, ingenieros, arquitectos, periodistas e incluso algún político, dominadores de las técnicas de las redes sociales y capaces de organizarse en poco tiempo. Formaron un competente Consejo Legal que rápidamente identificó y enumeró qué demandas se podrían poner al Ayuntamientos y a qué personas se las podría demandar por prevaricación. En cuestión de días, su clamor fue generando titulares y los políticos más inteligentes vieron que el error al que habían sido inducidos y descarriados por los más empecinados en el camino ideológico no llevaba a la gloria. No obstante, no faltaban quienes se aferraban a no enmendarla y persistir en lograr sus turbios objetivos caiga quien caiga. Las voces de "cuidado que hay familias enteras en la vía" eran contestadas por el arrogante maquinista que conducía la paralización del proyecto con un "pues que se aparten, que yo no freno".

En esta crónica rápida sobre este proceso kafkaiano, no puede dejar de citarse la frase dicha en público por un alto cargo del urbanismo municipal, que ante una referencia a la ley, por parte de uno de los afectados, contestó: "La democracia está por encima de la Ley" añadiendo que él, como  había sido elegido democráticamente, podía hacer lo que quisiera, diga la ley lo que diga. Habría que conservar la frase para la memoria histórica, incluso podrían encabezarse con ella los manuales de una nueva asignatura, la psiquiatría política, mostrando hasta que punto el maquiavelismo de perseguir ciegamente los objetivos marcados por razones políticas pueden llegar a invertir los valores morales. Supongo que, cuando la democracia le deje en minoría, tampoco valorará la democracia.

Resulta evidente y a todas luces que el análisis de Hannah Arendt encontra un ejemplo paradigmático en las actuaciones políticas de los estamentos municipales. Quienes allí toman decisiones administrativas se mostraban inconscientes del dolor y sufrimiento que causaban a quienes sufrían en su carne las consecuencias de sus aberrantes  y, en casos como éste, injustas decisiones. La banalización del mal no había muerto con Eichman, su espíritu regia el quehacer político de los responsables municipales de la capital del Reino. Tampoco se consideraban los 1.800 puestos de trabajo que se perdían en una ciudad en paro por caprichos y arbitrariedades coyunturales, ni la posibilidad de rescatar al pequeño comercio de la zona, que no dejaba de ir cerrando, aquí y allá, establecimientos por falta de una demanda que los nuevos vecinos del Metropólitan aportarían, ni importaban las recomendaciones que el debate europeo de los últimos años había extraído para el urbanismo del acuerdo de Kyoto: sumideros de CO2, construcción en altura de la edificabilidad disponible sobre un suelo para liberar espacio en superficie para parques y reducir las necesidades de transporte horizontal, edificios con terrazas ajardinadas...ni importaban las superficies cedidas al Ayuntamiento para construir dotaciones y servicios públicos: bibliotecas con amplias salas de lectura, no como la vieja biblioteca que hay en Raymundo Fernández Villaverde de la que soy socio desde 1949; centros para mayores, guarderías...tampoco importaba que el sólido e infranqueable muro que rodea los talleres de Metro para protegerlos de accesos no autorizados y proteger al viandante de la visión de tan deprimente escenario caería con las obras para hacer permeable al tráfico la zona. Ni que los vecinos, perturbados durante décadas, noche a noche, por el ir y venir de noctámbulos trenes, pudiesen disfrutar de sueños apacibles tras las obras. Nada importa, el objetivo es paralizar, lo que eso implique son daños colaterales a no considerar.

Se puede asumir que quien habla de urbanismo sostenido desconozca las conclusiones de Kyoto, que no tengan un ejemplar de la RAE para consultar el significado de desahucio o de prevaricar, que ignoren la vigencia del Articulo 404 del Código Penal, que desconozcan el Principio de Buena Fe y Esperanza Legítima, que desconozcan que todos estamos sometidos a la ley, incluidos los políticos electos; que ignoren lo que significa estado de derecho, pero es imperdonable que no hayan leído a Shakespeare.

No se puede ignorar el siempre presente factor humano. Es impredecible pero no siempre. Era de esperar que el colectivo de las 443 familias, con más de 1.500 miembros, reaccionase como  Shakespeare recuerda en el mercader de Venecia, es natural que ocurra en estos casos, ya que, los seres humanos,

 

"Si nos pinchan, ¿acaso no sangramos? Si nos hacen cosquillas, ¿acaso no reímos? Si nos envenenan, ¿acaso no morimos? Y si nos agravian, ¿no debemos vengarnos? Si nos parecemos en todo lo demás, nos pareceremos también en eso"

Y las 443 familias e sintieron agraviadas

 

Y los políticos sensatos reaccionaron 

 

 
¿Habrá otros tan sensatos como los anteriores?

viernes, 29 de abril de 2016

Eichmann ha vuelto





La banalización del mal, fundamento de la política urbanística madrileña


*Al comenzar su intervención del domingo en la Asamblea Abierta del Ayuntamiento de Madrid, en su defensa  del proyecto Metropólitan, denunció el desahucio de 443 familias, ¿No le parece desproporcionado el término desahucio en este caso?

-Según la RAE, desahuciar es quitar a alguien toda esperanza de lograr sus deseos. Hay una segunda acepción en el uso del término que significa desalojar, quitar a alguien la propiedad o el uso de su vivienda. En este caso, no hay duda de que se trata de un desahucio y de un desalojo. Sería lamentable que a una entidad que alardea de combatir los desahucios se la recuerde como la causante del mayor desahucio de la historia de la villa. Todo un crimen.

*Una palabra muy fuerte esa

-Crimen, según la RAE, es toda acción indebida o reprobable, ésta lo es por inhumana. El titular podría ser El crimen del Metropólitan, mas de 2.000 victimas.

*Habló de Hannah Arendt, ¿Que relación tiene con este caso?

-Tras asistir como periodista al juicio de Eichmann en Jerusalén, Hannah Arendt quedó sorprendida de que pudiesen haber personas tan deshumanizadas que no eran conscientes del daño que causaban a otras personas con sus decisiones, eran ciegos al factor humano.

Algunos individuos actúan sin reflexionar sobre las consecuencias de sus actos. Son esclavos de evitar toda responsabilidad. Buscan coartadas para justificar sus acciones, como vimos en los juicios de Nüremberg y Jerusalén: cumplía órdenes, obedecía la ley, seguía el procedimiento, había disciplina de voto, había no se que cocheras...Ni las órdenes recibidas, ni la ley, cuando son inhumanas, son excusas para actuar produciendo un daño cierto a personas inocentes, por más que se cierren los ojos a las consecuencias de esos actos, peor aún si se actúa contra la ley.

En el fondo, decía Arendt, quienes banalizan el mal son unos cobardes y lo que más temen son las represalias de los suyos, pues les puede llevar, según las circunstancias, a perder privilegios, el puesto de trabajo o incluso la vida. Son escasos los actos heroicos, como los de Lourdes Méndez Monasterio y sus compañeros, que están dispuestos a sacrificar su puesto e incluso su carrera política, por asumir las responsabilidades de sus decisiones, no acallar sus conciencias y defender sus principios.

*¿Qué tiene que ver esto con el Metropólitan?

-El Metropólitan es un caso complejo con muchas facetas,  que se está tratando, tanto en la Comunidad de Madrid como en el Ayuntamiento, bajo un prisma sesgado que considera únicamente un aspecto: que hay que salvar las cocheras de Palacios. Pero, siendo ese un factor relevante, hay otros aspectos a tener en cuenta mucho más importantes para la ciudadanía, como son los aspectos jurídicos, políticos, económicos, sociales y, sobre todos y por encima de todos ellos, los humanos, siendo estos últimos los más ignorados en este caso. Hay unos derechos adquiridos y un estado de derecho. La imagen de los políticos se está deteriorando por momentos ante la opinión pública por éste y otros casos similares. Además de las inversiones de los cooperativistas, habría que considerar los ingresos para el Ayuntamiento de unos 4000.000€ anuales por IBI, el alivio para el pequeño comercio de la zona de una demanda adicional de esas 2.000 personas. La posibilidad de un gran parque, la posibilidad de numerosas dotaciones municipales en la parcela que el ayuntamiento recibiría gratis. Rejuvenecer un  barrio envejecido, la mayoría de los cooperativistas son parejas jóvenes, permitir que vuelvan los numerosos cooperativistas emigrados que han invertido sus ahorros en la cooperativa para regresar a su barrio, tenemos que recuperar ese capital humano que se nos ha ido...

Las cocheras son elementos industriales, con una función concreta que ya no existe. Como diría Ortega, se trata de un bien anacrónico y, por consiguiente, es un bien  inservible. Tiene un valor histórico por haber sido diseñadas por Palacios y convendría que respetásemos su memoria. Yo soy ingeniero industrial de la especialidad mecánica de construcción, la universidad me ha formado para diseñar y construir fábricas, centrales energéticas, naves industriales, polígonos industriales y, como técnico, estoy a favor de que se conserve esa memoria. Pero no a costa de paralizar un proyecto como el Metropólitan y menos a costa de cometer un crimen con 2.000 víctimas. Mi propuesta es que se guarde una buena colección de planos, una amplia colección de fotografías desde su inauguración por el rey e incluso durante la construcción, alguna película, las memorias técnicas: proyecto base y proyecto de construcción y, si acaso, una bonita maqueta. No se trata del edificio de correos ¿Las ha visto usted? Yo, como vecino, no las quisiera tener que sufrir en mi barrio. En las tres antologías de la obra de Palacios que tengo, no aparecen, en ninguna de ellas. Incluirlas bajarían la nota media de la obra del autor. Es una cuestión de elegancia, como diría también Ortega, al elegir hay que seleccionar. Incluirlas sería una falta de elegancia con su creador. Si Palacios, un hombre que dedicó su vida al desarrollo urbano de Madrid, resucitase y viese que se había paralizado o mutilado un proyecto de la categoría del Metropólitan, por sus cocheras, se volvía a morir. La historia es para ser leída, pero previamente hay que escribirla. Hagamos historia construyendo el futuro, desarrollando la ciudad.

Con planos y memoria de calidades, siempre podríamos construir un duplicado de las cocheras en cualquier lugar, que no se distinguiría del original. Los materiales son de lo más corriente, no hay que ir al Congo a por ellos: hormigón, acero, ladrillos y vidrio, disponibles en cualquier pueblo de España. Si alguien, con síndrome de Diógenes, insiste en querer conservar los edificios originales, que los trasladen. Ni se trata de Fallingwaters ni de la Acrópolis ni de las casas colgantes de Cuenca, no se pierde nada si se trasladan, ya se trasladó la Puerta de Hierro porque estorbaba donde estaba; que se envíen a Egipto en agradecimiento por el Templo de Debod. Aunque, posiblemente, al verlas, las tomen los egipcios como una represalia en vez de por un regalo. Como dije en la Asamblea, no vamos a desplazar la fuente de la diosa y llevarlas al centro de  Cibeles, pero dónde están no las podemos dejar, porque la prioridad son las 443 familias que el arraigado espíritu de Eichmann en el urbanismo madrileño intenta eliminar.