Mostrando entradas con la etiqueta mecanización. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mecanización. Mostrar todas las entradas

domingo, 13 de diciembre de 2015

El problema del paro inducido por la mecanización





Ya Carlos Marx analizó el impacto de la mecanización en el empleo, llegando a la conclusión de que, si bien en una primera etapa la máquina reduce la mano de obra, al disminuir la mecanización los costes de producción, eso permite reducir los precios del producto, lo que hace que la demanda aumente y se abran nuevas fábricas que terminan por emplear un mayor número de obreros que el que inicialmente estaba empleado antes de la aparición de las máquinas. Recordad las citas de El Capital: "las maquinas aumentan el numero de esclavos del trabajo" (Libro 1 secc IV cap XV ap 7) o que la maquina "intensifica su sed de trabajo ajeno" (Libro 1 secc IV cap XV ap 2).

El planteamiento sobre los efectos de la mecanización se ve reproducido y aumentado al considerar la automatización y la robótica. ¿Terminará el ser humano por no tener que trabajar?

Una consideración es que parece evidente que habrá tareas que dejarán de necesitar la intervención del ser humano. Ocurrió en la primera crisis energética, cuando la escasez de madera obligó a la apertura de las minas de carbón, eliminando el oficio de leñador y cuando el trasporte mecanizado eliminó el oficio de carretero y el ferrocarril elimino a los conductores de diligencias y a los jinetes del Pony Express. Pero en compensación se abrieron puestos de trabajo en las minas de carbón, en las fábricas de automóviles y ferrocarriles, en los talleres de reparación, en la construcción de líneas ferroviarias y carreteras, en las fábricas de señales de circulación, en la construcción de puentes, en la conducción de camiones y trenes…El reto fue reconvertir la mano de obra entrenada para labores obsoletas para realizar nuevas tareas. Como se reconvirtieron los arqueros en arcabuceros y los fabricantes de herraduras en productores de neumáticos. El que no quiso reconvertirse se murió en el paro.

Pero es previsible que pueda llegar un momento en el que todo lo que quede por hacer a mano lo hagan las máquinas, máquinas automatizadas y robotizadas. ¿A qué nos tendremos que reconvertir? Evidentemente, si las máquinas van a hacer todo lo que se está haciendo, habrá que hacer otra cosa y como el crecimiento económico crece con la innovación, habrá que reconvertirse a realizar las tareas que el futuro necesite y las máquinas no puedan hacer: A innovar. Presiento que el hombre no fue creado ut operatur (para trabajar) sino ut innovatur (para innovar).

Los animales han de adaptarse al medio pero el ser humano adapta el  medio a sus necesidades. Adaptar el medio es una labor creativa. Para cruzar un ancho río, un animal necesitaría años de evolución biológica para adoptar un cuerpo capaz de nadar y que, tras cruzar el río, deberá de seguir manteniendo durante siglos de evolución antes de poder salir andando por la otra orilla, pero un hombre puede inventar una canoa o construir un puente que, una vez utilizados, puede abandonar. Mientras la humanidad tenga necesidades deberá inventarse el modo de satisfacerlas.

Por último, podemos pensar que las máquinas puedan llegar a pensar y ser creativas, dejándonos finalmente sin nada que hacer, pero no es así. Hay dos formas de ser creativo: pensando sobre lo que nadie ha pensado o pensando sobre lo que otros han pensado. Si las máquinas llegasen a pensar, el ámbito de lo ya pensado crecería, dándonos mucho sobre lo que pensar. Siempre quedará campo para la investigación y el desarrollo. Como en mayo de 68, la imaginación al poder.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Teoría y práctica del marxismo II





  En la segunda mitad del primer volumen de El Capital, a partir del capitulo XV, Marx analiza el efecto de la mecanización. Lo primero que señala es como la máquina, al asumir la mayor parte del esfuerzo necesario para realizar los trabajos, permiten el trabajo de mujeres y niños, lo que amplia la oferta laboral y contribuye a mantener los salarios muy bajos; además del coste social que supone el trabajo de mujeres y niños, con el consiguiente impacto en la atención a la familia y la formación infantil y juvenil. A raíz del empleo infantil, denuncia las condiciones laborales en el Reino Unido durante la mecanización de finales del siglo XVIII y a lo largo de gran parte del XIX, con largas jornadas laborales, salarios de supervivencia y condiciones insalubres con alta siniestralidad. La imagen es desoladora, pero Marx señala un cauce de mejora de las condiciones laborales mediante la legislación laboral, poniendo de ejemplo la ley británica de 1833 que limita la jornada laboral a 12 horas, siendo sustituida por la de 1847 con la que se logra la, largamente reclamada por las organizaciones obreras, jornada de 10 horas. Finalmente, la Ley de Fabrica de 1864 ratifica las 10 horas, fija un salario mínimo, prohíbe el trabajo infantil y exige mejorar las condiciones sanitarias de los locales de trabajo, estableciendo inspecciones y sanciones. Marx describe el hacinamiento en algunos talleres, el ruido de las máquinas, el calor de las calderas, los gases tóxicos de muchas industrias y la peligrosidad de algunas tareas. Todo un panorama que deja al descubierto los abusos y penurias de la época.

Por otra parte, plantea el problema de si la mecanización elimina mano de obra o la crea. Parece contradecirse, pues si en algún momento afirma que "las maquinas aumentan el numero de esclavos del trabajo" (Libro 1 secc IV cap XV ap 7) o que la maquina "intensifica su sed de trabajo ajeno" (Libro 1 secc IV cap XV ap 2). Por otro lado, dice  que "la maquina expulsa a los adultos" (Libro 1 secc IV cap XV ap 5) y denuncia como la maquinaria "expulsa a los labradores de los campos" (Libro 1 secc IV cap XV ap 5), pero no es contradictorio, pues claramente se decanta por la contribución de la maquinaria al desarrollo económico y la creación de empleo. Un siglo mas tarde, el premio Nobel de economía John Hicks, en su obra Una teoría de la historia económica, publica unas estadísticas que demuestran como en el proceso de industrialización británica, al principio, la maquina eliminó puestos de trabajo, pero con el tiempo fue creando numerosos puestos de trabajo nuevos. Marx explica ese crecimiento de las necesidades de mano de obra con la mecanización en base a que la mayor productividad hace aumentar el numero de productos y baja los precios, lo que genera una mayor demanda, con lo que aumenta la producción, ampliando la capacidad de las fábricas y el numero de trabajadores, además, se disparan las necesidades de materias primas, de industrias auxiliares, de medios de transporte y nuevas infraestructuras, construyéndose ferrocarriles, puentes, túneles, instalaciones portuarias, flota mercante, almacenes, carreteras...todo ello produce un amplio desarrollo económico que hace aumentar la demanda de mano de obra y el consumo. Adicionalmente, el enriquecimiento de los capitalistas impulsa la demanda de objetos y servicios de lujo, lo que genera nuevas industrias y puestos de trabajo adicionales. En la actualidad, la pregunta sobre el impacto en los puestos de trabajo de las máquinas se repite al hablar sobre robótica y automatización.

Otro efecto de la mecanización señalado por Marx es la extensión de la jornada laboral, pues una vez realizada la inversión en equipos, la rentabilidad aumenta con el tiempo de utilización de esas máquinas, lo que hace que "la maquina crea poderosos motivos para prolongar sin mesura la jornada de trabajo" (Libro 1 sec IV cap XV). En esto se equivoca, pues, llevando al límite su razonamiento, la mayor producción de una maquina se obtiene haciéndola trabajar continuamente, lo que se logra con tres turnos de trabajo de ocho horas cada turno. Como la historia ha demostrado, la mecanización lleva a una jornada de ocho horas y no de quince.

Otra consecuencia negativa de la introducción de las maquinas es que los pequeños talleres y los artesanos no pueden competir con ellas, debiendo cerrar sus negocios, pasando a incrementar la masa de trabajadores asalariados. Por otra parte, cuando el proceso permite dotar al capitalista de pequeños equipos, como es el caso de las maquinas de coser,  se facilita en ocasiones el trabajo a domicilio a destajo. Además de la maquinaria y herramientas, los capitalistas facilitan también la materia prima y el diseño de los productos a trabajadores que hacen su trabajo en el domicilio o en talleres de confección ajenos a la empresa, donde los operarios son explotados sin protección legal, mientras que el capitalista se ahorra el espacio, la iluminación y la energía.

  La combinación de la industrialización y el comercio internacional tiene repercusiones en todo el mundo, enriqueciendo a los países industrializados y empobreciendo a los que no lo están. Así, mientras que en el Reino Unido se fabricaban tejidos y se confeccionaban trajes, la India era condenada a elaborar algodón y forzada a comprar los productos industriales, empobreciéndose cada vez más, Australia se especializaba en la producción de lana y el sur de los EEUU en la de algodón. Solo en la medida en que el continente europeo y el norte de los EEUU inician su propia industrialización se rompe el monopolio fabril  del Reino Unido, pero los países subdesarrollados quedan encasillados en el papel de productores de materias primas y consumidores de productos industriales. Tendrá que llegar Gandi para que la India vuelva a hilar y tejer para romper esa dependencia y lanzarse por el camino de la industrialización.

  Otra denuncia de Marx es el riesgo de crisis cíclicas a las que parece estar condenado el sistema capitalista, con periodos de saturación de los mercados que cierran los periodos de prosperidad y desencadenan las crisis de demanda y el paro masivo.

  Finaliza el primer volumen con la critica a la acumulación de capital seguida de concentración de capitales, cerrando el capitulo XXXII con la profecía de que "los expropiadores serán a su vez expropiados" (Libro I, secc VIII cap XXXII).

Conclusiones y comentarios

Las denuncias que hace Marx de las condiciones laborales en las primeras épocas de la industrialización no parece que sean exageradas. En mi opinión, su análisis es certero y la denuncia oportuna. La situación de los obreros en esos años debió de ser penosa. Afortunadamente, las sucesivas legislaciones laborales consiguieron ir eliminando los aspectos más lamentables. Es increíble que en pleno siglo XXI, se sigan dando muchas de las condiciones laborales denunciadas por Marx dos siglos antes. Pienso en los talleres de confección, minas y otras explotaciones en países tercermundistas, donde hasta el trabajo infantil sigue estando vigente.

  Su profecía de que los capitalistas serian expropiados se ha cumplido en todos los países en los que el comunismo ha triunfado, pero no ha sido para liberar a los obreros, sino para sustituir el sistema capitalista privado, sujeto a la competencia entre las diferentes empresas, por un capitalismo de estado en el que el estado goza de un monopolio absoluto y totalitario que utiliza para satisfacer sus propios intereses.

  En la actualidad, y gracias a la acumulación de legislaciones que se han ido promulgando en defensa de los trabajadores, el estado del bienestar ha logrado proporcionar sanidad, jubilación, educación, mejores condiciones de trabajo y mejores salarios. A la mayoría de los que trabajan o hemos trabajado por cuenta ajena se les ha ido facilitando la labor, pero hay dos círculos viciosos en la economía occidental que convenía ver formas de poder salir de ellos: el del acceso al capital de los empleados por cuenta ajena y el del acceso a la propiedad de la vivienda de los que viven de alquiler. En El Capital, se denuncia al capitalista acaparador por su afán de ahorrar, hasta el punto de proponer sustituir la palabra Capital por la de Abstinencia. Habría que fomentar que también los asalariados puedan ahorrar, por lo que los salarios no pueden ser de mera subsistencia

La solución a las dificultades que tienen los obreros para capitalizarse y poder ir participando de las rentas del capital no está en que toda la propiedad sea del estado, sino en lograr que los obreros puedan ahorrar parte de sus ingresos e irlos invirtiendo en activos empresariales. Personalmente, creo que una solución son las cooperativas y las Sociedades Anónimas Laborales. Junto a Jose Sellers, fundé la primera sociedad anónima laboral o SAL española: APL Informática SAL. Hasta tal punto fue la primera, que cuando se redacto la ley que regulaba a las SAL, varios apartados de esa ley copiaban textualmente párrafos de los estatutos de nuestra empresa.

La experiencia fue positiva, no solo se beneficiaron de sus acciones todos los empleados de la empresa cuado se vendió a una filial del Crédit Lyonnais, sino que alguno de los antiguos empleados crearon sus propias empresas. También hubo uno que se negaba a recibir acciones, insistiendo en que prefería que se le diese en efectivo el importe de las mismas.

A nivel teórico, los economistas de la Escuela de Viena señalaron las dificultades para que el comunismo fuese eficiente, destacando, entre otras razones que:
·        Es imposible que el planificador central tenga y pueda procesar toda la información necesaria para dirigir con eficacia la economía de un país.
·        La planificación central exige renunciar a la libertad personal.
.        La falta de libertad se logra con represión, que puede llegar a ser brutal.
·        La planificación desmotiva la iniciativa y baja la productividad.
·        Además, se desincentiva la innovación.
·        Con la centralización económica, se pierde la importantísima información que los precios proporcionan sobre lo que hace falta en el mercado y lo que se está produciendo en exceso
·        La fijación de precios produce desabastecimiento y el desabastecimiento hace que se produzcan colas. 

En la práctica, tras la caída del Muro de Berlín, a nadie le puede quedar duda de la superioridad de la economía de mercado como la mejor alternativa hoy conocida para producir y distribuir bienes económicos. No obstante, el libre mercado no resuelve el problema de quienes no tienen nada que aportar al mercado.

Por último, el "Libro negro del comunismo" cifra en cien millones los muertos por represión en los distintos regímenes comunistas. Cito de Libertad Digital “De ellos, dos tercios (65 millones de personas) perdieron su vida en China, especialmente durante las dos oleadas de represión masiva, La Revolución Cultural y el Gran Paso Adelante. Le sigue la Unión Soviética, con un genocidio de 20 millones de personas, a lo que hay que sumar otros dos millones de muertos a manos del Gobierno en Camboya, otros tantos en Corea del Norte, 1,7 en África, 1,5 en Afganistán, un millón de personas en la Europa del Este y varias decenas de miles en Iberoamérica”