En su origen, Madrid fue, según
parece, un campamento romano que vigilaba el cruce de las comunicaciones
Norte-Sur y Este-Oeste, y es de suponer que prestase servicios de posta, avituallamiento y
albergue a las tropas en tránsito. El campamento se consolidó en un fuerte cuyo más probable emplazamiento
fuese la atalaya sobre la que más tarde se construyó un alcázar árabe con
similar función y ahora se encuentra el Palacio Real. Desde ahí se domina la
vega por la que pasaba, paralela al río por el oeste, la calzada romana que venía de Segovia tras atravesar la sierra por el
paso de la Fuenfría y desde el borde del Manzanares, tras cruzarse con la calzada hacia Mérida que pasaba por Toledo, continuaba su camino hacia el sur camino de la Bética,
uniendo el norte con el sur peninsular por el centro. Desde el fuerte se
divisaba el cruce de la vía Norte-Sur con una variante secundaria de la importante vía que unía Emerita Augusta con Cesar Augunsta, dado que la calzada principal Oeste-Este viajaba más al sur,
pasando por Titulcia, cerca del Jarama, y ambas se
reunían en Complutum, nuestro Alcalá de Henares, para seguir
unidas hacia Zaragoza. La variante madrileña sería un frecuentado atajo para
quienes viniendo del este o el oeste seguían camino hacia el norte y viceversa, recortando el trayecto y evitando el tener que pasar por Titulcia. Esa variante es muy probable que sea la ruta que originó las calles de Mayor prolongada en Alcalá, en su camino desde la Cuesta de la Vega hacia la villa del Henares. En los aledaños del fuerte y bajo su protección, es muy probable que se
instalarían postas y posadas al servicio de los viajeros civiles y alguna graja
para abastecer a la guarnición. Ellas fueron el germen de la futura villa.
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miércoles, 30 de noviembre de 2016
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