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domingo, 3 de diciembre de 2017

La inteligencia


Resumen
La inteligencia es la capacidad para interpretar signos y señales. Es auxiliada por la memoria y la razón para identificar y procesar la información recibida.

Antecedente: Estando de visita por Italia, recibí la invitación del Club de Filosofía de Meta Librería para reflexionar sobre la entidad de la inteligencia, tema de nuestra próxima reunión, por lo que decidí aprovechar el viaje para recopilar datos empíricos sobre la cuestión y observar comportamientos en busca de manifestaciones de inteligencia brillantes y de conductas muestra de una torpeza llamativa, procurando entender las causas de esas diferencias, a la vez que observaba mi propia forma de razonar ante cada circunstancia. Como turista, me di cuenta que el principal problema cotidiano del visitante en una ciudad desconocida era el saber orientarse, llamándome la atención tanto quienes su sentido de la orientación era excepcional como quienes eran incapaces de entender un plano ni de dar un paso sin preguntar a alguien o perderse. Otra fuente abundante de material de observación fueron las explicaciones de los guías en los museos y las preguntas de los turistas a esos guías, comprendiendo que sin conocer la Biblia y la mitología greco-romana no es posible entender el arte europeo. Como fruto de mis reiteradas observaciones, intuí la hipótesis de que la inteligencia era un proceso de descodificación de los signos que observábamos en la realidad en base a las referencias de que disponemos, con el fin de entender esa realidad, a fin de poder orientarnos en ella, conocer el entorno, muy especialmente las amenazas (cuidado que te atropellan) y las oportunidades (ahí hay un restaurante que parece bueno) y acertar en nuestras decisiones y acciones.  

Exposición: Tres son los temas sobre la inteligencia sobre los que me propongo indagar: la naturaleza de la inteligencia; si, como defendía Gardner, hay varias inteligencias o solo una, y si la inteligencia es innata y predeterminada o, por el contrario, se puede mejorar. Considero que la inteligencia es una función al servicio de la supervivencia del individuo mediante la ayuda que le proporciona la información en la toma de decisiones. Su objetivo es analizar la realidad en la que se encuentra el sujeto, facilitándole el reconocimiento, fundamental para la supervivencia, de amenazas y oportunidades, junto con la identificación, evaluación y comparación entre las diferentes opciones de acción, mediante la ponderación de las previsibles consecuencias de cada una de esas opciones. Elementos importantes para la supervivencia son un diagnóstico correcto de la situación, el reconocimiento de la capacidad real del propio individuo para actuar, especialmente el conocimiento de su propio estado físico y mental, el conocimiento de los recursos que tiene disponibles en el momento adecuado, la apreciación de las opciones que tiene en cada momento, la rapidez de resolución y la calidad de la decisión tomada. La inteligencia habrá de dar respuesta a todos ellos.

Como medio para conocer la realidad, la inteligencia ha de ser capaz de observar, reconocer e interpretar los signos y señales relevantes y característicos de cada situación. Dado que los seres humanos viven inversos en una cultura, como parte de los signos y señales que un ser humano percibe de su entorno, su inteligencia debe poder identificar y descifrar los códigos y símbolos concernientes a esa cultura en la que se encuentra, que no siempre ha de ser su cultura habitual ni aquella que mejor conoce.

La interpretación fundamental de las circunstancias que debe realizar la inteligencia en cada momento debe traducirse en una rápida evaluación que nos permita actuar con acierto y, prioritariamente, saber si procede huir, atacar o quedar indiferente, es decir, si se está ante una amenaza, una oportunidad, que incluya reconocer si tiene alguna utilidad para nuestros propósitos lo que tenemos al alcance, identificando el modo y posibilidades de utilizarlo o debemos rechazarlo y, alternativamente, saber si estamos en una situación indiferente en la que no hay necesidad de actuar. Lo siguiente a reconocer es la ubicación y la orientación en la que estamos, a fin de saber hacia dónde ir, por dónde y cómo. En un entorno seguro, las dos decisiones más frecuentes serán ¿qué poder hacer donde estamos con lo que se tiene y dispone o se puede conseguir? y ¿hacia dónde ir a partir de ahí? Como consecuencia, una tarea básica de la inteligencia es el reconocimiento de la utilidad de lo disponible y otra la orientación y reconocimiento del territorio en el que se está, lo que implica un conocimiento previo de nuestras necesidades y deseos.  Cuando la decisión sobre lo que conviene hacer no es inmediata y presenta algún tipo de contradicción, dificultad o problema, parece misión de la inteligencia buscar una solución en base a los datos de que dispone y puede obtener. Yo atribuyo esa tarea a la razón, ya que, aunque complementarias, son funciones diferentes, aunque sean realizadas por un mismo órgano biológico, son diferenciables por sus tareas y objetivos. Como analogía con el ordenador, y en congruencia con la terminología, Inter legere, leer en el interior, descifrar la informacion superficial dándole el sentido adecuado, limito el concepto de inteligencia ala función de entrada y salida de información. Por eso, cro qelas diferentes formas o clases de inteligencia que señalan los manuales de sicología: inteligencia emocional, inteligencia lógica, inteligencia matemática, memoria; solo la primera forma parte de la inteligencia, al interpretar y manifestar emociones, pero la inteligencia lógica y la matemática forman parte de la razón como auxiliar de la inteligencia y la memoria es memoria al servicio de la inteligencia. En el ordenador tenemos la unidad de proceso lógico-matemático y la memoria como auxiliares de las unidades de entrada y salida que constituyen la inteligencia en sentido estricto.

Un componente de la inteligencia es la atención. Hay personas con una atención predominantemente  muy concentrada y selectiva, otras con la atención más panorámicas y dispersas y otras distraídas que solo cuentan por sistema con la atención periférica que les advierte de las grandes señales. El equilibrio entre concentración y dispersión y la flexibilidad para adaptarse a cada circunstancia es importante para la inteligencia. Hay quien conduce tan concentrados en la carretera y los otros vehículos que no ven las señales de tráfico, semáforos incluidos. Hay quien concentrando su atención en sus reflexiones no oyen lo que se les dice. La capacidad de concentración junto con el adecuado nivel de alerta panorámica parece ser un valor añadido a la inteligencia. Enseñar es llamar la atención sobre algo. Los problemas de la inteligencia se deben a la dificultad de percibir información puesta de manifiesto al alcance del individuo o a dificultades para interpretarla por desconocimiento del código apropiado.

La inteligencia se complementa y potencia mediante la sabiduría que es el conocimiento de formas, símbolos y señales que facilita el reconocimiento e interpretación de aspectos y propiedades de la realidad cercana, incluido el estado del propio individuo. Llamaremos señales a todo tipo de signos, gestos, marcas, rasgos, huellas, síntomas, indicios, rastros, vestigios, caracteres, símbolos y todo tipo de indicaciones que, de manera natural o convencional, proporcionen información relevante sobre el yo y su circunstancia.

La inteligencia, debiendo interpretar correctamente la realidad que circunda al individuo, además de reconocer e interpretar las señales naturales, y dado que los seres humanos vivimos en un universo cultural, su misión incluye la correcta interpretación de las señales y símbolos de la cultura en la que se encuentra sumida y con la que convive. De ahí la importancia de la memoria como auxiliar de la inteligencia. Dada la multitud de datos que nos rodea, una función importante de la inteligencia es la selectividad, debiendo seleccionar información relevante para diagnosticar la situación, rechazando la irrelevante. La tarea de la inteligencia consiste en identificar que debe observar y observarlo, con el fin de desvelar su sentido o descifrar su significado, esencia del método científico: descubrir lo inteligible en lo sensible.

Las señales básicas a reconocer son las físicas y naturales, empezando por la naturaleza y topografía del territorio, posición del sol, fauna y flora del entorno, climatología...A medida que la civilización modifica el territorio, añade recursos a disposición de los usuarios y la tecnología proporciona nuevos medios, crece la complejidad del entorno, necesitando saber utilizar nuevos equipos y conocer y reconocer nuevos códigos y símbolos. Por ejemplo, para orientarse y desplazarse en una ciudad moderna no basta con reconocer dónde está el norte, sino que se hace preciso conocer el plano de la ciudad, las líneas de transportes públicos, el código de circulación local, la función, frecuencia y código de los semáforos y el significado de los gestos de los agentes de circulación, entender los rótulos de los comercios y mercancías, el nombre de las calles, la localización de los edificios más relevantes y el funcionamiento de los servicios públicos...

Como consecuencia y como he apuntado, la inteligencia precisa conocer tanto el lenguaje como los demás  códigos culturales con los que ha de convivir. Por consiguiente, la función básica de la inteligencia es semiótica y hermenéutica. Su actividad es una tarea de descodificación y desciframiento y su primer objetivo es comprender. Etimológicamente, inteligencia significa inter legere, es decir, leer dentro de las cosas en busca de significados y sentido. La inteligencia transforma los datos en información, lo percibido en concebido, cualificando y cuantificando la realidad y haciéndola objeto de conocimiento, con lo que el individuo se constituye en sujeto, disponiéndose para la acción responsable y es objeto de si mismo en la conciencia. Al ser el hombre un ser social, necesita comunicarse con los otros seres humanos con los que trata, por lo que la inteligencia debe también ayudar al individuo a cifrar sus pensamientos y utilizar señales, preferentemente lingüísticas pero no sólo, para expresarse y comunicarse y saber interpretar y hacer gestos llenos de simbolismo, como la señal de la cruz, ponerse manos arriba, alzar la mano o poner el puño en alto. La información elaborada por la inteligencia ha de ser procesada y evaluada, tareas que son función de la razón y del juicio, para las que la función lógica-matematica es una valiosa colaboradora.

La inteligencia descubre el sentido de las cosas mediante el código natural proporcionado por la concatenación causal función-estructura-forma-información-concepción-concepto que, articulando mediante la forma el materialismo hilomórfico  aristotélico con el idealismo platónico, permite acceder a la idea desde la realidad material. Los códigos artificiales son creados por la inteligencia al asignar formas a los conceptos abstractos, mediante signos, señales, figuras y relatos como representaciones de la idea. Así tenemos los alfabetos, la geometría, las matemáticas, la mitología, los ritos... No todas las formas significantes han de ser visuales, las órdenes del cornetín de mando o las voces del habla o el silbo canario son señales acústicas y los signos del código Braile o los nudos andinos son tactiles.

Como señaló Gardner, hay varias formas de inteligencia, tantas como códigos necesitemos manejar, en función de la naturaleza de los signos que es preciso interpretar y en función del tipo de problemas a resolver. Así hay una inteligencia emocional que interpreta los gestos y expresiones de las personas como manifestación de sus sentimientos y pensamientos; una inteligencia lingüística que nos ayuda a interpretar y utilizar los idiomas; una inteligencia estructural que permite identificar e interpretar como una unidad estructuras y composiciones; una inteligencia matemática que permite cuantificar lo observado mediante comparaciones y relaciones entre las mismas características en diferentes objetos; una inteligencia espacial para ayudar a conocer la ubicación y facilitar la orientación, que incluya tareas tales como la interpretación de mapas, reconocer escenarios, apreciar distancias, evaluar la topografía, localizar caminos, vias de agua y otros medios de trasporte; una inteligencia musical que permita reconocer, interpretar y producir sonidos e interpretar partituras con armonía, ritmo y melodía; una inteligencia cinestésica que permita reconocer, interpretar y reaccionar ante desequilibrios, desplazamientos y esfuerzos del propio cuerpo; una inteligencia intrapersonal que nos permita reconocer síntomas y señales que indiquen estados fisiológicos y emocionales en sí mismo o en otros, que requieran algún tipo de actuación específica, principalmente de descanso, hidratación, alimentación, refrigeración, evacuación y asistencia médica; una inteligencia sicológica que asociada a la anterior interprete los estados de ánimo; una inteligencia naturalista que nos ayude a interpretar los gestos y actitudes de los animales, reconocer sus rastros, conocer la flora, identificar características del territorio y paisaje, localizar agua y productos de la tierra, distinguir los comestibles de lo que no lo son, predecir y reconocer situaciones meteorológicas, fenómenos naturales excepcionales, como terremotos, incendios, erupciones, se trata de una inteligencia básica y pre-lingüística de subsistencia; una inteligencia cultural capaz de reconocer e interpretar los signos y símbolos de una determinada cultura, comenzando por los signos del alfabeto; una inteligencia selectiva que resalta y prioriza unos signos sobre otros, poniendo en primer plano de atención los más relevantes para la acción en cada momento; una inteligencia relacional que establece analogías y asociaciones entre distintas informaciones, si bien el término se suele utilizar para designar la habilidad de establecer relaciones sociales; una inteligencia creativa consistente en la capacidad para crear nuevos códigos o nuevos signos para un código conocido e imaginar nuevos usos de códigos y nuevas configuraciones de signos ya existentes, normalmente con un criterio funcional o estético; una inteligencia tecnológica capaz de interpretar como funciona un aparato, como montarlo o cómo repararlo; una inteligencia desencriptativa capaz de descifrar códigos desconocidos; una inteligencia contemplativa, no siempre de la lectura de los signos descifra la inteligencia un significado; con frecuencia, la representación que la inteligencia se hace de la realidad se limita a una sensación o una figura, quedándose en la superficialidad de la apariencia de la realidad sin descifrarla, como cuando contemplamos un paisaje, escuchamos una sinfonía o paladeamos un alimento. En la contemplación, la inteligencia no alcanza ni busca significados, observa el sentido inherente en la unidad de lo percibido. No se entretiene en los detalles, admirando el conjunto. Es una intelección sin código alguno que interpretar. En la contemplación no hay logos, solo cosmos.

En ocasiones, varios tipos de inteligencia cooperan en una actuación conjunta, por ejemplo la inteligencia cinestésica y la musical se coordinan en la danza y en la caza interactúan la inteligencia naturalista con la cinestésica y la espacial. Siempre hay una participación del conocimiento cultural en la selección, elaboración y utilización de herramientas y técnicas para la acción. Llegados a este punto, se plantea la duda de si se trata de diferentes inteligencias o son diferentes funciones de una única inteligencia.

Generalmente se considera a la razón parte de la inteligencia, y Gardner hablaba de una inteligencia lógico-matemática, pero realmente, el proceso de la información es posterior a su elaboración por la inteligencia a partir de lo observado, siendo su procesamiento tarea de la razón, por lo que considero que la razón es complementaria a la inteligencia y tiene una función lógica que permite procesar información, elaborar deducciones y resolver contradicciones y una función matemática que realiza cálculos cuantitativos. El juicio es otro complemento de la inteligencia en el que se identifican cuatro funciones: una función estética, condicionada por el gusto, capaz de apreciar la belleza e identificar la armonía en la disposición de los elementos junto con la que se da entre las formas, tonos y colores de los elementos integrantes de una composición; una función ética que distingue el bien del mal y lo justo de lo injusto en base a algún criterio discriminante; una función económica que evalúa costes y aprecia el valor de objetos y tareas, buscando economizar recursos; una función pragmática que busca obtener resultados. Como auxiliares de la inteligencia, razón y juicio tienden a ser considerados como partes de aquella, pero en sentido estricto le son complementarios e intermediarios para la acción. La inteligencia se reduce a percibir lo relevante e interpretar lo observado, es la capacidad de interpretar la realidad y darla sentido.

Como consecuencia de lo dicho, cada tipo de inteligencia puede mejorarse mediante un mejor conocimiento del código que utiliza y una mayor precisión en los significados atribuidos a los signos, junto con un aumento en la habilidad necesaria para el correcto manejo de los signos y símbolos que utiliza, mediante una acumulación de sabiduría lograda gracias a un mayor conocimiento y experiencia. Si analizamos los diferentes tests de inteligencia en uso, podemos comprobar que todos son ejercicios de semiología. Comparando con la informática, si la capacidad intelectual es el hard el cúmulo de conocimientos que integran la sabiduría es el soft, siendo necesarios ambos para una eficaz actividad intelectual.

La tecnología potencia la labor de la inteligencia mediante equipos de observación: telescopios, endoscopios, radares...que mejoran la capacidad de observación y amplia las posibilidades de acción mediante herramientas que multiplican la eficacia del esfuerzo, mejoran la precisión, aceleran los desplazamientos, aumentan el volumen de datos considerados y la velocidad de cálculo, o incluso posibilita la acción a distancia; lo que permite hablar de una inteligencia extendida capaz de utilizar recursos externos al cuerpo humano.


En la conferencia de prensa de esta tarde sobre la confirmación de la existencia de las ondas gravitacionales, se ha resaltado que lo más importante no ha sido detectar las ondas, sino que a partir de ese día (10 de enero 2016), la humanidad cuenta con un nuevo medio para observar el universo; a partir de hoy, la humanidad está en condiciones de poder descifrar un nuevo tipo de señales; a partir de hoy, la humanidad es más inteligente, más capaz de comprender la realidad del universo en el que vive y de descifrar sus misterios.

martes, 14 de junio de 2016

Implicaciones metafísicas de la física actual



Ponencia presentada en el Simposio de AEDOS sobre la conciencia  en la Asociación de Filosofía y Ciencia Contemporánea
Universidad de Comillas, Madrid 11 junio 2016

                                                           Las líneas fronterizas entre ciencia y fe son objeto de permanente disputa y están mal delimitadas. Pero allí donde algunos ven fronteras que hay que defender y patrullar, yo veo confines porosos que piden a gritos que los exploremos de forma creativa y productiva.
                                                                       Alister McGrath

                                                           Parece como si yo hubiera sido solamente un niño pequeño jugando en la playa, entretenido en hallar de vez en cuando un guijarro más liso o una concha más bonita de lo normal, mientras el gran océano de la verdad se extendía inexplorado frente a mí.
                                                                       Isaac Newton

Resumen

La física actual pone de relieve dos aspectos de la naturaleza que permiten, por primera vez, tender un puente desde lo físico a lo racional, de la res-extensa a la res-cogitans: 1.- Considerar a la información como constituyente de la esencia y 2.- La identificación de la existencia de un límite al espacio-tiempo que delimite el más allá. La comunicabilidad entre lo trascendente y lo inmanente se puede explicar asumiendo las conclusiones de la física moderna sobre la naturaleza última de la realidad como información. En la teoría holográfica del mundo físico se entiende  a la realidad física como representación de la manifestación espacio temporal de una información original, que podría ser trascendente, que se proyectaría sobre una superficie que englobe al universo y desde ella se proyectaría de nuevo, holográficamente, sobre el espacio-tiempo, generando al universo como representación. La concepción platónica de las esencias como ideas y el relato de Plotino sobre la emergencia del universo desde la nada física de un Uno metafísico toman un nuevo sentido a la luz de las nuevas teorías de la física. En el ámbito de la conciencia se articulan la información percibida con su interpretación, actuando como catalizadora de la concreción de lo potencialmente probable en la realidad concreta. La reflexión lleva a la conclusión que no es el pensamiento un efecto de la actividad física sino que la física es una manifestación de un pensamiento previo.

Inmanencia y trascendencia

Los ámbitos de la ciencia y el de la fe, cuando no han estado aislados el uno del otro, han estado, con frecuencia aunque no siempre, enfrentados. Isaac Newton se lamenta de que la ciencia se limita a explorar un litoral que la separa y aísla de un inmenso océano de una verdad inaccesible. El propósito de esta reflexión es otear, desde el suelo relativamente firme de la ciencia, el abismo de la trascendencia.

Decía el biólogo Stephen Jay Gould que la ciencia no es atea ni teísta. El químico Alister McGrath asume la sentencia de Gould, añadiendo que "Las ciencias naturales tienen una envidiable reputación de fiabilidad y veracidad a base de reconocer sus límites...La ciencia no presupone ninguna opinión religiosa, política o social. Siempre podrá argumentarse que es congruente con muchas de ellas".

Partamos de que nuestro conocimiento de la trascendencia se limita a un concepto intuitivo de lo que se queda fuera del espacio-tiempo y, por consiguiente, es un ámbito eterno y adimensional o, alternativamente, tiene unas dimensiones espacio-temporales ortogonales con las de nuestro espacio-tiempo, por lo que, de poder ser accesibles desde nuestro universo, se las percibiría como puntuales es decir, serían inobservables. Podría representanrse matemáticamente el conjunto como un universo integrado por dos subespacios, uno físico y otro metafísico, tales que todo vector alineado a lo largo de una dimensión cualquiera de uno de los subespacios, si se multiplica escalarmente por otro vector alineado con cualquier dimensión del otro subespacio, el producto daría cero. No debe extrañarnos el que, de haber algo trascendente, no pueda ser observado desde el subespacio físico, pero el hecho de no lograrlo no implica su inexistencia. Cuando los microbios no se veían, también existían.

La ciencia, durante los últimos tiempos, ha dejado claro que la esencia de todo lo creado es información. La mecánica cuántica especifica que la base última de toda materia-energía contenida en el espacio-tiempo son campos de ondas, vibraciones, es decir: información y la reciente teoría LQT describe al espacio-tiempo como un campo cuántico de bajo nivel de energía, es decir, también información. Adicionalmente, a partir de observaciones y descripciones sobre los agujeros negros, se ha visto que la información sobre todo lo que cae dentro de un agujero negro queda reflejada en la superficie del horizonte de sucesos del agujero, llegándose a la conclusión de que toda la información contenida en un volumen se encuentra íntegramente descrita por la información contenida en la superficie que encierra a ese volumen, razón por la que se puede describir al mundo como un holograma producido al proyectar la información periférica sobre el espacio-tiempo, teoría científica que ratifica la aseveración de que toda la realidad es información, añadiendo que toda la información que configura al mundo holográficamente está contenida en una superficie que encierra al mundo. Desde la más remota antigüedad, la humanidad ha considerado que toda la información sobre la inmensidad del universo quedaba proyectada sobre una esfera celeste con centro en el observador. En el límite, si existiese una superficie que rodease todo el contenido del espacio-tiempo, la totalidad del universo, toda la información de lo contenido en ella sería percibido por un observador externo a esa superficie como proyectada sobre la cara de esa superficie y un observador situado dentro, vería esa misma información como proyectada desde fuera, es decir, desde la trascendencia al espacio-tiempo y como situada ahí fuera.

La ciencia también nos dice que el universo se encuentra en expansión, por lo que a la pregunta: ¿Que hay más allá de la superficie de información holográfica que envuelve y delimita al universo? se añade otra pregunta: ¿Hacia dónde se expande el universo? planteándose la existencia de algo más allá. Otro indicio de un más allá del espacio-tiempo lo encontramos en la teoría de Big Ban, al platearse qué habría antes del origen del tiempo. Adicionalmente, dado que la vida es un proceso temporal y cada individuo vivo tiene un origen y un final, todo individuo consciente se ve abocado a la consideración de su propio final. La conciencia de su condición mortal le obliga al hombre a plantearse la cuestión del más allá sin necesidad de haber alcanzado la ribera del océano de lo trascendente del que nos hablaba Newton y que se situaría en los lindes del espacio-tiempo. Ante esto, no tenemos más remedio que asumir que, tanto la conciencia de la muerte, como la ciencia actual, nos fuerzan a posicionarnos en esa orilla ante el más allá que nos invita a sondear lo inobservable. Indagar en la trascendencia es misión de la metafísica, pero nuestra intención es partir de la física delimitando y acotando el ámbito de la especulación metafísica antes de zambullirnos en ella, empezando por buscar qué podemos encontrar dentro del espacio-tiempo que pueda haber transcendido a través de ese confín poroso que intuye Alister McGrath y ver a qué nos lleva.

Todo es información. En el espacio-tiempo, la información se codifica como energía. La energía adopta varias formas. La forma más elemental son radiaciones. También se presenta como materia, como estructuras, como vibración térmica, como desplazamientos dentro del espacio-tiempo, hoy sabemos que el propio espacio-tiempo es una forma de energía y son energía las oscilaciones y deformaciones del espacio-tiempo en función de su contenido de materia-energía. La información es también una forma primaria de energía que induce a determinadas formas de acción. La vida emerge contra la probabilidad que la entropía impone, creando orden del desorden, fabricando moléculas de creciente complejidad a costa de consumir información con la ayuda del diablillo de Maxwell. Toda la información que es capaz de recopilar la vida y derivar de la que ya posee, es codificada en largas cadenas de ADN que ordenarán y regulan la elaboración de otras moléculas necesarias para, siguiendo un plan preestablecido, configurar un organismo vivo, capaz de reproducirse y evolucionar, a lo largo de una escala de creciente complejidad, hasta conseguir elaborar cerebros pensantes. La clara contribución de la información a la formación y desarrollo de la vida, contra toda posibilidad termodinámica, prueba la función de la información como energía. La gran cuestión es cómo se codifica la información fuera del espacio-tiempo, qué significado tiene la información que configura y unifica todo lo observable, cómo influye en lo que sucede y cómo se utiliza para que algo suceda en base a ella. La ciencia presupone la inteligibilidad de lo observado y se asume capaz de interpretar lo que se nos muestra, dándole sentido, asumiendo que lo observado es información. Como ya señalara Galileo, uno de los atributos del conjunto de la información original, además de su intrínseca unidad, es su capacidad nomológica y nomogénica en base a su índole lógico-matemático. Nos sentimos capaces de responder a nuestras propias preguntas y dar respuestas coherentes y verosímiles a lo que ignoramos, respuestas que exigimos sean congruentes con lo que creemos saber por nuestras observaciones por la exigencia lógica que la información se auto impone. Si la ciencia nos da respuestas empíricas a las cuestiones físicas, la razón se ve forzada tanto a proponer teorías consistentes en física como a dar respuestas racionales a las preguntas metafísicas sobre temas que caen fuera del ámbito de la física, respuestas que deberán ser coherentes en sí mismas y congruentes con lo que la física nos enseña sin otras bases que la propia información y sus reglas. Son las restricciones nomológicas de la información el aval de la validad de la reflexión.

La diferencia entre la metafísica y la religión es la revelación. El problema de la ciencia con la religión está en la imposibilidad de comunicar y reproducir fenómenos trascendentes. Lo que la metafísica puede aportar es un marco racional que muestre la compatibilidad de lo que se afirme sobre lo trascendente con los conocimientos consolidados y tender un puente abierto aunque inconcluso hacia la religión, que deberá ser completado por cada creyente con los datos de la revelación que asuma. La teología aporta racionalidad al relato conjunto de la revelación y la mística. Antes de aventurarnos a indagar sobre lo trascendente, debiéramos profundizar sobre los contenidos intangibles del espacio tiempo. Hay temas históricamente difíciles de ser estudiados por la ciencia, como son la naturaleza del tiempo, la esencia de la vida, la conciencia, la libertad, el significado de la fenomenología religiosa, como el éxtasis y los milagros; la reconciliación de las partes con el todo, el significado del concepto de espíritu y su interacción con la materia, la relación entre pensamiento y cerebro.

El dolor y el pesar del arrepentimiento atraen la atención del sujeto pensante sobre si mismo, surgiendo la conciencia. Una peculiaridad del ser humano es su identificación como sujeto y objeto, como conciencia de sí y del mundo. La esencia es información que se manifiesta como representación. La conciencia percibe, determina e interpreta las representaciones, que percibe como vivencias, haciéndolas conocimiento mediante el pensamiento. El pensamiento parte de utilizar la información que el sujeto recibe de las sensaciones que le llegan y contrastarla con retazos de la memoria que utiliza como referencias a fin de interpretar el significado de la información recibida, para irse creando una imagen coherente de si mismo y del entorno y reflexionar sobre ella para identificar opciones de acción y posibilidades de éxito. La conciencia tiende a hacerse cósmica mediante la comunicación de conocimientos entre las conciencias individuales, hasta constituir la noosfera de Pierre Teilhard de Chardin. Una protoconciencia cósmica se da en la interacción dinámica entre el espacio-tiempo y la materia-energía. La materia-energía deforma el espacio-tiempo, que de alguna manera es "consciente" de la ubicación de toda la materia y cada una de sus partes, haciendo que su deformación las desplace a nuevas ubicaciones, acción que se produce al ser la materia "consciente" de alguna manera de las deformaciones del espacio en su conjunto.

La cuestión del más allá desde el confín del tiempo la vive el ser consciente como implicación del conocimiento de su finitud como sujeto, pudiendo quedarse a ver venir el fin o ir mentalmente a su busca en busca de respuestas sobre el más allá desconocido. Dado que no tenemos acceso al más allá, solo podemos indagar sobre él extrapolando lo que conocemos mediante nuestras vivencias. La duración de las vivencias en el tiempo y la temporalidad de los procesos vitales nos alertan sobre el tiempo, otro intangible que intentamos entender mediante imágenes espaciales cambiantes. Bergson denunció la limitación del pensamiento humano para tener una representación mental certera de la realidad mediante conceptos estáticos y eternos. Los conceptos han sido desarrollados para pensar en cosas, pero no en sucesos ni en vivencias. La vivencia subjetiva de la duración, la duré bergsoniana, y el tiempo objetivo de la física no son idénticos. Física, vida y cosmología nos plantean otro problema temporal, el del origen. Lo precedente a lo existente vuelve a platear la cuestión de lo trascendente. La mejor manera de describir un universo cambiante es mediante una descripción temporal, una narración. Lo que nos lleva a intuir que, dado que el universo es información, podemos suponer que el universo, en su evolución, es un mensaje. Los mensajes solo pueden ser descifrados por inteligencias, lo que nos hace pensar que son los seres inteligentes a quienes va destinado ese mensaje cósmico. Si el universo es un mensaje solo puede proceder de fuera del universo, de la "región" de lo trascendente y de una mente inteligente que lo ha cifrado y transmitido.

La tradición platónica que se reestructura en el pensamiento de Plotino, nos confirma mediante imágenes y conceptos lo dicho hasta aquí. La esencia de todo ente es información, Platón definió las esencias de los entres como ideas. Para Plotino, el conjunto de lo trascendente constituía el Uno, partiendo de una conciencia omnisciente que abarcase la totalidad de la sabiduría y consiguiese manifestarla con la generación y evolución del cosmos mediante un acto de trascripción o interpretación (en el sentido de ejecución o realización, como cuando se ejecuta una partitura) de la información que posee esa conciencia depositaria de la totalidad del saber. Para la Escuela de Kyoto, representada fundamentalmente por Nishitani Keiji, la trascendencia es la Nada. La diferencia entre Nishitani y Plotino es una cuestión de perspectiva. Desde el espacio-tiempo, la trascendencia se ve como la Nada, visión que comparten los físicos nihilistas, pero si mentalmente se contempla desde el más allá, lo trascendente es el Uno que integra toda la información necesaria para poderla proyectar sobre el espacio-tiempo para que dé lugar a la existencia del mundo al desplegarse en su interpretación espacio-temporal del mensaje informando la materia al transcribirse en materia.

De la nada indiscriminada, informe y eterna, atemporal y an-espacial, pero sapientísima, surgen las distinciones y las formas de todos los entes que se desarrollan en el tiempo y el espacio mediante esa trascripción o interpretación realista de la información original y virtual. La información originaria constituye el momento abstracto de la verdad absoluta genérica y una, como razón de ser, esencias y formas de todos y cada uno de los entes que han llegado a la existencia; mientas que el conjunto de la información cósmica final, histórica, fraccionada y compartida, constituye la versión concreta y específica de esa verdad, siendo esta información la que parcialmente contemplan los seres humanos durante el periodo de su existencia y de la que se hacen conscientes. El mundo, el conjunto de todos los entes que han existido o han de existir, es el elemento mediador entre los dos momentos de la verdad. El conocimiento implícito en la información inicial se hace explícito en el desarrollo temporal y físico del universo. La transformación de la verdad entre su concepción original abstracta y eterna y su versión final espacio-temporal y concreta supone un aumento de precisión a costa de una elevada degradación entrópica del conjunto a lo largo de su despliegue en el tiempo. La información total contenida y constituyente del Uno integra todas las posibilidades, mientras que su concreción espacio-temporal va colapsando las diferentes posibilidades potenciales en una única versión de esa información, constituyendo la realidad y la historia.

La nada, el Uno de Plotino, carece de extensión y la eternidad es a-temporalidad. En la eternidad no hay tiempo y, por consiguiente, no hay devenir, ni espacio, ya que la información no encriptada no ocupa lugar, es pura res cogitans, simplemente es. Como decía Parménides, el Ser eterno es inconmovible. En su absoluta invariabilidad y plenitud, no necesita de nada pues integra todo lo posible, por lo que no procede el cambio. En el contenido de la eternidad está la totalidad, permaneciendo idéntica a si misma en plenitud indivisa e inalterable, sin anhelo de nada pues lo tiene todo a la vez, sin ser deficiente en nada, actualidad plena no actualizable. Constituida por información, contiene toda la información sin que pueda haber otra información ajena a la que configura su ser omnisapiente e intrínsecamente actual y presente sin un antes ni un después, sin perfeccionamiento ni deterioro posibles. Eternidad es permanencia, lo eterno es lo permanente. El tiempo mide el cambio, si no hay cambio no hay tiempo.

“De ahí que, verdaderamente, el Uno sea algo inefable; porque lo que digáis de él será siempre alguna cosa. Ahora bien, lo que está más allá de todas las cosas, lo que está más allá de la venerable Inteligencia e, incluso, de la verdad que hay en todas los cosas, eso no tiene nombre, porque el mismo nombre sería algo diferente de El” (Eneida V, 3, 13).
                                                             
El ámbito receptor de la información proyectada desde la nada-eterna o Uno, es el espacio-tiempo. Plotino llama a dicho ámbito Inteligencia o Hipóstasis segunda, que recibe las formas o esencias contenidas en el Uno mediante procesión contemplativa. Utiliza el término procesión para evitar el de emanación, diferenciando así la naturaleza de lo surgido de la del origen. En su lugar, utilizo aquí el concepto de proyección de información, más coherente con la teoría física del universo como proyección holográfica. No habla Plotino de información, pero trata esa transmisión contemplativa como si fuese información, ya que la Inteligencia se la apropia al contemplar al Uno o hipóstasis primera "aprendiéndola". Al no considerar que el contenido de lo transmitido es información, aunque lo intuya,  tiene dificultades para explicar como se pasa del Uno a la multiplicidad y de lo espiritual a lo material. El impulso primero que produce la proyección surge de la secuencia conocimiento-voluntad-acción. Ese impulso conduce al despliegue de la voluntad implícita en la información esencial, tras ser proyectada como intenciones sobre el espacio-tiempo fraccionado y desplegarse por el espacio y el tiempo a medida que esas intenciones se desarrollan recodificadas en materia-energía. Es como la imagen que se rompe al proyectarse sobre un espejo roto. Hemos de asumir la intuición de Plotino sobre la segunda hipóstasis, y reconocer que, siendo el espacio-tiempo en sí mismo ya información, para poder asumir la información que recibe sobre los seres sensibles, el espacio-tiempo ha de ser inteligente de algún modo para poder recibirla y procesarla. ( Ver: http://bit.ly/23gOQVs )

“Inteligencia, acto intelectual e inteligible, serán una y la misma cosa. Con lo que, si el acto de la Inteligencia es lo inteligible, y si lo inteligible es la Inteligencia, la Inteligencia necesariamente se pensará a sí misma. Porque pensará por medio de su acto, que no es otra cosa que ella misma, y pensará así lo inteligible, que es también ella misma. De dos maneras, pues, se pensará a sí misma: como acto de la Inteligencia, que es ella misma, y como inteligible, al que piensa por medio de un acto que es la Inteligencia misma” (Eneida V 3, 5, 33 y ss.).

Lo que Plotino llamó inteligencia, el espacio-tiempo, al contemplar al Uno, la nada-eterna, obtiene del Uno toda la información que contiene en sí sobre el mundo, como potencias, formas y esencias de todos los entes sensibles habidos y por haber, junto con la intención de cada ente de ser lo que ha de ser. La información obtenida, configura los entes sensibles y se correspondería con la tercer hipóstasis de Plotino, a la que también llama el Alma, que configura al mundo al  desplegarse y expandirse en el espacio y en el tiempo, mostrándose mediante imágenes.

“Pero el Alma, en cambio, no permanece inmóvil en su acto de producción, sino que se mueve verdaderamente para engendrar una imagen de ella. Al volverse hacia el Ser del que proviene se sacia de él, y al avanzar con un movimiento diferente y contrario, se engendra esa imagen de sí misma que es la sensación” (Eneida V 2, 1).

A esa imagen engendrada es a lo que llamaremos manifestación del mundo. La manifestación es reproducción formal de la información esencial contenida en el Uno desplegada, materializada y expuesta en el espacio-tiempo como multiplicidad de seres. Cuando un ser inteligente percibe la información expresada en la manifestación de las esencias de los seres que componen el mundo, concibe una representación del mundo en el sentido de Schopenhauer. El error de Schopenhauer fue prescindir de la manifestación de las esencias como base, sustento y causa de la representación. Si toda la información del Uno es puesta de manifiesto en el espacio-tiempo, la información transferida no se limitará a la correspondiente al en si kantiano de los entes sensibles, sino que debiera incluir la que constituye al propio Uno pensante, con lo que el Uno-Bien debiera, a su vez, encarnarse como Verbo en algún lugar y momento histórico junto con el resto de las esencias pensadas.

La manifestación de cualquier información se realiza mediante un lenguaje. La manifestación en el universo de la verdad constituyente y contenida en el Uno original también utiliza lenguajes: el lenguaje cuántico de las partículas, el lenguaje físico de la mecánica, el lenguaje químico de las sustancias, el lenguaje genético del ADN... El proceso que todo ser sigue para ser, es su autorrealización. Para poder auto-realizarse, para poder llegar a ser lo que un ser debiera ser, todo ser  necesita conocer la información que lo define y la que necesita para poder ser, lo que requiere que los seres en su esencia estén  constituidos por intención y atención. Sabemos que la esencia de todo ser es información. La intención es la información que determina lo que el ser debiera ser y la atención proporciona la información necesaria para poder obtener los recursos y elementos constituyentes necesarios para ser lo que debe ser, sabiendo qué hacer con ellos por su intención, de la que aprende cómo localizarlos, adquirirlos, ensamblarlos y configurarlos en una unidad existencial. Desde un punto de vista informático, la intención es el programa y la atención proporciona los datos a medida que se van necesitando. La intención es teleológica y la atención es selectiva. Ser es procesar información interpretándola, es decir, realizándola en el tiempo y el espacio, haciéndola realidad mediante la acción. Como los solistas interpretan una partitura mediante un instrumento, los seres interpretan su intención de ser lo que son, mediante la información que manejan en los medios de que disponen como recursos. Ser es establecer un diálogo entre la intención de cada ser y el resto de las intenciones de los demás seres, diálogo que está mediado por las respectivas atenciones. La capacidad de subsistencia y la calidad de vida de un ser está determinada y mediada por su capacidad para dialogar con el resto de los seres. El mal es el resultado de la incapacidad de alcanzar un consenso y pretender resolver los conflictos de intereses mediante la violencia, en beneficio del más fuerte. El diálogo cósmico se establece entre cada ser y su no-ser, es decir, entre cada ser y el resto de los seres. Es un diálogo entre el ser presente de la actualidad existencial y el deber ser de la naturaleza esencial programado en la intención de ese ser. Diálogo mediado por el resto de los seres en busca de la mutua colaboración necesaria para la realización del conjunto en una unidad dialéctica de una nueva actualidad mediante una evolución que constituye el acto de ser. La naturaleza del todo ser es dialéctica y dinámica. En la conciencia, al volverse conscientes tanto la intención como la atención, la intención de la esencia se hace voluntad y la atención conocimiento. La conciencia se orienta a la acción mediante la concatenación conocimiento-voluntad-acción, manifestándose como voluntad y configurando un ámbito de libertad al autodeterminarse esa voluntad por fines, rompiendo la cadena  del determinismo causal. El producto de la acción es la determinación de una opción entre las posibles mediante el colapso de las funciones de onda que determinan el espectro de posibilidades. Sabemos por física que la mera observación ya colapsa determinadas opciones y la acción ratifica y amplia las opciones colapsadas.

La información de la res cogitans original (al principio era el Verbo), unitaria y eterna constituyente del Uno se trasforma en la información fragmentada pero enriquecida por la experiencia como res cogitans contenida en las diferentes conciencias, información adquirida en las vivencias compartidas por cada ser con el conjunto de los demás seres fruto del despliegue como res extensa de la información del Uno en el mensaje cósmico que constituye el universo físico. Las inteligencias destinatarias del mensaje cósmico se hacen conciencias al comprender que cada individuo depositario de inteligencia es parte del mensaje cósmico y parte importante dado que posee el código que permite el conocimiento y la interpretación del gran mensaje de la creación. Previsiblemente, esa información vuelva a integrarse al final del tiempo en la noosfera de una conciencia cósmica compartida. La destinataria final del mensaje cósmico es la conciencia. Cuando nos despidamos de este mundo, quedará de nosotros lo que esencialmente somos: información. Información fraccionada en las conciencias de quienes nos recuerden cuando nos recuerden y la información integral que resida en la conciencia divina del Uno, alfa y omega de lo creado, primera y última conciencia del universo, en la esperanza de que participemos de esa conciencia en la medida que nos convenga. El hecho que al inhibirse todos los sentidos en el éxtasis la conciencia se despeja y surgen experiencias de una conciencia cósmica hacen pensar que al destruirse los sentidos por completo, el fenómeno se magnifique. Si al final de los tiempos desaparece el cosmos, la información residual solo tendría cabida en el Uno, donde siempre estuvo. El esperado premio o castigo podría consistir en tener que convivir toda una eternidad en la plena conciencia de todos nuestros actos junto con una mayor o menor contemplación de la Belleza Divina. No es mal castigo tener que soportarse a uno mismo en lugar de que sean otros quienes nos soportan. Y una buena reflexión para replantearnos nuestros actos.

Nota: Para dar unidad e integridad a este artículo, parte del texto reutiliza fragmentos de otros artículos publicados en el blog del autor, que en su conjunto, completan y detallan aspectos de lo aquí dicho.





martes, 24 de noviembre de 2015

Filosofía de la Filosofía





La Filosofía es una técnica racional por la que el ser humano busca armonizar el conjunto de experiencias e ideas que posee en una imagen coherente y creíble de la realidad que le ayude a conocerse, le permita orientarse en su entorno y le facilite interactuar con el mundo con éxito.

La filosofía es una tarea personal. Hay tantas filosofías como seres humanos. Así, hay una filosofía de Aristóteles, otra de Platón, otra de Kant, otra de Ortega y otra de cada filósofo conocido o desconocido que ha dejado escrito lo que ha pensado. Entendemos por Filosofía el conjunto de las filosofías conocidas. Julián Marías decía que ni podría creer en una religión inventada por él mismo ni asumir una filosofía desarrollada por otro.

En función del número de experiencias empíricas sobre el número de intuiciones racionales que integren un tratado filosófico, la filosofía se polariza entre Física y Metafísica.

En la actualidad, la Metafísica se encuentra devaluada hasta tal punto, que la Filosofía, más asociada desde siempre con la metafísica que con la física en las mentes de muchos, está siendo proscrita de cada vez más planes de estudio, tanto medios como universitarios. El éxito alcanzado por la física, gracias a los avances tecnológicos que conlleva, ha volcado todo interés social y político en la experimentación, desperdiciando la intuición.

Grave error, dado que la física es parte de la filosofía y para que la física avance precisa de las intuiciones metafísicas. En el proceso de desarrollo de las teorías científicas se suele partir de una intuición metafísica que define una hipótesis y fija una nueva frontera, delimitando una amplio territorio desértico del conocimiento que la investigación científica habrá de ir poblando con razonamientos y experimentos que la filosofía deberá armonizar en una teoría coherente y plausible.

En la actualidad, como siempre, hay cuestiones abiertas al razonamiento metafísico, tanto en las fronteras de la física como en la trascendencia no empírica de las ideas. La física ha llegado a analizar la estructura y textura del espacio, considerando que el espacio es cerrado en sí mismo y finito, pero ¿Dónde se haya ese espacio? ¿Qué hay más allá del espacio? La física actual considera que el espacio-tiempo es discreto, está constituido por nódulos espaciales separados unos de otros ¿Qué hay entre esos nódulos? La física más avanzada postula que toda la realidad es la proyección holográfica de una información cósmica bidimensional ¿Dónde está situada la superficie sobre la que se codifica esa información? ¿Cómo está codificada esa información? ¿Qué origen tiene? La cuestión metafísica de siempre sigue en pie: ¿Qué hay más allá?

Además de las cuestiones metafísicas que los límites de la física plantean, subsisten cuestiones éticas, lingüísticas, sociológicas, políticas, estéticas, urbanísticas, económicas, psicológicas, antropológicas, geopolíticas, religiosas…además de la urgente necesidad de clarificar conceptos como libertad, autoridad, seguridad, privacidad, propiedad, solidaridad, justicia, nacionalidad…y perfilar el sentido de eslóganes como derecho a la vida, paternidad responsable, economía sostenible, uso proporcionado de la fuerza, ordenación del territorio, seguridad energética, derecho a la información… Son cuestiones que, apoyándose en el mayor número de observaciones que pueda reunir, solo la filosofía puede contestar.

A pesar de lo que muchos piensan, cuando los problemas se acumulan y la desorientación y el desconcierto se extienden, por mucho que las ciencias adelanten, son tiempos metafísicos.