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martes, 14 de junio de 2016

Implicaciones metafísicas de la física actual



Ponencia presentada en el Simposio de AEDOS sobre la conciencia  en la Asociación de Filosofía y Ciencia Contemporánea
Universidad de Comillas, Madrid 11 junio 2016

                                                           Las líneas fronterizas entre ciencia y fe son objeto de permanente disputa y están mal delimitadas. Pero allí donde algunos ven fronteras que hay que defender y patrullar, yo veo confines porosos que piden a gritos que los exploremos de forma creativa y productiva.
                                                                       Alister McGrath

                                                           Parece como si yo hubiera sido solamente un niño pequeño jugando en la playa, entretenido en hallar de vez en cuando un guijarro más liso o una concha más bonita de lo normal, mientras el gran océano de la verdad se extendía inexplorado frente a mí.
                                                                       Isaac Newton

Resumen

La física actual pone de relieve dos aspectos de la naturaleza que permiten, por primera vez, tender un puente desde lo físico a lo racional, de la res-extensa a la res-cogitans: 1.- Considerar a la información como constituyente de la esencia y 2.- La identificación de la existencia de un límite al espacio-tiempo que delimite el más allá. La comunicabilidad entre lo trascendente y lo inmanente se puede explicar asumiendo las conclusiones de la física moderna sobre la naturaleza última de la realidad como información. En la teoría holográfica del mundo físico se entiende  a la realidad física como representación de la manifestación espacio temporal de una información original, que podría ser trascendente, que se proyectaría sobre una superficie que englobe al universo y desde ella se proyectaría de nuevo, holográficamente, sobre el espacio-tiempo, generando al universo como representación. La concepción platónica de las esencias como ideas y el relato de Plotino sobre la emergencia del universo desde la nada física de un Uno metafísico toman un nuevo sentido a la luz de las nuevas teorías de la física. En el ámbito de la conciencia se articulan la información percibida con su interpretación, actuando como catalizadora de la concreción de lo potencialmente probable en la realidad concreta. La reflexión lleva a la conclusión que no es el pensamiento un efecto de la actividad física sino que la física es una manifestación de un pensamiento previo.

Inmanencia y trascendencia

Los ámbitos de la ciencia y el de la fe, cuando no han estado aislados el uno del otro, han estado, con frecuencia aunque no siempre, enfrentados. Isaac Newton se lamenta de que la ciencia se limita a explorar un litoral que la separa y aísla de un inmenso océano de una verdad inaccesible. El propósito de esta reflexión es otear, desde el suelo relativamente firme de la ciencia, el abismo de la trascendencia.

Decía el biólogo Stephen Jay Gould que la ciencia no es atea ni teísta. El químico Alister McGrath asume la sentencia de Gould, añadiendo que "Las ciencias naturales tienen una envidiable reputación de fiabilidad y veracidad a base de reconocer sus límites...La ciencia no presupone ninguna opinión religiosa, política o social. Siempre podrá argumentarse que es congruente con muchas de ellas".

Partamos de que nuestro conocimiento de la trascendencia se limita a un concepto intuitivo de lo que se queda fuera del espacio-tiempo y, por consiguiente, es un ámbito eterno y adimensional o, alternativamente, tiene unas dimensiones espacio-temporales ortogonales con las de nuestro espacio-tiempo, por lo que, de poder ser accesibles desde nuestro universo, se las percibiría como puntuales es decir, serían inobservables. Podría representanrse matemáticamente el conjunto como un universo integrado por dos subespacios, uno físico y otro metafísico, tales que todo vector alineado a lo largo de una dimensión cualquiera de uno de los subespacios, si se multiplica escalarmente por otro vector alineado con cualquier dimensión del otro subespacio, el producto daría cero. No debe extrañarnos el que, de haber algo trascendente, no pueda ser observado desde el subespacio físico, pero el hecho de no lograrlo no implica su inexistencia. Cuando los microbios no se veían, también existían.

La ciencia, durante los últimos tiempos, ha dejado claro que la esencia de todo lo creado es información. La mecánica cuántica especifica que la base última de toda materia-energía contenida en el espacio-tiempo son campos de ondas, vibraciones, es decir: información y la reciente teoría LQT describe al espacio-tiempo como un campo cuántico de bajo nivel de energía, es decir, también información. Adicionalmente, a partir de observaciones y descripciones sobre los agujeros negros, se ha visto que la información sobre todo lo que cae dentro de un agujero negro queda reflejada en la superficie del horizonte de sucesos del agujero, llegándose a la conclusión de que toda la información contenida en un volumen se encuentra íntegramente descrita por la información contenida en la superficie que encierra a ese volumen, razón por la que se puede describir al mundo como un holograma producido al proyectar la información periférica sobre el espacio-tiempo, teoría científica que ratifica la aseveración de que toda la realidad es información, añadiendo que toda la información que configura al mundo holográficamente está contenida en una superficie que encierra al mundo. Desde la más remota antigüedad, la humanidad ha considerado que toda la información sobre la inmensidad del universo quedaba proyectada sobre una esfera celeste con centro en el observador. En el límite, si existiese una superficie que rodease todo el contenido del espacio-tiempo, la totalidad del universo, toda la información de lo contenido en ella sería percibido por un observador externo a esa superficie como proyectada sobre la cara de esa superficie y un observador situado dentro, vería esa misma información como proyectada desde fuera, es decir, desde la trascendencia al espacio-tiempo y como situada ahí fuera.

La ciencia también nos dice que el universo se encuentra en expansión, por lo que a la pregunta: ¿Que hay más allá de la superficie de información holográfica que envuelve y delimita al universo? se añade otra pregunta: ¿Hacia dónde se expande el universo? planteándose la existencia de algo más allá. Otro indicio de un más allá del espacio-tiempo lo encontramos en la teoría de Big Ban, al platearse qué habría antes del origen del tiempo. Adicionalmente, dado que la vida es un proceso temporal y cada individuo vivo tiene un origen y un final, todo individuo consciente se ve abocado a la consideración de su propio final. La conciencia de su condición mortal le obliga al hombre a plantearse la cuestión del más allá sin necesidad de haber alcanzado la ribera del océano de lo trascendente del que nos hablaba Newton y que se situaría en los lindes del espacio-tiempo. Ante esto, no tenemos más remedio que asumir que, tanto la conciencia de la muerte, como la ciencia actual, nos fuerzan a posicionarnos en esa orilla ante el más allá que nos invita a sondear lo inobservable. Indagar en la trascendencia es misión de la metafísica, pero nuestra intención es partir de la física delimitando y acotando el ámbito de la especulación metafísica antes de zambullirnos en ella, empezando por buscar qué podemos encontrar dentro del espacio-tiempo que pueda haber transcendido a través de ese confín poroso que intuye Alister McGrath y ver a qué nos lleva.

Todo es información. En el espacio-tiempo, la información se codifica como energía. La energía adopta varias formas. La forma más elemental son radiaciones. También se presenta como materia, como estructuras, como vibración térmica, como desplazamientos dentro del espacio-tiempo, hoy sabemos que el propio espacio-tiempo es una forma de energía y son energía las oscilaciones y deformaciones del espacio-tiempo en función de su contenido de materia-energía. La información es también una forma primaria de energía que induce a determinadas formas de acción. La vida emerge contra la probabilidad que la entropía impone, creando orden del desorden, fabricando moléculas de creciente complejidad a costa de consumir información con la ayuda del diablillo de Maxwell. Toda la información que es capaz de recopilar la vida y derivar de la que ya posee, es codificada en largas cadenas de ADN que ordenarán y regulan la elaboración de otras moléculas necesarias para, siguiendo un plan preestablecido, configurar un organismo vivo, capaz de reproducirse y evolucionar, a lo largo de una escala de creciente complejidad, hasta conseguir elaborar cerebros pensantes. La clara contribución de la información a la formación y desarrollo de la vida, contra toda posibilidad termodinámica, prueba la función de la información como energía. La gran cuestión es cómo se codifica la información fuera del espacio-tiempo, qué significado tiene la información que configura y unifica todo lo observable, cómo influye en lo que sucede y cómo se utiliza para que algo suceda en base a ella. La ciencia presupone la inteligibilidad de lo observado y se asume capaz de interpretar lo que se nos muestra, dándole sentido, asumiendo que lo observado es información. Como ya señalara Galileo, uno de los atributos del conjunto de la información original, además de su intrínseca unidad, es su capacidad nomológica y nomogénica en base a su índole lógico-matemático. Nos sentimos capaces de responder a nuestras propias preguntas y dar respuestas coherentes y verosímiles a lo que ignoramos, respuestas que exigimos sean congruentes con lo que creemos saber por nuestras observaciones por la exigencia lógica que la información se auto impone. Si la ciencia nos da respuestas empíricas a las cuestiones físicas, la razón se ve forzada tanto a proponer teorías consistentes en física como a dar respuestas racionales a las preguntas metafísicas sobre temas que caen fuera del ámbito de la física, respuestas que deberán ser coherentes en sí mismas y congruentes con lo que la física nos enseña sin otras bases que la propia información y sus reglas. Son las restricciones nomológicas de la información el aval de la validad de la reflexión.

La diferencia entre la metafísica y la religión es la revelación. El problema de la ciencia con la religión está en la imposibilidad de comunicar y reproducir fenómenos trascendentes. Lo que la metafísica puede aportar es un marco racional que muestre la compatibilidad de lo que se afirme sobre lo trascendente con los conocimientos consolidados y tender un puente abierto aunque inconcluso hacia la religión, que deberá ser completado por cada creyente con los datos de la revelación que asuma. La teología aporta racionalidad al relato conjunto de la revelación y la mística. Antes de aventurarnos a indagar sobre lo trascendente, debiéramos profundizar sobre los contenidos intangibles del espacio tiempo. Hay temas históricamente difíciles de ser estudiados por la ciencia, como son la naturaleza del tiempo, la esencia de la vida, la conciencia, la libertad, el significado de la fenomenología religiosa, como el éxtasis y los milagros; la reconciliación de las partes con el todo, el significado del concepto de espíritu y su interacción con la materia, la relación entre pensamiento y cerebro.

El dolor y el pesar del arrepentimiento atraen la atención del sujeto pensante sobre si mismo, surgiendo la conciencia. Una peculiaridad del ser humano es su identificación como sujeto y objeto, como conciencia de sí y del mundo. La esencia es información que se manifiesta como representación. La conciencia percibe, determina e interpreta las representaciones, que percibe como vivencias, haciéndolas conocimiento mediante el pensamiento. El pensamiento parte de utilizar la información que el sujeto recibe de las sensaciones que le llegan y contrastarla con retazos de la memoria que utiliza como referencias a fin de interpretar el significado de la información recibida, para irse creando una imagen coherente de si mismo y del entorno y reflexionar sobre ella para identificar opciones de acción y posibilidades de éxito. La conciencia tiende a hacerse cósmica mediante la comunicación de conocimientos entre las conciencias individuales, hasta constituir la noosfera de Pierre Teilhard de Chardin. Una protoconciencia cósmica se da en la interacción dinámica entre el espacio-tiempo y la materia-energía. La materia-energía deforma el espacio-tiempo, que de alguna manera es "consciente" de la ubicación de toda la materia y cada una de sus partes, haciendo que su deformación las desplace a nuevas ubicaciones, acción que se produce al ser la materia "consciente" de alguna manera de las deformaciones del espacio en su conjunto.

La cuestión del más allá desde el confín del tiempo la vive el ser consciente como implicación del conocimiento de su finitud como sujeto, pudiendo quedarse a ver venir el fin o ir mentalmente a su busca en busca de respuestas sobre el más allá desconocido. Dado que no tenemos acceso al más allá, solo podemos indagar sobre él extrapolando lo que conocemos mediante nuestras vivencias. La duración de las vivencias en el tiempo y la temporalidad de los procesos vitales nos alertan sobre el tiempo, otro intangible que intentamos entender mediante imágenes espaciales cambiantes. Bergson denunció la limitación del pensamiento humano para tener una representación mental certera de la realidad mediante conceptos estáticos y eternos. Los conceptos han sido desarrollados para pensar en cosas, pero no en sucesos ni en vivencias. La vivencia subjetiva de la duración, la duré bergsoniana, y el tiempo objetivo de la física no son idénticos. Física, vida y cosmología nos plantean otro problema temporal, el del origen. Lo precedente a lo existente vuelve a platear la cuestión de lo trascendente. La mejor manera de describir un universo cambiante es mediante una descripción temporal, una narración. Lo que nos lleva a intuir que, dado que el universo es información, podemos suponer que el universo, en su evolución, es un mensaje. Los mensajes solo pueden ser descifrados por inteligencias, lo que nos hace pensar que son los seres inteligentes a quienes va destinado ese mensaje cósmico. Si el universo es un mensaje solo puede proceder de fuera del universo, de la "región" de lo trascendente y de una mente inteligente que lo ha cifrado y transmitido.

La tradición platónica que se reestructura en el pensamiento de Plotino, nos confirma mediante imágenes y conceptos lo dicho hasta aquí. La esencia de todo ente es información, Platón definió las esencias de los entres como ideas. Para Plotino, el conjunto de lo trascendente constituía el Uno, partiendo de una conciencia omnisciente que abarcase la totalidad de la sabiduría y consiguiese manifestarla con la generación y evolución del cosmos mediante un acto de trascripción o interpretación (en el sentido de ejecución o realización, como cuando se ejecuta una partitura) de la información que posee esa conciencia depositaria de la totalidad del saber. Para la Escuela de Kyoto, representada fundamentalmente por Nishitani Keiji, la trascendencia es la Nada. La diferencia entre Nishitani y Plotino es una cuestión de perspectiva. Desde el espacio-tiempo, la trascendencia se ve como la Nada, visión que comparten los físicos nihilistas, pero si mentalmente se contempla desde el más allá, lo trascendente es el Uno que integra toda la información necesaria para poderla proyectar sobre el espacio-tiempo para que dé lugar a la existencia del mundo al desplegarse en su interpretación espacio-temporal del mensaje informando la materia al transcribirse en materia.

De la nada indiscriminada, informe y eterna, atemporal y an-espacial, pero sapientísima, surgen las distinciones y las formas de todos los entes que se desarrollan en el tiempo y el espacio mediante esa trascripción o interpretación realista de la información original y virtual. La información originaria constituye el momento abstracto de la verdad absoluta genérica y una, como razón de ser, esencias y formas de todos y cada uno de los entes que han llegado a la existencia; mientas que el conjunto de la información cósmica final, histórica, fraccionada y compartida, constituye la versión concreta y específica de esa verdad, siendo esta información la que parcialmente contemplan los seres humanos durante el periodo de su existencia y de la que se hacen conscientes. El mundo, el conjunto de todos los entes que han existido o han de existir, es el elemento mediador entre los dos momentos de la verdad. El conocimiento implícito en la información inicial se hace explícito en el desarrollo temporal y físico del universo. La transformación de la verdad entre su concepción original abstracta y eterna y su versión final espacio-temporal y concreta supone un aumento de precisión a costa de una elevada degradación entrópica del conjunto a lo largo de su despliegue en el tiempo. La información total contenida y constituyente del Uno integra todas las posibilidades, mientras que su concreción espacio-temporal va colapsando las diferentes posibilidades potenciales en una única versión de esa información, constituyendo la realidad y la historia.

La nada, el Uno de Plotino, carece de extensión y la eternidad es a-temporalidad. En la eternidad no hay tiempo y, por consiguiente, no hay devenir, ni espacio, ya que la información no encriptada no ocupa lugar, es pura res cogitans, simplemente es. Como decía Parménides, el Ser eterno es inconmovible. En su absoluta invariabilidad y plenitud, no necesita de nada pues integra todo lo posible, por lo que no procede el cambio. En el contenido de la eternidad está la totalidad, permaneciendo idéntica a si misma en plenitud indivisa e inalterable, sin anhelo de nada pues lo tiene todo a la vez, sin ser deficiente en nada, actualidad plena no actualizable. Constituida por información, contiene toda la información sin que pueda haber otra información ajena a la que configura su ser omnisapiente e intrínsecamente actual y presente sin un antes ni un después, sin perfeccionamiento ni deterioro posibles. Eternidad es permanencia, lo eterno es lo permanente. El tiempo mide el cambio, si no hay cambio no hay tiempo.

“De ahí que, verdaderamente, el Uno sea algo inefable; porque lo que digáis de él será siempre alguna cosa. Ahora bien, lo que está más allá de todas las cosas, lo que está más allá de la venerable Inteligencia e, incluso, de la verdad que hay en todas los cosas, eso no tiene nombre, porque el mismo nombre sería algo diferente de El” (Eneida V, 3, 13).
                                                             
El ámbito receptor de la información proyectada desde la nada-eterna o Uno, es el espacio-tiempo. Plotino llama a dicho ámbito Inteligencia o Hipóstasis segunda, que recibe las formas o esencias contenidas en el Uno mediante procesión contemplativa. Utiliza el término procesión para evitar el de emanación, diferenciando así la naturaleza de lo surgido de la del origen. En su lugar, utilizo aquí el concepto de proyección de información, más coherente con la teoría física del universo como proyección holográfica. No habla Plotino de información, pero trata esa transmisión contemplativa como si fuese información, ya que la Inteligencia se la apropia al contemplar al Uno o hipóstasis primera "aprendiéndola". Al no considerar que el contenido de lo transmitido es información, aunque lo intuya,  tiene dificultades para explicar como se pasa del Uno a la multiplicidad y de lo espiritual a lo material. El impulso primero que produce la proyección surge de la secuencia conocimiento-voluntad-acción. Ese impulso conduce al despliegue de la voluntad implícita en la información esencial, tras ser proyectada como intenciones sobre el espacio-tiempo fraccionado y desplegarse por el espacio y el tiempo a medida que esas intenciones se desarrollan recodificadas en materia-energía. Es como la imagen que se rompe al proyectarse sobre un espejo roto. Hemos de asumir la intuición de Plotino sobre la segunda hipóstasis, y reconocer que, siendo el espacio-tiempo en sí mismo ya información, para poder asumir la información que recibe sobre los seres sensibles, el espacio-tiempo ha de ser inteligente de algún modo para poder recibirla y procesarla. ( Ver: http://bit.ly/23gOQVs )

“Inteligencia, acto intelectual e inteligible, serán una y la misma cosa. Con lo que, si el acto de la Inteligencia es lo inteligible, y si lo inteligible es la Inteligencia, la Inteligencia necesariamente se pensará a sí misma. Porque pensará por medio de su acto, que no es otra cosa que ella misma, y pensará así lo inteligible, que es también ella misma. De dos maneras, pues, se pensará a sí misma: como acto de la Inteligencia, que es ella misma, y como inteligible, al que piensa por medio de un acto que es la Inteligencia misma” (Eneida V 3, 5, 33 y ss.).

Lo que Plotino llamó inteligencia, el espacio-tiempo, al contemplar al Uno, la nada-eterna, obtiene del Uno toda la información que contiene en sí sobre el mundo, como potencias, formas y esencias de todos los entes sensibles habidos y por haber, junto con la intención de cada ente de ser lo que ha de ser. La información obtenida, configura los entes sensibles y se correspondería con la tercer hipóstasis de Plotino, a la que también llama el Alma, que configura al mundo al  desplegarse y expandirse en el espacio y en el tiempo, mostrándose mediante imágenes.

“Pero el Alma, en cambio, no permanece inmóvil en su acto de producción, sino que se mueve verdaderamente para engendrar una imagen de ella. Al volverse hacia el Ser del que proviene se sacia de él, y al avanzar con un movimiento diferente y contrario, se engendra esa imagen de sí misma que es la sensación” (Eneida V 2, 1).

A esa imagen engendrada es a lo que llamaremos manifestación del mundo. La manifestación es reproducción formal de la información esencial contenida en el Uno desplegada, materializada y expuesta en el espacio-tiempo como multiplicidad de seres. Cuando un ser inteligente percibe la información expresada en la manifestación de las esencias de los seres que componen el mundo, concibe una representación del mundo en el sentido de Schopenhauer. El error de Schopenhauer fue prescindir de la manifestación de las esencias como base, sustento y causa de la representación. Si toda la información del Uno es puesta de manifiesto en el espacio-tiempo, la información transferida no se limitará a la correspondiente al en si kantiano de los entes sensibles, sino que debiera incluir la que constituye al propio Uno pensante, con lo que el Uno-Bien debiera, a su vez, encarnarse como Verbo en algún lugar y momento histórico junto con el resto de las esencias pensadas.

La manifestación de cualquier información se realiza mediante un lenguaje. La manifestación en el universo de la verdad constituyente y contenida en el Uno original también utiliza lenguajes: el lenguaje cuántico de las partículas, el lenguaje físico de la mecánica, el lenguaje químico de las sustancias, el lenguaje genético del ADN... El proceso que todo ser sigue para ser, es su autorrealización. Para poder auto-realizarse, para poder llegar a ser lo que un ser debiera ser, todo ser  necesita conocer la información que lo define y la que necesita para poder ser, lo que requiere que los seres en su esencia estén  constituidos por intención y atención. Sabemos que la esencia de todo ser es información. La intención es la información que determina lo que el ser debiera ser y la atención proporciona la información necesaria para poder obtener los recursos y elementos constituyentes necesarios para ser lo que debe ser, sabiendo qué hacer con ellos por su intención, de la que aprende cómo localizarlos, adquirirlos, ensamblarlos y configurarlos en una unidad existencial. Desde un punto de vista informático, la intención es el programa y la atención proporciona los datos a medida que se van necesitando. La intención es teleológica y la atención es selectiva. Ser es procesar información interpretándola, es decir, realizándola en el tiempo y el espacio, haciéndola realidad mediante la acción. Como los solistas interpretan una partitura mediante un instrumento, los seres interpretan su intención de ser lo que son, mediante la información que manejan en los medios de que disponen como recursos. Ser es establecer un diálogo entre la intención de cada ser y el resto de las intenciones de los demás seres, diálogo que está mediado por las respectivas atenciones. La capacidad de subsistencia y la calidad de vida de un ser está determinada y mediada por su capacidad para dialogar con el resto de los seres. El mal es el resultado de la incapacidad de alcanzar un consenso y pretender resolver los conflictos de intereses mediante la violencia, en beneficio del más fuerte. El diálogo cósmico se establece entre cada ser y su no-ser, es decir, entre cada ser y el resto de los seres. Es un diálogo entre el ser presente de la actualidad existencial y el deber ser de la naturaleza esencial programado en la intención de ese ser. Diálogo mediado por el resto de los seres en busca de la mutua colaboración necesaria para la realización del conjunto en una unidad dialéctica de una nueva actualidad mediante una evolución que constituye el acto de ser. La naturaleza del todo ser es dialéctica y dinámica. En la conciencia, al volverse conscientes tanto la intención como la atención, la intención de la esencia se hace voluntad y la atención conocimiento. La conciencia se orienta a la acción mediante la concatenación conocimiento-voluntad-acción, manifestándose como voluntad y configurando un ámbito de libertad al autodeterminarse esa voluntad por fines, rompiendo la cadena  del determinismo causal. El producto de la acción es la determinación de una opción entre las posibles mediante el colapso de las funciones de onda que determinan el espectro de posibilidades. Sabemos por física que la mera observación ya colapsa determinadas opciones y la acción ratifica y amplia las opciones colapsadas.

La información de la res cogitans original (al principio era el Verbo), unitaria y eterna constituyente del Uno se trasforma en la información fragmentada pero enriquecida por la experiencia como res cogitans contenida en las diferentes conciencias, información adquirida en las vivencias compartidas por cada ser con el conjunto de los demás seres fruto del despliegue como res extensa de la información del Uno en el mensaje cósmico que constituye el universo físico. Las inteligencias destinatarias del mensaje cósmico se hacen conciencias al comprender que cada individuo depositario de inteligencia es parte del mensaje cósmico y parte importante dado que posee el código que permite el conocimiento y la interpretación del gran mensaje de la creación. Previsiblemente, esa información vuelva a integrarse al final del tiempo en la noosfera de una conciencia cósmica compartida. La destinataria final del mensaje cósmico es la conciencia. Cuando nos despidamos de este mundo, quedará de nosotros lo que esencialmente somos: información. Información fraccionada en las conciencias de quienes nos recuerden cuando nos recuerden y la información integral que resida en la conciencia divina del Uno, alfa y omega de lo creado, primera y última conciencia del universo, en la esperanza de que participemos de esa conciencia en la medida que nos convenga. El hecho que al inhibirse todos los sentidos en el éxtasis la conciencia se despeja y surgen experiencias de una conciencia cósmica hacen pensar que al destruirse los sentidos por completo, el fenómeno se magnifique. Si al final de los tiempos desaparece el cosmos, la información residual solo tendría cabida en el Uno, donde siempre estuvo. El esperado premio o castigo podría consistir en tener que convivir toda una eternidad en la plena conciencia de todos nuestros actos junto con una mayor o menor contemplación de la Belleza Divina. No es mal castigo tener que soportarse a uno mismo en lugar de que sean otros quienes nos soportan. Y una buena reflexión para replantearnos nuestros actos.

Nota: Para dar unidad e integridad a este artículo, parte del texto reutiliza fragmentos de otros artículos publicados en el blog del autor, que en su conjunto, completan y detallan aspectos de lo aquí dicho.





jueves, 14 de enero de 2016

El universo como holograma






Analizando la hipótesis, aparecida en la prensa, no hace mucho, de que el universo es un holograma, la idea no resulta tan descabellada como a primera vista pudiese parecer. Se parte de considerar que el universo está constituido por información y que esa información está fraccionada en unidades discretas. La información localizada sobre una superficie esta constituida por pixels, y se puede transcribir a ceros y unos, siendo cada píxel más pequeño posible, o de máxima resolución alcanzable, la información contenida en una superficie de Plank. En tres dimensiones, la información espacial está fraccionada en voxels, que es la información contenida en volúmenes tridimensionales del tamaño, como mínimo, del volumen de Plank, que es el tamaño que produciría la máxima resolución espacial.

Los observadores estaríamos encerrados en esferas de información de las que somos su centro. Cuando de noche miramos al cielo, vemos la cúpula celestial como una superficie esférica que nos rodea poblada de estrellas. Como la esfera es una superficie, toda la información que observamos esta constituida por pixels, pero esos pixels son la proyección de toda la información tridimensional contenida en los voxels que están en el exterior de la esfera que contemplamos desde dentro de ella y, si mirásemos desde fuera de ella, veríamos los pixels correspondientes a la información que estaría contenida dentro de la superficie de la esfera, como ocurre al observar desde su exterior el horizonte de un agujero negro. Dado que la retina es una superficie, también la imagen que nos formamos en ella, a partir de lo que vemos, es plana. Según la teoría holográfica, la información que constituye la realidad tridimensional en la que vivimos, sería la proyección holográfica de la información contenida en la superficie de una esfera que rodearía el universo con toda la información holográfica original, luego el mundo en el que vivimos sería un holograma producto de la información plana original que lo proyecta en tres dimensiones, realmente sería en cuatro dimensiones, pues se proyectaría sobre el espacio-tiempo, es decir, imágenes tridimensionales que evolucionan.

La idea no es una conjetura caprichosa, sino que está fundada en la observación razonada de que toda la información contenida en esa singularidad que son los agujeros negros se encuentra codificada sobre la superficie del agujero, en torno al horizonte de sucesos.

Lo que el principio holográfico nos dice es que toda la información sobre lo contenido en un volumen dado se encuentra codificada en la superficie de ese volumen. La teoría holográfica confirma la hipótesis ya expuesta en este blog, de que el universo es un procesador de información al afirmar que, en resumen:

            -El universo está fundamentalmente constituido por información

            -La información se encuentra distribuida en voxels, confirmando la concepción    de un   universo contenido en un espacio-tiempo discreto, estructurado en        Holóns cuánticos, que serían los receptáculos físicos que contienen a los voxels             de información.

            -Los voxels son producto de la proyección sobre el espacio-tiempo de la   información original contenida en pixels superficiales, en los que se concentra              toda la             información plana necesaria para dar origen a la tridimensional             constituyente del universo.

La hipótesis de que el universo es la proyección holográfica de información contenida en algún tipo de "mente" inmaterial que la contiene está extendiéndose entre la comunidad científica.

Hay tres hechos probados que avalan esa hiótesis: que los hologramas existen, que toda descripción matemática en D dimensiones tiene un correlato matemático en D-1 dimensiones y la constatación de que el cerebro almacena la información que contiene en forma holográfica.

Lo primero es un hecho conocido, sabemos como producir y reproducir figuras holográficas y contamos con impresoras 3D que funcionan en base a información plana e incluso lineal, contenida en la memoria de un ordenador. Lo segundo no tiene ningún secreto, pues se demuestra matemáticamente la correspondencia entre las dos formulaciones, correlación que permite la resolución de problemas de gran dificultad en D que pueden ser más fácilmente resueltos en D-1 y el hecho de que la información contenida en un agujero negro se encuentra proyectada sobre la superficie de su horizonte de sucesos avala la biyección y analogía estructural entre los elementos de D con los de D-1. Lo tercero parece estar demostrado por una serie de experimentos médicos en pacientes cuyo cerebro es observado, ya sea mediante escaners, resonancias, encefalogramas o en operaciones con el cráneo abierto. Por ejemplo, la constatación que una intervención quirúrgica que amputa parte del cerebro no elimina la información que parecía estar localizada en la zona amputada aunque se dañe.

Las discrepancias de opinión se producen entre quienes consideran que toda la realidad es proyectada por una única mente, externa al universo, que proyecta un único holograma o si cada cerebro proyecta su propio holograma, creando cada individuo la realidad en la que vive. La prueba que aportan quienes soportan la segunda alternativa es la constatación en que las diferentes personas que observan un mismo hecho tienen diferentes versiones, siendo los cerebros los receptores y repetidores de la información holográfica. Esta hipótesis no es plausible, pues no habría universo antes de aparecer el hombre, pero puede tener algo de verdad sobre la posibilidad de los cerebros de intervenir en el proceso de transmisión holográfica.

Una tercera opción es que, siendo una única fuente trascendente la que proyecta toda la realidad, incluidos los cuerpos de cada uno de nosotros, cada cerebro va confeccionando un holograma personal mediante las experiencias que va acumulando en su vida, holograma que interfiere con las percepciones que el cerebro recibe, modulándolas. E, incluso, se podría conceder que cada cerebro pueda tener una cierta capacidad de proyección de sus contenidos. Lo que justificaría el efecto físico de determinadas creencias mentales, como la eficacia de los placebos o la visualización por otras personas de determinados fenómenos parasicológicos. El requisito para lograrlo sería la creencia. La fe mueve montañas.

Asumo que, como observadores, la información que manejamos sea holográfica, pero, de serlo, la proyección no se trataría de una mera imagen, dado que manipulamos la realidad. El bocadillo de jamón real cuyo holograma percibimos es lo que nos comemos y no parece que sea el holograma de una imagen virtual sin contenido, pues entra dentro de nuestra esfera de observación, formando parte de la realidad de la que, también nosotros, formamos parte, constituyendo una realidad que nos es palpable. La razón sería que no estamos contemplando un holograma evanescente, sino que formamos parte de un holograma materializado. La materia es información codificada en partículas materiales.

¿De qué sirve la información si no se procesa e interpreta?

La información es dinámica, reconfigurándose la información existente con la nueva información que se va aportando y la información disponible informa, al interpretarse, tanto sobre lo dado como sobre lo posible y realizable a partir de lo dado. Si combinamos el principio holográfico con la teoría general de la relatividad y la mecánica cuántica, podemos describir, paso a paso, el proceso de la generación cósmica.

Si partimos de un voxel de información, sabemos que la información que contiene el espacio es proporcional a la densidad de energía, por tanto, la cantidad de información es proporcional a la energía por unidad de volumen. Por el principio holográfico, sabemos que esa información se proyecta en píxels sobre la superficie que rodea al voxel o, recíprocamente, la información tridimensional es una proyección en los voxels de la contenida en los pixels periféricos. Como la energía es trabajo en potencia, la energía equivale a una fuerza por una longitud, luego si dividimos la energía contenida en un volumen, medida en unidades de fuerza por longitud, entre el volumen ocupado, tendríamos que la información de cada píxel se traduce en una fuerza por superficie. Es decir, una presión perpendicular a la superficie que lo rodea. Dicha tensión deformará la superficie afectada en proporción a la densidad de la información superficial en que se traduce la información contenida en su volumen.

La deformación de la superficie, la podemos medir por su métrica, es decir por los g sub mu, nu de los tensores métricos que aparecen a la izquierda de la educación de Einstein sobre la gravedad. Al modificarse ese tensor por la acción de la presión de los pixels, se altera el tensor de momento (T sub mu, nu) que aparece a la derecha de la ecuación de Einstein, lo cual hace, como el propio Einstein indica, que las partículas de energía en contacto con esa superficie se alteren y desplacen por la deformación del espacio-tiempo, a la vez que debieran crearse ondas gravitacionales, al transmitirse esas perturbaciones a otras regiones. Al desplazarse o excitarse esas partículas, se modifica el contenido energético de los Hodones (unidades espacio-temporales) en los que se ubican, con lo que se altera su contenido de información y con él el valor de los correspondientes voxels. Los nuevos conenidos de los voxels se proyectan en la superficie de los Hodones que ocupan, creando los correspondientes pixels, cerrando así el ciclo dinámico del proceso interactivo entre voxels y pixels, mediante las sucesivas deformaciones del espacio-tiempo y desplazamientos de la materia-energía.

El profesor Rafael Bousso, del Berkeley Lab, analizando el contenido de información en el universo, en base al conocimiento que se va obteniendo sobre los agujeros negros, fue el primero que llegó a la conclusión de que toda la información sobre la materia-energía contenida en un volumen dado del universo, está contenida, como venimos diciendo, en la superficie de dicho volumen. Adicionalmente, consideró que la cantidad de energía necesaria para codificar esa información aumenta con la resolución, es decir, que al disminuir el tamaño de cada bit de información, la densidad de energía es mayor; por lo que, por un lado, ha de haber un límite a la máxima densidad de materia-energía dentro de un volumen dado del universo y, por otro, al mínimo tamaño de los fragmentos que configuran el espacio-tiempo ha de tener un límite, ya que han de disponer de una superficie mínima que los rodee para contener la información sobre su contenido, con lo que el espacio-tiempo no puede ser continuo, ya que la energía necesaria para ello sería infinita. El que exista un máximo de densidad es lo que impide que los agujeros negros colapsen al tamaño de una canica, manteniendo un horizonte de sucesos, cuyo radio es proporcional a la masa contenida en el interior; cuando, en teoría, la fuerza de la gravedad, proporcional a la masa, debiera constreñir ese horizonte hasta su práctica anulación, dado que la fuerza gravitatoria aumentaría de darse una progresiva reducción de la distancia. No se puede colapsar porque la presión superficial sobre los pixels contrarresta la acción de la gravedad

Por muy coherente que resulte, ninguna teoría puede considerarse científica sin confirmación empírica. En enero de 2012, el equipo del detector de ondas gravitacionales GEO600 captó un sonido que no podían interpretar. El profesor Craig Hogan, de Betavia, Illinois, les informó de que había previsto ese fenómeno y calculado sus características. La señal captada sería el eco de la vibración cuántica de los límites de la realidad, donde el espacio tiempo se fragmenta en mínimos elementos discretos. Como consecuencia, el universo podría tratarse de un holograma. De ser así, los seres humanos no estaríamos observando un universo que es la imagen holográfica de una proyección tridimensional de una información bidimensional original, sino que seríamos parte de ese holograma cósmico, elaborado por la proyección de la información que lo constituye desde una superficie plana externa al universo y que lo rodearía. El problema, ahora, está en confirmar la existencia de las ondas gravitacionales.

La situación era análoga a la que se había producido décadas antes, cuando, tras idear Karl Janusky la posibilidad de utilizar las ondas de radio para observar el universo al margen de las señales luminosas, Arno Penzias y Bob Wilson construyeron la primera antena para captar señales de radio procedentes del espacio, detectando un persistente ruido de fondo que se captaba de todas las direcciones, apuntando la antena a donde se apuntase, se oía ese mismo ruido de fondo, que atribuyeron al guano de las palomas depositado sobre las paredes de la antena. Bernard Burke informó a Penzias, a quien conoció en un vuelo de avión, que George GamowRalph Alpher y Robert Hermann habían predicho el eco del Big Bang y estaban buscando la forma de detectar la radiación residual del origen del universo. Concluyendo que la antena de radio-ondas de Arno y Bob estaba captando los ecos del inicio del universo. Coincidiendo las medidas observadas por unos con lo previsto por los cálculos de los otros. Cuando se pudo afinar la resolución y detectar mínimas diferencias locales, se pudo elaborar la coloreada imagen de la radiación de fondo que hoy conocemos.


La noticia de ayer, 13 de enero de 2016, fue que el físico Lawrence M. Krauss anunció que en el interferómetro del observatorio LIGO Pasadena, California, USA habían detectado ondas gravitacionales.


La imagen optenida de las ondas gravitacionales, al ser realizada mediante la interferencia de dos rayos laser, es un holograma.

Algún día puede que veamos la imagen de la estructura y textura del espacio-tiempo o el eco de su fragmentación.

Ahora, la cuestión pendiente es la de dilucidar es si la información original que genera el universo se encuentra en una enorme superficie periférica que rodea el universo, cuyo origen y causa habría que investigar, o en un punto central, trascendente al universo espacio-temporal, que sería adimensional y eterno.



https://www.youtube.com/watch?v=GHgi6E1ECgo

http://www.sciencemag.org/news/2015/03/video-take-whirl-above-massive-ligo-gravitational-wave-detector