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lunes, 1 de abril de 2019

Cosmovisión




Nos dijo Kant que hay tres preguntas fundamentales:

·        ¿Qué podemos saber?
·        ¿Qué nos cabe esperar?
·        ¿Qué debemos hacer?

La primera lleva implícitas las cuestiones que quisiéramos saber. Son cuatro las cuestiones fundamentales que todo ser racional se hace:

·        ¿Dónde estamos?
·        ¿De dónde venimos?
·        ¿Quiénes somos?
·        ¿A dónde vamos?

La primera de ellas es la más perentoria. Si cualquiera de nosotros fuésemos drogados y trasladados a un paraje desconocido, al despertar, la primera pregunta que nos haríamos sería: ¿Dónde estoy? Como dijo  Martin Heidegger: “El hombre ha sido arrojado al mundo”, por lo que nos encontramos en una situación análoga al drogado que despierta en paraje desconocido, razón por la que la pregunta por ¿Dónde estamos? Es relevante para todos nosotros.

La respuesta a esa pregunta, que toda civilización se hace en plural porque la respuesta es social, constituye una cosmovisión. Una cosmovisión es la respuesta que cada civilización se da a la pregunta sobre dónde estamos. Una cosmovisión es una descripción coherente del universo. Son tres los elementos fundamentales de toda cosmovisión: la noción de espacio, la noción de tiempo y la razón por la que las cosas son y son como son. Durante siglos, las cosmovisiones han sido mitológicas. Por ejemplo, los egipcios afirmaban que el universo, en cuanto espacio, es una caja que encierra al Nilo, formada por la diosa Nut que apoyaba las manos y los pies en el suelo. Su pecho y su vientre estaban cubiertos de estrellas, entre las que destacaba la Via Lactea como Nilo celestial.

En Occidente, la primera cosmovisión racional documentada se la debemos a Aristóteles. Para Aristóteles existen cosas y procesos, las cosas es lo que permanece y los procesos son cambios. El espacio es lo que hay entre las cosas y el tiempo en lo que hay entre sucesos. Los sucesos más frecuentes son los movimientos de las cosas, que se explican en la física aristotélica por la naturaleza de las cosas. Las cosas están formadas por cuatro esencias: la tierra, el agua, el aire y el fuego. Cada esencia tiene un lugar natural, el de los sólidos es la tierra, el del fuego es el cielo, el aire se sitúa entre el cielo y el suelo y el agua si se condensa en líquido cae el suelo y si se evapora va al cielo. La física (la mecánica) aristotélica se explica porque cada esencia tiende a su lugar natural, así, si soltamos una piedra caerá al suelo. Podemos comunicar energía a las cosas para que se desplacen, un ímpetu lo llamó Aristóteles, de forma que si lanzamos una flecha el ímpetu hará que se desplace por el aire pero a medida que el ímpetu se vaya gastando, la flecha irá cayendo a su lugar natural. Hay una quinta esencia de la que están formados los astros celestes, esencia que no tienen lugar propio, por la que los astros van errantes por el espacio a lo largo del tiempo. Las cosas son lo que son por su forma. El hilemorfismo aristotélico considera que las cosas son fruto de que la materia adquiere una forma determinada que las hace ser lo que son. La forma de Aristóteles es herencia del concepto de idea de su maestro Platón. Al igual que las ideas, las formas son eternas y ajenas a la física. La física describiendo lo que se observa se complementa por la metafísica que intuye lo trascendente y entre ambas se configura una cosmovisión que Aristóteles complementó con una Etica, una Estética y una Lógica. La cosmovisión aristotélica, una visión coherente y contrastable con la experiencia cotidiana, se impuso durante 20 siglos a cristianos, judíos y musulmanes por igual.

Cuando Galileo observó la luna por el periscopio, se vio que la luna era una gran piedra. Al no poder explicar como una gran piedra no caía al suelo, la física de Aristóteles quedó desprestigiada y con ella toda su cosmovisión. Tuvo que llegar Newton para das la solución al problema planteado, aportando una nueva física basada en la teoría de la gravedad: las cosas se atraen con una fuerza proporcional a sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de sus distancias. La física de Newton unificaba la mecánica de la tierra con la de los cielos. Frente a los conceptos relativos que Aristóteles tiene del espacio y del tiempo, para Newton son absolutos, no dependen de que haya cosas ni que ocurran sucesos que los determinen. El espacio es un vacío infinito, continuo y cartesiano que puede o no ser ocupado por cosas y el tiempo una secuencia continua al margen de que ocurran sucesos o no.

Kant se estudió Los Principia de Newton y escribió las críticas. En ellas desarrolla  una ética basada en el imperativo categórico, una estética transcendental y una metafísica basada en el en sí de las cosas, lo que hace que las cosas sean lo que son es su en sí, que no se ve pero se manifiesta en las cosas al hacerlas aparecer como lo que son. Desde un punto de vista metafísico y subjetivo, para Kant, el tiempo y el espacio son formas a priori de la percepción, es decir, constituyen un esquema subjetivo que permite ubicar mentalmente las percepciones y los recuerdos. La cosmovisión Newton-Kant dominó sin alternativas hasta principios del siglo XX.  Es la cosmovisión que nos enseñaron en la escuela y  que seguimos teniendo interiorizada y asumida, pero con la aparición de la Mecánica Cuántica y la Relatividad, los conocimientos han cambiado y la cosmovisión newto-kantiana se ha desmoronado.  

Einstein resolvió las deficiencias de la mecánica de Newton mediante la teoría de la relatividad, planteando que el espacio-tiempo es un continuo del que son dimensiones. El espacio deja de ser el escenario vacío que nos describió Newton para ser una estructura flexible aunque invisible, que se deforma al ser ocupado y deformado por la materia, siendo esa deformación la que produce el campo gravitatorio que encauza la materia hacia determinados focos de atracción.

En paralelo, la Mecánica Cuántica explica el comportamiento de las partículas elementales. Ambas disciplinas explican fenómenos que eran hasta entonces inexplicables y hacen numerosas predicciones que se comprueban ser correctas. El problema es que no son reconciliables. Mientras la Relatividad explica lo macroscópico, la Mecánica Cuántica explica lo microscópico sin comunicación entre ellas. Es como si la una interpretase el sonido y la otra la luz, proporcionando ambas informaciones correctas sobre la realidad pero sin posibilidad de comunicarse entre ellas. Sin embargo, en los últimos años se está desarrollando teorías cuánticas del espacio que prometen unificar la mecánica cuántica con la relatividad. Una nueva cosmovisión está emergiendo tras el horizonte científico.   
   
La cosmovisión emergente considera que tanto el espacio como el tiempo no son continuos. Al igual que la materia no puede ser fraccionada a partir de un determinado tamaño, de donde viene el nombre de átomo (indivisible), ni el espacio ni el tiempo pueden ser divididos por debajo de determinadas magnitudes. Una de las teorías cuánticas espaciales más desarrolladas en este momento es la Loop Quantum Gravity LQG. Los nódulos o átomos espaciales sería pequeñísimos tetraedros a la escala de Plank, que estarían separados los unos de los otros pero formarían estructuras entrelazadas por espinors, procesos giratorios,  configurando un entramado que constituye el tejido espacial. El espacio resulta ser una trama de energía fundamental estructural constituida por elementos cuánticos de “reticulas de energía”. Las ondas gravitacionales, como vibraciones de esa retícula espacial, ponen de manifiesto la realidad de la estructura espacial y nos muestran la íntima vinculación de todo el universo a través de esa retícula común, todo y todos formamos parte de una única realidad y los entrelazamientos cuánticos llaman la atención sobre la estrecha relación entre los elementos del cosmos por distantes que se encuentren entre sí. Los tetraedros espaciales oscilarían entre diferentes valores propios de su volumen, que matemáticamente pueden estar definidos por un conjunto de cuatro vectores perpendiculares a cada y cuyo módulo sería igual a la superficie de la cara correspondiente y un escalar que indica el volumen. Al tener el tetraedro seis aristas, no queda perfectamente definido por cinco parámetros, lo que le permite pulsar entre diferentes estados cuánticos en función de la masa-energía que contengan en cada instante. El giro de los espirones constituiría el tiempo. Para homologar el tiempo a una dimensión espacial, a una longitud, habría que multiplicarlo por algo con dimensión [LT-1], es decir: una velocidad. Multiplicarlo por una longitud y dividirlo por el tiempo. Recordemos que Einstein multiplica el tiempo en su métrica por la velocidad de la luz. La dimensión temporal no sería una cuarta dimensión cartesiana, sino una velocidad en polares, un giro. Un giro cuántico, a impulsos discretos, definido por los espirones. El desarrollo matemático de la nueva teoría puede consultarse en el libro del profesor  Carlo Rovelli y Francesca Vidotto, Loop Quantum Gravity. Cambrige U. Press. UK 2015. La nueva cosmovisión está lejos de proporcionar la confirmación intuitiva y verificación inmediata mediante la observación directa que nos aportaba la física aristotélica, pero parece estar mucho más cerca de la realidad que aquella.

Nos quedaría por determinar la razón por la que las cosas son lo que son, el elemento metafísico que explique y esclarezca las Ideas de Platón, las Formas de Aristóteles y el En Sí de Kant a la luz de la nueva física. La Mecánica Cuántica nos muestra que el constituyente último de la realidad son fluctuaciones cuánticas, información. La realidad última de la realidad Información, una realidad asociada con la entropía y determina la evolución del cosmos. En el fondo, todo es y somos información, algo que, por el llamado principio menos uno, sabemos que es indestructible. Cuando desaparecen las cosas queda la información sobre ellas, las huellas que dejen, los restos que persistan, los recuerdos que queden de ellas y, como afirmaba Platón, las Ideas eternas que constituyen todas y cada una de las cosas que existieron, existen y pueden llegar a existir, previsiblemente como partes integrantes del conocimiento absoluto. A las ideas de Platón, Plotino, en las Eneidas, las llamó las almas de las cosas, siendo las almas de los seres racionales conscientes y la del Ser Absoluto omnisciente.

sábado, 30 de marzo de 2019

El Big Cranch no es plausible


El Big Cranch no es plausible



Las observaciones de Edwin Hubble sobre el corrimiento al rojo de la luz que nos llega de otras galaxias nos han demostrado que las galaxias se alejan y el universo se expande.

La cuestión es descubrir qué provoca esa expansión del universo y si la expansión continuará en el futuro indefinidamente o no. En cosmología se calcula que si la curvatura del espacio es mayor que cero el universo sería cerrado, con lo que la constante de expansión del universo describiría una cicloide  a lo largo del tiempo hasta anularse, con lo que, bajo la fuerza de la gravedad, el universo se iría contrayendo hasta volver a concentrarse en el estado inicial del que partió el Big Bang en un Big Crunch, para volver a empezar un nuevo ciclo expansivo. El universo estaría sometido a un movimiento armónico de vaivén.

El movimiento armónico es un movimiento mecánico y sabemos que en mecánica el tiempo es reversible, por lo que el modelo Big Bang – Big Crunch sería asumible sin reparos desde un punto de vista mecánico, pero el universo es un sistema térmico con continuas explosiones irreversibles.

La alternativa al Big Crunch es que la curvatura del espacio sea negativa o nula, con lo que el universo sería abierto o plano y la expansión continuaría hasta la dispersión de las galaxias que se alejan, no todas lo hacen, se terminarían perdiendo tras una Bóveda Oscura, mientras que las que se encuentren suficientemente cercanas entre si como para que la gravedad las congregue a pesar de la expansión del universo  previsiblemente terminen formando un gran agujero negro.

El criterio que permite discriminar entre los dos modelos, para saber si el universo es cerrado o abierto, es conocer la cantidad de materia que contiene el universo.

Fuente: Wikipedia

¿Estamos condenados al Bing Cruch?.
Como decíamos antes, el universo es un sistema térmico, estando sometido a las leyes de la termodinámica que, de entrada, impiden que el tiempo sea reversible. George Lemaite hizo el ejercicio mental de suponer que le pasaría al universo si invirtiésemos el tiempo, lo que, a partir del hecho de que las galaxias se expanden, le llevó a concebir que, al retroceder en el tiempo,  las galaxias se irían concentrando hasta acumularse en un punto, lo que nos llevó a concebir el Big Bang. Pero, además de invertir las trayectorias, la inversión del tiempo nos llevaría a un universo en el que la entropía se iria reduciendo hasta llegar a un estado de mínima entropía, lo que supone un estado improbable e inestable. Previsiblemente esa inestabilidad del inicio fuese la que contribuyese a desencadenar la explosión del Big Bang. Lo cual nos hace pensar lo improbable que sería un proceso como el Big Cruch en el que se sucediesen estados cada vez más improbables e inestables.

Sabemos que todo gas que se expande, en el proceso se enfría y su entalpía aumenta. Inversamente, si un gas se cumplirme, hacemos que se caliente y que su entropía disminuya, entropía que se cae precipitadamente cuando el gas se licua. Por analogía, podemos imaginar que, al igual que al expandirse el universo se está enfríando y su entropía aumenta, si se contrallase en un Big Cruch, se calentaría a la vez que su entropía disminuiría.

El hecho es que los diferentes métodos que utilizamos para medir la masa del universo, como el teorema del viral, las lentes gravitacionales y otros, coinciden en que el universo no tendría masa suficiente para ser cerrado. La conclusión es que, no sólo el Big Cruch es termodinámicamente inviable, la probada escasez de masa  evita que el universo se cierre y se produzca el Big Crunch.

jueves, 14 de enero de 2016

El universo como holograma






Analizando la hipótesis, aparecida en la prensa, no hace mucho, de que el universo es un holograma, la idea no resulta tan descabellada como a primera vista pudiese parecer. Se parte de considerar que el universo está constituido por información y que esa información está fraccionada en unidades discretas. La información localizada sobre una superficie esta constituida por pixels, y se puede transcribir a ceros y unos, siendo cada píxel más pequeño posible, o de máxima resolución alcanzable, la información contenida en una superficie de Plank. En tres dimensiones, la información espacial está fraccionada en voxels, que es la información contenida en volúmenes tridimensionales del tamaño, como mínimo, del volumen de Plank, que es el tamaño que produciría la máxima resolución espacial.

Los observadores estaríamos encerrados en esferas de información de las que somos su centro. Cuando de noche miramos al cielo, vemos la cúpula celestial como una superficie esférica que nos rodea poblada de estrellas. Como la esfera es una superficie, toda la información que observamos esta constituida por pixels, pero esos pixels son la proyección de toda la información tridimensional contenida en los voxels que están en el exterior de la esfera que contemplamos desde dentro de ella y, si mirásemos desde fuera de ella, veríamos los pixels correspondientes a la información que estaría contenida dentro de la superficie de la esfera, como ocurre al observar desde su exterior el horizonte de un agujero negro. Dado que la retina es una superficie, también la imagen que nos formamos en ella, a partir de lo que vemos, es plana. Según la teoría holográfica, la información que constituye la realidad tridimensional en la que vivimos, sería la proyección holográfica de la información contenida en la superficie de una esfera que rodearía el universo con toda la información holográfica original, luego el mundo en el que vivimos sería un holograma producto de la información plana original que lo proyecta en tres dimensiones, realmente sería en cuatro dimensiones, pues se proyectaría sobre el espacio-tiempo, es decir, imágenes tridimensionales que evolucionan.

La idea no es una conjetura caprichosa, sino que está fundada en la observación razonada de que toda la información contenida en esa singularidad que son los agujeros negros se encuentra codificada sobre la superficie del agujero, en torno al horizonte de sucesos.

Lo que el principio holográfico nos dice es que toda la información sobre lo contenido en un volumen dado se encuentra codificada en la superficie de ese volumen. La teoría holográfica confirma la hipótesis ya expuesta en este blog, de que el universo es un procesador de información al afirmar que, en resumen:

            -El universo está fundamentalmente constituido por información

            -La información se encuentra distribuida en voxels, confirmando la concepción    de un   universo contenido en un espacio-tiempo discreto, estructurado en        Holóns cuánticos, que serían los receptáculos físicos que contienen a los voxels             de información.

            -Los voxels son producto de la proyección sobre el espacio-tiempo de la   información original contenida en pixels superficiales, en los que se concentra              toda la             información plana necesaria para dar origen a la tridimensional             constituyente del universo.

La hipótesis de que el universo es la proyección holográfica de información contenida en algún tipo de "mente" inmaterial que la contiene está extendiéndose entre la comunidad científica.

Hay tres hechos probados que avalan esa hiótesis: que los hologramas existen, que toda descripción matemática en D dimensiones tiene un correlato matemático en D-1 dimensiones y la constatación de que el cerebro almacena la información que contiene en forma holográfica.

Lo primero es un hecho conocido, sabemos como producir y reproducir figuras holográficas y contamos con impresoras 3D que funcionan en base a información plana e incluso lineal, contenida en la memoria de un ordenador. Lo segundo no tiene ningún secreto, pues se demuestra matemáticamente la correspondencia entre las dos formulaciones, correlación que permite la resolución de problemas de gran dificultad en D que pueden ser más fácilmente resueltos en D-1 y el hecho de que la información contenida en un agujero negro se encuentra proyectada sobre la superficie de su horizonte de sucesos avala la biyección y analogía estructural entre los elementos de D con los de D-1. Lo tercero parece estar demostrado por una serie de experimentos médicos en pacientes cuyo cerebro es observado, ya sea mediante escaners, resonancias, encefalogramas o en operaciones con el cráneo abierto. Por ejemplo, la constatación que una intervención quirúrgica que amputa parte del cerebro no elimina la información que parecía estar localizada en la zona amputada aunque se dañe.

Las discrepancias de opinión se producen entre quienes consideran que toda la realidad es proyectada por una única mente, externa al universo, que proyecta un único holograma o si cada cerebro proyecta su propio holograma, creando cada individuo la realidad en la que vive. La prueba que aportan quienes soportan la segunda alternativa es la constatación en que las diferentes personas que observan un mismo hecho tienen diferentes versiones, siendo los cerebros los receptores y repetidores de la información holográfica. Esta hipótesis no es plausible, pues no habría universo antes de aparecer el hombre, pero puede tener algo de verdad sobre la posibilidad de los cerebros de intervenir en el proceso de transmisión holográfica.

Una tercera opción es que, siendo una única fuente trascendente la que proyecta toda la realidad, incluidos los cuerpos de cada uno de nosotros, cada cerebro va confeccionando un holograma personal mediante las experiencias que va acumulando en su vida, holograma que interfiere con las percepciones que el cerebro recibe, modulándolas. E, incluso, se podría conceder que cada cerebro pueda tener una cierta capacidad de proyección de sus contenidos. Lo que justificaría el efecto físico de determinadas creencias mentales, como la eficacia de los placebos o la visualización por otras personas de determinados fenómenos parasicológicos. El requisito para lograrlo sería la creencia. La fe mueve montañas.

Asumo que, como observadores, la información que manejamos sea holográfica, pero, de serlo, la proyección no se trataría de una mera imagen, dado que manipulamos la realidad. El bocadillo de jamón real cuyo holograma percibimos es lo que nos comemos y no parece que sea el holograma de una imagen virtual sin contenido, pues entra dentro de nuestra esfera de observación, formando parte de la realidad de la que, también nosotros, formamos parte, constituyendo una realidad que nos es palpable. La razón sería que no estamos contemplando un holograma evanescente, sino que formamos parte de un holograma materializado. La materia es información codificada en partículas materiales.

¿De qué sirve la información si no se procesa e interpreta?

La información es dinámica, reconfigurándose la información existente con la nueva información que se va aportando y la información disponible informa, al interpretarse, tanto sobre lo dado como sobre lo posible y realizable a partir de lo dado. Si combinamos el principio holográfico con la teoría general de la relatividad y la mecánica cuántica, podemos describir, paso a paso, el proceso de la generación cósmica.

Si partimos de un voxel de información, sabemos que la información que contiene el espacio es proporcional a la densidad de energía, por tanto, la cantidad de información es proporcional a la energía por unidad de volumen. Por el principio holográfico, sabemos que esa información se proyecta en píxels sobre la superficie que rodea al voxel o, recíprocamente, la información tridimensional es una proyección en los voxels de la contenida en los pixels periféricos. Como la energía es trabajo en potencia, la energía equivale a una fuerza por una longitud, luego si dividimos la energía contenida en un volumen, medida en unidades de fuerza por longitud, entre el volumen ocupado, tendríamos que la información de cada píxel se traduce en una fuerza por superficie. Es decir, una presión perpendicular a la superficie que lo rodea. Dicha tensión deformará la superficie afectada en proporción a la densidad de la información superficial en que se traduce la información contenida en su volumen.

La deformación de la superficie, la podemos medir por su métrica, es decir por los g sub mu, nu de los tensores métricos que aparecen a la izquierda de la educación de Einstein sobre la gravedad. Al modificarse ese tensor por la acción de la presión de los pixels, se altera el tensor de momento (T sub mu, nu) que aparece a la derecha de la ecuación de Einstein, lo cual hace, como el propio Einstein indica, que las partículas de energía en contacto con esa superficie se alteren y desplacen por la deformación del espacio-tiempo, a la vez que debieran crearse ondas gravitacionales, al transmitirse esas perturbaciones a otras regiones. Al desplazarse o excitarse esas partículas, se modifica el contenido energético de los Hodones (unidades espacio-temporales) en los que se ubican, con lo que se altera su contenido de información y con él el valor de los correspondientes voxels. Los nuevos conenidos de los voxels se proyectan en la superficie de los Hodones que ocupan, creando los correspondientes pixels, cerrando así el ciclo dinámico del proceso interactivo entre voxels y pixels, mediante las sucesivas deformaciones del espacio-tiempo y desplazamientos de la materia-energía.

El profesor Rafael Bousso, del Berkeley Lab, analizando el contenido de información en el universo, en base al conocimiento que se va obteniendo sobre los agujeros negros, fue el primero que llegó a la conclusión de que toda la información sobre la materia-energía contenida en un volumen dado del universo, está contenida, como venimos diciendo, en la superficie de dicho volumen. Adicionalmente, consideró que la cantidad de energía necesaria para codificar esa información aumenta con la resolución, es decir, que al disminuir el tamaño de cada bit de información, la densidad de energía es mayor; por lo que, por un lado, ha de haber un límite a la máxima densidad de materia-energía dentro de un volumen dado del universo y, por otro, al mínimo tamaño de los fragmentos que configuran el espacio-tiempo ha de tener un límite, ya que han de disponer de una superficie mínima que los rodee para contener la información sobre su contenido, con lo que el espacio-tiempo no puede ser continuo, ya que la energía necesaria para ello sería infinita. El que exista un máximo de densidad es lo que impide que los agujeros negros colapsen al tamaño de una canica, manteniendo un horizonte de sucesos, cuyo radio es proporcional a la masa contenida en el interior; cuando, en teoría, la fuerza de la gravedad, proporcional a la masa, debiera constreñir ese horizonte hasta su práctica anulación, dado que la fuerza gravitatoria aumentaría de darse una progresiva reducción de la distancia. No se puede colapsar porque la presión superficial sobre los pixels contrarresta la acción de la gravedad

Por muy coherente que resulte, ninguna teoría puede considerarse científica sin confirmación empírica. En enero de 2012, el equipo del detector de ondas gravitacionales GEO600 captó un sonido que no podían interpretar. El profesor Craig Hogan, de Betavia, Illinois, les informó de que había previsto ese fenómeno y calculado sus características. La señal captada sería el eco de la vibración cuántica de los límites de la realidad, donde el espacio tiempo se fragmenta en mínimos elementos discretos. Como consecuencia, el universo podría tratarse de un holograma. De ser así, los seres humanos no estaríamos observando un universo que es la imagen holográfica de una proyección tridimensional de una información bidimensional original, sino que seríamos parte de ese holograma cósmico, elaborado por la proyección de la información que lo constituye desde una superficie plana externa al universo y que lo rodearía. El problema, ahora, está en confirmar la existencia de las ondas gravitacionales.

La situación era análoga a la que se había producido décadas antes, cuando, tras idear Karl Janusky la posibilidad de utilizar las ondas de radio para observar el universo al margen de las señales luminosas, Arno Penzias y Bob Wilson construyeron la primera antena para captar señales de radio procedentes del espacio, detectando un persistente ruido de fondo que se captaba de todas las direcciones, apuntando la antena a donde se apuntase, se oía ese mismo ruido de fondo, que atribuyeron al guano de las palomas depositado sobre las paredes de la antena. Bernard Burke informó a Penzias, a quien conoció en un vuelo de avión, que George GamowRalph Alpher y Robert Hermann habían predicho el eco del Big Bang y estaban buscando la forma de detectar la radiación residual del origen del universo. Concluyendo que la antena de radio-ondas de Arno y Bob estaba captando los ecos del inicio del universo. Coincidiendo las medidas observadas por unos con lo previsto por los cálculos de los otros. Cuando se pudo afinar la resolución y detectar mínimas diferencias locales, se pudo elaborar la coloreada imagen de la radiación de fondo que hoy conocemos.


La noticia de ayer, 13 de enero de 2016, fue que el físico Lawrence M. Krauss anunció que en el interferómetro del observatorio LIGO Pasadena, California, USA habían detectado ondas gravitacionales.


La imagen optenida de las ondas gravitacionales, al ser realizada mediante la interferencia de dos rayos laser, es un holograma.

Algún día puede que veamos la imagen de la estructura y textura del espacio-tiempo o el eco de su fragmentación.

Ahora, la cuestión pendiente es la de dilucidar es si la información original que genera el universo se encuentra en una enorme superficie periférica que rodea el universo, cuyo origen y causa habría que investigar, o en un punto central, trascendente al universo espacio-temporal, que sería adimensional y eterno.



https://www.youtube.com/watch?v=GHgi6E1ECgo

http://www.sciencemag.org/news/2015/03/video-take-whirl-above-massive-ligo-gravitational-wave-detector