Mostrando entradas con la etiqueta Física. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Física. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de marzo de 2023

¿Quién somos?

Carlos del Ama

en Filosofía

 

Una de las grandes cuestiones filosóficas es saber quien somos y qué somos. Lo que es evidente es que formamos parte del universo.

Tendemos a identificamos con nuestra conciencia, con nuestros pensamientos y sentimientos, lo que hace que tendamos a identificarnos con nuestro ego, pues es el Ego quien recibe y analiza las sensaciones recibidas y las procesa, contrastándolas con nuestros recuerdos sobre percepciones análogas a las que percibe en cada momento, matizando e incluso distorsionando lo percibido en función de sus recuerdos y prejuicios,  generando pensamientos y nuevos recuerdos. El ego es profundamente egoísta y dominante, siempre trata de imponernos su voluntad y comprar nuestra sumisión a él con gratificaciones, por lo que una de sus tendencias es mantener y alimentar nuestros vicios.

Afortunadamente, no somos nuestro ego, el ego es un mero sensor y procesador de información que luego pone a nuestra disposición, pero no es yo; como tampoco lo es mi ordenador, eso lo tenemos claro, aunque también el ordenador nos proporciona información que busca por nosotros y nos la procesa.

En primera aproximación sobre quién somos, podríamos afirmar que somos nuestra voluntad. Afortunadamente, nuestro ego está sujeto a nuestra voluntad, pero hemos de aprender a desarrollar el control del ego mediante la voluntad. Tradicionalmente, la humanidad, desde muy antiguo y en múltiples culturas, ha aprendido a identificar al ego como órgano a nuestro servicio para proporcionarnos pensamientos a borbotones, aparentemente no siempre solicitados por nuestra voluntad, que debemos aprender a criticar y controlar. La técnica para hacerlo es la meditación. Las  técnicas de meditación nos ayudan a identificar el continuo torrente de pensamiento y recuerdos que nos fabrica el ego, a controlarlos y a frenarlos, a fin de, en la paz del silencio mental, desarrollar y hacer consciente la información que nos proporciona nuestro cuerpo mediante sensaciones al margen del ego. La moderna neurociencia nos está demostrando que todo el cuerpo recibe sensaciones que no pasan por el ego, pero que el cuerpo procesa inconscientemente para nosotros. Son datos sobre el estado de nuestros órganos y sensaciones proporcionadas por el medio ambiente. Son procesos fundamentalmente orientados a mantener la vida y preservar nuestra salud, pero que incluyen datos adicionales a los del propio cuerpo, incluyendo otros temas de importancia como son datos inconscientes, pero valiosos, de las relaciones sociales, además de detectar y procesar necesidades físicas que el cuerpo necesita cubrir. Los libros del Dr. David R. Hawkins sobre los niveles de conciencia o la obra de Bhante Henepla Gunartana sobre el “mindefulness” o plena conciencia, ilustran lo dicho. Sobre Neurociencia, ver: La vida secreta del cerebro de Lisa Feldman Barrett y Neurociencia del Cuerpo de Nazaret Castellano.

Cuando, tras identificarnos con nuestra voluntad, somos conscientes de que no somos el ego, estamos en condiciones de descubrir que somos un organismo, es decir, un sistema vivo. La teoría de sistemas se está desarrollando en la actualidad a pasos agigantados.  Un sistema es un conjunto de elementos que actúan coordinada y cooperativamente con la capacidad para dotar al  sistema de propiedades de las que carecen sus elementos, gracias a la sinergia generada por la colaboración entre los componentes. Por ejemplo, las piezas de un coche tienen peso y masa y el coche, como sistema, también tiene peso y masa, pero además, tiene el coche la capacidad de moverse, todo coche es “automóvil”, atributo del que carecen sus elementos, surgiendo el movimiento como propiedad emergente. Las propiedades emergentes son fruto de la sincronización y colaboración entre los elementos del sistema. Los organismos son sistemas vivos, siendo la vida uno de esos llamativos atributos emergentes, como lo es nuestra conciencia. Nuestra conciencia debe ser capaz de aprender a reconocer que somos un sistema vivo, un organismo.

Dado ese paso, el siguiente es descubrir que somos un elemento de un sistema mucho más importante y potente que nosotros, del que formamos parte y nos protege, aún más, sin el que no podríamos haber nacido y sobrevivir. Somos inviables fuera del sistema al que pertenecemos: El Universo. Es gracias al universo, como sistema, que surgió la vida y es el universo quien la protege y sostiene. Son  las algas y el plancton  los que producen la mayor cantidad de oxigeno que alimenta la vida. Se calcula que haya más de 27 mil tipo de algas productoras de oxígeno y que capturan dióxido de carbono. Las amebas se alimentan de bacterias eucariotas patógenas, defendiéndonos de enfermedades, algunas letales. A mayor nivel, nos es evidente el beneficio que obtenemos del sol, en luz y calor, para nuestra supervivencia, de la tierra para alimentarnos, darnos cobijo y mantenernos ligados a ella por la gravedad, Demos gracias al aire por aportarnos la presión adecuada para que ni nos aplaste ni permita que explotemos por la presión interior y estamos en deuda con las estrellas por fabricarnos los elementos de la tabla periódica de los que estamos formados. Hemos de reconocer que no estamos en el universo, somos parte del universo, somos un elemento del universo, somos el universo, en el mismo sentido en el que cada una de mis células, si tuviesen consciencia, podría afirmar: soy Carlos, o como cualquier ola del océano pudiese afirmar de si misma que es el mar.

El organismo del que formamos parte, el universo o cosmos, tiene una estructura formada por los astros agrupados en galaxias que, a su vez, forman grupos entre ellas. Estructura que,  en cuanto soporte físico del universo, equivale a nuestro esqueleto. Los sistemas funcionales, equivalentes a los órganos de nuestro cuerpo, se ubican preferentemente en los sistemas planetarios, en los que las estrellas de cada sistema actúan como generadores de energía para los planetas y sintetizadores de elementos esenciales. Los planetas acogen los sistemas vitales que les habitan como órganos funcionales del propio planeta. Así, en la tierra, el sistema productor de oxígeno que permite la respiración, está integrado por una serie de órganos como son: el conjunto de algas junto al plancton de los mares y la masa vegetal terrestre. El órgano principal de nuestro planeta es la Humanidad, encargada del conocimiento. Las dos  funciones  principales de la humanidad son: el desarrollo científico y el desarrollo de la conciencia. Podemos decir que somos el Ego del Universo y, como nos ocurre con nuestro ego, es posible que el Universo tienda a identificarse con su Ego, es decir, con la Humanidad. Sin embargo, a medida que el nivel de conciencia del Universo se desarrolle, al ir los humanos desarrollando el suyo, irá descubriendo lo evidente, que él es el Universo.

Si nosotros también somos el Universo, en cuanto órgano y Ego suyo, ¿de qué está hecho el Universo? Sabemos que toda la materia está compuesta de los elementos que se enumeran en la Tabla Periódica. Salvo el hidrógeno y el helio, que se formaron a partir de cuarks, dando origen primero al hidrógeno y apareciendo el helio por fusión de dos hidrógenos; todos los demás elementos de la tabla periódica se formaron por fusión de elementos más sencillos en el interior de las estrellas, salvo los más pesados, que surgieron de la colisión de densos astros, como cuásares, estrellas de neutrones o agujeros negros cuyas colisiones empezamos a detecta en las ondas gravitacionales. Podemos afirmar, sin ninguna duda, que somos polvo de estrellas.

Si materialmente el universo es polvo de estrellas, en esencia, sabemos que la esencia del universo es Información, Platón lo llamó Ideas, por lo que podemos afirmar que, como parte del cosmos,  somos información. La ciencia nos confirma que la información no se pierde. Según la mecánica cuántica, el “Quantum no-hiding theorem” dice: si la información de un sistema se pierde al interactuar con el entorno, esa misma información reaparece en otra parte del universo. Lo que demuestra que la información no se puede destruir, cuando desaparece de un sitio, reaparece en otro. Cuando se planteó si se podría perder la información sobre los objetos que caen a un agujero negro, los físicos Hawking y Thorne apostaron sobre si esa información se perdía o no, su conclusión fue que esa información se queda en el horizonte de sucesos del agujero negro aunque el objeto se destruya en su interior. Pero es más, concluyeron que, al ser la información ajena al tiempo, la información es eterna. Eso implica que la información era previa al inicio del universo y debió ser la totalidad de la información necesaria para crear en universo. Para hacer cualquier cosa, hace falta saber qué es lo que se va a hacer, en construcción son los planos, y saber cómo hacerlo, el plan de obra. La información eterna tuvo que ser total, omnisciente y con capacidad para hacer cualquier cosa y todas las cosas, luego también era omnipotente. La omnisciencia implica el conocimiento de sí mismo, la conciencia. Plotino, en sus Ennéades, nos describe la creación mediante una serie de proyecciones desde el Uno omnisciente, a las que llamó  hipóstasis. A la primer  hipóstasis la llamó el Uno, como único ser existente, constituido por el conjunto de la información eterna y total dotada de Ser, un Ser consciente de sí mismo y, como tal, conocedor de lo que como Ser era y de lo que no era,  de manera que tenía pleno conocimiento del no ser o nada. Conocedor del valor de ser,  decidió dotar a la nada de ser. La segunda hipóstasis sería el Espacio Vacío, como manifestación física de la nada tras recibir el ser, generando el espacio vacío, Plotino  llamó  Inteligencia al espacio vacío (hoy lo llamamos espacio-tiempo), pues sería el ámbito encargado de procesar la información que había de recibir a continuación con las esencias de cada ser. A la proyección de las esencias la llamó Plotino tercer hipóstasis. Según ese relato, y en coherencia con las conclusiones de la mecánica cuántica, la esencia del universo es información. La tesis propuesta por Plotino de que el universo es una secuencia de proyecciones de información es coherente con la nueva teoría Holográfica, por la que los físicos consideran al universo como un holograma, una proyección de información en forma de energía, percibida por nuestro cerebro como la realidad.

Recordemos que la energía es información física en forma de ondas electromagnéticas y la materia es una forma de energía condensada en partículas. Podemos afirmar que el universo es información y nosotros, como humanidad, que somos un órgano consciente y pensante del universo,  somos 

Materialmente un elemento activo del universo y esencialmente

 Información consciente y pensante

 

Nota: No hace mucho, se me ha diagnosticado cáncer linfático. Este artículo se ha escrito desde el límite de la vida. La enfermedad me ha proporcionado dos experiencias que me hicieron ver claro dos verdades que quiero, querido lector, compartir contigo:

                                   -No hay que tener miedo a la muerte, es algo natural para todo organismo vivo

                                   -El universo, del que formamos parte, nos dio la vida, nos acoge,  protege y  cuida

-Cuando me comunicaron que la biopsia daba positivo, se me hizo presente la evidencia de la muerte. Para mi sorpresa, lo asumí como algo natural, sin ningún miedo. Mi primera reacción fue “ya me toca”. Mis padres, mis abuelos, mis tíos, todos había muerto con ochenta y algún años y yo ya he cumplido 82. Los compañeros de colegio y de carrera que han muerto lo han hecho más jóvenes. Más que un pensamiento, la toma de conciencia sobre la realidad de la muerte fue una notificación. Era como si me hubiesen entregado una tarjeta de embarque que ponía “viaje al más allá, en unos meses a las 5 de la tarde por la puerta 2”. Algo normal a tener en cuenta, ni tétrico ni aterrador.

-Como hemos visto, formamos parte del universo. El universo viene evolucionando durante miles de millones de años preparando nuestra venida. El universo evoluciona por sincronismo entre sus elementos. Toda causa física es producto de una sincronización. Para que salte una chispa eléctrica hace falta que dos polos opuestos estén lo suficientemente cerca el uno del otro en un instante dado. Somos hijos del universo. Somos producto de la unión de nuestros padres, pero su unión tuvo lugar gracias a que la sincronía universal encauzó sus vidas para que se encontrasen y se conociesen. Los seres humanos, decía Kant, actuamos por fines y no por causas, Lo mismo le ocurre al universo, gracias a la sincronización y coordinación entre sus elementos. Las raíces crecen buscando agua sabiendo dónde está el agua, y las ramas buscan al crecer que sus hojas reciban la luz del sol. El universo también evoluciona buscando cumplir objetivos. Probablemente guiado por algún algoritmo que recibió del Omnisciente. La sincronización entre los elementos del universo se logra por medio de mecanismos como el entrelazamiento cuántico, mediante el cual, cuando dos partículas están entrelazadas, si una de ellas cambia de estado, la otra también lo hace, con independencia de la distancia que las separa. Una de ellas podría estar en la tierra y su compañera en otra galaxia. Tienen que haber otros muchos sistemas de sincronización cósmica, Por ejemplo, el giro de la tierra sincroniza el sueño de los seres vivos del planeta y su movimiento de traslación sincroniza la vegetación terrestre, haciendo que todas las hojas perecederas caigan en otoño y broten en primavera. La luna sincroniza la ovulación de los mamíferos. Observamos la sincronización en el vuelo de las aves en una bandada y entre las manadas de animales en las grandes migraciones. ¿Cuántos más sistemas de sincronización que desconocemos tendrá el universo? El universo se ha venido preparando desde su inicio, a lo largo de su larga evolución, para que nosotros pudiésemos nacer. Ahora nos acoge, alimenta, oxigena, calienta y protege. Somos criaturas suyas. No hemos de temer nada, estamos en buenas manos, unas manos maternales, amorosas, providenciales y muy poderosas. Cuando dejemos este mundo, el universo cuidará de nuestros restos físicos, de nuestros hijos y nietos y de los hijos y nietos de nuestros nietos, así como de los recuerdos que guarden de nosotros quienes nos conocieron y del cariño que nos tuvieron quienes nos quisieron. Nosotros nos iremos con los recuerdos de lo que vivimos y el amor que dimos a quienes amamos.

 

Anexos: Surge ahora una pregunta: ¿Cuál es la relación entre la energía y la Información? No se trata de la relación entre la energía y la cantidad de información –es decir, la incertidumbre o entropía del sistema-. Sabemos por la "Teoría de la información" que el mensaje sobre el estado de un sistema reduce nuestra incertidumbre, reduciendo así la entropía y aumentando la energía libre del sistema. Pero, el incremento de energía libre es justamente igual a la mínima energía libre necesaria para transmitir el mismo mensaje. Es decir, lo que se gana por un lado se pierde por el otro: “Se paga un precio por la cantidad de información que conduce a la reducción de la entropía del sistema.(J.R. Pierce, 1962, p.234.)

 Cualquier aplicación de la primera Ley involucra tres magnitudes relativas al sistema sometido a consideración. Se supone que este sistema experimenta una modificación, por ejemplo, una expansión o un cambio de temperatura o de presión, y que tales modificaciones podrán detectarse por observadores que escruten las fronteras del sistema (se admite que el interior es inaccesible a toda inspección): así se observan dos de las magnitudes en cuestión, a saber: el calor absorbido por el sistema, incremento de Q, y el trabajo realizado por él, incremento de W. A través de definiciones operacionales que conllevan una referencia a ciertos instrumentos (termómetros, manómetros, aparatos para medir volúmenes, etc.), es perfectamente posible determinar el incremento de Q y el incremento de W ; pero no ocurre lo mismo con la tercera magnitud que se ha de introducir, el cambio de energía interna, incremento de U. De hecho, el incremento de U queda definido por la primera Ley:  U =  Q -  W ". (Henry Margenau, 1970, pp.198-199.)

Un sistema cerrado en estado de equilibrio no realiza trabajo, por lo que la energía interna no puede degradarse; ya que si se degradase, en gran parte o completamente, el sistema colapsaría. Es evidente que del conjunto de las energías moleculares tales como sus movimientos de traslación, la rotación de las moléculas en torno a sus centros de gravedad e, incluso, la vibración de los núcleos que las componen, como asimismo de los efectos de sus interacciones; todo lo cual constituye realmente la energía interna de cualquier sistema, solamente una pequeña parte puede llegar a degradarse sin comprometer la integridad del sistema. Otra forma de expresar lo mismo, es considerando la Tercera ley de la Termodinámica, que permite la determinación de entropías absolutas: "Esta ley establece que la entropía de un estado de verdadero equilibrio del sistema en el cero absoluto es cero" ". Dr. Gabriel Hernán Gebauer 2002. La entropía en equilibrio en el cero absoluto mide la energía no-degradable del sistema (ya que su entropía es cero).   “Esta forma de energía no-degradable constituye la Información propiamente tal”.  Dr. Gabriel Hernán Gebauer 2002.


No-hiding theorem. Verhttps://phys.org/news/2011-03-quantum-no-hiding-theorem-experimentally.html#jCp

TeoríaHolográfica:.https://www.levante-emv.com/tendencias21/2022/02/16/nueva-formula-demostrar-vivimos-universo-62773886.html#:~:text=La%20hip%C3%B3tesis%20del%20universo%20hologr%C3%A1fico,cine%20una%20pel%C3%ADcula%20en%203D

viernes, 16 de septiembre de 2016

Chip neuronal



IBM ha desarrollado un nuevo chip que procesa información mediante neuronas artificiales construidas con un material que cambia gradualmente de fase al recibir impulsos eléctricos, pasando a lo largo de una cadena de fases, de un estado amorfo, totalmente aislante, a un estado cristalino y conductor de la corriente. De manera que los elementos se comportan como lo hacen las neuronas, acumulando impulsos que reciben, hasta alcanzar un umbral en el que descargan un impulso propio que envían a todas las neuronas con las que están conectadas.

Otra característica de las neuronas artificiales que las semeja a las biológicas es la estocasticidad, el hecho de que en similares situaciones, no siempre la reacción es exactamente la misma, entrando en juego un factor de probabilidad e indeterminación, propio de la creatividad, denominado quirk o capricho.

El nuevo chip permite simular las redes neuronales cerebrales, procesando información de manera que la historia, la memoria de lo ocurrido anteriormente, condiciona el proceso y las decisiones tomadas, con lo que el sistema puede aprender y aprende. Frente a los ordenadores del tipo von Neumann, en los que memoria y procesador de datos están separados, en los procesadores neuronales, ambos están integrados en una única unidad física. Imagino que la programación deberá ser muy distinta al sistema secuencial que conocemos.

Como Ramón y Cajal demostró, cada neurona recibe impulsos de otras neuronas con las que está conectada por las dentritas o "cables de conexión" mediante sinapsis o "interconexiones" y, al alcanzar un determinado nivel de excitación, se descargan enviando impulsos a otras neuronas que realizan su propio proceso de acumulación de señales recibidas y descargan sobre sus receptoras. Como el grado de cristalización tiene un grado de conductividad proporcional al estado, es fácil conocer el estado en que cada neurona se encuentra y "leerlo".

El material del nuevo chip es una aleación de calcogenuro, que son compuestos químicos que contienen un anión anfígeno, azufre o selenio, y un metal. Se venían utilizando en xerografía, pero más recientemente se están empleando en nano-optoelectrónica.



Propiedad de IBM; Chip neuronal



 Propiedad de IBM: Red neuronal




jueves, 14 de enero de 2016

El universo como holograma






Analizando la hipótesis, aparecida en la prensa, no hace mucho, de que el universo es un holograma, la idea no resulta tan descabellada como a primera vista pudiese parecer. Se parte de considerar que el universo está constituido por información y que esa información está fraccionada en unidades discretas. La información localizada sobre una superficie esta constituida por pixels, y se puede transcribir a ceros y unos, siendo cada píxel más pequeño posible, o de máxima resolución alcanzable, la información contenida en una superficie de Plank. En tres dimensiones, la información espacial está fraccionada en voxels, que es la información contenida en volúmenes tridimensionales del tamaño, como mínimo, del volumen de Plank, que es el tamaño que produciría la máxima resolución espacial.

Los observadores estaríamos encerrados en esferas de información de las que somos su centro. Cuando de noche miramos al cielo, vemos la cúpula celestial como una superficie esférica que nos rodea poblada de estrellas. Como la esfera es una superficie, toda la información que observamos esta constituida por pixels, pero esos pixels son la proyección de toda la información tridimensional contenida en los voxels que están en el exterior de la esfera que contemplamos desde dentro de ella y, si mirásemos desde fuera de ella, veríamos los pixels correspondientes a la información que estaría contenida dentro de la superficie de la esfera, como ocurre al observar desde su exterior el horizonte de un agujero negro. Dado que la retina es una superficie, también la imagen que nos formamos en ella, a partir de lo que vemos, es plana. Según la teoría holográfica, la información que constituye la realidad tridimensional en la que vivimos, sería la proyección holográfica de la información contenida en la superficie de una esfera que rodearía el universo con toda la información holográfica original, luego el mundo en el que vivimos sería un holograma producto de la información plana original que lo proyecta en tres dimensiones, realmente sería en cuatro dimensiones, pues se proyectaría sobre el espacio-tiempo, es decir, imágenes tridimensionales que evolucionan.

La idea no es una conjetura caprichosa, sino que está fundada en la observación razonada de que toda la información contenida en esa singularidad que son los agujeros negros se encuentra codificada sobre la superficie del agujero, en torno al horizonte de sucesos.

Lo que el principio holográfico nos dice es que toda la información sobre lo contenido en un volumen dado se encuentra codificada en la superficie de ese volumen. La teoría holográfica confirma la hipótesis ya expuesta en este blog, de que el universo es un procesador de información al afirmar que, en resumen:

            -El universo está fundamentalmente constituido por información

            -La información se encuentra distribuida en voxels, confirmando la concepción    de un   universo contenido en un espacio-tiempo discreto, estructurado en        Holóns cuánticos, que serían los receptáculos físicos que contienen a los voxels             de información.

            -Los voxels son producto de la proyección sobre el espacio-tiempo de la   información original contenida en pixels superficiales, en los que se concentra              toda la             información plana necesaria para dar origen a la tridimensional             constituyente del universo.

La hipótesis de que el universo es la proyección holográfica de información contenida en algún tipo de "mente" inmaterial que la contiene está extendiéndose entre la comunidad científica.

Hay tres hechos probados que avalan esa hiótesis: que los hologramas existen, que toda descripción matemática en D dimensiones tiene un correlato matemático en D-1 dimensiones y la constatación de que el cerebro almacena la información que contiene en forma holográfica.

Lo primero es un hecho conocido, sabemos como producir y reproducir figuras holográficas y contamos con impresoras 3D que funcionan en base a información plana e incluso lineal, contenida en la memoria de un ordenador. Lo segundo no tiene ningún secreto, pues se demuestra matemáticamente la correspondencia entre las dos formulaciones, correlación que permite la resolución de problemas de gran dificultad en D que pueden ser más fácilmente resueltos en D-1 y el hecho de que la información contenida en un agujero negro se encuentra proyectada sobre la superficie de su horizonte de sucesos avala la biyección y analogía estructural entre los elementos de D con los de D-1. Lo tercero parece estar demostrado por una serie de experimentos médicos en pacientes cuyo cerebro es observado, ya sea mediante escaners, resonancias, encefalogramas o en operaciones con el cráneo abierto. Por ejemplo, la constatación que una intervención quirúrgica que amputa parte del cerebro no elimina la información que parecía estar localizada en la zona amputada aunque se dañe.

Las discrepancias de opinión se producen entre quienes consideran que toda la realidad es proyectada por una única mente, externa al universo, que proyecta un único holograma o si cada cerebro proyecta su propio holograma, creando cada individuo la realidad en la que vive. La prueba que aportan quienes soportan la segunda alternativa es la constatación en que las diferentes personas que observan un mismo hecho tienen diferentes versiones, siendo los cerebros los receptores y repetidores de la información holográfica. Esta hipótesis no es plausible, pues no habría universo antes de aparecer el hombre, pero puede tener algo de verdad sobre la posibilidad de los cerebros de intervenir en el proceso de transmisión holográfica.

Una tercera opción es que, siendo una única fuente trascendente la que proyecta toda la realidad, incluidos los cuerpos de cada uno de nosotros, cada cerebro va confeccionando un holograma personal mediante las experiencias que va acumulando en su vida, holograma que interfiere con las percepciones que el cerebro recibe, modulándolas. E, incluso, se podría conceder que cada cerebro pueda tener una cierta capacidad de proyección de sus contenidos. Lo que justificaría el efecto físico de determinadas creencias mentales, como la eficacia de los placebos o la visualización por otras personas de determinados fenómenos parasicológicos. El requisito para lograrlo sería la creencia. La fe mueve montañas.

Asumo que, como observadores, la información que manejamos sea holográfica, pero, de serlo, la proyección no se trataría de una mera imagen, dado que manipulamos la realidad. El bocadillo de jamón real cuyo holograma percibimos es lo que nos comemos y no parece que sea el holograma de una imagen virtual sin contenido, pues entra dentro de nuestra esfera de observación, formando parte de la realidad de la que, también nosotros, formamos parte, constituyendo una realidad que nos es palpable. La razón sería que no estamos contemplando un holograma evanescente, sino que formamos parte de un holograma materializado. La materia es información codificada en partículas materiales.

¿De qué sirve la información si no se procesa e interpreta?

La información es dinámica, reconfigurándose la información existente con la nueva información que se va aportando y la información disponible informa, al interpretarse, tanto sobre lo dado como sobre lo posible y realizable a partir de lo dado. Si combinamos el principio holográfico con la teoría general de la relatividad y la mecánica cuántica, podemos describir, paso a paso, el proceso de la generación cósmica.

Si partimos de un voxel de información, sabemos que la información que contiene el espacio es proporcional a la densidad de energía, por tanto, la cantidad de información es proporcional a la energía por unidad de volumen. Por el principio holográfico, sabemos que esa información se proyecta en píxels sobre la superficie que rodea al voxel o, recíprocamente, la información tridimensional es una proyección en los voxels de la contenida en los pixels periféricos. Como la energía es trabajo en potencia, la energía equivale a una fuerza por una longitud, luego si dividimos la energía contenida en un volumen, medida en unidades de fuerza por longitud, entre el volumen ocupado, tendríamos que la información de cada píxel se traduce en una fuerza por superficie. Es decir, una presión perpendicular a la superficie que lo rodea. Dicha tensión deformará la superficie afectada en proporción a la densidad de la información superficial en que se traduce la información contenida en su volumen.

La deformación de la superficie, la podemos medir por su métrica, es decir por los g sub mu, nu de los tensores métricos que aparecen a la izquierda de la educación de Einstein sobre la gravedad. Al modificarse ese tensor por la acción de la presión de los pixels, se altera el tensor de momento (T sub mu, nu) que aparece a la derecha de la ecuación de Einstein, lo cual hace, como el propio Einstein indica, que las partículas de energía en contacto con esa superficie se alteren y desplacen por la deformación del espacio-tiempo, a la vez que debieran crearse ondas gravitacionales, al transmitirse esas perturbaciones a otras regiones. Al desplazarse o excitarse esas partículas, se modifica el contenido energético de los Hodones (unidades espacio-temporales) en los que se ubican, con lo que se altera su contenido de información y con él el valor de los correspondientes voxels. Los nuevos conenidos de los voxels se proyectan en la superficie de los Hodones que ocupan, creando los correspondientes pixels, cerrando así el ciclo dinámico del proceso interactivo entre voxels y pixels, mediante las sucesivas deformaciones del espacio-tiempo y desplazamientos de la materia-energía.

El profesor Rafael Bousso, del Berkeley Lab, analizando el contenido de información en el universo, en base al conocimiento que se va obteniendo sobre los agujeros negros, fue el primero que llegó a la conclusión de que toda la información sobre la materia-energía contenida en un volumen dado del universo, está contenida, como venimos diciendo, en la superficie de dicho volumen. Adicionalmente, consideró que la cantidad de energía necesaria para codificar esa información aumenta con la resolución, es decir, que al disminuir el tamaño de cada bit de información, la densidad de energía es mayor; por lo que, por un lado, ha de haber un límite a la máxima densidad de materia-energía dentro de un volumen dado del universo y, por otro, al mínimo tamaño de los fragmentos que configuran el espacio-tiempo ha de tener un límite, ya que han de disponer de una superficie mínima que los rodee para contener la información sobre su contenido, con lo que el espacio-tiempo no puede ser continuo, ya que la energía necesaria para ello sería infinita. El que exista un máximo de densidad es lo que impide que los agujeros negros colapsen al tamaño de una canica, manteniendo un horizonte de sucesos, cuyo radio es proporcional a la masa contenida en el interior; cuando, en teoría, la fuerza de la gravedad, proporcional a la masa, debiera constreñir ese horizonte hasta su práctica anulación, dado que la fuerza gravitatoria aumentaría de darse una progresiva reducción de la distancia. No se puede colapsar porque la presión superficial sobre los pixels contrarresta la acción de la gravedad

Por muy coherente que resulte, ninguna teoría puede considerarse científica sin confirmación empírica. En enero de 2012, el equipo del detector de ondas gravitacionales GEO600 captó un sonido que no podían interpretar. El profesor Craig Hogan, de Betavia, Illinois, les informó de que había previsto ese fenómeno y calculado sus características. La señal captada sería el eco de la vibración cuántica de los límites de la realidad, donde el espacio tiempo se fragmenta en mínimos elementos discretos. Como consecuencia, el universo podría tratarse de un holograma. De ser así, los seres humanos no estaríamos observando un universo que es la imagen holográfica de una proyección tridimensional de una información bidimensional original, sino que seríamos parte de ese holograma cósmico, elaborado por la proyección de la información que lo constituye desde una superficie plana externa al universo y que lo rodearía. El problema, ahora, está en confirmar la existencia de las ondas gravitacionales.

La situación era análoga a la que se había producido décadas antes, cuando, tras idear Karl Janusky la posibilidad de utilizar las ondas de radio para observar el universo al margen de las señales luminosas, Arno Penzias y Bob Wilson construyeron la primera antena para captar señales de radio procedentes del espacio, detectando un persistente ruido de fondo que se captaba de todas las direcciones, apuntando la antena a donde se apuntase, se oía ese mismo ruido de fondo, que atribuyeron al guano de las palomas depositado sobre las paredes de la antena. Bernard Burke informó a Penzias, a quien conoció en un vuelo de avión, que George GamowRalph Alpher y Robert Hermann habían predicho el eco del Big Bang y estaban buscando la forma de detectar la radiación residual del origen del universo. Concluyendo que la antena de radio-ondas de Arno y Bob estaba captando los ecos del inicio del universo. Coincidiendo las medidas observadas por unos con lo previsto por los cálculos de los otros. Cuando se pudo afinar la resolución y detectar mínimas diferencias locales, se pudo elaborar la coloreada imagen de la radiación de fondo que hoy conocemos.


La noticia de ayer, 13 de enero de 2016, fue que el físico Lawrence M. Krauss anunció que en el interferómetro del observatorio LIGO Pasadena, California, USA habían detectado ondas gravitacionales.


La imagen optenida de las ondas gravitacionales, al ser realizada mediante la interferencia de dos rayos laser, es un holograma.

Algún día puede que veamos la imagen de la estructura y textura del espacio-tiempo o el eco de su fragmentación.

Ahora, la cuestión pendiente es la de dilucidar es si la información original que genera el universo se encuentra en una enorme superficie periférica que rodea el universo, cuyo origen y causa habría que investigar, o en un punto central, trascendente al universo espacio-temporal, que sería adimensional y eterno.



https://www.youtube.com/watch?v=GHgi6E1ECgo

http://www.sciencemag.org/news/2015/03/video-take-whirl-above-massive-ligo-gravitational-wave-detector



sábado, 5 de diciembre de 2015

La discontinuidad del espacio-tiempo


La teoría LQT

Introducción

Descartes nos proporcionó una interpretación geométrica del espacio y, desde Newton, estamos acostumbrados a pensar desde la física que el espacio es un recinto dentro del cual se mueven los cuerpos y la energía que constituyen el universo, integrando la mecánica terrestre y la espacial en una misma teoría. El espacio descrito por Newton es un recinto continuo y estático, de geometría cartesiana, isótropo, inalterable, infinito y fundamentalmente vacío. Kant advirtió que el espacio no era necesariamente objetivo y lo definió como una forma a priori de la sensibilidad. Einstein llegó a la conclusión de que el espacio constituía una unidad con el tiempo, con lo que el espacio-tiempo pasó a integrar en nuestras mentes una única realidad de cuatro dimensiones, además, en su teoría general de la relatividad, Einstein concluyó que el espacio-tiempo se deformaba por influencia de la materia que contenía, y esa deformación era la causante de las fuerzas de la gravedad. (Según Henri Lefebvre, el espacio es un ámbito social y económico, pero eso es otra parte de la historia en la que no entraremos, al menos de momento).

Se han realizado tres experimentos que indican que el espacio vacío no es la nada, sino que tiene entidad y consistencia, estando en constante actividad. Se trata de los llamados efectos Casimir, Schwinger y Lamb. El efecto Casimir consiste en colocar dos placas metálicas paralelas y muy cercanas en el vacío y crear un campo eléctrico entre ellas, mediante una diferencia de potencial, cuando la distancia entre las placas es un múltiplo de una determinada longitud de onda, las placas se atraen entre ellas, lo que se atribuye a las fluctuaciones cuánticas que se producen en el vacío situado entre las placas. El efecto Schewinger se produce cuando las fluctuaciones quánticas del vacío hacen que aparezcan partículas y sus correspondientes antipartículas que en breve tiempo se reunen fusionándose y son reabsorbidas por el vacío, pero que un campo eléctrico podría distanciar unas de otras impidiendo su reabsorción. El efecto Lamb consiste en que las fluctuaciones quánticas del vacío desplazan el espectro del hidrógeno por la energía que esas fluctuaciones comunican al electrón del átomo. Otro efecto de la actividad cuántica del vacío lo encontramos en la radiación de Unruh, similar a la radiación de Gibbons-Hawking de los agujeros negros.  Si el vacío tiene fluctuaciones cuánticas, significa que, aunque no contenga partículas, tiene una energía mínima y una estructura discreta sujeta a fluctuaciones quánticas cuyos efectos se manifiestan en cada uno de los tres efectos descritos.

Como consecuencia, desde hace no muchos años, los físicos barajan la hipótesis de que el espacio-tiempo es discontinuo y han desarrollado una teoría, según la cual, los pequeños nanorrecintos constituyentes del espacio-tiempo discontinuo se encuentran entrelazados en una densa trama y los parámetros que definen su geometría fluctúan como, según la mecánica quántica, lo hacen las variables físicas que definen las propiedades de las partículas elementales, es decir, el espacio-tiempo es cuántico como lo son la materia y la energía que lo pueblan. A dicha teoría se la conoce con las siglas LQT, iniciales de Loop Quantum Theory, o Teoría Quántica de Ciclo, junto con otra versión más elaborada, aunque menos conocida, que es la CLQG Covariant Loop Quantum Gravity o teoría Gravitatoria Quántica Covariante de Ciclo.

Según esas teorías, el espacio-tiempo estaría constituido por una fina y densa red de pequeñísimos nódulos espacio-temporales fluctuantes, dentro de los cuales estaría atrapado el universo. El espacio-tiempo actúa como un medio de confinamiento de energía constituido, a su vez, por una forma de energía.

Sabemos que, a gran escala, a distancias interestelares e incluso humanas, la teoría general de la relatividad desarrollada por Einstein, que identifica a la gravedad como consecuencia de la deformación del espacio, funciona y se ratifica, verificándose mediante numerosas predicciones que se han ido cumpliendo; pero a pequeña escala no se cumple, la relatividad resulta ser una teoría incompleta. La causa de que la gravedad, tal y como la describió Einstein, no funcione a pequeñas escalas, se debe a que en esas distancias actúan otros campos de fuerzas locales mucho más potentes que ocultan los efectos de la gravedad, tales como las fuerzas atómicas e intro-nucleares. Las fuerzas electromagnéticas también actúan, como la gravedad, a grandes distancias, pero son muy débiles respecto a las fuerzas gravitatorias, y no crean interferencias significativas con la gravedad que impidan observar los efectos de esta última a grandes distancias.

A escala atómica, la gravedad se ve afectada en gran medida por las fuerzas atómicas, que son fuerzas de corto rango pero de gran intensidad local. Dado que en esa pequeña escala, la teoría que explica, tanto el comportamiento de las fuerzas nucleares y electomagnéticas, como el de las partículas elementales, es la teoría quántica, es plausible que la gravedad tenga también un comportamiento cuántico y, dado que, como señaló Einstein, la gravedad es producida por la deformación del espacio-tiempo en presencia de masa-energía, se puede concluir que la estructura del espacio-tiempo, a la escala de Planck, sea cuántica, permitiendo una descripción cuántica de la gravedad.

Ante la imposibilidad de poder observar ni experimentar la estructura del espacio-tiempo directamente (pensemos que la distancia de Planck es de 10 a la menos 35 metros, mientras que el LHC trabaja a escala de 10 a la menos 15 metros), los físicos consideran que, derivadas de la estructura cuántica de un espacio-tiempo discontinuo, se debieran de deducir características observables a escala humana. Con esa intención, la doctora Renate Loll, de la Universidad de Utrecht, ha realizado una simulación en el ordenador, en la que, partiendo de elementos espacio-temporales a la escala de Planck, los  deja interactuar líbremente durante un periodo de tiempo, para ver la evolución de ese proceso. Encontrando que, si el modelo permite la creación de agujeros de gusano, el espacio-tiempo se estanca en una madeja de “túneles” espacio-temporales incapaz de desarrollarse, y quedando confinada en un pequeño volumen; pero, que si se impone la restricción de que no pueden formarse agujeros de gusano espontáneamente, el universo discreto a nivel de Planck, evoluciona desarrollando, exactamente, el espacio-tiempo que conocemos y experimentamos. Lo que nos lleva a dos conclusiones: 1- No es posible la generación espontánea de agujeros de gusano descritos por la ciencia ficción, aunque pudiesen ser provocados localmente de manera artificial. 2- Es concordante con la realidad experimental macroscópica que el espacio-tiempo tenga una estructura discreta a la escala de Planck.

La teoría Gravitatoria Quántica Covariante de Ciclo nos proporciona algunas sorpresas. Por ejemplo, si en vez de considerar la métrica espacial utilizada por Einstein en su teoría de la relatividad, se utilizan las tétradas de Hermann Weyl, lo que permite pasar de una estructura continua a una estructura discreta, la dinámica de los fermiones en ese espacio es sensible al signo, apareciendo un antiespaciotiempo, lo cual confirmaría la tesis expuesta sobre la inversión temporal que explicaría la ausencia de antimateria de nuestro universo, ya que se vería confinada en un antiuniverso paralelo que se alejaria del nuestro al viajar en el tiempo en dirección contraria, como se describe en este mismo blog en el artículo sobre el Multiverso. Además, si calculamos la acción de una deformación de la geometría del espacio-tiempo cuántico, en el límite clásico nos aparecen las ecuaciones de Einstein sobre el campo gravitatorio de la teoría General de la Relatividad y también se deducen las componentes magnética y eléctrica del campo electromagnético que aparecen ser proporcionales entre si, estando relacionadas por la constante de Barbero-Immirzi. El límite clásico se alcanza cuando la escala considerada es muy, pero muy superior a la escala de Planck, con lo que el efecto cuántico se diluye y las fuerzas nucleares desaparecen.

El proceso de desarrollo de la teoría LQT es una buena ilustración de cómo avanza la ciencia. Comenzó con la intuición de que el espacio-tiempo podría ser discontinuo y que un espacio-tiempo discontinuo podría representarse mediante una geometría adecuada que permitiese ser descrita mediante conceptos matemáticos susceptibles de operar con ellos y formular un comportamiento quántico que, en el límite clásico, hace que la teoría entronque con la Teoría General de la Relatividad, lo que hace que se disponga de una formulación cuántica de la gravedad. La representación espacial de la formulación quántica de la relatividad general data de finales de la década de los 80´s. Han sido numerosas las contribuciones a la teoría a lo largo de la década de los 90´s, con cientos de artículos escritos por decenas de científicos de diferentes nacionalidades, con contribuciones a la geometría, a la teoría en los campos de la física y las matemáticas, con nombres como Lewandoswski, Rovelli, Ashtekar, Ooguri, Barrett, Bianchi, Han, Haagard, Kaminski,…sin olvidar las bases asentadas años antes por Dirac, Einstein, Bohr, Rosenfeld o Bronstein, entre otros. Ha sido una labor colectiva. Entre todos han ido resolviendo las dificultades que se planteaban para la representación geométrica, la formulación matemática, el cálculo y la interpretación física de los resultados. El libro que ha llegado a mis manos, en el que se abordan e integran diferentes aspectos de la LQT presentados como una teoría coherente y terminada, lleva por título: Covarian Loop Quantum Gravity, de Carlo Rovelli y Francesca Vidotto, publicado en este mismo año, 2015, no hace muchos meses.


Toería cuántica de ciclo

Resumiendo sin matemáticas la teoría, la cuantificación del espacio se representa como una red de pequeñísimos tetraedros que se agrupan en tono a un núcleo (kernel) que se acota mediante un grupo de cinco puntos que constituye un pentagrama, representable mediante diez segmentos que unen a cada uno de ellos con el resto de los puntos del pentagrama. En cada punto se hallaría un nódulo espacio-temporal en forma de tetraedro. Cada tetraedro constituye un quantum de espacio-tiempo.



El conjunto constituye un enrejado (lattice) que matemáticamente se representa mediante un campo de conjuntos de cuatro vectores perpendiculares a las caras de cada tetraedro y un escalar como medida del volumen del tetraedro. El módulo de cada vector mediría la superficie de la cara correspondiente que está relacionada con la distancia de Planck. Los vectores que definen la orientación de cada plano y el área de cada superficie satisfacen la relación de cierre, lo que significa que si se coloca un vector a continuación de otro, la punta del último coincide con el origen del primero, cerrando un bucle (loop). La teoría demuestra que otras figuras que no cumplen la relación de cierre no son estables, confirmando que la forma de tetraedro no es caprichosa sino descriptiva de la realidad. Tanto las áreas de las caras como el volumen estarían cuantificados, pudiendo asumir solamente un numero limitado de valores o estados quánticos con intervalos de ½ lo que los asemeja a los valores del spin de las partículas materiales o fermiones, las cuales se acoplan a los cuantum espaciales perfectamente. Cada quantum de espacio o estado de un elemento espacial queda matemáticamente definido por los cuatro vectores de área y el volumen que constituyen los valores propios (eigenvalues) del estado quántico del elemento o nódulo espacial. Dado que un tetraedro queda perfectamente definido por sus seis aristas, definirlo por solo cinco parámetros lo deja parcialmente difuso y fluctuante, permitiéndole adoptar diferentes estados quánticos, pero los saltos quánticos de los cinco parámetros no se producen de forma independiente, sino covariante, es decir, están coordinados entre ellos. Al final, todo lo que existe en la naturaleza son campos quánticos en superposición, es decir, información acumulada.

La geometría quántica del espacio-tiempo puede ser representada por un grafo en el que cada nodo es un nódulo de espacio-tiempo enlazados mediante una estructura local a otros nodos adyacentes. Los lazos o loops a los que se refiere la Loop Quantum Gravity son los lazos formados por secuencias cerradas en dicho grafo. Dichos grafos no están en el espacio-tiempo, sino que forman el espacio-tiempo. Las diferentes líneas formadas a lo largo del grafo pueden ser vistas como líneas de fuerza de Faraday, lo que permite el desarrollo de una versión moderna de las teorías de campo.

Para facilitar los cálculos matemáticos necesarios, los enlaces del grafo no se representan por vectores sino por espinors. Un espinor es un concepto matemático, es como un vector capaz de girar sobre su eje, por lo que está orientado rotacionalmente. Se puede representar un espinor mediante un vector con una bandera, de manera que la bandera señala la dirección de la orientación del espinor. La fluctuación quántica de un espinor no altera su longitud, su módulo, sino su posición de giro. Los giros quánticos de un espinor se producen de ½ en ½. Los espinors son objetos espacio-temporales.

La estructura espacio-temporal definida por la geometría descrita por la LQT permite la integración quántica de fermiones, es decir, la interacción de la materia con el espacio. Como consecuencia, permite también una descripción quántica de la gravedad mediante las deformaciones quánticas del espacio-tiempo producidas por la presencia de materia en el espacio-tiempo.

La estructura es local. Dado que la posición es la localización de algo que se da en el espacio y ahora estamos tratando del espacio mismo, el concepto de posición no tiene sentido. La ubicación de cada elemento espacial se limita a su relación con los elementos espaciales circundantes, de manera que toda perturbación que le llega a un elemento espacial solo puede provenir de un vecino. Si acotamos un volumen del espacio por una superficie cerrada, todas las perturbaciones que afectan a los elementos de su interior parten de esa superficie. Cada uno de nosotros estamos encerrados en una esfera determinada por nuestro horizonte sensorial, toda la información que recibimos del exterior parte de esa esfera. Si miramos al cielo nocturno, todo el universo exterior se nos muestra reflejado en la esfera celeste. Nada de lo que queda fuera del horizonte nos afecta. Si algo percibimos exterior a la esfera en que nos encontramos encerrados es porque nos ha llegado información del suceso externo al interior del horizonte de percepción. El conocimiento que tenemos de los agujeros negros nos da a conocer que toda la información sobre la materia contenida en el interior de un agujero negro está en la superficie de su horizonte de sucesos. Como complemento de la TQL existe la teoría que considera que el cosmos es la representación holográfica de la información contenida sobre la superficie exterior del espacio. Si el espacio-tiempo es discontinuo, el universo estaría pixelado, fraccionado en unidades de información discreta. Estaríamos viviendo como partes integrantes de un holograma.

La LQT está perfectamente desarrollada, constituye un nuevo lenguaje para describir la naturaleza a partir de la textura del espacio-tiempo, un lenguaje que nos permite hablar con precisión desde la distancia de Planck a los confines del universo, pero queda pendiente de hacer predicciones que se puedan observar en el laboratorio o en el cosmos. Habrá que aumentar la energía de los LHC y la sensibilidad de los sensores de ondas gravitacionales. Entre tanto, parece que la aplicación de la LQT a la física de los agujeros negros y al análisis de los procesos físicos en el origen del universo son prometedores. Una conclusión observable a escala humana del hecho de que el espacio-tiempo sea discreto es que la discontinuidad del espacio-tiempo permitiría a un móvil invertir el sentido de su trayectoria sin detenerse.

Contar con un modelo quántico del espacio-tiempo significa disponer de un modelo quántico del campo gravitatorio, es decir, haber logrado integrar la relatividad general con la teoría quántica, lo que constituye un gran avance de cara a las posibilidades de lograr, finalmente, la integración de todos los campos de fuerza en una única teoría unificada o Teoría del Todo.

Ver,
                 
                                 http://carlosdelama.blogspot.com.es/2013/11/el-multiverso.html


viernes, 27 de noviembre de 2015

El sistema de creencias





En el artículo sobre La Textura del Universo de este mismo blog, se ha planteado un debate inusual entre los lectores habituales, que han contribuido con sus comentarios a esclarecer la cuestión allí planteada. Inusual, porque la mayoría de los ya cerca de 100 artículos de este blog no suscitan ni han suscitado jamás ningún comentario. Frente a esa insólita estadística, La Textura del Universo lleva, a fecha de hoy, cerca de 90 comentarios; más del triple de los que logró el tema ¿Qué es España? artículo que ocupa el segundo puesto en número de comentarios. Además, de esa entrada, ha habido más de 650 lectores diferentes, incluyendo quien ha accedido desde China, Servia, Guatemala, Canadá, Alemania, Suecia, Bélgica, Reino Unido, Ucrania, Francia, Méjico, Costa Rica, Estonia, Polonia, USA, Rusia…(La media histórica por artículo del Blog son 18 lectores y todos españoles) ¿A qué se debe tanto interés sobre un tema de un blog de tan reducida difusión?

Mi reflexión me lleva a pensar que lo que está pasando es que se solapan dos niveles de interés y dos cuestiones distintas, una consciente y otra subconsciente: La del problema cinemático del mosquito que cambia de sentido sin detenerse y la más profunda de tener que cuestionarnos nuestro sistema de creencias respecto a la estructura del espacio-tiempo. Decía Ortega que las creencias son necesarias para poder juzgar y actuar con acierto. Para Ortega no son solo creencias las religiosas, para él son creencias las ideas que “ni nos las planteamos ni somos conscientes de que las tenemos”, como creer que seguirá siendo el aire respirable cuando salgamos a la calle y habrá aceras. No nos lo planteamos al ir a salir, dado que lo creemos tan firmemente ni conscientes de nuestra creencia. Las creencias son el referente sólido y estable desde el que interpretamos la realidad con la que nos enfrentamos y nos proporcionan la seguridad de acertar en lo que hacemos. Como el sistema de creencias es un entramado coherente y estable, cuestionar una sola creencia pone en cuestión el conjunto de todas ellas, por lo que hacemos todo lo posible por evitar que eso ocurra. La principal forma de defensa de nuestras creencias es ignorar o negar cualquier evidencia que las pueda poner en duda. De ahí la dificultad del diálogo entre defensores de ideologías diferentes. También decía Ortega que si “persistimos en algún error de conocimiento, la realidad terminará por imponerse y acabaremos por tropezar con la verdad irrebatible de los hechos, cometiendo errores prácticos”. Quizás sea eso lo que explique los fracasos históricos de algunas ideologías. Pero ese no es el caso aquí, nuestras vidas seguirán siendo las mismas con indiferencia de que el tiempo se deslice o salte, de hito en hito, en torno nuestro y seguiremos siendo tan puntuales o impuntuales como siempre lo hemos sido. Sin embargo, la posibilidad de que algo tan cotidiano como el tiempo, pudiese ser distinto a como lo imaginamos, nos llama poderosamente la atención.

El problema cinemático que se plantea en el artículo no es difícil. Son dos móviles con trayectorias rectilíneas y velocidades constantes. Los componentes dinámicos del proceso tampoco son complicados, dos masas constantes y conocidas y un impacto frontal. La cuestión queda clarísima si se asume que el tiempo es discontinuo, admitiendo que en un instante el mosquito va en un sentido a su velocidad de vuelo y en el instante siguiente, discreto y distinto del momento en que se produce el impacto, el sentido del movimiento se invierte y el viaje del mosquito pegado al tren se reinicia y continúa a la velocidad del tren. No existiendo ningún instante intermedio en el que el mosquito se pare. Es un hecho que no se ha parado porque en el momento de haberse podido parar estaba en íntimo contacto con el tren y el tren no se paró. Pero el problema de fondo radica en la dificultad que tenemos de asumir la discontinuidad del tiempo, dado que ello forma parte de nuestro sistema de creencias más arraigado y de nuestra experiencia cotidiana. Recordemos que llevamos toda una vida asumiendo que el tiempo es continuo y funcionando en nuestras vidas con éxito, sin que nos afecte negativamente en nuestra experiencia diaria el creer vivir en un tiempo continuo.

La inviolabilidad de nuestro sistema de creencias es garante de nuestra propia identidad. Unos dicen que somos lo que comemos, otros que somos lo que nuestros genes hacen de nosotros, otros que somos lo que hacemos…la realidad es que somos lo que creemos y de ello depende lo que comemos, lo que hacemos y lo que pensamos. Lo que creemos ser y, también, lo que creemos que los otros y el mundo son. Cuestionar el sistema de creencias es cuestionar, al menos en parte, lo que somos y cómo es el mundo que nos rodea.

Todas las cuestiones periféricas que se van planteando en los comentarios al artículo de referencia: la deformación del mosquito, el principio de relatividad, la amortiguación del impacto, la posible elasticidad o plasticidad del choque…son la misma cuestión: nuestra resistencia a asumir que el tiempo es discontinuo y el empeño en seguir creyendo que es continuo. El problema de fondo es la discontinuidad del tiempo. El vuelo del mosquito es solo un indicio de esa discontinuidad. Cuando el dedo señala un fenómeno curioso, no debiéramos entretenernos mirando al dedo, pero es normal que eso ocurra cuando el propio dedo también es un fenómeno curioso en sí mismo.

Centrémonos en la discontinuidad. Vivimos en un mundo crecientemente digital, las discontinuidades son evidentes por todas partes, pero nuestra mente insiste en recomponer la continuidad. La pantalla del ordenador y la de la televisión están fraccionadas en pixeles, pero nosotros recomponemos una imagen continua. El cine procesa una serie de fotogramas fijos y discretos, pero nuestra mente integra una secuencia dinámica y continua. La materia está compuesta de átomos, pero la manejamos como si fuese continua y homogénea. La luz del sol es percibida por un flujo continuo de luz y calor, pero sabemos que son chorros de fotones discretos. En ese contexto cultural, se nos sugiere la posibilidad de que el tiempo también sea discreto, pero, ante tan desconcertante novedad, nos negamos a considerar que pueda ser verdad, y eso a pesar de que al tiempo lo medimos mediante intervalos discretos, sea con relojes digitales o por granitos de arena que van cayendo por gravedad, de uno en uno, de un recipiente a otro o por relojes analógicos que progresan con un tik-tak tras otro. Los relojes atómicos de resonancia de mayor precisión cuentan impulsos, uno a uno. Incluso los relojes de sol, a pesar del aparente deslizamiento continuo de su sombra, progresan fotón a fotón.

Nos cuesta admitir que podríamos estar equivocados en lo que venimos creyendo y, como consecuencia, buscamos modos de evitar plantearnos otras alternativas. Nos supone un serio esfuerzo asumir que el tiempo pueda ser discontinuo, revelándonos ante semejante idea; máxime, cuando la mente tiende a establecer la continuidad en todo. Sin embargo, cuando de repente admitimos la discontinuidad, algo ocurre en nuestro cerebro que ilumina nuestra visión del mundo con una luz nueva que nos descubre matices nunca percibidos, es como una revelación enriquecedora y clarividente. Decía Parménides que había dos caminos hacia el conocimiento: el de la opinión, que era más largo y tortuoso, por lo que era fácil perderse por él, y el camino de la verdad, que era más corto y directo pero que no dependía solo de nosotros, ya que a la verdad solo se llega mediante la revelación. (Parménides dijo que no dependía de nosotros. Yo me he permitido añadir el “solo de nosotros” por lo que dijo Einstein de que “un minuto de inspiración requería varias horas de transpiración”)

Cuando el tiempo se nos revela como discontinuo, la consecuencia inmediata es reconocer que toda la realidad, incluidos nosotros mismos, estamos constituidos por una nube de partículas elementales que van saltando de la posición-estado en la que se encuentran en un instante dado a otra posición-estado que asumen al instante siguiente en una secuencia de estados discretos que saltan de hodón en hodón (utilizando el término que nos propuso Renato en un comentario para designar cada nódulo espacio-temporal, término tomado, como él mismo señala en uno de sus comentarios, de Robert Levi quien posiblemente lo tomase del término griego hde que significa YA). Como en las películas, somos una serie de fotogramas fijos que se integran en una secuencia que percibimos como continua por la rapidez con la que se suceden. A pesar de los esfuerzos de Heráclito quien, inspirado en el fuego, defendía aquello de que “todo pasa y nada es”, la filosofía occidental ha vivido durante siglos del ente estático de Parménides. La dinámica de la evolución del ser no se trata sistemáticamente en filosofía hasta que aparece la razón histórica de Ortega, quien abandona, por fin, la ontología quietista del ser de Parménides por una ontología dinámica del suceder, que será continuada por Heidegger y esclarecida por García Morente. Ahora, nosotros, podríamos sintetizar las dos visiones del ser y el suceder mediante una concepción de la realidad como un estado que permanece en su ser hasta que salta a otro estado de ser y afirmar que “todo es pero no permanece tal cual durante mucho tiempo”, pues con cada cronón, toda partícula constituyente de la realidad brinca a un nuevo estado de su ser, pasando de hodón en hodón. (Siendo el hodón la unidad indivisible espacio-temporal de la que el cronón es su dimensión temporal. El resto serían dimensiones espaciales). El cambio no será lo continuo que predicaba Heráclito, pero sí lo suficientemente frecuente y rápido como para parecerlo. Esa concepción de la realidad nos presenta una visión del mundo y de nosotros mismos que nos invita y reta a aprovechar las posibilidades que nos ofrece ese tipo de cambio para  mejorar constantemente como seres humanos.

¡Un escalofrío me estremece! Si somos coherentes con lo dicho hasta aquí, tenemos que concluir que, entre cronón y cronón, todo lo que nos rodea desaparece. Lo cual no debiera ni alarmarnos ni afectarnos, pues entre cronón y cronón, tampoco nosotros estaríamos presentes para verlo. Además, que desaparezca no quiere decir que deje de existir. Pero necesitamos asumir dos hipótesis que nos reconcilien esta insólita idea con la experiencia: La primera, el sincronismo universal. Los cronones debieran estar todos sincronizados, de forma que no se produzcan solapes entre cronones de diferentes hodones. En caso contrario, se podría dar la paradoja de que un tren lo suficientemente rápido y corto, podría cruzarse con un mosquito que vuele hacia él sin arrollarlo, atravesando el mosquito al tren, aprovechándose de poder seguir volando mientras el tren se encuentra ausente entre dos cronones desincronizados con los del mosquito. Las partículas del mosquito no chocarían con las del tren, dado que estarían en el mismo sitio pero en instantes diferentes, sin coincidir nunca a lo largo del cruce. ¿Acaso, en el fondo, el efecto túnel es producto de los intervalos atemporales que producen los cronones? La segunda hipótesis es que entre cronón y cronón no haya nada, comenzando cada uno de ellos donde termina el anterior, de manera que al estar indisolublemente unidos, nada quede fuera de los cronones, apareciendo en el siguiente lo que desaparece del anterior, quedando todo patente en todo momento, ya sea en un cronón o en otro. La situación sería semejante a la de una serie de bombillas alineadas a lo largo de una recta en la que una de ellas está encendida durante un cronón y, al apagarse, se enciende inmediatamente la siguiente durante el mismo intervalo de tiempo; de manera que siempre hay una bombilla encendida y la luz, imagen de la realidad observada, nunca desaparecería. Si la recta sobre la que se alinean las bombillas representa el eje del tiempo, veríamos como la realidad (la luz) progresa a saltos a lo largo del tiempo sin dejar de estar presente.

No hace mucho, leí un anuncio que decía: “Comparte tus conocimientos y aprenderás más”. Lo interesante del ejercicio sobre La Textura del Universo ha sido que, al compartir una mísera intuición sobre el tiempo, he aprendido, gracias a vosotros, no poco sobre mí mismo y los demás. ¿Opinión o verdad? Seguro que la diosa de Parménides lo sabe. ¡Quién pudiera subirse a su carro!

En el próximo artículo revisaremos lo que la ciencia dice hoy respecto a la estructura del espacio-tiempo.

Para quienes no leyeron La Textura del Universo y pudiesen estar interesados en leerlo, incluyo el enlace: