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sábado, 14 de mayo de 2016

La Meditación Trascendental





La meditación trascendental es un práctica milenaria con la que la humanidad ha venido experimentando en todas las latitudes del planeta. El yoga mental de la tradición védica, la meditación budista, la relajación Zen, la MT, la oración mental, la mística... bajo diferentes nombres se ha buscado la experiencia mental de lo infinito con diferentes niveles de éxito. En el fondo, es un ejercicio espiritual cuyos frutos deben catalogarse dentro de la fenomenología religiosa en la búsqueda de lo divino y de la psicología profunda que trata de expandir la conciencia en busca de la llamada conciencia cósmica. La imposibilidad de compartir lo experimentado con otras personas y la dificultad de describirlo obstaculiza la divulgación de la práctica y retrae a quienes se ejercitan en ella de comentar sus experiencias. Testimonios como los de Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz no son frecuentes.

En la actualidad, la posibilidad que ofrece la neurociencia, la existencia de tecnología que permite explorar la actividad cerebral con métodos no invasivos, como el escáner, la resonancia magnética o el encefalograma, ha permitido observar lo que ocurre en los cerebros de personas durante la meditación y el trance, lo que ha proporcionado datos objetivos y recurrentes sobre lo que pasa en el cerebro durante lo que genéricamente se ha venido llamando últimamente meditación trascendental.

Junto con una práctica de la meditación trascendental asidua y prolongada, para acceder a los más altos niveles de éxtasis, todas las tradiciones aconsejan una vida ascética y virtuosa. Los ejercicios ascéticos de Buda en la jungla rayaron con el masoquismo y Jesús se retiró al desierto a ayunar durante cuarenta días. Al margen de un aconsejable nivel de disciplina ascética que fortalezca la voluntad y el autodominio, la técnica de la meditación es sencilla, requiere concentración, constancia y paciencia; bastaría con adoptar un postura cómoda y estable en un ambiente tranquilo y sin interrupciones, cerrar los ojos y vaciar la mente de pensamientos e imágenes, profundizando poco a poco en una representación de la nada, mediante un vaciamiento interior. En paralelo con el control mental, se produce y fomenta una progresiva relajación muscular con un descenso de los ritmos cardiacos y respiratorios, logrando una respiración relajada y progresivamente más lenta y profunda hasta alcanzar una cadencia muy pausada. En el proceso hay que evitar tanto dormirse como quedarse entretenido por pensamientos que, como indica San Juan de la Cruz en su Subida al Monte Carmelo, desviarían del camino recto.

John Hagetin, catedrático de física, encuentra una correspondencia entre los niveles de la realidad que la física moderna ha ido sacando a la luz sobre la constitución de la materia, con los niveles de los estados mentales a conseguir durante la meditación trascendental. Si la realidad se muestra en capas de mayor detalle a menores escalas que van desde lo macroscópico newtoniano, pasando por  lo molecular, lo atómico, el mundo quántico de las partículas elementales hasta llegar a los campos cuánticos y terminar en la mecánica cuántica de campo yuxtapuesta al campo espacio-temporal de las ondas gravitacionales para formar un único campo unificado, en la que toda la realidad física es un único conjunto de oscilaciones de información. El profesor Hagetin considera que la meditación tiene por objetivo descender mentalmente desde las imágenes cotidianas de la realidad microscópica hasta que la mente logre sintonizar con el campo unificado en el que toda la realidad queda incorporada en una única realidad pulsante e informe de la que formamos parte, hasta sentirse a uno mismo como un conjunto de ondas oscilantes que forman parte de un universo unificado de ondas.

Siguiendo esa línea de pensamiento y asumiendo la teoría de que el mundo es un holograma proyectado desde una fuente trascendente, situada fuera del espacio-tiempo, lo que equivale a decir desde una eternidad adimensional en la que está contenida toda la información necesaria y la sabiduría y poder proyectarla sobre el espacio-tiempo para hacer de ella una realidad física; se puede pensar que el objetivo último de la meditación trascendental no sea el campo unificado sino contemplar la fuente original y creadora que lo proyecta, situada en la eternidad. Un proceso por el que la atención abandona las sensaciones para centrarse en la contemplación de la unidad cósmica que incluye al propio yo del iluminado en comunión con el todo en el seno de lo divino inmutable y eterno. Lo cual estaría en línea con la vivencia espiritual manifestada por los grandes místicos a lo largo de la historia.

Considerar el campo cuántico unificado proporciona una imagen abstracta del todo que facilita un nivel de meditación profundo. Buscar la contemplación de un todo trascendente en el que nos sentimos incorporados y del que nos sabemos parte, con aptitud reverente ante lo sagrado, es un reto que aspira a niveles de meditación insuperables.

Probemos, un lugar tranquilo, una postura cómoda yestable, cerrar los ojos, relajarse, pensar en nada...


Conferencia de John Hagetin con traducción simultanea
 bit.ly/1Rg9eog    
Tertulia  sobre MT en español
 bit.ly/1K6fpnn
Ayuda guiada a la meditación en relajación
 bit.ly/1vo8rXz 

         Esquema de la subida al Monte Carmelo

viernes, 1 de abril de 2016

Emociones y sentimientos


                                                                                                         
A José Ramón, amigo, compañero y socio
y a Guillermo, psicólogo y filántropo

Nota introductoria. El presente ensayo establece una nueva clasificación de los sentimientos y diferencia dos tipos en función de la intensidad y origen de la emoción asociada, distingue por su duración entre sensación y sentimiento, introduce nuevas definiciones que clarifican algunos conceptos y recopila una serie de recomendaciones higiénicas, de interés general, cuya práctica ayuda a gestionar las emociones y mejorar la salud física y psíquica, pero que son de especial importancia para las personas mayores, lo que hace recomendable su lectura y difusión entre amigos y familiares.

Las emociones son alteraciones psico-biológicas que disparan alarmas que centran la atención sobre situaciones que requieren un tipo de reacción urgente y compleja, inmediata en muchos casos y automática en las situaciones más extremas. Hay tantas emociones como tipos de situaciones que vive un sujeto, pero pueden ser agrupadas en un número limitado de tipos estándar que las identifican y dan nombre. La universidad de Ohio ha identificado, recientemente, hasta 21 emociones en las expresiones faciales. Al parecer, las emociones son producto de una activación asimétrica de la actividad del lóbulo frontal, de manera que la zona frontal derecha produce efectos de alejamiento y aislamiento social, mientras que la zona izquierda produce efectos de acercamiento y amistad. Como consecuencia, unas emociones tienen una connotación negativa, por resultar desagradables y otras la tienen positiva por resultar placenteras. Las primeras nos avisan de riesgos, exigiendo una reacción más inmediata y puntual, y las segundas alertan de oportunidades, que requieren reacciones menos urgentes y mas dilatadas a lo largo del tiempo.  Entre las primeras tenemos: el miedo, la ira y la tristeza; entre las segundas destacan: la alegría y el amor. Por otro lado, tenemos una serie de parejas de tendencias que constituyen una predisposición a determinadas acciones cuando se presenta un determinado estímulo: el orgullo y la humildad, la ira y la paciencia, la avaricia y la generosidad, la lujuria y la castidad, la ira y la paciencia, la gula y la templanza, la pereza y la diligencia, la envidia y la caridad, la exigencia y la tolerancia. Finalmente, existen un grupo de estados o actitudes caracterológicas bipolares dominantes y relativamente estables, como son: el amor-odio, la felicidad-infelicidad, la cordialidad-hostilidad, la euforia-depresión, la fidelidad-infidelidad; que predisponen a un tipo de reacción preferente ante determinados estímulos emocionales, en función del polo dominante en un momento de recibir el estímulo. Conviene cultivar tanto las tendencias positivas (virtudes), como las actitudes positivas (buen carácter) para mejor interpretar y actuar ante los estímulos recibidos.

Los sentimientos son evaluaciones cognoscitivas de las emociones, mas duraderos que aquellas, pero menos intensos y comportan una mayor conciencia del propio estado, permitiendo un posible control racional sobre lo sentido, reencauzándolo mediante pensamientos adecuados o desafortunados; si bien hay pensamientos que, en vez de ser consecuencia de emociones sentidas, pueden ser origen de ellas y desencadenar emociones. Las emociones, repito, son mecanismos fisiológicos automáticos de alarma, los sentimientos son la interpretación racional de las emociones y posibles causas de otras emociones. Los sentimientos reciben el mismo nombre que la emoción que los genera.

Entre las emociones negativas, destacan:

El miedo es la señal de que hemos sufrido un daño, físico o psicológico, o estamos expuestos a una amenaza potencial o un peligro real de sufrirlo. Las posibles reacciones son la huida, la defensa, el ataque o la resignación paralizante.

El miedo genera vasopresina, aumentando la concentración de los sentidos, fijando la atención en la amenaza, agrandando los ojos y dilatando las pupilas, aumenta el nivel de audición y la presión arterial, llevando más sangre, cargada de glucosa, a los músculos y especialmente a las piernas, en preparación de la huida. La adrenalina, que aumenta y acelera la actividad celular, juega un papel importante, poniendo al organismo en condiciones para una acción rápida y contundente. La oxitocina, es una hormona saludable que permite que el organismo no se bloquee a pesar del miedo, sin inhibir por ello al miedo, pero refrenando la acción paralizante del miedo en un intento de pasar desapercibido ante el agresor, y facilitando una respuesta activa adecuada a pesar de la perturbación causada por el susto.

La ira, frente a la pasividad predominante del miedo, la emoción de la ira es una respuesta agresiva de autodefensa ante un agresor. Provoca claras expresiones externas de irritabilidad y enfado destinadas a advertir al agresor de la determinación de defenderse y hacerle frente. La ira, al anular la inhibición, produce cierta enajenación que priva de mesura, llegando a desencadenar respuestas desproporcionadas a la amenaza,  respuestas agresivas que pueden ocasionar altercados. Siendo la ira una emoción orientada a la supervivencia, puede llegar a ser autodestructiva y de efectos irreparables. En ocasiones, la ira puede ser utilizada como medio de manipulación y control de personas sometidas o dependientes.

La ira baja los niveles de cortisol y aumenta los neurotransmisores, disparándose la testosterona, la adrenalina, noradrenalina y adrenocorticotropa, encargada esta última de  retardar y entorpecer la agresión defensiva. Aumenta la tensión sanguínea y la frecuencia cardiaca, estimulando  gestos amenazantes con la intención de atemorizar al potencial agresor. En caso de agresión física, la ira vigoriza los músculos y anestesia el dolor durante el combate. Si en el miedo la sangre fluye fundamentalmente a las piernas, en la ira lo hace a los brazos y las manos. Se han diagnosticado trastornos genéticos, como la Enfermedad de Wilson, que acumula cobre en el cerebro, propiciando ataques de ira sin justificación. También se asocian con estados frecuentes de ira otras enfermedades, como el hipertiroidismo, la diabetes o la epilepsia. Así mismo, el consumo de algunos medicamentos facilitan la ira, como las benzodiazepinas y otros somníferos, lo mismo ocurre con las estatinas, un tratamiento contra los niveles altos de colesterol. La relajación y la hiperoxigenación ayudan a controlar la ira. Conviene evitar situaciones que se sabe pueden provocar estados iracundos. La ira debe ser siempre controlada si se está al volante de un vehiculo o en posesión de un arma. Confucio dijo que quien domina su ira domina a su peor enemigo. Una versión constructiva y no violenta de la ira es el coraje. Consiste en provocar la fogosidad y tesón necesarias para superar un reto, resolver problemas, restaurar injusticias y alcanzar objetivos, con determinación, dedicación, constancia y empuje.


La tristeza es la señal de que hemos sufrido una pérdida o recibido la amenaza de sufrirla. Las posibles reacciones son la búsqueda, el reemplazo o la resignación. El valor de la pérdida es objetivo, pero la tristeza es producto de la valoración subjetiva del bien. A fin de minimizar la tristeza, convendría practicar el desprendimiento, reduciendo al mínimo la vinculación afectiva con lo perdido, con lo que se rebaja el coste psicológico de la pérdida, disminuyendo la tristeza causada.

La tristeza consume glucosa y oxigeno muy por encima de los niveles de consumo normales, por lo que resulta agotadora; genera prolactina y disminuye tanto los niveles de serotonina como los de melatonina. La tristeza afecta la memoria, pues el cerebro intenta olvidar los recuerdos tristes en lugar de asumirlos, borrando al hacerlo otros recuerdos.

Entre las emociones positivas, encontramos:

La alegría es la señal de haber recibido un don, obtenido una ganancia o recuperado algo que estaba perdido. Las reacciones son el agradecimiento, la aceptación del bien y de las responsabilidades que implica, así como la disposición al cuidado, uso y disfrute del bien. Aumenta la creatividad y las ganas de vivir y relacionarse. Asociada con la alegría está la risa, un acto involuntario que se presenta como respuesta a situaciones de humor o como acto relajador tras la superación de estados de tensión. Tanto la alegría como la risa tiene efectos beneficiosos en la salud y facilitan la convivencia.

La alegría segrega serotonina, también conocida como 5-HT, un neurotransmisor que inhibe otros relacionados con la ansiedad, el miedo o la irritabilidad, propiciando la relajación y el sueño, así como dehidroepiandrosterona o DHEA, una hormona que, entre otros efectos beneficiosos, proporciona seguridad y retrasa el envejecimiento. La risa disminuye los niveles de epinefrina y cortisona, ambas relacionadas con el estrés.


El amor. Sobre el amor, remito al artículo monotemático dedicado a este sentimiento y publicado en este mismo blog en bit.ly/1RVqvyy y que ha motivado la investigación sobre los sentimientos que se recoge en este artículo.

Sentimientos

Además de los sentimientos derivados de las emociones dominantes, hay un grupo de  sentimientos cuyo origen es cognoscitivo, con una baja participación bioquímica e intensa manifestación psíquica, de manera que el factor emocional queda diluido y sometido al sentimiento, por lo que podemos considerarlos y catalogarlos como sentimientos, si son persistentes, o sensaciones si son transitorios. En este grupo tenemos:

El sentimiento de culpa. La culpa nos hace conscientes de que algo hemos hecho mal, con el fin de provocar el deseo de repararlo y facilitar el intento de hacerlo. Aunque a veces también nos sentimos culpables sin razón, con lo que el sentimiento resultante es patológico. El sentimiento de culpa es completamente normal y en realidad es un mecanismo social adaptativo que ayuda a mantener las relaciones personales superando los conflictos transitorios. Supone el autorreproche ante la conciencia de haber tenido un comportamiento erróneo. Una versión de la culpa es el sentimiento de vergüenza, debido a la percepción de haber cometido una acción censurable que, si bien no ha producido daño en nadie, ha sido contemplada por alguien. La culpa es una vivencia psicológica que surge a consecuencia de una acción que genera la percepción o creencia de haber causado algún tipo un daño, perjuicio o molestia a otra persona y que provoca un sentimiento de responsabilidad recriminable y un dolor por el daño infringido. También puede surgir por omisión intencionada de un acto debido. Los elementos de la culpa son cuatro: La acción causante de un daño real o imaginario. La mala conciencia por lo hecho. El arrepentimiento. El deseo de remediar el daño. El objetivo del sentimiento de culpa es evitar ser causantes de daños al prójimo.

El sentimiento de envidia es un sentimiento de frustración que experimenta quien desea algo propiedad de otra persona. Moralmente, es considerada uno de los siete pecados capitales, definiéndose como la tristeza del bien ajeno. Surge de la comparación con los demás en un proceso de auto evaluación. El objeto de deseo no tiene necesariamente que ser algo físico, pudiendo ser un atributo de la otra persona. La envidia parte de la ambición de apropiación de lo deseado y poseído por otro; pero, en principio, no necesariamente del deseo de privar a otros de lo que poseen; aunque el efecto humillante que resulta de la comparación con el otro puede desarrollar el impulso de destruir el objeto deseado con el fin de eliminar el sentimiento de discriminación. En el origen de la envidia se esconde un sentimiento de inferioridad culpable. La envidia es un sentimiento sumamente desagradable que puede llegar a ocasionar rivalidad y conductas agresivas. La historia de Caín es paradigmática de los excesos que puede llegar a acarrear la envidia.

El sentimiento de esperanza. La esperanza es el sentimiento por el cual una persona cree firmemente que aquello que desea o pretende es posible. Nace de la seguridad de que en un futuro se producirá una situación de mejoría que facilitará el logro, lo que proporciona el convencimiento de  que ocurrirá aquello que se desea. Toda esperanza es fruto de una actitud optimista y confiada. La esperanza se centra en deseos concretos, mientras que el sentimiento de optimismo es más genérico. Las circunstancias son un componente importante de la esperanza, un cambio en las circunstancias puede alterar el sentimiento radical y rápidamente.

Espiritualmente, se considera una virtud teologal que Santo Tomás de Aquino definió como aquella virtud por la que un individuo tiene plena certeza de que, con la ayuda de Dios, podrá lograr la vida eterna. Según la mitología clásica, la Esperanza fue la única que quedó en el fondo de la caja de Pandora tras ser abierta y escapar de ella los males.

El sentimiento de angustia es el sentimiento más negativo y autodestructivo. Las dos  causas más frecuentes de la angustia son la separación y el fracaso. La pérdida de un ser querido por causa de muerte, divorcio, desavenencia o distanciamiento físico por viaje, reclusión etc. son motivos de angustia; así como cuando se pierde una posición, un estatus o un trabajo que se aprecie o se es rechazado por alguien impidiéndole alanzar un objetivo deseado. Todo fracaso o rechazo, aunque haya sido causado  por circunstancias al margen de acciones propias, también puede ser origen de angustia. El dolor físico o una molestia persistente, como estar sometido a un ruido desagradable, una luz deslumbrante, calor o frío, también pueden desencadenar angustia si se prolongan en el tiempo, máxime cuando se es impotente para evitarlo. La angustia implica una descarga neuronal sostenida en un grupo de sinapsis moderadamente alta. Cuando la activación neurológica es menor,  la angustia se reduce a la ansiedad. Si la angustia aumenta hasta provocar molestias físicas se convierte en nausea. La angustia motiva a la persona a emprender las acciones necesarias para eliminar las causas que la provocan.

El sentimiento de rencor, es un sentimiento de enojo contra alguien como resultado de un daño recibido de la otra persona, ya sea verdadero o imaginado. Genera hostilidad y animadversión hacia el causante. En casos extremos se transforma en odio, que implica un deseo destructivo hacia la otra persona.

El sentimiento de soledad.  El aislamiento social provoca efectos muy negativos sobre el cerebro. Un grupo de científicos norteamericanos ha comprobado que el sentimiento de abandono y vulnerabilidad que produce la soledad aumenta los niveles de la corticosterona, una hormona relacionada con el estrés, que en ciertas cantidades impide el crecimiento y regeneración de las neuronas del cerebro. Con independencia de la edad, la soledad extrema puede aumentar en un 14% las posibilidades de muerte prematura de una persona.  Según el Dr. Cacioppo, psicólogo de la Universidad de Chicago,  "sentirse aislado de los demás altera e interrumpe el sueño, eleva la presión arterial, incrementa la tasa de cortisol, la hormona del estrés, aumenta la depresión y disminuye el bienestar subjetivo general". Este investigador aconseja que las personas mayores deben evitar las consecuencias de la soledad manteniéndose en contacto con viejos amigos, antiguos compañeros de trabajo, participar en tradiciones familiares y compartir buenos momentos con otras personas, puesto que todo ello da a los adultos mayores la oportunidad de conectarse con otras personas por las que preocuparse y que se preocupen por ellos. "La soledad no es tanto el aislamiento físico, como la sensación subjetiva de aislamiento. Algunos aspectos del envejecimiento, como la ceguera, la pérdida de la audición y la pérdida de movilidad aumentan el riesgo de quedarse aisladas y permanecer solas. Los altos niveles de cortisol elevan el riesgo de ataques cardiacos, la hipertensión sanguínea y el debilitamiento del sistema inmune."

El consejo del profesor Cacioppo a las personas que viven solas es: "Dense tiempo para disfrutar y compartir buenos momentos con la familia y los amigos. Las personas se sienten a gusto en la compañía de otros".

Caroline Abrahams, director de la institución filantrópica Age UK, añadió: “Este estudio estadounidense se agrega a un número cada vez mayor de investigaciones que muestran que la soledad no sólo entristece la vida de las personas mayores, sino también perjudica de veras su salud, al hacerlas más vulnerables a las enfermedades".

El profesor John Cacioppo aconseja a los ancianos solitarios:
1. Recurrir a los amigos y seres queridos para obtener apoyo y aceptar su ayuda cuando se necesitan.
2. Escribir frecuentemente
3. Moverse. Evitando un estilo de vida sedentario
4. Participar en actividades que sean relajantes, como la meditación y el yoga.
5.-Tratar de dormir lo suficiente durante la noche y comer saludablemente.
5. Evitar aislarse. Salir a encontrarse con otras personas, visitar amigos, asistir a clases de pintura, de canto, de baile, de otro idioma...
6. Ayudar a otros,
7. Toma la iniciativa para conocer gente nueva y entablar nuevas relaciones
 

El sentimiento de asombro manifiesta la admiración y sorpresa que nos produce la observación de muestras de la grandiosidad y belleza de la naturaleza. Experiencias que bien pueden catalogarse como epifanías y hacen que nos plantearnos cuestiones sobre la trascendencia. Genera una satisfacción con una sensación de distinción gratificante de lo extraordinario y plantea preguntas sobre lo desconocido. A menor escala, se da otro sentimiento de asombro ante un acontecimiento no prebisible, no expecialmente espectacular y grandioso.


Sensaciones

La sensación de asco. El asco implica una respuesta de rechazo que provoca la necesidad de huida ante un objeto deteriorado o sucio o al presenciar un acto repugnante. Acontecimientos físicos como la presencia de comida rancia u olores desagradables, contaminación, sabores amargos y acontecimientos psicológicos lamentables, como chistes de mal gusto y ante acciones morales repugnantes, activan impulsos de repulsa y la sensación de asco. La reacción ante una  herida sangrienta, oler leche agriada o probar algo amargo son ejemplos de casos en los que activa la sensación de asco. La función del asco es provocar el rechazo protector de elementos dañinos para la salud, la persona asqueada está dispuesta a eliminar y apartar objetos poco higiénicos. El asco es una sensación que protege la salud. El deshacerse de bebidas y comidas deterioradas conserva la salud corporal, mientras que la exclusión de pensamientos desagradables conserva nuestro bienestar psicológico. La anticipación de la sensación de asco además ayuda a las personas a conservar su entorno y su persona limpios y saludables, estimulando acciones como: limpiar los platos, los dientes, ducharse.

La sensación de sorpresa es una sensación repentina que surge por un suceso que no estaba previsto. Las sorpresas pueden ser agradables, desagradables o indiferentes. De acuerdo con el contexto, al surgir algo fuera de lo habitual, que resulta extraño o inesperado, puede provocar asombro o desconcierto, causando la sensación de sorpresa. El asombro que se produce por la sorpresa dura poco, por lo que lo catalogamos como sensación. La sorpresa puede dar paso a la alegría, a la tristeza o a la indiferencia, según sea el caso.

La sensación de felicidad es un estado de satisfacción con uno mismo y de aceptación de las circunstancias personales. La felicidad es gradual, dependiendo el grado de felicidad alcanzado del nivel de satisfacción y aceptación que cada individuo consiga. Los estados de felicidad son esporádicos, pero su frecuencia pueden generar un clima de felicidad. José Ramón Fernández Naves, amigo y compañero de trabajo, la definía como la coherencia de poner de acuerdo tus pensamientos, tus palabras y tus hechos. También decía que la felicidad no se busca, se encuentra. Buscar la felicidad es perder el norte, lo que hay que hacer es entregarse a los demás en lo que se hace y disfrutar agradecidos de lo que se ha recibido. Ten la suficiente felicidad para disfrutar con lo que hagas y hacerte dulce de trato. No es tan importante lo que uno hace, sino cómo lo hace. Quien no vive para servir, no sirve para vivir.  La fuente de la felicidad es la esperanza. Si juzgas a los demás no te queda tiempo para amarlos y tu felicidad se desquebraja. Para ser felices, no hay que tener más y lo mejor, sino sacar lo mejor de lo poco que se tenga. Las cosas son un medio, nunca un fin. La felicidad es contagiosa, la prueba de ser feliz es que quienes nos tratan se sienten más felices después de haber estado con nosotros. No debemos dejar a nadie que se aleje de nuestra presencia sin sentirse mejor. La felicidad se expresa y se comunica con la sonrisa. Si contribuyes a la felicidad de otra persona, encontraras el auténtico sentido de la vida. No permitas que una pequeña disputa destroce una gran amistad. La felicidad se saborea en la quietud y el silencio interiores. El silencio es reflexión. Si la mente no se dirige a pensamientos positivos y elevados, nunca podremos hallar la felicidad. En el silencio puedes escuchar la verdad y disfrutar de la felicidad. Margina las preocupaciones, vive cada día consciente de que es el primero del resto de tu vida.


Las hormonas de la felicidad son: endorfina, serotonina, dopamina y oxitocina, en niveles no muy altos pero relativamente estables durante periodos de tiempo estimables, aunque no muy largos. Se estimula su segregación con el ejercicio, la luz solar, el contacto físico con otras personas, escuchar música, mantener conversaciones con amigos, la risa y el consumo de triptófano (leche y maíz). Pero lo hormonalmente más eficaz para la felicidad es enamorarse y cultivar el amor. Es fundamental el desarrollo afectivo y social del individuo para su felicidad.

Otras Sensaciones

Contamos con una serie de sentidos, externos e internos, que nos proporcionan una larga serie de sensaciones motivadas por una percepción que podríamos analizar y añadir a las anteriores, pero son lo suficientemente conocidas por todos que sería reiterar lo evidente y aburrir con lo ya sabido. Entre otras, contamos con las sensaciones de: ver, oír, sabor, olor, tacto, hambre, sed, calor, frío, vértigo, orientación, equilibrio, cansancio, sueño, ética, estética, prisa, enfermedad, aburrimiento, orden, barullo, prioridad, penuria, intoxicación, hastío, responsabilidad, dolor, placer, libertad, valor, proporción, relación, comprensión, liderazgo, retraso, mareo, improcedencia, pertinencia, elegancia, torpeza, clarividencia, halago, desproporción, pereza, entusiasmo, amistad, rechazo, realización, valoración, éxito, fracaso, escasez, hartazgo, pureza, contaminación, obligación, cortesía, arrogancia, sufrimiento, desnudez, abrigo, atención, acierto, proximidad, precaución, alarma, reposo, paz, amplitud, estrechez, incomodidad, estatus, incertidumbre, claustrofobia, ahogo, armonía, privacidad, peso, ingravidez, posesión, sencillez, precisión, incompatibilidad, opresión, imposición, ocultación, engaño, apoyo, agobio, vacío, renuncia, premio, sacrificio, disponibilidad, poder, deseo, fragilidad, resistencia, falsedad, autenticidad, pertenencia, ausencia, dificultad, urgencia, aplomo, diferencia, error, estupor, pasividad, compromiso, desdén, arbitrariedad, perecedero, duradero, especial, crítico, difícil...cada diferencia percibida y cada calificativo denota una sensación.

Advertencia final
Salvo prescripción médica, hay que evitar consumir hormonas, dejando que sea el propio organismo quien las produzca.

                                                                      El miedo

sábado, 19 de marzo de 2016

Teoría del amor



      Advertencia: Esta reflexión no es una teoría probada, sino una propuesta de investigación, a fin de confirmar o descartar una hipótesis sobre las raíces genéticas del amor.

Reflexión
Se oye hablar de la química del amor. Parece una frase retórica, pero tiene mucho sentido. La neurociencia demuestra la correlación existente entre los estados emocionales y la actividad cerebral. Los modernos métodos no invasivos para observar la actividad del cerebro, como electroencefalogramas, resonancias magnéticas y escáneres, permiten ver flujos sanguíneos, corrientes eléctricas y actividad cerebral asociados con pensamientos y sentimientos, por lo que sabemos que el amor activa áreas del núcleo estriado y de la ínsula cerebral. La Universidad de Ciencias y Tecnología de Hanui (China) ha determinado que el amor hace que, en las personas enamoradas, se activen un mínimo de doce zonas cerebrales de forma coordinada. Son zonas relacionadas con la motivación, la recompensa y las aptitudes sociales. Científicos de la Universidad de Concordia, en Canadá, han descubierto que el lugar donde se ubica el amor está en el llamado sistema limbito, incluye el hipocampo y la amígdala. "En esta región se controlan una serie de funciones que incluyen las emociones, la conducta, la atención, el estado de ánimo, la memoria afectiva, el placer y la adicción". En el estudio participaron neurólogos de las universidades de Sycaruse y Virginia Occidental en Estados Unidos y el Hospital Universitario de Ginebra en Suiza.

Los análisis de sangre y orina demuestran que el amor libera dopaminaserotonina, noradrenalina, oxitocina, feniletilamina, testosterona norepinefrina; un cóctel de neurotransmisores, euforizantes, gratificantes y estimulantes que propician el acto sexual y lo hacen placentero. Se han identificado tres tipos de procesos cerebrales diferentes relacionados con el amor: la atracción romántica, la atracción sexual y la vinculación emocional.  Fase romántica: La feniletilamina contribuye al romance y desencadena la producción de las otras sustancias, la noradrenalina estimula la atención y estimula tanto la circulación como la respiración, la dopamina focaliza la atención sobre objetos y personas, la norepinefrina aumenta la capacidad de recordar detalles placenteros, la feniletilamina, es conocida como la droga del amor, produce euforia, reduce la necesidad de sueño y el apetitito, hace ver el mundo de color de rosa. Fase sexual: la testosterona estimula el deseo sexual. Fase de vinculación emocional: Parece que la oxitocina, de acción retardada y duradera, ayuda a forjar lazos permanentes entre amantes, propiciando la monogamiaLa oxitocina se sintetiza en el hipotálamo, y se almacena en la hipófisis o glándula pituitaria. La serotonina produce efectos gratificantes en las tres fases. Dada la dosis y potencia de los compuestos segregados y consumidos por el organismo durante los prolegómenos y el acto sexual, es comprensible que el sexo sea adictivo. Los  que buscan la estimulación sexual al margen de su fución fisiológica normal, los aberrantes sexuales, y los que padecen ninfomanía o satiriasis, son drogodependientes que  actúan buscando darse un chute de sustancias no inyectables. El tratamiento, como la cura de toda drogoadicción, previsiblemente pase por la continencia y la superación del mono del síndrome de abstinencia. Para ello, ayudaría estimular la segregación de otros productos menos adictivos que actúen como paliativos, como los producidos al hacer ejercicio físico, la práctica de la relajación y la meditación.

La cuestión aquí y ahora no es analizar los efectos fisiológicos más o menos transitorios del amor, sino si hay motivos más profundos y permanentes, genéticos, que condicionan el tipo de pareja de la que un individuo es propenso a enamorarse y predisponen al enamoramiento con una persona concreta, ya sea mediante mecanismos impelentes o restrictivos, que ayudan a seleccionar un tipo de persona. Es evidente que lo habitual es buscar pareja de la misma especie y de distinto sexo, luego hay una clara base genética de grandes rasgos determinantes en la elección de pareja, aunque se den casos atípicos. Se dijo que el virus del sida se desarrolló entre los simios y el primer portador humano había tenido relaciones sexuales con chimpancés infectados; pero lo aberrante no es la norma. Parece que el objetivo del amor es perpetuar la existencia de los genes propios, por lo que las uniones estériles quedarían excluidas de este planteamiento, aunque Richard Dawkins opina que la homosexualidad es la expresión atípica de un gen que, por razones medioambientales y experiencias que han afectado a un individuo, afecta la orientación sexual de la libido; lo cual no impide que, salvo la inversión sexual, el resto de las consideraciones que aquí se hacen sigan siendo válidas en esos casos. Está demostrado que el deseo de seguridad económica valora positivamente la posición socio-económica de la pareja y a todos nos consta que, al igual de que somos conscientes de la importancia de los aspectos culturales y psicológicos en el amor, el atractivo físico de la pareja es un factor importante y bien sabemos que el aspecto físico tiene un relevante componente genético. La cuestión, aquí, es si actúan otros elementos genéticos más sutiles en la atracción amorosa. Está la cuestión de las feromonas segregadas por distintas glándulas y que estimulan, mediante el olfato, diferentes reacciones según el tipo de persona que sea el receptor. Pero las feromonas son el mensajero que informa sobre aspectos más profundos y no todos visibles de la otra persona.

Me contaron la historia, asegurándome que era cierta, de un caballero cuya esposa tenía una muy, muy rara enfermedad y la llevó a un especialista. Cuando el médico reconoció a la enferma y diagnosticó el mal, comentó al esposo: "No puede imaginarse la suerte que tiene de haber recurrido a mi, su esposa tiene una enfermedad rarísima; son poquísimas las personas afectados por ella en el mundo, y soy de los escasos médicos que la hemos tratado antes en otros pacientes" A lo que el caballero contestó: "Lo se, hemos venido a verlo a usted, porque hace años fue usted quien trató a mi madre de lo mismo".

Dada la baja probabilidad del caso, da la sensación de que, si la enfermedad era genética, el caballero, que estaba sano, tenia ese gen recesivo, heredado de su madre. La hipótesis plausible que se deduce del caso es que tendemos a enamorarnos de los individuos portadores de alelos dominantes de nuestros genes recesivos. Según la teoría del gen egoísta, de Richard Dawkins, el gen es la unidad evolutiva fundamental, siendo los genes y no los individuos quienes buscan sobrevivir, lo que explicaría el altruismo de algunos individuos que se sacrifican por la supervivencia de otros individuos portadores de sus mismos genes. Dawkins explica que la probabilidad de que un gen prospere depende de su capacidad de adecuación al medio. Es evidente, que la mejor forma que tiene un gen para sobrevivir es emparejándose con otro gen igual a él, ya que duplicaría las posibilidades de supervivencia. Por consiguiente, cabe reconocer una tendencia de búsqueda de portadores de genes semejantes a los propios, especialmente si los nuestros son recesivos y, por tanto, más vulnerables a la desaparición. La hipótesis se cumple en la pareja de genes determinantes del sexo XX-XY, constituyendo un claro atractivo entre los portadores de cada par. Además de las razones de supervivencia genética, estaría el deseo de hacer manifiesto lo que en el fondo somos sin mostrarlo. Personalmente, me llevé una gran alegría cuando tuve un hijo con los ojos azules de mi abuelo que yo no muestro. Era descubrirme que en el fondo oculto soy así, a medias, bastando sustituir el gen heredado de mi padre por el adecuado de mi mujer para revelarlo, al hacer dominante lo recesivo. La presencia de otros rasgos indiscutibles, descartan cualquier duda de paternidad. Confirmando la hipótesis el hecho de que el fenómeno de los ojos azules se repite en tres de mis nietos y a lo largo de las descendencias de varios primos.

Por otro lado, sabemos los problemas degenerativos que provoca la endogamia y que el tabú del incesto es de origen prehistórico. Sigmund Freud desarrolló en profundidad sobre este tema. Ha de tenerse también en cuenta que hay pueblos, como los árabes, que propician las uniones entre primos. Todos conocemos la creencia generalizada en que las uniones entre individuos muy dispares regeneran la raza positivamente y teóricamente la mejoran, el mestizaje es un ejemplo palpable de las filias y las fobias a las uniones entre portadores de genes manifiestamente diferentes y un buen ejemplo de su contribución a la diversidad. Frente a la reproducción asexuada, la sexualidad valora la mezcla de genes como una innovación positiva. La revista alemana "Psyhologie heute" publicó un estudio demostrando que en la selección de pareja es muy improbable la atracción entre personas muy dispares. Habría que preguntarse si el complejo de Edipo no tendrá una base genética.

Los diferentes estudios de campo, entrevistando cientos de parejas, avalan la preferencia de la homogeneidad y complementariedad, en las características tanto físicas como sociales y psicológicas, entre los miembros de la pareja, frente a las diferencias. La teoría de la homogamia establece que un individuo escoge a otro por los componentes similares que ambos comparten. Ambos sexos creen que la homogamia está asociada con la felicidad y las relaciones duraderas. También sabemos que los casamenteros profesionales de todo el mundo, hindúes, irlandeses, coreanos...buscan entre sus clientes formar parejas con características comunes.

Kunkel y Dickerson (1982) afirman que una mayor  semejanza entre la pareja facilitará una relación más cómoda. Fishman y Rosman (1988) dicen que las personas se sienten atraídas por otras con las que tengan cosas en común. Houts y Robms (1996) encontraron que los individuos que comparten características, tanto sociales como psicológicas, establecen una relación satisfactoria para ambos. Hahn y Al (1997) encontraron que las parejas tienden a ser homógamas, dado que los individuos son atraídos por personas similares a ellos en una o más características. Knox y Zusman (1997) realizaron un estudio en la Universidad del Este de Carolina (USA) sobre la elección de pareja y encontraron que las mujeres prefieren a una pareja que sea semejante a ellas en educación, ocupación, valores religiosos y deseo de tener hijos, mientras que los hombres sólo hicieron énfasis en la apariencia física. Tordjman (1999) menciona que la elección de pareja viene motivada por la semejanza de los miembros en cuanto a varios factores sociológicos, como el nivel social, la religión, el ambiente familiar y el nivel de educación. El mismo autor menciona que la búsqueda de homogeneidad parece ser un mecanismo de reafirmación. Romero (1999) asegura que la voluntad de crear una relación duradera fomenta la búsqueda de similitudes en gustos, aspiraciones, intereses y objetivos. (Fuente: Factores que influyen en la selección de pareja en la adolescencia, por Gustavo López Castañeda)

La conclusión a la que parece llevan estas observaciones es que debe de haber un óptimo de equilibrio entre la tendencia a conservar los propios genes que propugna la unión con genes similares y la de incorporar genes nuevos, muy distintos a los propios, que faciliten la diversidad y la adaptabilidad a nuevos retos. Lo que, a nivel del individuo, sería algo así dar prioridad a no dejar de ser uno mismo, pero potenciándose en lo posible con nuevos aportes que no distorsionen su identidad. Una ley de la mayonesa genética en la que se van añadiendo nuevos genes enriquecedores en proporciones que eviten el que se corte el genotipo original. Compaginar conservación y variabilidad, identidad y biodiversidad, homogeneidad y complementariedad frente a la disparidad. Podemos concluir que la pareja se escoge en base a criterios genéticos, seleccionando como pareja: un individuo de la misma especie y diferente sexo, junto a un conjunto de genes que se manifiestan visiblemente en determinados rasgos físicos y estéticos a los que se aspira para la prole, preferentemente como reafirmantes o potenciadores de los genes propios y, previsiblemente, en base a un amplio conjunto de genes recesivos que compiten entre sí para poder afirmarse y expresarse como dominantes en la siguiente generación. Sería la expresión biológica de las viejas teorías de la media naranja y el alma gemela, el bashert. El origen genético del amor explicaría la reciprocidad en el amor. La base genética de la atracción sexual justifica la tradición semítica de casar a las viudas con hermanos del difunto o ley del levirato  y explica los numerosos casos de relaciones entre cuñados. No faltan de ello ejemplos en la literatura, recordemos, sin mayores indagaciones, el caso de Hamlet. Mientras que el derecho canónico de Trento desaconseja la unión entre personas con menos de 7 grados de consanguinidad, el Derecho Romano impedía incluso los matrimonios entre parientes civiles: cuñados, sobrinos y suegros. Es evidente la estrecha relación entre el amor entre los miembros de una pareja y la atracción sexual entre ellos, (hace unos días, después de haberlo escrito, escuché a Mario Vargas Llosa decir esto mismo en una entrevista en TVE) por lo que es sensato asumir que las bases biológicas de ambas funciones, enamoramiento y atracción sexual, sean las mismas.

Es relevante tener también presente el proceso de adaptabilidad genética, el hecho de que alelos latentes se activen por medio de un estímulo medioambiental que los hace relevantes, aprovechando la plasticidad fenotípica de los genes. Dado que las personas con las que convivimos, principalmente la familia y fundamentalmente la pareja, constituyen un elemento importantísimo de nuestro entorno, es previsible que, a lo largo de la convivencia, se vayan activando aquellas variantes de los alelos que mejor se adaptan a la convivencia con la pareja. Además, dado que en la convivencia, la pareja comparte alimentación, hábitos de vida y puntos de vista, haya alelos comunes en ambos que se activen al unísono, al recibir un mismo desencadenante. Para que esto ocurra, debe haber una predisposición genética común previa.

Finalmente, es evidente el papel de la genética en los innegables e intensos afectos que se dan en las relaciones paterno-filiales y fraternales y la predisposición al altruismo individual por la defensa de la supervivencia de genes compartidos por la familia.

Posiblemente, alguien podría alegar que hemos llegado a una hipótesis en base a un único botón de muestra empírica: la esposa con la rara enfermedad que antes padeció la madre del marido, y tendría razón; aunque, según la tradición, a Newton solo le cayó una manzana; sin embargo, nosotros contamos con dos indicios, el de las dos damas enfermas y las sucesivas apariciones y ocultaciones de los ojos azules y cántabros de la familia Gutiérrez; pero tendría razón quien alegase escasa base empírica, y es por ello por lo que, dada la creciente facilidad para obtener el genoma de un individuo, la propuesta es desarrollar un proyecto de investigación que parta de coleccionar genomas de parejas visiblemente enamoradas, a fin de analizar el número de genes recesivos que cada individuo tiene, que son dominantes en su pareja, y poder obtener estadísticas significativas. Invito a los genetistas que lo emprendan. También habría que estudiar un grupo de contraste de parejas que se rechazan. Es posible, que dentro de unos años, la búsqueda de pareja por Internet incluya, junto al intercambio de fotografías, el intercambio de la secuencialización de los respectivos genomas, documento que será imprescindible para acudir a Lisdoonvarna.

Epílogo. El concepto de amor es amplio. Hemos hablado del amor entre la pareja, no incluye, por ejemplo, el amor al prójimo, a Dios o a la Patria. Posiblemente debiéramos haber debido hablar del proceso de enamoramiento en lugar de llamarlo amor. Francesco Alberoni considera un elemento esencial para enamorarse el consentimiento, por lo que hay que pensar en la posibilidad de que la presencia de condiciones genéticas adecuadas no sea suficiente para culminar el enamoramiento humano, debiendo ratificar la entrega mediante un acto voluntario de consentimiento en el que se acepte el compromiso derivado del co-sentimiento asumido. El hecho del consentimiento no anula que el origen del enamoramiento tenga una base involuntaria e incluso inconsciente; la imagen mitológica de Cupido expresa bien el componente pasivo del desencadenante del proceso. La flecha representaría los propios genes y el arco la percepción inconsciente de los genes de la pareja. El amor se nos manifiesta como un sentimiento complejo que agrupa una serie de sentimientos positivos: concentración de la atención en la persona del otro, atracción, deseo de reciprocidad, deseo de cercanía, de intimidad, de compartir, de proteger...y negativos: sentimiento de vacío causado por la ausencia, celos...Por eso, los modelos y teorías sobre el amor son psicológicos, destacando en popularidad la teoría triangular de Sternberg. En la teoría transaccional se valora a la pareja como sistema. La potencialidad de una pareja está en la sinergia que puede generarse al operar conjuntamente como una unidad.

Puede que haya quien rechace la tesis genética en base a que mataría el romanticismo, pero no hay razón para ello. Es un hecho que nos enamoramos de la encarnación de un genóma y la frase de amor más romántica que se me ocurre decir a la persona amada es: doy gracias porque existas. ¿Materialista, romántico o narcisismo genético?

Si algún lector dispone de su genóma y el de su pareja, le ruego utilice un comentario para decirnos:

-Número de genes dobles en su genoma, iguales a los de su pareja.

-Numero de genes sencillos propios,  iguales a los de un gen doble en la pareja

-Número de genes propios dobles, iguales a un gen sencillo de la pareja

-Numero de genes sencillos propios, que también los tiene sencillos la pareja

-Número de pares de genes propios, totalmente distintos a los de la pareja

Seguro que sería relevante conocer posición y orientación de esos genes, pero eso se lo dejaremos a los genetistas que acepten el reto de la investigación propuesta.

 Otros factores

Hay otros factores, además de los genéticos, que contribuyen a la selección de la pareja, como son los culturales y psicológicos, factores que contribuyen a establecer una buena comunicación y facilitan la convivencia entre la pareja, por lo que a los genes, hay que añadir los memes, esas unidades teóricas de información cultural: conocimientos, creencias y valores transmisibles de un individuo a otro y de una generación a la siguiente.

 

 

                                             

jueves, 11 de febrero de 2016

Reflexión sobre la inteligencia


                                                                  

En revisión

viernes, 27 de noviembre de 2015

El sistema de creencias





En el artículo sobre La Textura del Universo de este mismo blog, se ha planteado un debate inusual entre los lectores habituales, que han contribuido con sus comentarios a esclarecer la cuestión allí planteada. Inusual, porque la mayoría de los ya cerca de 100 artículos de este blog no suscitan ni han suscitado jamás ningún comentario. Frente a esa insólita estadística, La Textura del Universo lleva, a fecha de hoy, cerca de 90 comentarios; más del triple de los que logró el tema ¿Qué es España? artículo que ocupa el segundo puesto en número de comentarios. Además, de esa entrada, ha habido más de 650 lectores diferentes, incluyendo quien ha accedido desde China, Servia, Guatemala, Canadá, Alemania, Suecia, Bélgica, Reino Unido, Ucrania, Francia, Méjico, Costa Rica, Estonia, Polonia, USA, Rusia…(La media histórica por artículo del Blog son 18 lectores y todos españoles) ¿A qué se debe tanto interés sobre un tema de un blog de tan reducida difusión?

Mi reflexión me lleva a pensar que lo que está pasando es que se solapan dos niveles de interés y dos cuestiones distintas, una consciente y otra subconsciente: La del problema cinemático del mosquito que cambia de sentido sin detenerse y la más profunda de tener que cuestionarnos nuestro sistema de creencias respecto a la estructura del espacio-tiempo. Decía Ortega que las creencias son necesarias para poder juzgar y actuar con acierto. Para Ortega no son solo creencias las religiosas, para él son creencias las ideas que “ni nos las planteamos ni somos conscientes de que las tenemos”, como creer que seguirá siendo el aire respirable cuando salgamos a la calle y habrá aceras. No nos lo planteamos al ir a salir, dado que lo creemos tan firmemente ni conscientes de nuestra creencia. Las creencias son el referente sólido y estable desde el que interpretamos la realidad con la que nos enfrentamos y nos proporcionan la seguridad de acertar en lo que hacemos. Como el sistema de creencias es un entramado coherente y estable, cuestionar una sola creencia pone en cuestión el conjunto de todas ellas, por lo que hacemos todo lo posible por evitar que eso ocurra. La principal forma de defensa de nuestras creencias es ignorar o negar cualquier evidencia que las pueda poner en duda. De ahí la dificultad del diálogo entre defensores de ideologías diferentes. También decía Ortega que si “persistimos en algún error de conocimiento, la realidad terminará por imponerse y acabaremos por tropezar con la verdad irrebatible de los hechos, cometiendo errores prácticos”. Quizás sea eso lo que explique los fracasos históricos de algunas ideologías. Pero ese no es el caso aquí, nuestras vidas seguirán siendo las mismas con indiferencia de que el tiempo se deslice o salte, de hito en hito, en torno nuestro y seguiremos siendo tan puntuales o impuntuales como siempre lo hemos sido. Sin embargo, la posibilidad de que algo tan cotidiano como el tiempo, pudiese ser distinto a como lo imaginamos, nos llama poderosamente la atención.

El problema cinemático que se plantea en el artículo no es difícil. Son dos móviles con trayectorias rectilíneas y velocidades constantes. Los componentes dinámicos del proceso tampoco son complicados, dos masas constantes y conocidas y un impacto frontal. La cuestión queda clarísima si se asume que el tiempo es discontinuo, admitiendo que en un instante el mosquito va en un sentido a su velocidad de vuelo y en el instante siguiente, discreto y distinto del momento en que se produce el impacto, el sentido del movimiento se invierte y el viaje del mosquito pegado al tren se reinicia y continúa a la velocidad del tren. No existiendo ningún instante intermedio en el que el mosquito se pare. Es un hecho que no se ha parado porque en el momento de haberse podido parar estaba en íntimo contacto con el tren y el tren no se paró. Pero el problema de fondo radica en la dificultad que tenemos de asumir la discontinuidad del tiempo, dado que ello forma parte de nuestro sistema de creencias más arraigado y de nuestra experiencia cotidiana. Recordemos que llevamos toda una vida asumiendo que el tiempo es continuo y funcionando en nuestras vidas con éxito, sin que nos afecte negativamente en nuestra experiencia diaria el creer vivir en un tiempo continuo.

La inviolabilidad de nuestro sistema de creencias es garante de nuestra propia identidad. Unos dicen que somos lo que comemos, otros que somos lo que nuestros genes hacen de nosotros, otros que somos lo que hacemos…la realidad es que somos lo que creemos y de ello depende lo que comemos, lo que hacemos y lo que pensamos. Lo que creemos ser y, también, lo que creemos que los otros y el mundo son. Cuestionar el sistema de creencias es cuestionar, al menos en parte, lo que somos y cómo es el mundo que nos rodea.

Todas las cuestiones periféricas que se van planteando en los comentarios al artículo de referencia: la deformación del mosquito, el principio de relatividad, la amortiguación del impacto, la posible elasticidad o plasticidad del choque…son la misma cuestión: nuestra resistencia a asumir que el tiempo es discontinuo y el empeño en seguir creyendo que es continuo. El problema de fondo es la discontinuidad del tiempo. El vuelo del mosquito es solo un indicio de esa discontinuidad. Cuando el dedo señala un fenómeno curioso, no debiéramos entretenernos mirando al dedo, pero es normal que eso ocurra cuando el propio dedo también es un fenómeno curioso en sí mismo.

Centrémonos en la discontinuidad. Vivimos en un mundo crecientemente digital, las discontinuidades son evidentes por todas partes, pero nuestra mente insiste en recomponer la continuidad. La pantalla del ordenador y la de la televisión están fraccionadas en pixeles, pero nosotros recomponemos una imagen continua. El cine procesa una serie de fotogramas fijos y discretos, pero nuestra mente integra una secuencia dinámica y continua. La materia está compuesta de átomos, pero la manejamos como si fuese continua y homogénea. La luz del sol es percibida por un flujo continuo de luz y calor, pero sabemos que son chorros de fotones discretos. En ese contexto cultural, se nos sugiere la posibilidad de que el tiempo también sea discreto, pero, ante tan desconcertante novedad, nos negamos a considerar que pueda ser verdad, y eso a pesar de que al tiempo lo medimos mediante intervalos discretos, sea con relojes digitales o por granitos de arena que van cayendo por gravedad, de uno en uno, de un recipiente a otro o por relojes analógicos que progresan con un tik-tak tras otro. Los relojes atómicos de resonancia de mayor precisión cuentan impulsos, uno a uno. Incluso los relojes de sol, a pesar del aparente deslizamiento continuo de su sombra, progresan fotón a fotón.

Nos cuesta admitir que podríamos estar equivocados en lo que venimos creyendo y, como consecuencia, buscamos modos de evitar plantearnos otras alternativas. Nos supone un serio esfuerzo asumir que el tiempo pueda ser discontinuo, revelándonos ante semejante idea; máxime, cuando la mente tiende a establecer la continuidad en todo. Sin embargo, cuando de repente admitimos la discontinuidad, algo ocurre en nuestro cerebro que ilumina nuestra visión del mundo con una luz nueva que nos descubre matices nunca percibidos, es como una revelación enriquecedora y clarividente. Decía Parménides que había dos caminos hacia el conocimiento: el de la opinión, que era más largo y tortuoso, por lo que era fácil perderse por él, y el camino de la verdad, que era más corto y directo pero que no dependía solo de nosotros, ya que a la verdad solo se llega mediante la revelación. (Parménides dijo que no dependía de nosotros. Yo me he permitido añadir el “solo de nosotros” por lo que dijo Einstein de que “un minuto de inspiración requería varias horas de transpiración”)

Cuando el tiempo se nos revela como discontinuo, la consecuencia inmediata es reconocer que toda la realidad, incluidos nosotros mismos, estamos constituidos por una nube de partículas elementales que van saltando de la posición-estado en la que se encuentran en un instante dado a otra posición-estado que asumen al instante siguiente en una secuencia de estados discretos que saltan de hodón en hodón (utilizando el término que nos propuso Renato en un comentario para designar cada nódulo espacio-temporal, término tomado, como él mismo señala en uno de sus comentarios, de Robert Levi quien posiblemente lo tomase del término griego hde que significa YA). Como en las películas, somos una serie de fotogramas fijos que se integran en una secuencia que percibimos como continua por la rapidez con la que se suceden. A pesar de los esfuerzos de Heráclito quien, inspirado en el fuego, defendía aquello de que “todo pasa y nada es”, la filosofía occidental ha vivido durante siglos del ente estático de Parménides. La dinámica de la evolución del ser no se trata sistemáticamente en filosofía hasta que aparece la razón histórica de Ortega, quien abandona, por fin, la ontología quietista del ser de Parménides por una ontología dinámica del suceder, que será continuada por Heidegger y esclarecida por García Morente. Ahora, nosotros, podríamos sintetizar las dos visiones del ser y el suceder mediante una concepción de la realidad como un estado que permanece en su ser hasta que salta a otro estado de ser y afirmar que “todo es pero no permanece tal cual durante mucho tiempo”, pues con cada cronón, toda partícula constituyente de la realidad brinca a un nuevo estado de su ser, pasando de hodón en hodón. (Siendo el hodón la unidad indivisible espacio-temporal de la que el cronón es su dimensión temporal. El resto serían dimensiones espaciales). El cambio no será lo continuo que predicaba Heráclito, pero sí lo suficientemente frecuente y rápido como para parecerlo. Esa concepción de la realidad nos presenta una visión del mundo y de nosotros mismos que nos invita y reta a aprovechar las posibilidades que nos ofrece ese tipo de cambio para  mejorar constantemente como seres humanos.

¡Un escalofrío me estremece! Si somos coherentes con lo dicho hasta aquí, tenemos que concluir que, entre cronón y cronón, todo lo que nos rodea desaparece. Lo cual no debiera ni alarmarnos ni afectarnos, pues entre cronón y cronón, tampoco nosotros estaríamos presentes para verlo. Además, que desaparezca no quiere decir que deje de existir. Pero necesitamos asumir dos hipótesis que nos reconcilien esta insólita idea con la experiencia: La primera, el sincronismo universal. Los cronones debieran estar todos sincronizados, de forma que no se produzcan solapes entre cronones de diferentes hodones. En caso contrario, se podría dar la paradoja de que un tren lo suficientemente rápido y corto, podría cruzarse con un mosquito que vuele hacia él sin arrollarlo, atravesando el mosquito al tren, aprovechándose de poder seguir volando mientras el tren se encuentra ausente entre dos cronones desincronizados con los del mosquito. Las partículas del mosquito no chocarían con las del tren, dado que estarían en el mismo sitio pero en instantes diferentes, sin coincidir nunca a lo largo del cruce. ¿Acaso, en el fondo, el efecto túnel es producto de los intervalos atemporales que producen los cronones? La segunda hipótesis es que entre cronón y cronón no haya nada, comenzando cada uno de ellos donde termina el anterior, de manera que al estar indisolublemente unidos, nada quede fuera de los cronones, apareciendo en el siguiente lo que desaparece del anterior, quedando todo patente en todo momento, ya sea en un cronón o en otro. La situación sería semejante a la de una serie de bombillas alineadas a lo largo de una recta en la que una de ellas está encendida durante un cronón y, al apagarse, se enciende inmediatamente la siguiente durante el mismo intervalo de tiempo; de manera que siempre hay una bombilla encendida y la luz, imagen de la realidad observada, nunca desaparecería. Si la recta sobre la que se alinean las bombillas representa el eje del tiempo, veríamos como la realidad (la luz) progresa a saltos a lo largo del tiempo sin dejar de estar presente.

No hace mucho, leí un anuncio que decía: “Comparte tus conocimientos y aprenderás más”. Lo interesante del ejercicio sobre La Textura del Universo ha sido que, al compartir una mísera intuición sobre el tiempo, he aprendido, gracias a vosotros, no poco sobre mí mismo y los demás. ¿Opinión o verdad? Seguro que la diosa de Parménides lo sabe. ¡Quién pudiera subirse a su carro!

En el próximo artículo revisaremos lo que la ciencia dice hoy respecto a la estructura del espacio-tiempo.

Para quienes no leyeron La Textura del Universo y pudiesen estar interesados en leerlo, incluyo el enlace: