viernes, 30 de octubre de 2015

Vidas Paralelas



Vidas Paralelas

Relato breve


Ulani era soltero y vivía solo en su acojedor y luminoso bungalow, abierto al horizonte y bañado por el sol, en el pueblo de Pahua, junto a la costa oeste del atolón de Mataiva, una de las múltiples islas que integran el grupo de las Islas Tuamotu de la Polinesia Francesa. Entre otras ventajas, Mataiva tiene aeropuerto, abundante pesca, un buen clima entre 23 y 30 grados, playas de ensueño y fina arena bordeadas de palmeras y una espectacular laguna interior. El bungalow de Ulani está junto al corto brazo de mar que une el océano con la laguna central. Esa mañana, terminado el desayuno, se fue, como tantas veces, al cercano puntal del este, a contemplar el amanecer sobre las aguas de la laguna. Se diría que tenía urgencia de que comenzase el día y va a su encuentro. El vivo sol tropical se alzaba perezoso a la vez que su reflejo se hundía en las azules aguas tiñiéndolas de rojo. Ulani llenó sus pulmones con la brisa que le acariciaba las mejillas, mientras esbozaba una sonrisa de satisfacción. Cerró un instante los ojos ante la luz cegadora mientras se deleitaba con la suave calina del amanecer tropical sobre su rostro y se sintió feliz. La vida le había tratado bien, estaba a punto de cumplir cincuenta años y se había pasado toda su vida haciendo lo que más le gustaba, lo que siempre había querido hacer: pescar en el océano. Tenia un pequeño cobertizo al borde de la playa oriental en el que servia de comer al medio día los frutos que el océano le había proporcionado la tarde-noche anterior. Solía comer acompañádo de algún cliente rezagado, todos ellos amigos y vecinos y, tras las comidas, después de recoger las mesas y fregar los platos, cerraba el restaurante, se tumbaba en la hamaca que tenia tendida a la sombra entre dos cocoteros y tras sestear en ella lo que el cuerpo le pidiese, solía compartir el resto de la tarde con los amigos que se acercaban a visitarlo y con quienes charlaba amenamente, en torno a unos Mar Tai bien fríos, hasta la hora de la pesca. Todos los atardeceres se embarcaba en su cayuco de madera de ceiba, armado de su aparejo, para salir a pescar. Con frecuencia capturaba alguna tortuga y la sopa de tortuga nunca faltaba en el menú.

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La vida de Geremy era agitada. Estaba soltero y vivía solo en un lujoso pero sombrío apartamento del bajo Manhattan, aculto al sol y al mundo tras la mole de un gigantesco rascacielos. Toda su preocupación y todos sus desvelos los dedicaba al trabajo. Un trabajo frenético y estresante. Era broker en Wall Street. Esa mañana era especialmente tensa, China había revaluado el yuan y los teléfonos nos dejaban de sonar. Las órdenes de ventas se acumulaban mientras las coloreadas pantallas de plasma parpadeaban con cotizaciones en números rojos que se iban sucediendo, precipitando a la baja los precios, y gráficos que iniciaban una pendiente descendiente que se agudizaba por momentos. Era un día especialmente malo que predecía toda una larga serie de jornadas deprimentes. El pánico llenaba la sala y se reflejaba en la crispación de los rostros. Pero no era ese día el primero de su clase. No muchas semanas antes, la crisis de Grecia que la política económica del nuevo gobierno de Syriza había desencadenado generó otra tanda de jornadas parecidas; mientras el Ministro de Finanzas griego, Yanis Varufakis, echaba un pulso sin esperanza a la Troica, los mercados mundiales se resentían de la maniobra. La vida de Geremy era trepidante y la adrenalina era una asidua compañera laboral. Por añadidura, ese fin de semana tenía que ir al seminario sobre los nuevos ETFs y el próximo viernes empalmaría con el siguiente lunes sin tregua ni reposo. El trabajo en Wall Street era acelerado e intenso, además, Nueva York nunca duerme. Salvo esporádicas comidas de negocios en algún restaurante cercano, tenía costumbre de comer en la oficina un par de sanwishes y, al final de la jornada iba al Smith´s Bar, en la 44 con la 8th, a tomar un martini seco, las más de las veces solo. Pero Geremy lo aguantaba porque vivía enfocado en sus dos grandes objetivos: ganar la mayor cantidad de dinero que pudiese conseguir en el menor tiempo posible y jubilarse antes de los 50 años.

Cuando, finalmente, Geremy se jubiló, liquidó todos sus activos, transfirió los fondos, hizo las maletas y partió para la Polinesia Francesa. Él era canadiense, de Montreal, y le apetecía vivir en un territorio donde se hablase francés, su lengua materna, pero prefería retirarse a las cálidas playas tropicales en lugar de volver a los gélidos inviernos del Québec, en los que los témpanos de hilo derriban los tendidos eléctricos y los ciudadanos tienen que refugiarse en los acondicionados y comerciales sótanos de las ciudades. Entre las múltiples islas que configuran la Polinesia Francesa, eligió el atolón de Mataiva porque, entre otras cosas, tenía aeropuerto, abundante pesca, un buen clima entre 23 y 30 grados, playas de ensueño y fina arena bordeadas de palmeras y una espectacular laguna central. Se compraría un bungalow, se compraría una barca, y todos los atardeceres se pensaba embarcar en su pequeña barca, armado de su aparejo, para salir a pescar.

Geremy compró un bungalow que estaba junto al corto brazo de mar que une el océano con la laguna central. Esa mañana, terminado el desayuno, se fue, por primera vez, al cercano puntal del este, a contemplar el amanecer sobre las aguas de la laguna. Se diría que tenía urgencia de que comienzase el día y va a su encuentro. El vivo sol tropical se alzaba perezoso a la vez que su reflejo se hundía en las azules aguas tiñiéndolas de rojo. Geremy llenó sus pulmones con la brisa que le acariciaba las mejillas, mientras esbozaba una sonrisa de satisfacción. Cerró un instante los ojos ante la luz cegadora mientras se deleitaba con la suave calina del amanecer tropical sobre su rostro y se sintió feliz. La vida lo había tratado bien, estaba a punto de cumplir cincuenta años y, por fin, podría hacer lo que más le gustaba, lo que siempre había querido hacer: pescar en el océano.

miércoles, 21 de octubre de 2015

La Felicidad



Según el Diccionario de la Real Academia, la felicidad es el estado de ánimo que se complace en la posesión de un bien. Una segunda acepción define a la felicidad como satisfacción, gusto o contento.

Para Aristóteles, la felicidad la debe conquistar el hombre mediante su acción personal (pragtón ágaton). Se trata de realizar acciones voluntarias siguiendo los dictados de la prudencia en busca del justo medio, por lo que la acción que lleva a la felicidad está relacionada con el ejercicio de la virtud. Antes, Sócrates había dicho que el estado interior feliz era consecuencia del ejercicio de la virtud (areté).

Para algunos romanos de la antigüedad clásica, la felicidad era un estado interior del dichoso (felix) que vive en paz consigo mismo, estado que consiste en la serenidad de ánimo (beatus). Dentro de esta línea, los escépticos consideraban que la felicidad residía en la imperturbabilidad (ataráxia).

Para los cirenaicos la felicidad consistía en el placer, planteamiento con el que estaban de acuerdo los epicúreos, y no faltaron quienes creyeron que era feliz el afortunado, el poseedor de bienes abundantes (olbios).

Personalmente considero que lo que mejor define el sentimiento de felicidad es el sentido de plenitud, de satisfacción con lo que se es, con lo que se hace y con lo que se tiene; de ahí que los ascetas y estoicos recomienden reducir las aspiraciones de lo que se desea para facilitar el alcance de la felicidad, centrándose en el ejercicio de la virtud. La felicidad requiere, como condición, satisfacer las necesidades personales, por lo que conocer nuestras necesidades reales nos marca  pautas para alcanzar la felicidad.

Pirámide de Maslow: jerarquía de necesidades

Dada la importancia de las necesidades en el camino de la felicidad, al reflexionar sobre la felicidad debemos tener en cuenta la pirámide de Mashlow, encontrando que la seguridad es un requisito indesdeñable y que la autorrealización es una aspiración deseable para alcanzar la plenitud; con la conveniencia, para poder ser felices, de contar con afiliación y reconocimiento.

Todos aspiramos a la felicidad, pero cada individuo tiene su propio concepto de lo que significa ser feliz para él y, para lograrlo, necesita gestionar sus propias opciones, siendo múltiples los caminos que pueden seguirse hacia la felicidad. Sin embargo, podemos identificar un grupo de características sobre lo que representa la felicidad para todos nosotros, conceptos que nos permiten elaborar un esquema teórico de lo que determina el marco de la felicidad. Para empezar, dos parámetros afectan la calidad y cantidad de alternativas que se nos ofrecen en cada momento para perseguir la felicidad: el nivel de autonomía que tenemos para gestionar nuestra vida y el factor temporal o perentoriedad de nuestras aspiraciones, siendo diferente si  personalmente primamos la felicidad presente o preferimos la felicidad futura.

Para comprender los factores que contribuyen a que nos sintamos felices, debemos diferenciar entre las características del entorno que nos rodea y nuestra propia actividad.
El entorno nos acomoda y nos proporciona recursos para poder actuar, pero también nos impone limitaciones. El entorno está determinado tanto por el lugar en que nos encontremos como por el grupo de personas con las que nos relacionemos. El bienestar depende de la comodidad del lugar y de su acondicionamiento a nuestras necesidades, siendo la integración social función de las personas con las que tratamos, de su acogida y de nuestra predisposición hacia ellas, contribuyendo a la afiliación y mutuo reconocimiento el nivel que tengamos de identificación con ellas; en definitiva, nuestra felicidad dependerá, en gran parte, de los lazos afectivos que mantengamos con esas personas con las que convivimos, ya sean familiares, amigos, compañeros de trabajo o vecinos y, en menor medida, del lugar en que nos encontremos. Es más importante con quién estamos que dónde nos encontramos.  Dentro de la convivencia hay que destacar la convivencia con nosotros mismos, aceptándonos como somos, lo que requiere coherencia de vida. La felicidad tiene numerosos momentos especiales en la intimidad de la soledad, difíciles de compartir, siendo tan importante para ser feliz estar integrado en la sociedad como estar en armonía consigo mismo. El carácter predominantemente solitario de algunas personas no implica que sean insolidarias, como tampoco quienes son abiertamente sociables dejan de ser reflexivos.

El ser humano, lo dijo Aristóteles, es un animal social, y lo es porque, no sólo necesitamos a los otros para nacer y sobrevivir, sino porque tenemos necesidad de comunicar nuestros pensamientos y de compartir nuestras vivencias con otras personas. La necesidad de comunicación crea el lenguaje y justifica el éxito de las redes sociales, siendo la comunicación la que hace del vivir, convivir.

Cada uno de nosotros contribuiremos a que esa convivencia sea grata o ingrata, fasta o nefasta; cada uno de nosotros formamos parte del entorno de los demás, de la misma manera que ellos configuran nuestro entorno. El ser humano es parte de una estructura social y su bienestar depende del conjunto de esa estructura. Nadie, ninguno de nosotros podemos asegurarnos la felicidad plena por nosotros mismos, pero todos, cada uno de nosotros podemos contribuir a mejorar la felicidad del prójimo y no hay nadie tan prójimo como el cercano. Ya que lo mismo que México es Méjico y Quijote es Quixote, prójimo es lo mismo que próximo, no habiendo nadie tan próximo como un vecino. Un factor importante de la felicidad en la buena convivencia con nuestros allegados.

La actividad desarrollada por nosotros en el entorno en el que nos encontramos, especialmente si es adecuada a nuestras capacidades y aficiones, es la principal fuente de satisfacción personal necesaria pera ser felices mediante el nivel de autorrealización que logremos con esa actividad. Si nuestra actividad nos satisface y, más aún, si nos proporciona éxito, se puede llegar a ser feliz, incluso si el entorno es desagradable; como puede ocurrir si trabajamos en una plataforma petrolera, en una mina, en el planeta Marte o en un penal. Se puede estar incómodo y ser feliz.

Nuestra felicidad depende, por tanto, fundamentalmente, de lo que hagamos y de con quién estemos. El objetivo de la acción es desarrollarse, llegar a ser lo que cada cual puede ser y en potencia es. La actividad y el desarrollo tienen un factor interno, biológico, que nos permite configurar lo que somos mediante una actividad orgánica, endógena, por la que nos desarrollamos como seres vivos. Tener un organismo completo y sano como individuo de la especie a la que pertenecemos contribuye a hacernos felices. No tener alas no es un trauma para un hombre, pero carecer de un brazo es una deficiencia en el desarrollo biológico de nuestro ser esencial que nos perturba. Por otra parte, está la actividad externa, por la que alteramos el entorno y a nosotros mismos mediante lo que hacemos, reconfigurando al mundo y formándonos a nosotros mismos; potenciando o desperdiciando nuestras cualidades y nuestra capacidad al hacer lo que desearíamos hacer y podríamos hacer. El fruto de nuestra acción tiene dos vertientes: La obra realizada, objetiva, que queda a disposición de todos y nuestro propio desarrollo personal, fundamentalmente subjetivo. Ambos productos son acumulativos y el resultado depende de lo que hagamos con nuestro tiempo a lo largo del tiempo.

El auto-desarrollo incluye un aspecto de “Bildung”, como diría Gadamer, de autoformación o educación que incluye un proceso constructivo progresivo, que va transformando nuestra forma de ser, a la par que mejora nuestro conocimiento del mundo y de nosotros mismos, junto con un deseo de mejora como persona, lo cual implica una intención rectificadora de los errores vitales y conceptuales que vamos descubriendo en nosotros. La capacidad para recrearse con lo que se hace está condicionada por la capacidad para disfrutar haciendo lo que se hace. El material con el cual podemos realizar esa recreación, esa reconstrucción correctiva de nosotros mismos, es la experiencia; pero es preciso saber utilizar ese material para lograrlo, es decir, hay que aprender a aprender de la experiencia. Adicionalmente, toda creación requiere de imaginación e innovación. Se trata de lograr un desarrollo mental saludable y enriquecedor, creativo, en paralelo con el desarrollo de otros aspectos de nuestro ser, biológicos, sociales, morales, estéticos, económicos, culturales...cuyo fin es potenciar nuestra capacidad para disfrutar mejor de lo que tenemos y hacer mejor lo que hagamos mejorando nuestros logros, tras descubrir, desde la experiencia, nuevas formas de vivir y de hacer. Debemos inventarnos una forma de vida en la que ser más felices, lo cual implica inventarse un modo de ser lo que deseemos ser y ser capaces de serlo realmente, evitando el conformismo. Las cosas podrían haber sido de otra manera y pueden llegar a ser de otra manera. Para ser más felices, necesitamos creatividad para reinventarnos. No nos sujetan más cadenas que las que nosotros mismos nos impongamos.

La felicidad debe también aceptar los fallos. Asumir el fracaso que a veces resulta como fruto de la acción. Si se puso el esfuerzo debido, los tropiezos no debieran ser traumáticos. La capacidad para aceptar las dificultades y contrariedades es también un componente de la felicidad. Duro, pero necesario. La resignación debe basarse en reconocer que no todo está bajo nuestro control y, como proclama el lema olímpico, lo importante es participar. En el deporte unos ganan y otros pierden, pero todos juegan y lo divertido está en jugar. Ganar es un estímulo adicional para seguir jugando con más ganas. Y junto a la falta de control total, aceptar también nuestras propias limitaciones personales y la frecuente carencia de todos los recursos adecuados a los propósitos que pretendemos conseguir. Está en juego la autoestima.

Podría medirse la felicidad por el inverso de la diferencia entre nuestro potencial y nuestro nivel de satisfacción por lo logrado. El factor que más contribuye a la satisfacción es el logro, que es el porcentaje de éxito respecto a lo que pretendíamos alcanzar en relación a lo que hemos conseguido mediante nuestras acciones. El éxito y el reconocimiento que la escala de Mashlow nos indica como necesarios, serán más fáciles de conseguir si hacemos lo que nos gusta hacer y sabemos hacerlo bien. Si estamos plenamente satisfechos con nuestra obra, podríamos alcanzar la satisfacción personal y la felicidad con lo logrado, incluso si no se obtienen ni el éxito ni el reconocimiento que cabrían esperarse de los demás. Tantos libros no publicados, tantos proyectos no construidos, planes no realizados, ideales no cumplidos, esfuerzos no recompensados.

Un hecho psicológico importante y común es que la preocupación por las necesidades descritas en la pirámide de Mashlow se desvanece cuando la atención la desplazamos fuera de uno mismo. La obra de teatro Toc, toc ilustra como los traumas personales desaparecen cuando se pone la preocupación y esfuerzo en ayudar a los demás a resolver sus propios traumas. Toda madre se despreocupa de sus dolencias ante la enfermedad de un hijo. Retirar la prioridad de la atención y la preocupación de si mismo y ponerlas en intereses ajenos, es una acción determinante y rápida para asegurar la felicidad, aunque sea de forma transitoria

La entrega a una causa, una labor, una tarea, a una persona o a todo un grupo, margina las propias preocupaciones centradas en uno mismo, poniendo toda la importancia, atención y esfuerzo de nuestro quehacer en el bien del otro. Por una causa que apasiona o por una persona a la que se ama, se puede llegar a dar la vida.

La felicidad está en la entrega

El infeliz podrá expresar su infelicidad diciendo: No tuve a nadie a quien amar ni nada por lo que luchar.

El principal ingrediente de la felicidad es hacer con satisfacción algo que contribuya a hacer más felices a otras personas.

Por último, no hay que perder de vista que cada persona es un mundo y sin parangón, teniendo cada cual su propia visión sobre lo que le hace feliz. Kant decía: “Nadie tiene derecho a obligarme a ser feliz a su modo”.



Nota: El presente artículo fue redactado en base a una conversación sobre la felicidad con mi hija Olga. Varias de las ideas expuestas en él son suyas.

sábado, 17 de octubre de 2015

Lamarckismo




¿Cómo pueden heredarse las mutaciones adquiridas? Si consideramos el caso de que una célula de, por ejemplo, el hígado de un mamífero que ha recibido el impacto de un rayo cósmico alterándole un gen, ha sufrido una mutación positiva, beneficiosa para la salud de ese individuo y la de la especie, pensemos que inmuniza de la cirrosis; la posibilidad de que esa mutación accidental desplace a los genes alternativos y se extienda a todo el órgano en bajísima. Tendrá que competir con el resto de millones de células que integran el hígado. Pensemos que si una célula maligna tarda meses en llegar a constituir un pequeño tumor, una célula benigna que carece de reproducción acelerada tardaría muchísimo más en extender su mutación, pudiendo morir el individuo antes de que el órgano se beneficie del cambio.

Si nuestra célula privilegiada quiere tener éxito, deberá contar con un muy buen sistema de marketing y distribución, sin dejar su supervivencia a la lenta selección Darwiniana, para la que es una clara candidata al éxito.
                                              
Un mecanismo adecuado para garantizar el éxito de esta tarea lo tenemos en los virus. Un virus no es otra cosa que un vector genético. Lo que la célula mutada podría hacer, es duplicar la zona del ADN donde esta ubicado el gen mutado, etiquetarlo, encapsularlo y crear un virus. El virus seria el encargado de “infectar” todo el hígado con el nuevo gen.

Si la mutación es tan importante, no sería suficiente con que las células reproductoras sean también infectadas y mutadas, pues la expansión de la mutación a otros individuos de la especie se realizaría por el lento camino de la herencia y la selección natural. Armados con el vehiculo del virus, la mejor estrategia sería infectar a los individuos que se encuentren en la proximidad de mutado y buscar también otras vías de propagación: el aire, el agua, otras especies que actúen de portadoras…para extender el beneficio de la mutación.

Debiéramos considerar a los virus como constituyentes de una genosfera que nos rodea (utilizando la terminología de Teilhard de Chardin) y con la que interactuamos cediendo y tomando genes con otros individuos de la especie y especies afines. Evidentemente, un virus de otra especie tendrá que ser eliminado por el sistema inmunológico, de no hacerlo podría producir una enfermedad en el individuo infectado en lugar de proporcionarle una mutación deseable.

Hay tres experiencias sorprendentes que tuve de niño que ilustran la posibilidad del intercambio de genes por infección viral:

-En cierta ocasión me invitaron a una conferencia que daba un sacerdote jesuita de Pamplona que había estado 42 años en China. No recuerdo ni una palabra de lo que dijo sobre China, pero no puedo olvidar que su aspecto era totalmente chino: Piel amarilla, barba lacia, ojos oblicuos…

-Unos amigos de mis padres adoptaron una niña, con los años, se convirtió en un duplicado de su madre.

-Conocí una pareja de ancianos esposos que vivían en el pueblo de mis abuelos, nunca he visto dos personas tan parecidas sin ser hermanos gemelos.

La explicación que encuentro para los tres casos es la realidad de una genosfera vírica que se comparte, principalmente en la convivencia.

Otro posible mecanismo sería que el virus trasmisor no porte un nuevo gen, sino un potenciador (enhancer) que active o reprima un gen ya existente. En cualquier caso, tendríamos que una mutación accidental, contingente, daría origen a una secuencia causal, determinista, haciendo que una mutación aleatoria que origina un carácter adquirido, pasase a ser un gen hereditario .


jueves, 10 de septiembre de 2015

Teoría y práctica del marxismo II





  En la segunda mitad del primer volumen de El Capital, a partir del capitulo XV, Marx analiza el efecto de la mecanización. Lo primero que señala es como la máquina, al asumir la mayor parte del esfuerzo necesario para realizar los trabajos, permiten el trabajo de mujeres y niños, lo que amplia la oferta laboral y contribuye a mantener los salarios muy bajos; además del coste social que supone el trabajo de mujeres y niños, con el consiguiente impacto en la atención a la familia y la formación infantil y juvenil. A raíz del empleo infantil, denuncia las condiciones laborales en el Reino Unido durante la mecanización de finales del siglo XVIII y a lo largo de gran parte del XIX, con largas jornadas laborales, salarios de supervivencia y condiciones insalubres con alta siniestralidad. La imagen es desoladora, pero Marx señala un cauce de mejora de las condiciones laborales mediante la legislación laboral, poniendo de ejemplo la ley británica de 1833 que limita la jornada laboral a 12 horas, siendo sustituida por la de 1847 con la que se logra la, largamente reclamada por las organizaciones obreras, jornada de 10 horas. Finalmente, la Ley de Fabrica de 1864 ratifica las 10 horas, fija un salario mínimo, prohíbe el trabajo infantil y exige mejorar las condiciones sanitarias de los locales de trabajo, estableciendo inspecciones y sanciones. Marx describe el hacinamiento en algunos talleres, el ruido de las máquinas, el calor de las calderas, los gases tóxicos de muchas industrias y la peligrosidad de algunas tareas. Todo un panorama que deja al descubierto los abusos y penurias de la época.

Por otra parte, plantea el problema de si la mecanización elimina mano de obra o la crea. Parece contradecirse, pues si en algún momento afirma que "las maquinas aumentan el numero de esclavos del trabajo" (Libro 1 secc IV cap XV ap 7) o que la maquina "intensifica su sed de trabajo ajeno" (Libro 1 secc IV cap XV ap 2). Por otro lado, dice  que "la maquina expulsa a los adultos" (Libro 1 secc IV cap XV ap 5) y denuncia como la maquinaria "expulsa a los labradores de los campos" (Libro 1 secc IV cap XV ap 5), pero no es contradictorio, pues claramente se decanta por la contribución de la maquinaria al desarrollo económico y la creación de empleo. Un siglo mas tarde, el premio Nobel de economía John Hicks, en su obra Una teoría de la historia económica, publica unas estadísticas que demuestran como en el proceso de industrialización británica, al principio, la maquina eliminó puestos de trabajo, pero con el tiempo fue creando numerosos puestos de trabajo nuevos. Marx explica ese crecimiento de las necesidades de mano de obra con la mecanización en base a que la mayor productividad hace aumentar el numero de productos y baja los precios, lo que genera una mayor demanda, con lo que aumenta la producción, ampliando la capacidad de las fábricas y el numero de trabajadores, además, se disparan las necesidades de materias primas, de industrias auxiliares, de medios de transporte y nuevas infraestructuras, construyéndose ferrocarriles, puentes, túneles, instalaciones portuarias, flota mercante, almacenes, carreteras...todo ello produce un amplio desarrollo económico que hace aumentar la demanda de mano de obra y el consumo. Adicionalmente, el enriquecimiento de los capitalistas impulsa la demanda de objetos y servicios de lujo, lo que genera nuevas industrias y puestos de trabajo adicionales. En la actualidad, la pregunta sobre el impacto en los puestos de trabajo de las máquinas se repite al hablar sobre robótica y automatización.

Otro efecto de la mecanización señalado por Marx es la extensión de la jornada laboral, pues una vez realizada la inversión en equipos, la rentabilidad aumenta con el tiempo de utilización de esas máquinas, lo que hace que "la maquina crea poderosos motivos para prolongar sin mesura la jornada de trabajo" (Libro 1 sec IV cap XV). En esto se equivoca, pues, llevando al límite su razonamiento, la mayor producción de una maquina se obtiene haciéndola trabajar continuamente, lo que se logra con tres turnos de trabajo de ocho horas cada turno. Como la historia ha demostrado, la mecanización lleva a una jornada de ocho horas y no de quince.

Otra consecuencia negativa de la introducción de las maquinas es que los pequeños talleres y los artesanos no pueden competir con ellas, debiendo cerrar sus negocios, pasando a incrementar la masa de trabajadores asalariados. Por otra parte, cuando el proceso permite dotar al capitalista de pequeños equipos, como es el caso de las maquinas de coser,  se facilita en ocasiones el trabajo a domicilio a destajo. Además de la maquinaria y herramientas, los capitalistas facilitan también la materia prima y el diseño de los productos a trabajadores que hacen su trabajo en el domicilio o en talleres de confección ajenos a la empresa, donde los operarios son explotados sin protección legal, mientras que el capitalista se ahorra el espacio, la iluminación y la energía.

  La combinación de la industrialización y el comercio internacional tiene repercusiones en todo el mundo, enriqueciendo a los países industrializados y empobreciendo a los que no lo están. Así, mientras que en el Reino Unido se fabricaban tejidos y se confeccionaban trajes, la India era condenada a elaborar algodón y forzada a comprar los productos industriales, empobreciéndose cada vez más, Australia se especializaba en la producción de lana y el sur de los EEUU en la de algodón. Solo en la medida en que el continente europeo y el norte de los EEUU inician su propia industrialización se rompe el monopolio fabril  del Reino Unido, pero los países subdesarrollados quedan encasillados en el papel de productores de materias primas y consumidores de productos industriales. Tendrá que llegar Gandi para que la India vuelva a hilar y tejer para romper esa dependencia y lanzarse por el camino de la industrialización.

  Otra denuncia de Marx es el riesgo de crisis cíclicas a las que parece estar condenado el sistema capitalista, con periodos de saturación de los mercados que cierran los periodos de prosperidad y desencadenan las crisis de demanda y el paro masivo.

  Finaliza el primer volumen con la critica a la acumulación de capital seguida de concentración de capitales, cerrando el capitulo XXXII con la profecía de que "los expropiadores serán a su vez expropiados" (Libro I, secc VIII cap XXXII).

Conclusiones y comentarios

Las denuncias que hace Marx de las condiciones laborales en las primeras épocas de la industrialización no parece que sean exageradas. En mi opinión, su análisis es certero y la denuncia oportuna. La situación de los obreros en esos años debió de ser penosa. Afortunadamente, las sucesivas legislaciones laborales consiguieron ir eliminando los aspectos más lamentables. Es increíble que en pleno siglo XXI, se sigan dando muchas de las condiciones laborales denunciadas por Marx dos siglos antes. Pienso en los talleres de confección, minas y otras explotaciones en países tercermundistas, donde hasta el trabajo infantil sigue estando vigente.

  Su profecía de que los capitalistas serian expropiados se ha cumplido en todos los países en los que el comunismo ha triunfado, pero no ha sido para liberar a los obreros, sino para sustituir el sistema capitalista privado, sujeto a la competencia entre las diferentes empresas, por un capitalismo de estado en el que el estado goza de un monopolio absoluto y totalitario que utiliza para satisfacer sus propios intereses.

  En la actualidad, y gracias a la acumulación de legislaciones que se han ido promulgando en defensa de los trabajadores, el estado del bienestar ha logrado proporcionar sanidad, jubilación, educación, mejores condiciones de trabajo y mejores salarios. A la mayoría de los que trabajan o hemos trabajado por cuenta ajena se les ha ido facilitando la labor, pero hay dos círculos viciosos en la economía occidental que convenía ver formas de poder salir de ellos: el del acceso al capital de los empleados por cuenta ajena y el del acceso a la propiedad de la vivienda de los que viven de alquiler. En El Capital, se denuncia al capitalista acaparador por su afán de ahorrar, hasta el punto de proponer sustituir la palabra Capital por la de Abstinencia. Habría que fomentar que también los asalariados puedan ahorrar, por lo que los salarios no pueden ser de mera subsistencia

La solución a las dificultades que tienen los obreros para capitalizarse y poder ir participando de las rentas del capital no está en que toda la propiedad sea del estado, sino en lograr que los obreros puedan ahorrar parte de sus ingresos e irlos invirtiendo en activos empresariales. Personalmente, creo que una solución son las cooperativas y las Sociedades Anónimas Laborales. Junto a Jose Sellers, fundé la primera sociedad anónima laboral o SAL española: APL Informática SAL. Hasta tal punto fue la primera, que cuando se redacto la ley que regulaba a las SAL, varios apartados de esa ley copiaban textualmente párrafos de los estatutos de nuestra empresa.

La experiencia fue positiva, no solo se beneficiaron de sus acciones todos los empleados de la empresa cuado se vendió a una filial del Crédit Lyonnais, sino que alguno de los antiguos empleados crearon sus propias empresas. También hubo uno que se negaba a recibir acciones, insistiendo en que prefería que se le diese en efectivo el importe de las mismas.

A nivel teórico, los economistas de la Escuela de Viena señalaron las dificultades para que el comunismo fuese eficiente, destacando, entre otras razones que:
·        Es imposible que el planificador central tenga y pueda procesar toda la información necesaria para dirigir con eficacia la economía de un país.
·        La planificación central exige renunciar a la libertad personal.
.        La falta de libertad se logra con represión, que puede llegar a ser brutal.
·        La planificación desmotiva la iniciativa y baja la productividad.
·        Además, se desincentiva la innovación.
·        Con la centralización económica, se pierde la importantísima información que los precios proporcionan sobre lo que hace falta en el mercado y lo que se está produciendo en exceso
·        La fijación de precios produce desabastecimiento y el desabastecimiento hace que se produzcan colas. 

En la práctica, tras la caída del Muro de Berlín, a nadie le puede quedar duda de la superioridad de la economía de mercado como la mejor alternativa hoy conocida para producir y distribuir bienes económicos. No obstante, el libre mercado no resuelve el problema de quienes no tienen nada que aportar al mercado.

Por último, el "Libro negro del comunismo" cifra en cien millones los muertos por represión en los distintos regímenes comunistas. Cito de Libertad Digital “De ellos, dos tercios (65 millones de personas) perdieron su vida en China, especialmente durante las dos oleadas de represión masiva, La Revolución Cultural y el Gran Paso Adelante. Le sigue la Unión Soviética, con un genocidio de 20 millones de personas, a lo que hay que sumar otros dos millones de muertos a manos del Gobierno en Camboya, otros tantos en Corea del Norte, 1,7 en África, 1,5 en Afganistán, un millón de personas en la Europa del Este y varias decenas de miles en Iberoamérica”





martes, 8 de septiembre de 2015

El drama de la emigración





El eterno drama de la emigración ha saltado a los titulares de la actualidad por la tragedia síria. Hemos de distinguir la emigración forzada por la guerra y la penuria de la emigración voluntaria por aprovechar oportunidades de trabajo u otras razones, familiares, afectivas, de estudio.... Los españoles conocemos bien las tres. La guerra civil expulsó oleadas de españoles que, fundamentalmente, fueron acogidos en Francia, Méjico y Rusia. Si inicialmente fueron internados en campos de refugiados en Francia y Argelia, quienes llegaron a Méjico terminaron potenciando las artes, las letras y la economía mejicana y de los que estuvieron en Argelia, un grupo de tanquistas españoles participaron en la liberación de Paris a las órdenes del general Leclair.

Durante la posguerra la emigración a centro-Europa de españoles por la falta de recursos y de trabajo en España, contribuyó al desarrollo de sus países de acogida y volvieron a España con experiencia y disciplina de trabajo que aportaron al desarrollo industrial español de las décadas de industrialización que siguieron, además de traer algunos ahorrillos que permitieron a más de uno establecerse como trabajadores autónomos.

En épocas anteriores, los numerosos españoles que emigraron, fundamentalmente a América y Filipinas, contribuyeron a la formación de numerosas naciones.

En toda época ha habido emigrantes, Jesus de Nazareth fue emigrante y refugiado en Egipto. Muchos emigramos por aprovechar una oferta de trabajo en el extranjero. Yo mismo tuve mi primera oferta de trabajo fijo en Los Ángeles y la multinacional para la que trabajaba me trasladó luego a Nueva York, después a Londres y, desde allí, me hizo recorrer varias ciudades europeas. Contribuí a la coordinación de las operaciones europeas de la empresa, integrando la operativa y los sistemas entre los diferentes países del continente, incluida Yugoslavia y, de regreso a España, la experiencia me permitió trabajar como consultor de múltiples empresas nacionales que se beneficiaron de mi experiencia internacional. Emigrante fui y cuatro de mis cinco hijos han emigrado a otros paises. Una hija ha vuelto tas seis años fuera de España, pero los otros siguen contribuyendo a la prosperidad de sus paises de residencia y dos han creado prósperas empresas donde viven.

Los emigrantes europeos crearon los EE.UU, Canadá, la America Hispana, Filipinas, Nueva Zelanda, Australia...Unos se fueron voluntarios, pero muchos de ellos emigraron forzados por sus creencias y otros fueron deportados por sus delitos, pero véanse los resultados.

Digo todo ésto, porque estoy convencido de que la emigración puede beneficiar tanto a los países receptores como a las personas que emigran y a sus patrias de origen si regresan. Es cierto que las avalanchas humanas son difíciles de gestionar, incluso en actos festivos, pero ¿son tantos los que están viniendo? Las cifras son elocuentes, de 20 millones de habitantes que tenia Siria antes de la guerra, los desplazados de sus hogares y medios de vida por los fundamentalistas han sido doce millones, de los que diez millones han sido emigrantes interiores, es decir, se han refugiado en territorio sirio, donde vivían familiares y amigos; un millón setecientos cincuenta mil se han refugiado en países vecinos, fundamentalmente Turquía, Jordania y Líbano; siendo, al menos de momento, tan solo doscientos cincuenta mil los que ha emprendido el camino a Europa en un penoso peregrinaje divulgado por los medios de todo el mundo. Parecen muchos, pero son solo el 0,2% de los emigrantes sirios los que se han arriesgado a venir a nuestro continente. Como los que saltan la valla de Melilla, son los mas dotados, puede que no sean, con los melillenses, los mas dotados físicamente, pero son los que tienen mas recursos síquicos, culturales y  económicos y, con toda seguridad, los mas emprendedores. Como tantas veces a lo largo de la historia, la emigración es una forma de selección. La principal preocupación de la UE debiera ser ayudar a Turquía, Jordania y Líbano a asentar a los emigrantes que han recibido, a la vez que se ecelera la logística de recepción de los que nos llegan.

Europa, tierra de emigrantes, ha demostrado que ha sido sorprendida por quienes ahora quieren venir a ella y carece de plan y logística para transportarlos, acogerlos, instalarlos y asimilarlos. Máxime cuando la avalancha se produce junto con otros procesos de emigración desde otos puntos, por distintos motivos y no se quiere dar señales de ser un territorio de fácil acogida para evitar efectos llamada a todos los puntos del planeta con tensiones que fomentan la emigración, pero debe dar soluciones a la crisis y rápidas.

En España tenemos pueblos enteros abandonados y muchos más con una notable despoblación. Sería aconsejable identificar los que tienen experiencia agraria o deseos de ser agricultores, y ofrecerles casa, tierras, aperos y semillas para establecerlos en esos pueblos. Además de agricultores, por asentamiento habría que ubicar un medico, un tendero, un maestro, un panadero…

Para los que no deseen asentarse en el campo, habría que ser capaces de seleccionar por niveles de calificación y, al se posible, tramitar las solicitudes antes de su llegada, preferiblemente en Turquía o, como muy tarde, en Hungría.

Por otro lado, dada la situación en Siria, habrá que cuidar y extremar el identificar elementos peligrosos. Ya se ha dado un caso en Italia en el que un refugiado árabe asesino a dos italianos en su casa no hace muchos días en Sicilia.

Me vengo haciendo la pregunta de porqué no se van los sirios a los ricos y cercanos países del Golfo. Y supongo que no soy el único que se lo pregunta. Se me ocurre que, al ser los islamistas radicales suníes quienes los expulsan, la mayoría de los que huyen de esos fundamentalistas del califato deben ser cristianos o shiitas, a los que los wahabistas suníes no deben ver con muy buenos ojos.

Es evidente que la mejor solución para frenar la emigración masiva estaría en cooperar con la creación de condiciones de supervivencia y seguridad en los países de origen. El fracaso de la cooperación internacional en solucionar la amenaza del califato hace pensar que hay intereses en que islamismo radical no se erradique.

Especulando sobre las posibles causas del conflicto en Siria, pienso que entre las múltiples causas, una debe ser el oleoducto previsto entre el Golfo y Turquía que tan malas repercusiones acarreaba a los planes energéticos rusos y por otra parte, considero que todo lo que debilite a los países árabes del entorno beneficia la seguridad del estado de Israel. No digo que sean Rusia e Israel los instigadores de lo que allí ocurre, pero me atrevo a creer que ninguno de los dos estados tiene mucho interés en que se resuelvan los problemas que padecen en la zona.

jueves, 27 de agosto de 2015

Teoría y práctica del marxismo


Me encuentro en una fase de la vida en la que el interés por releer libros leídos hace tiempo supera al interés por nuevas lecturas. Uno de los atractivos es el ir leyendo las notas al margen, las glosas al texto, que fui escribiendo cuando lo leí por primera vez.
El debate presupuestario de este final de legislatura de 2015 está sacando a la luz comentarios sobre las virtudes y defectos del marxismo que me han motivado a desempolvar El Capital de Karl Marx y volverlo a leer.

La experiencia histórica de haber dividido en mundo en dos sistemas económicos, dividiendo continentes, estados e incluso ciudades, ha permitido demostrar que, en la práctica, el sistema comunista produce más penurias que beneficios, que la gente se jugaba la vida saltando el muro de Berlín por escapar del mundo comunista y parecía que la caída de ese triste muro sancionaba la economía de libre mercado y enterraba al comunismo. Personalmente, creo que el sistema comunista, como sistema económico de una comunidad de consumo, es el ideal para pequeñas comunidades entre cuyos miembros haya una gran solidaridad, como ocurre en una familia, un convento o una comuna hipy, pues el administrador central conoce bien las necesidades de cada miembro y puede asignar las prioridades de compra a la par que los miembros no tienen grandes problemas en asumir las decisiones del administrador, pero para comunidades más numerosas, como demostraron los economistas de la Escuela de Viena, la planificación central no resulta eficiente. Desde el lado de la producción, también se ha podido ver empíricamente que el comunismo no resulta competitivo, pues además de no acertar con las necesidades reales de los consumidores, produciendo productos que nadie quiere a la vez que desabastecimientos, el sistema de cuotas no optimiza, como en el caso de las acerías rusas que no quisieron producir aceros ligeros porque la cuota de producción les era impuesta por toneladas y, además, es un sistema que margina al consumo privado potenciando la producción de cañones y de maquinaria pesada sobre la de artículos de primera necesidad, y multiplicando los funcionarios públicos y el ejército; posponiendo sine die el ideal del paraíso comunista, ya que, al controlar el Estado todos los recursos económicos, los dedica a potenciar el poder del propio Estado. Por otro lado, la concentración de poder y la escasez de bienes de consumo dispara la corrupción. A titulo de ejemplo, el representante de Lada en España contaba que la fábrica en Rusia no vendía los coches a cualquiera, sino que eran asignados en base a cuotas a los directivos de otras fabricas rusas que proporcionaban a cambio bienes alternativos a los empleados de Lada.

Pero como la hierba mala nunca muere, he ahí que surgen nuevos políticos con el libro de El Capital bajo el brazo pero mal leído, prometiendo el bienestar sin esfuerzo y el endeudamiento sin amortización ni devolución del préstamo. Pero, ¿qué dice Karl Marx en El Capital?

En mi relectura voy por algo más de la mitad del primer tomo, por lo que espero tener ocasión de comentar el resto cuando lo termine, pero ya hay materia sobre la que poder emitir una opinión.

Tengo que empezar diciendo que Max sorprende por su cultura, demuestra que ha leído cantidad de libros y artículos, sobre todo de filosofía, aunque también de sociología, economía y literatura. Cita a Aristóteles en griego, hace comentarios en latín, deja claro que con el inglés, domina alemán, su idioma materno, y francés, incluyendo citas en italiano, y tiene una prosa fruida, demostrando un amplio y detallado conocimiento de la industria textil británica. Las matemáticas o no las domina mucho o considera que sus lectores no estarían a la altura, de modo que los conceptos matemáticos los ilustra con elementales ejemplitos de aritmética, pero está claro que estamos ante una mente despierta y cultivada.

La base de su tesis arranca del principio, que él considera científicamente probado en su libro, de que el beneficio de una empresa se debe a la plusvalía generada en el proceso de producción y que dicha plusvalía es exclusivamente generada por la aportación de la mano de obra al valor de uso del producto en la elaboración de dicho producto. Empieza por considerar como componentes del producto final, los medios de producción aportados por el capital, la materia prima y los productos semielaborados adquiridos por el capital, a los que se añade la mano de obra aportada por el trabajador; pues bien, solo la mano de obra es la que aporta plusvalía y esa plusvalía se genera por el exceso de horas trabajadas respecto al salario recibido lo que hace que el trabajador no está empleado por el capital, sino explotado por el capitalista, quien se atribuye todos los beneficios generados por el obrero, ya que es el único que genera beneficios.

En éste esquema, Marx ignora otros factores necesarios para la producción y, como consecuencia, descarta la aportación que puedan tener a la revalorización producida por la transformación de componentes en producto final otros componentes, como son el diseñó, la organización, la coordinación y dirección y la comercialización. Tampoco valora, a la hora de atribuir beneficios al capital, la compensación por el riesgo asumido en la inversión ni por la innovación como emprendedor. Llama especialmente la atención que niega todo valor a la comercialización, para él, un fardo de algodón en la India tiene el mismo valor que en Inglaterra, cuando es evidente que el valor de esa materia prima aumenta si en vez de ser procesada a mano lo es con la ayuda de la maquinaria más moderna de la época, dado que su proceso será más productivo.

De mis notas de antaño destaco dos comentarios. ¿De dónde sale la plusvalía de una inversión especulativa en la que nada se produce ni altera? Y ¿Cómo se produce plusvalía en una fábrica totalmente automatizada en la que no hubiese necesidad de ninguna intervención humana?

lunes, 13 de julio de 2015

Sobre la crisis griega




La magia y el crédito

El dramático proceso de renegociación de la deuda griega me ha llevado a reflexionar sobre dos conceptos: la magia y el crédito.

La magia es la creencia de que basta con quererlo para que nuestro deseo se cumpla. Los niños pequeños viven en un mundo mágico y no son capaces de comprender como puede negárseles algo que ellos desean vehementemente. Puede que la señora Christine Lagarde tuviese este hecho en mente al reclamar hablar con adultos durante las negociaciones de FMI con las autoridades griegas. 

Parece que padecemos un zarpullido de magia. Estamos viendo como, los partidos populistas, hacen promesas incumplibles, porque se creen que se van a cumplir sus promesas por el mero hecho de hacérselas desear a un número suficientemente elevado de ciudadanos.

Habréis oído la historia del capataz de una cuadrilla que estaba reparando una carretera y les dice a los operarios: -“Esa piedra que está ahí en medio, empujadla hasta la cuneta y hacedla rodar por la pendiente”
Los cinco hombres se ponen a empujar la piedra sin resultado y dicen: -“No se puede”
-“Dejadme a mi”, les contesta el capataz, quien, ocupando su lugar, empuja la piedra hasta el borde de la carretera y la hace rodar, diciendo: -“!Lo veis!”
Uno de sus hombres contesta: -“Hombre, haciendo fuerza”.

Si al deseo no se le secunda con el esfuerzo, la mera magia no funciona. Los resultados requieren esfuerzos y viabilidad.

El crédito es tener quien se cree lo que prometes. Lo cual te permite, entre otras cosas, pedir prestado a cambio de la promesa de devolver el préstamo en las condiciones acordadas. Cuando nadie te cree, no tienes crédito. Devolver puntualmente las deudas es la forma más eficaz de ir creándose un crédito.

Cuando Kant analiza la metafísica de las costumbres en busca de reglas que orienten el comportamiento humano, considera que para ser feliz cabe orientarse por principios, reglas del comportamiento tomadas como mandatos o proecepta o por consejos empíricos o concilia. Como ejemplo de consejos pone al ahorro, la dieta y la cortesía.

Como principio de comportamiento, encuentra el imperativo categórico que enuncia como una regla de comportamiento de dice:

                        “Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal” (Critica de la razón práctica. Cap II)

Como ilustración del principio, expone, en primer lugar, el caso del suicidio, concluyendo que si se generaliza sería contradictoria con el fomento de la vida y la supervivencia de la especie.

El segundo caso es el del pago de las deudas y dice así:

                        “Otro se ve apremiado por la necesidad a pedir dinero en préstamo: Bien sabe que no podrá pagar; pero sabe también que nadie le prestará nada como no prometa formalmente devolverlo en determinado tiempo. Siente deseos de hacer tal promesa; pero aún le queda conciencia bastante para preguntarse: ¿no está prohibido, no es contrario al deber salir de apuros de esta manera? Supongamos que decida, sin embargo, hacerlo. Su máxima de acción sería ésta: cuando me crea estar apurado de dinero, tomaré a préstamo y prometeré el pago, aun cuando sé que no lo voy a verificar nunca. Este principio del egoísmo o de la propia utilidad es quizá compatible con todo mi futuro  bienestar. Pero la cuestión ahora es ésta: ¿es ello lícito? Transformo, pues, la la exigencia del egoísmo en una ley universal y dispongo así la pregunta: ¿qué sucedería si mi máxima se tornase ley universal? Enseguida veo que no puede valer como ley natural universal, ni convenir consigo misma, sino que siempre ha de ser contradictoria. Pues la universalidad de una ley que diga que quien crea estar apurado puede prometer lo que se lo haría imposible la promesa misma y el fin que con ella pueda obtenerse, pues nadie creería que recibe una promesa y todos se reirían de tales manifestaciones como de un vano engaño.”

En definitiva, si nadie devuelve los préstamos que recibe, se acabaría con el crédito.

El mejor crédito es el de quien, habiendo recibido préstamos en anteriores ocasiones, los ha devuelto puntualmente en plazo y pagado los intereses acordados sin demora. Pedir nuevos préstamos quien declara que no piensa pagar los que ya debe es una declaración de insolvencia e insensatez. La buena gestión de un crédito corresponde tanto al dador como al tomador, quien ha de solicitarlo con anticipación, previsión, responsabilidad y cordura, no pidiendo menos de lo que va a necesitar ni más de lo que sabe que podrá devolver sin agobios. Meditando tanto el importe como el plazo y negociando los intereses y condiciones en la medida de sus fuerzas y disponibilidad de alternativas. Un buen préstamo debe autoamortizarse por los réditos de la inversión que ayuda a financiar.


Sobre el pago de intereses, durante la Edad Media, la Iglesia decretó la inmoralidad de cobrar intereses, tachando la acción de pecaminosa como usura. La postura eclesiástica se basaba en los escritos de Tomás de Aquino sobre el tema. Aquino, como buen aristotélico, se limitó a reproducir y glosar las tesis del maestro. Está en Aristóteles el germen de la prohibición medieval y la anatematización de los intereses, ya que el filósofo griego consideraba al dinero como medio de intercambio y medida del valor de las cosas. Consideraba evidente que si prestabas una vara de medir no podías pretender que te devolvieran otra vara 10% más larga; por lo que, si prestabas dinero para "medir" el valor de un bien, tampoco podías pedir que te devolvieran más dinero del prestado. El sabio eléata no conocía el concepto de lucro cesante, ni reconocía el derecho a retribuir el riesgo y la necesidad y justicia de compartir beneficios con inversores y prestamistas. El notable impulso y esplendor del Renacimiento vino de la mano de asumir, de hecho, el pagar intereses a banqueros y prestamistas. Comerciantes, Nobles, Reyes, Emperadores, Prelados y Papas se endeudaron sin escrúpulos en esa época para financiar barcos, castillos, palacios, guerras, iglesias y Capillas Sextinas para asolar unos y enrriquecer y embellecer Europa los otros.

El éxito de la Unión Europea consiste en haber constituido una amplia comunidad comunicativa, en el sentido de Habermas. Reunir un conjunto de países que se han comprometido a renunciar a la violencia para resolver sus conflictos mediante el dialogo permanente. Todas las crisis de la Unión Europea son producto de la falta de consenso, por la aptitud disidente de algún miembro que olvida el objetivo de buscar, entre todos y mediante el diálogo, el bien común, y busca imponer sus intereses a costa de los de los demás.

Frente a lo que muchos creen, la Unión Europea no es un club de mercaderes en busca de beneficios, es una alianza de naciones, cansadas de una historia milenaria de enfrentamientos, invasiones y devastación, que han conseguido asegurar toda una generación de paz y que están dispuestas a que siga. La prosperidad es fruto de la paz, el trabajo y la buena gestión. Lo primero es asegurar la paz.

Quienes dan prioridad a sus objetivos partidistas y nacionalistas, están corriendo el riesgo, no de arrastrar a sus países a la ruina, sino de hacer que todo un continente pueda volver a sufrir las iras de Marte.