jueves, 2 de febrero de 2012

Termodinámica de los procesos económicos

Ayer vino a vernos una amiga economista de Córdoba, Tere Morales, quien me sugirió introducir el concepto de entropía en la teoría económica.

Evidentemente, los procesos económicos también están sujetos al deterioro que genera el desorden y, por consiguiente, a las leyes de la termodinámica. Una fuente de clara degradación entrópica se encuentra en el principio de los rendimientos marginales decrecientes de los factores de producción. Una forma de contrarrestar el efecto de los rendimientos decrecientes es la innovación.

Cada nivel tecnológico requiere un determinado capital medio por operario, una calificación media por operario, como parte de los conocimientos técnicos imperantes, desarrollándose una productividad media por operario.

Hemos de pensar que a cada nivel tecnológico le corresponde un equipamiento específico, que requerirá una determinada inversión, una determinada formación y un tipo específico de liderazgo.

Por tanto, tenemos que admitir que existe una relación entre la tecnología adoptada y la inversión requerida. Si asumimos que esa relación es proporcional, de manera que a superior tecnología corresponde mayor inversión tendremos que:

La productividad por operario será proporcional a la inversión por operario.

Consideremos ahora que la tecnología proporciona una productividad conjunta al capital y al trabajo encontramos que, debido al rendimiento decreciente de los factores, para una misma tecnología, los rendimientos del capital invertido por operario son decrecientes al aumentar el volumen de inversión por operario k en el Diagrama de Solow, en el que el exponente a es menor que 1 y A un coeficiente del nivel tecnológico.

y = A ka

Pero, la tecnología es cuántica, se produce por saltos de nivel tecnológico, no es que crezca linealmente con la inversión, sino que a cada nivel tecnológico corresponde, como hemos visto, un volumen de inversión por operario dado, y si asumimos que la relación entre cada nivel tecnológico y la inversión correspondiente son proporcionales, para cada nivel tecnológico tendríamos una productividad decreciente, pero la productividad crecería con cada avance de la tecnología a un nuevo nivel, de manera que (ver al final del artículo el desarrollo matemático):

En tanto seamos capaces de seguir mejorando la tecnología utilizada, tendríamos un crecimiento ilimitado, a pesar de los rendimientos decrecientes de los factores, siempre y cuando la sociedad vaya siendo capaz de asumir y utilizar los nuevos niveles tecnológicos que se le vayan presentando. Considerando como innovación tecnológica todo cambio que produce un incremento en la cantidad o la cualidad de la producción no atribuible a un incremento de los factores, podemos cuantificar la innovación como diferencia entre el incremento de producción total y el incremento atribuido a los factores de producción, de manera que, si evaluamos monetariamente la función de producción, tendríamos que el aumento del valor monetario de la producción, menos el aumento del valor de los costes de los factores de producción, sería el valor de la innovación.

Si, por analogía con la termodinámica, definimos a la entropía económica como las pérdidas por unidad de producción,

Podemos concluir que la innovación produce una reducción de la entropía económica tal que llamando S a la entropía económica, dB al beneficio obtenido con la innovación y T al valor total de la producción

-dS = dB / T

Por otro lado, sabemos que un efecto contrario al del rendimiento decreciente de los factores de producción lo tenemos en la reducción del coste unitario de los productos a medida que aumentamos el volumen de producción, debido a que los gastos fijos son absorbidos y distribuidos entre una producción mayor. Por consiguiente, la pérdida que origina el rendimiento decreciente con mayores volúmenes de producción se ve compensado por el beneficio de reducir los costes unitarios, lo que nos lleva a que toda fábrica deberá tener un tamaño optimo en el que ambas tendencias se crucen y compensen.

La fábrica de tamaño óptimo tendrá unos costes óptimos. Toda desviación respecto a dichos costes producirá un aumento de la entropía. Llamando C* a los costes óptimos, C a los costes reales y T el volumen total de producción de una fábrica dada, el incremento de entropía económica de dicha fábrica será:

Incremento S = (C – C*) / T

Otra fuente de crecimiento de la entropía económica la encontramos en la fabricación y montaje de productos, proceso análogo a las reacciones químicas endotérmicas, por lo que por analogía podemos decir que el incremento de entropía de dichos procesos será:

Incremento S = (E + L) / T

Donde S es la entropía, E el consumo de energía en el proceso, L la aportación de mano de obra y T el total de la producción.

Otro caso de degradación entrópica lo tenemos en el almacenamiento. Por un lado tenemos los costes financieros de la inversión en inventario y por otro el deterioro de las mercancías almacenadas, siendo notables las pérdidas cuando se trata de productos perecederos. Llamando Cf al coste financiero, P a las pérdidas y T al valor total del inventario, la entropía S sería:

Incremento de S = (Cf + P) / T

Por último, consideremos el coste de acceder a los mercados desde las plantas de producción a través de la cadena de intermediarios. Para analizar este caso, diferenciaremos entre precio y valor. Carlos Marx dice en El Capital que el traslado de mercancías produce plusvalías por aumento de precios sin crear valor añadido y pone de ejemplo un fardo de lino indio trasladado desde la India a Inglaterra. Discrepo con Marx en que el transporte no agregue valor, ya que un fardo de lino en Inglaterra tiene más valor que en la India por estar junto a una industria textil y de confección capaz de proporcionar mucho más valor añadido a esa materia prima que si se queda en la India. Sin embargo, concedo a Marx el que la plusvalía obtenida es muy superior al valor añadido. Introduciremos el concepto de valor de localización que es el valor atribuido a una mercancía por el lugar en el que se encuentra. No hay duda de que una bombona de oxigeno es más valiosa en una nave espacial que en tierra. Si llamamos dP a la variación de precios desde el productor al consumidor y dVl al aumento del valor de localización debido al traslado, tendremos que la entropía del proceso S es:

dS = (dP – dVl) / T

Donde T es el valor total de la mercancía para el consumidor.

Globalmente, si consideramos un proyecto que requiere una inversión I con un coste de oportunidad de C, tendremos que el aumento de la entropía económica S vendrá dada por:

Incremento S = (C – I) / T

Donde T es el valor total del proyecto.

Si se trata de un proyecto financiero cuya inversión total requerida es T, siendo i el tipo de interés del mercado en tanto por uno y PER la relación entre el coste del proyecto y la rentabilidad obtenida, la entropía se modificará en

Incremento S = T(i – 1/PER) / T = i – 1/PER

Nótese que si la rentabilidad del proyecto supera al tipo de interés, el incremento de entropía será negativo. Es decir, la situación será análoga a la producida por un ser vivo en crecimiento cuya entropía disminuye a costa de la degradación de su entorno, de forma que la entropía total del sistema ser vivo-entorno aumenta en cumplimiento de la segunda ley de la termodinámica, como consecuencia, todo beneficio atípico de una inversión financiera causará un quebranto en el entorno. Cosa que no se producía en el caso de la innovación, dado que ésta constituye una aportación externa de riqueza al sistema económico. Recordemos que la riqueza en economía hace las veces de la energía en física y el equivalente económico a la temperatura es el nivel de actividad. En economía, los dos primeros principios de la termodinámica solo se cumplen en las transacciones comerciales, incluidas las operaciones financieras, al constituir un universo cerrado. En los procesos de producción y destrucción se crea y se destruye riqueza, por lo que el universo económico es abierto, no cumpliéndose, en ese caso, ninguno de los dos primeros principios termodinámicos. Los procesos de destrucción equivalen a la degradación térmica de la energía en física. El proceso de creación de riqueza hay que tomarlo como una regeneración de la energía del sistema.


Conclusiones prácticas

Toda innovación que mejora la productividad siempre es positiva

Conviene acercarse al tamaño óptimo que requiere cada tipo de proceso

Conviene trabajar con los inventarios mínimos y evitar la obsolescencia
Corolario: Las técnicas de “just in time” e inventario cero son sumamente recomendables

Conviene abaratar los costes de intermediación cuanto se pueda
Corolario: La aplicación de tecnologías, como Internet; que permitan la compra directa del consumidor al proveedor hay que potenciarlas

Los proyectos cuyo 1/ PER es inferior al tipo de interés en tanto por uno degradan la economía
Corolario: Las bajadas de tipos de interés aumentan el número de proyectos viables y reducen la entropía del sistema económico

Todo beneficio excesivo de una transacción financiera deteriora el entorno económico
Corolario: Conviene controlar el potencial entrópico de los productos financieros

Como el volumen de producción es por unidad de tiempo, conviene reducir los plazos de ejecución.
Corolario: Urge reducir los plazos de los procesos administrativos


Desarrollo matemático

Asumiendo la formulación de Codd Douglas de la función de producción, con la revisión de Romer para considerar al capital humano, tendríamos:

Siendo Y la producción total, K el capital invertido total, h los conocimientos necesarios para realizar el trabajo (know how) y L la población activa:

 Y = K(hL)1-a
dividiendo ambos términos por la población laboral L, tendremos:

y = h1-a.ka

Hemos de pensar que a cada nivel tecnológico  hi le corresponde un equipamiento específico, que requerirá una determinada inversión por operario ki,

Por tanto, tenemos que admitir que existe una relación entre la tecnología adoptada y la inversión requerida.

Si asumimos que esa relación es lineal, de manera que a superior tecnología corresponde mayor inversión

hi, = a ki,
tendremos que
yi= (a ki) 1-a ki a

quedando
yi = a1-aki a-1

de manera que la productividad por operario será proporcional a la inversión por operario.

Consideremos ahora que la tecnología A proporciona una productividad conjunta al capital y al trabajo, de manera que
Y = A Ka.L1-a

Dividiendo por la población activa L, encontramos una producción por operario

y = A k a (1)
lo cual supone que los rendimientos del capital invertido por operario son decrecientes, dado que a < 1

Pero, la tecnología A es cuántica, no es que A crezca proporcional a la inversión k, sino que a cada nivel tecnológico Ai corresponde, como hemos visto, un volumen de inversión per capita ki, y si asumimos que la relación entre cada nivel tecnológico Ai y la inversión correspondiente ki es proporcional, de manera que

Ai= ai ki

Sustituyendo en (1), tendremos que, para cada nivel tecnológico i

y = a k. ka

Luego
y = a ka+1

Siempre y cuando la sociedad vaya siendo capaz de asumir los nuevos niveles tecnológicos que se le vayan presentando, tendríamos un crecimiento ilimitado, a pesar de los rendimientos decrecientes de los factores, dado que  a +1 > 1.

Considerando como innovación todo cambio que produce un incremento en la cantidad o la cualidad de la producción no atribuible a un incremento de los factores, podemos expresar la innovación matemáticamente, como diferencia entre el incremento de producción y el incremento atribuido a los factores de producción, de manera que si la función de producción es

Y = F (K, L, A)

Donde K es el capital, L el trabajo y A la tecnología
la innovación sería:

FA dA = d Y - FK dK - FL dL

Siendo: dY = FK dK + FL dL + FA dA

Si evaluamos monetariamente la función de producción, aplicándole el operador P de los precios, tendríamos que el valor monetario de la producción sería:

P. Y = P. F (K, L, A)

Asumiendo los precios constantes y derivando

P dY = P. FK dK + P. FL dL + P. FA dA

Dado que P. FK es el coste del capital i y P. FL es el coste de la mano de obra w

P dY = i . dK + w. dL + P. FA dA

Como P. dY - i dK - w dL es el incremento del beneficio dB

Tendremos que, a precios constantes, dB = P. FA dA

Es decir, el incremento del beneficio es la valoración monetaria de la innovación.

Si, por analogía con la termodinámica, definimos a la entropía económica como las pérdidas por unidad de producción,

Podemos concluir que la innovación produce una reducción de la entropía económica tal que llamando S a la entropía económica, dB al beneficio obtenido con la innovación y T al valor total de la producción

-dS = dB / T

martes, 31 de enero de 2012

La creatividad y lo posible

Lo posible encierra una amplia gama de contenidos que van desde lo concebible hasta lo realizado. Las dos primeras acepciones del término “posible” que presenta el diccionario de la Real Academia son: 1. Que pueda ser o suceder. 2. Que se pueda ejecutar. La idea que se tenga de lo posible determina los planes de acción de los individuos, constituyendo su condición de posibilidad, y la dinámica del ámbito de lo que se considera posible constituye la base innovadora de toda acción creativa.

Toda acción se encuentra restringida al marco de lo posible, o mejor dicho, queda excluida del ámbito de lo imposible; pero los planes de acción no se ven constreñidos a lo realmente posible, sino a lo que el individuo considera que es posible, por eso no todos los planes son factibles ni todo lo factible se acomete.

Como suele producirse una discrepancia entre las creencias y la realidad, el agente de la acción puede concebir planes que imagina realizables cuando no lo son; así como puede no prestar atención a opciones viables por considerar que no serían factibles.

Hemos de considerar tres tipos de imposibilidad fáctica:

La imposibilidad lógica.
La imposibilidad física
La imposibilidad coyuntural

Dentro de esta última debemos distinguir entre la imposibilidad tecnológica, que se da cuando desconocemos los procesos por los que se lograrían los fines deseados, y la imposibilidad logística por indisponibilidad de los medios, cuando, sabiendo lo que habría de hacerse, se carece de los medios necesarios para hacerlo.

La imposibilidad tecnológica es una forma de imposibilidad noseológica, por falta de conocimientos, la carencia de medios supone una imposibilidad práctica. La primera impide la acción por no saber cómo hacerlo, la segunda por no tener con qué hacerlo.

Hay una imposibilidad previa, debida a la indeterminación de la intención, que radica en no saber qué hacer o, sabiéndolo, carecer de la voluntad necesaria para hacerlo.

Tanto la imposibilidad logística como la tecnología constituyen clases de la imposibilidad coyuntural y pueden llegar a ser superadas con el debido tiempo y dedicación, si han lugar.

Lo posible en la filosofía

Pasemos a considerar algunas de las reflexiones que la historia de la filosofía nos ha dejado sobre lo posible.

Para Aristóteles, “posible es aquello que no es necesariamente falso” ... “algo es posible si al pasar al acto del cual se dice que este algo tiene la potencia, no resulta de ello ninguna imposibilidad”. El concepto de posibilidad estaría vinculado al de potencia, que es un concepto dinámico en cuanto determina la capacidad de cambio para pasar a otro estado que estaría latente en el estado actual. Así, la encina está en potencia en la bellota.

El concepto aristotélico de potencia como posibilidad indica aptitud, capacidad, poder. Se trata de algo ya puesto, como dispuesto y en-posición-para. Lo posible se instrumentaliza en lo disponible, se hace recurso y medio posibilitante.

Heredera de la tradición aristotélica, la escolástica definió lo posible como lo que puede ser que no es.

Muy distinta es la noción de Hobbes, para quién sólo lo real es posible. Espinosa dirá, invirtiendo esta línea de reflexión, que lo real es real en tanto ha sido posible.

Para Kant la posibilidad es un modo del juicio, siendo lo posible “lo que concuerda con las condiciones formales de la experiencia” . La posibilidad no estaría en las cosas, sino en nuestra mente.

Bergson, volviendo a Hobbes, fundamenta lo posible en lo real: “Hay muchos malentendidos, sobre todo la idea de que lo posible es menos que lo real, y que la posibilidad de las cosas precede a su existencia. De ser así, las cosas serían representables con anterioridad; podrían ser pensadas antes de ser realizadas. Pero la verdad es lo contrario... hay más y no menos, en la posibilidad que en su realidad. Pues lo posible no es sino lo real, con la adición de un acto del espíritu que lanza la imagen en el pasado una vez que ha sido producida.” ... “Juzgar que lo posible no presupone lo real es admitir que la realización añade algo a la mera posibilidad”... “ es lo real lo que se hace posible y no lo posible lo que se hace real” . Como consecuencia, no sería la posibilidad un estado previo al de la realidad ni lo real un resultado de lo posible; lo cual no es contradictorio con nuestra tesis de que lo posible corresponda a la ausencia de obstáculos insalvables para su realización. El contenido del concepto “posible” se vacía, de forma que lo significativo es la im-posibilidad, cuya referencia es el conjunto de restricciones que hacen inviable algo, al impedir su realización en un momento y circunstancias dados.

Posible es sinónimo de factible, lo cual no equivale a una preexistencia virtual ni se da, según Bergson, como atributo implícito ni como potencialidad en nada existente, ya que, añado, corresponde a una ausencia: la ausencia de restricciones e impedimentos. Toda realización requiere la concurrencia de un elevado número de causas y rara vez un proceso se reduce al desarrollo de una única potencia aislada.

La configuración de lo posible es una fase de la realización de algo no-im-posible, consistente en la identificación y acopio de causas (recursos) para su ejecución, junto con la eliminación de obstáculos.

Lo posible, por consiguiente, no se descubre, sino que se configura mediante una acción del entendimiento, para integrarse como ingrediente de la acción subsiguiente que lo realiza.

Como Husserl dijo, lo posible es un modo del ser que se da en una intuición particular .

Considerar lo posible como intuición contingente es considerar lo que puede ser y puede no ser, lo que no es implícitamente necesario, lo que necesita de una causa para ser y, de darse ésta, es posible que sea. La contingencia de lo posible lleva asociados los conceptos de probabilidad, eventualidad y riesgo. La necesidad de un agente causal en lo contingente da un matiz a lo posible de ser facultativo, aleatorio o casual. La casualidad, la fortuna y la suerte se implican así con lo posible, en su contingencia.

Lo posible contingente se encuentra delimitado tanto por lo necesario como por lo imposible. Debemos distinguir entre lo no posible y lo imposible. Mientras lo imposible es irremediablemente inviable (como es el caso en los imposibles lógicos y físicos), lo no posible podría hacerse posible si se eliminan las dificultades que impiden su realización (imposibles coyunturales).

Por ejemplo, cuando el Presidente Kennedy anunció al mundo su intención de enviar un hombre a la luna, viajar a la luna no era posible, pero, como se pudo demostrar más tarde con hechos, no era imposible .

Si en la potencia lo posible se hace medio, en lo lograble, lo posible se muestra como objetivo. Así como en la apariencia de lo sensible el intelecto percibe la característica de lo real, el ingenio intuye lo realizable entre lo imaginable.

Todos los imposibles coyunturales son meros no-posibles.


La posibilidad como génesis.

Si, como defiende Bergson, lo real no es fruto de lo posible, sino que lo posible es producto de una realización, la cuestión que se nos plantea, de cara a nuestra comprensión de la acción humana innovadora, es determinar la génesis de la posibilidad. Desde este punto de vista, el agente de toda acción se nos muestra capaz de su realización y, como tal, generador de la posibilidad de la realidad fruto de esa realización.

La posibilidad se genera en el proceso de la acción innovadora.

Para hacer posible un posible, se comienza con la intuición de su posibilidad.

Si la intuición de una posibilidad está al origen de toda acción innovadora, la génesis de acciones innovadoras consiste en ampliar lo posible: en la proliferación de intuiciones de nuevas posibilidades.

Tras disponer de la intuición o visión de una posibilidad, se requiere el acceso a los medios que permitan su realización. La disponibilidad de recursos delimita el ámbito de lo posible como restricción logística.

El líder creativo es el que descubre posibles que nadie vio antes. El que es capaz de movilizar recursos que no tiene. El que tiene la voluntad de realizar lo posible y lo realiza. El que sabe hacer realidad los sueños: innova. Su motivación está en la obra realizada, en el orgullo del logro, y su recompensa es el beneficio. El líder hace posible lo que parecía imposible.

Las tres características operativas del líder creativo son:

• Visión
• Movilización
• Realización

Visión de nuevas posibilidades, movilización de los recursos necesarios y realización de lo visualizado. Un líder creativo es, fundamentalmente, un emprendedor.

Lo posible en la acción empresarial

La visión.-Lo que impulsa el inicio de toda acción humana es un incremento del ámbito de lo posible, ya sea virtual (meramente intuido) o real (ya logrado). Una idea nueva abre nuevas posibilidades, como también las abre el disponer, p.e. de un material nuevo o de una nueva fuente de energía. La ocasión para acometer nuevas acciones creativas surgirá de la aparición de nuevas intuiciones (nuevas ideas) con renovadas posibilidades o de la disposición de más y mejores recursos (nuevos medios) que permitan posibilidades añadidas.

El profesor Kirzner , en su libro sobre “Como funcionan los mercados”, expone la tesis de que el empresario actúa para aprovechar las oportunidades de beneficio que descubre en el mercado.

La percepción de una posibilidad de beneficio no es sino un caso particular de intuición de una posibilidad de tantas: la de ganar dinero. El empresario, entendido por Kizner como persona que busca oportunidades de benéfico, no sería más que un tipo especial de emprendedor o persona que busca hacer realidad sus intuiciones de nuevas posibilidades. Si ambos disponen de un solar, el primero, pensará en cómo especular con él, el segundo en qué se podría construir sobre ese terreno. Los dos buscan hacer realidad una posibilidad: realizar una plusvalía o levantar un nuevo edificio. La motivación, para ambos, está en el orgullo del éxito ante el reto de lo posible, la diferencia está en que, para el primero, la medida del éxito la da el beneficio.

El beneficio es la recompensa por la acción creativa en cuanto generadora de nuevas posibilidades que, si bien es buscado por el empresario, es algo que le viene sobreañadido, como gratificación adicional, a las compensaciones del emprendedor, quien lo que busca y lo que le motiva es la labor creativa: generar nuevos posibles y realizarlos. La auténtica motivación es la realización, hacer realidad una nueva posibilidad, convertir en real un sueño. Como muestra de ello tenemos los estereotipos clásicos sobre los artistas bohemios, los poetas, los científicos, los filántropos y los filósofos, para quienes su acción está motivada por la búsqueda de nuevos posibles cuya realización y el orgullo por la obra realizada superan las satisfacciones (nada desdeñables) que les puedan proporcionar las recompensas monetarias.

La originalidad de la intuición creativa proporciona un valor adicional. Toda nueva oportunidad es consecuencia de una posibilidad no contemplada anteriormente, siendo la intuición de tal posibilidad una oportunidad de beneficio capaz de activar una nueva acción empresarial. El beneficio es un requisito empresarial, pero no debiera ser el objetivo de la acción creativa. Una cosa es el objetivo: la realización de un posible y otra las restricciones de la acción: obtener un determinado beneficio que permita retribuir la innovación y compensar los riesgos, entre otras. Recordemos que para Walras, tanto el beneficio como la pérdida son desequilibrios que el emprendedor ha de corregir

Los recursos se muestran como tales recursos en tanto se intuye una posibilidad potencial en ellos. Las cosas no son recursos en sí mismos, sólo son recursos para alguien y para algo. Unos mismos objetos pueden ser recursos diferentes para personas con diferentes propósitos y no ser ningún tipo de recurso para quien no intuye en ellos ninguna posibilidad o no abriga ningún propósito para el que pudieran serle de utilidad. Un mismo árbol será combustible para el leñador, fuente de sombra para el caminante, productor de frutos para el recolector y materia prima del ebanista. Una misma piedra, firmada por Picasso es una obra de arte y puesta en una honda es un arma.

La optimización de los recursos sólo tiene sentido desde los fines que se persigan, es decir, desde las posibilidades de realización que se tengan definidas como proyectos alternativos.

El emprendedor arriesga los recursos con los que cuenta y moviliza los que le faltan.

Lo característico del capitalismo es la posibilidad de hacer planes sin contar con los recursos.

El riesgo de la innovación

Al planificar los recursos, la intuición de lo posible se reformula como un proyecto. En el proyecto se articulan intencionalmente dos conjuntos concomitantes de posibles: uno de previsiones y otro de expectativas.

La acción humana se ve motivada por las expectativas, pero como toda expectativa es una posibilidad anticipada, las expectativas no siempre se cumplen, como tampoco las previsiones se realizan siempre; de manera que los efectos de la acción desbordan las intenciones, ocurriendo lo imprevisible, consiguiéndose logros superiores a los imaginados y fracasos contrarios a los objetivos perseguidos. Tanto Colón fracasó en su pretensión de alcanzar Catai como Napoleón en su intención de conquistar Rusia. El primero logró de su viaje unos resonantes frutos, imposibles de imaginar previamente, mientras el segundo cosechó una derrota contraria a sus bien calculadas expectativas.

Todo emprendedor vislumbra cada una de las posibilidades por él intuidas como algo que es no-imposible, deseable y realizable, estructurándolas en un plan de acción. Pero, al asumir el compromiso de la decisión de realizar el plan, se desconocen los obstáculos prácticos que se van a ir presentando a lo largo de un camino por hacer, por lo que toda decisión de realizar una posibilidad es una apuesta y supone un riesgo: el de no poder llevar la posibilidad a buen fin y perder los recursos comprometidos en el proyecto, me consta. También puede ocurrir que, en algún caso, se logre más de lo que inicialmente se pretendía, también doy fe de ésto.

Los resultados no intencionados pueden llegar a superar los que se obtendrían de la mejor de las planificaciones. Los grandes logros imprevisibles hacen del procedimiento intuición-realización, un potente mecanismo innovador y generador de progreso. Los frutos de la realización excederán los límites de nuestra capacidad de anticipación y pronóstico, salvo para acciones muy limitadas y experimentadas: los pronósticos de la ciencia empírica. Como dijo Solón , “el peligro es inherente a todo trabajo y acción, nadie conoce el final de lo que emprende”.

Toda acción humana se basa en conjeturas y, dada la incertidumbre implícita en cada conjetura, los efectos de la acción superan a toda posible previsión. El desarrollo científico y la creación artística son variantes del método intuición-realización. Como ya señalara Popper , la conjetura es la base del desarrollo científico. “El procedimiento actual de la ciencia opera con conjeturas”. Era de esperar, el pensamiento científico es un modo de acción humana y, como tal, está basada en posibilidades.

Tanto la incertidumbre como el riesgo han de verse, no sólo como elementos restrictivos, sino como componentes de la motivación para actuar. Si conociésemos con certidumbre los efectos de nuestras acciones, nos conformaríamos en muchas ocasiones con imaginarlos sin necesidad de actuar; en otros, la búsqueda de resultados gratificantes mediante pautas de acción que han demostrado empíricamente su eficacia, desarrollarán hábitos de comportamiento sistemático y rutinario, nada innovador. Por el contrario, la acción creativa es un estimulante salto hacia lo desconocido.

El innovador, como nuevo Prometeo, corre el riesgo de verse encadenado a su obra, mientras contempla como sus más entrañables recursos le son devorados por aves rapaces. El valor es un requisito del liderazgo.

lunes, 30 de enero de 2012

¿Cómo estimular el crecimiento sin aumentar el déficit público?

En la situación en la que se encuentra la economía española, la receta a seguir para salir simultáneamente del paro y el alto déficit sería estimular la economía y el empleo a expensas de aumentar temporalmente la deuda algo más, pero las restricciones impuestas por la UE, ante las exigencias de tener que mantener la estabilidad de una moneda común, impiden seguir esa vía.

Reducir el déficit supone recortar gastos públicos no rentables y buscar ingresos adicionales para el erario público subiendo los impuestos. El problema de aumentar tasas impositivas es que inciden en el crecimiento y que, por la ley de Laffer, tasas más altas pueden reducir los ingresos fiscales. El reto está en aumentar el PIB cumpliendo el objetivo de déficit.

La solución sería estimular le economía mediante ajustes de la oferta, principalmente en el campo laboral, la disponibilidad de crédito barato y reduciendo los costes de la energía; combatiendo el déficit con el ahorro de intereses mediante reducciones drásticas de la deuda, ¿cómo?, amortizando deuda masivamente con los ingresos que se puedan obtener mediante privatizaciones de empresas y activos públicos.

Otras dos medidas para estimular la economía serían:

1. Conseguir que el BCE aplique una política monetaria más expansiva. Hay tres motivos para hacerlo ahora: la velocidad monetaria es muy baja, el equilibrio macroeconómico está lejos del pleno empleo y la inflación no es muy alta. El aumento de liquidez se tendrá que controlar para no caer en excesos, pero vendría muy bien en estos momentos.

2. Conseguir inversiones privados internos o externos. Los inversores buscan rentabilidad y oportunidades de inversión, exigiendo seguridad jurídica, mano de obra abundante y, los extranjeros, posibilidad de repatriación de futuros beneficios. España les proporciona los tres. Habría que hacer un esfuerzo creativo para lanzar proyectos internacionales abiertos a todo el mundo mediante concurso público que se financie con cargo a beneficios. Había que pensar en grandes proyectos de infraestructuras en transportes, regadíos, energía, turismo…

No importa si los inversores son nacionales, chinos o rusos; los ferrocarriles estadounidenses los crearon los ingleses, los ingleses se fueron y las vías se quedaron, lo importante es lograr inversores y que los pliegos de los contratos exijan que el 100% de la obra civil sea nacional y al menos el 85% de los equipamientos necesarios para el proyecto.

Pensemos que una economía más activa contribuiría a un aumento de la recaudación fiscal a tasas constantes y un mayor empleo reduciría los gastos por desempleo. Además, como el objetivo del déficit es un porcentaje del PIB, aumentar este último nos da más margen para poder alcanzar el objetivo de la deuda, lo cual mejoraría nuestra imagen en los mercados bajando el diferencial de tipo de interés, con lo que se reducirían aún más los intereses a pagar y con ellos el déficit. Entraríamos en dos círculos virtuosos: menos deuda, menos intereses a pagar, menor déficit; por un lado y, por otro lado, más actividad económica, más empleo, más ingresos fiscales con menos gastos por desempleo, menos déficit, mejores condiciones financieras, más inversión.

sábado, 14 de enero de 2012

Reflexión sobre las medidas del Gobierno

Para poder evaluar las medidas que va tomando el Gobierno para combatir la crisis económica, es preciso partir de un análisis de la situación y de las posibles salidas de la crisis que ofrece la teoría económica.

La situación de alto nivel de paro y elevada deuda en la que estamos requiere medidas que den prioridad a la atención sobre uno de los dos males respecto al otro, ya que muchas de las medidas que alivian uno de ellos contribuyen a agravar el otro.

Idealmente, se debería dar prioridad al estímulo de la economía, ya que la creación de empleo y aumento de la actividad económica mejorará la recaudación fiscal con la consiguiente reducción del déficit público.

El problema radical está en que, dado el alto volumen de deuda existente, no se puede sostener el elevado déficit anual en que venimos incurriendo, por lo que urge, por encima de todo y contra lo que sería deseable, corregir el déficit con prioridad.

El problema de la deuda constituye un círculo vicioso en el que juegan tres factores: la propia deuda, el déficit público que acrecienta la deuda y los intereses sobre la deuda que incrementan el déficit público. Por consiguiente, la batalla de la deuda hay que darla en los tres frentes simultáneamente: amortizando deuda, reduciendo el déficit y procurando reducir los tipos de interés. El objetivo es lograr pagar cada vez menos intereses que inviertan el circulo vicioso en uno virtuoso: menores intereses reducirán el déficit, contribuyendo a no incrementar tanto la deuda y terminar por ir reduciéndola cuando se genere superávit.

La mejor y más rápida medida para reducir la deuda es la de hacer liquidez mediante la privatización de empresas y la venta de activos públicos. En paralelo, habrá que conseguir que los sucesivos presupuestos del Estado puedan reservar una partida para la amortización de deuda pública, después de reducir el déficit.

La reducción del déficit se consigue aumentando los ingresos fiscales y reduciendo los gastos del Estado, siendo prioritario en ese propósito reducir progresivamente los intereses de la deuda. No queda, por tanto, mas remedio que aumentar la recaudación impositiva y recortar gastos del Estado. Mejorar la recaudación no significa necesariamente aumentar las tasas impositivas, tengamos presente la Curva de Laffer, y si significa mejorar la represión del fraude fiscal, aflorar economía sumergida, reprimir la corrupción y facilitar las relaciones con la Administración. No se deberá olvidar que, tan pronto se encuace el problema del déficit, habra que aplicar una política fiscal expansiva que estimule el empleo.

La reducción de los intereses pasa por reducir, en primer lugar, el principal de la deuda y por lograr mejores tipos de interés. La reducción de los intereses supone lograr una mejor calificación para nuestra deuda en los mercados y poder contar con mejores títulos de deuda como serían los euro bonos.

El estimulo de la economía requeriría una política fiscal expansiva que la situación de la deuda no permite, por lo que habrá que recurrir a estímulos puntuales muy creativos, que hipotequen potenciales ingresos fiscales futuros devengados por el crecimiento que se persigue conseguir, sin afectar los ingresos actuales. Por otro lado, habría que recurrir a medidas monetarias expansivas que estimulen la inversión y el gasto. El problema es que, al estar en el euro, no están estas medidas en nuestras manos, sino en las del Banco Central Europeo. Es cierto que tanto el imprimir moneda como estimular el crédito son medidas que se prestan al abuso y que hay que controlar con un ojo puesto en la inflación, pero las circunstancias en las que nos encontramos de estar por un lado alejados de la zona de pleno empleo y tener, por otro lado, una muy baja velocidad de circulación monetaria, son circunstancias muy propicias al aumento de la masa monetaria. Es cierto que Alemania tiene un paro menor y mayor riesgo de inflación si la inyección de liquidez es muy grande, aparte de su traumática experiencia inflacionista de la república de Weimar, pero son posibles inyecciones locales, como los recientes préstamos del BCE a la banca nacional. El aumento de la masa monetaria debiera tener un efecto en la cotización del euro tal que, al devaluarlo, mejoraría nuestra competitividad internacional. En ningún caso debemos salirnos del euro, pues, al estar nuestra elevada deuda denominada en euros, una vuelta a la peseta seguida de una fuerte devaluación de la misma (única razón para salir del euro) haría que nuestra deuda se multiplicase por el factor de devaluación.

Además de los convenientes estímulos monetarios, nos queda el recurso de tomar medidas expansivas de la economía y generadoras de empleo por el lado de la oferta. Para ello debiéramos ser más productivos y reducir los costes de producción. En primer lugar, no queda más remedio que hacer una reforma laboral que nos ponga al nivel de nuestros principales competidores. Habría que mejorar la tecnología, para lo que es imprescindible dar prioridad a la investigación aplicada. Habría que conseguir abaratar la energía, por lo que un Plan Nacional de la Energía es uno de los elementos de la recuperación a no desdeñar. Habría que conseguir facilidades de financiación, por lo que resolver la situación de la banca nacional resulta urgente. Y, en lo posible, habría que selectivamente bajar algunos impuestos a las empresas y, por supuesto, no subir el IVA (pues sería un encarecimiento directo de la oferta que crearía mas paro) e incluso ver la forma de bajarlo en lo que se pueda. Medidas fiscales de fomento a la creación de empleo y simplificación de los procedimientos administrativos de todo orden, con mejora en los plazos de resolución. Una amenaza a tener presente en el capítulo de la oferta es que, tan pronto se lance la recuperación mundial, se dispararán los precios de las materias primas y de la energía.

Finalmente, la crisis ha dejado claro que el sistema financiero, sin merma de su libertad y creatividad, debe estar mejor reglamentado y supervisado y que la moneda única requiere de una Unión Fiscal Europea.

En resumen, serán medidas positivas para salir de la crisis todas las que se tomen en materia de:

-Privatizar para amortizar deuda

-Incluir en los Presupuestos del Estado planes para la progresiva amortización de deuda

-Racionalizar y recortar gastos de la administración

-Mejorar la recaudación fiscal

-Inyectar liquidez en la economía y bajar intereses

-Luchar por la introducción del eurobono

-Mejorar la productividad y las aplicaciones tecnológicas

-Mejorar la financiación

-Urgente reforma laboral racional y profunda

-Fomento a la creación de empleo

-Un Plan Energético Nacional a medio y largo plazo

-Medidas para mejorar la supervisión y control de la actividad financiera

-Acelerar la Unión Fiscal Europea

-Introducir una política fiscal expansiva que cree empleo en cuanto se resuelva el problema del déficit

viernes, 25 de noviembre de 2011

Si yo fuese Presidente

¿Por qué solo en el fútbol?

Si yo fuese Presidente…
Nos auto imponemos restricciones que solo sirven para limitar nuestras posibilidades de éxito. Estamos tan engolfados en un ir pensando “de cabotaje” y por inercia que ignoramos la recomendación evangélica del “duc in altum”.

Toda organización que desea destacar entre las mejores de su clase debe comenzar por reclutar a los mejores allí donde quiera que estén, cosa que hemos aprendido a hacer en el fútbol, y no nos va nada mal. Pero, ¿Dónde están los Diestéfano, los Pelé y los Ronaldo de la universidad, de la investigación, de la industria o de la política?

Si yo fuese Presidente reclutaría al mejor Ministro de Industria, allí donde esté, aunque sea alemán. Eso si que sería un acontecimiento cósmico que revolucionaría a los mercados y bajaría la prima de riesgo, pues demostraríamos que no vamos a ir tirando capeando el temporal, sino que vamos a por el título de Campeones de Europa.

¿A quien le importa de qué pueblo es cada ministro? A mi lo que me interesa es que los ministros sean competentes, trabajadores, honrados y eficaces, ni me planteo si son o no de mi pueblo.

Los EE.UU. nombraron ministro a Henry Kissinger sin que fuese americano, era alemán, nacido en Fürth, pero, sobre todo, era un excelente ministro.

Lo que si habría que pedir es que el elegido hablase español o se comprometiese a aprenderlo de aquí a Navidades; no es cuestión, a estas alturas, de tener que poner intérpretes al Consejo de Ministros, para esas chorradas ya tenemos al Senado.


Y hablando del Senado

Si yo fuera Presidente me plantearía seriamente si prescindimos del Senado o lo potenciamos en serio. Yo me inclino por potenciarlo y hacer de él la Cámara Representativa de los Intereses Autonómicos, eliminando todos los parlamentos autonómicos.

Los Parlamentos Autonómicos han demostrado que solo sirven para colocar a los que sobran de las listas nacionales y crear leyes que limitan la libertad y la igualdad entre los agentes económicos de distintas autonomías y rompen la unidad de mercado.

Que el Senado considere los intereses locales y proponga, por consenso, unas mismas leyes para todos que debieran ser sancionadas por el Congreso.


Nuestra ventaja estratégica

Si yo fuese Presidente procuraría hacer de España la California de Europa. La gran industria comenzó en EE.UU. junto a ríos, como el Ohaio, o los grandes lagos. Lo mismo ocurrió en Europa con las humeantes riberas del Rhin, del Nervión o del Támesis. Pero cuando la electricidad permitía que las fábricas no fuesen dependientes del suministro del carbón, las nuevas industrias de gran tecnología de los EE.UU. emigraron a climas más benévolos y surgió California en todo su esplendor.

Ya hemos conseguido que España sea la Florida de Europa. Nuestro Levante acoge a miles de jubilados europeos. Es hora de hacer de España la California de Europa y lograr que sus centros de investigación, sus mejores universidades, sus más avanzadas industrias se vengan a estas tierras.

No es que Munich sea un mal sitio, pero, ¿no vivirían mejor los científicos del Max Plank en Granada? Tendrían las mismas oportunidades de practicar el ski, más la posibilidad de bañarse en Marbella los fines de semana. ¿No estaría encantada la Universidad de Lund en tener una sucursal en, digamos, Alicante? Seguro que a todo su claustro le encantaría pasar algunos meses de invierno dando clase a las cuatro de la tarde sin que sea de noche. ¿Qué pinta un gran magnate de la industria en Düsseldorf pudiendo estar en Málaga?

Si yo fuese Presidente, haría un esfuerzo por convencer a científicos, empresarios y profesores universitarios europeos que donde se vive bien es en La California de Europa y deberían considerar venirse y traerse aquí su chiringuito.


Las cuatro Españas

Si yo fuese Presidente, procuraría dejar claro que, como decía Lain Entralgo, solo hay cuatro Españas que realmente importen para lo que realmente importa: El Sur que fríe, la Meseta que asa, el Norte que guisa y el Levante que hace paellas.


Sobre la enseñanza

Si yo fuese Presidente, visto lo visto, además de cambiar de inmediato el contenido de la Enseñanza para la Ciudadanía con temas de urbanidad, disciplina, responsabilidad, información de los derechos y deberes del ciudadano, nociones sobre cómo funciona el Estado, procedimientos de los principales trámites administrativos y el valor del voto responsable; pensaría en incorporar una asignatura obligatoria de economía en la enseñanza media.

Potenciar la industria copiando de Alemania

Si yo fuese Presidente estudiaria como funcionan los Landesbanks alemanes y la legislaron industrial alemana. Tengo un muy buen amigo que tuvo que cerrar su fabrica de LLodio y potenciar la producción de la que tenía en Rheinfelden. ¿Cómo puede una misma industria, con los mismos productos, la misma tecnología, la misma maquinaria, los mismos mercados, los mismos directivos, el mismo consejo de administración; triunfar en Alemania y fracasar en España? Tenemos que investigar la fórmula que haga atractiva a España para invertir en ella y si hay que copiar recetas de éxito, copiemos. Recuerdo un viejo chiste de Mingote, de cuando masivamente emigrábamos a Alemania, que decía: “¿Y si en vez de enviar obreros a Alemania trajésemos directivos alemanes a España? Yo creo llegada la hora de traer políticos alemanes, no muchos, pero si alguno y copiar estructuras.


Aprender de los que lo hagan bien

Si yo fuese Presidente me estudiaría la revolución Meiji. Durante la revolución Meiji, los japoneses reconocieron que los occidentales les aventajaban porque sabían física. Decidieron llevar a Japón los tres mejores profesores de física que encontraron por el mundo y seleccionaron tres becarios japoneses que enviaron a estudiar a las que consideraron tres mejores universidades occidentales. En unos años estaban a la cabeza de la tecnología, exportando sus productos a todo el mundo. ¿No podríamos hacer nosotros lo que hicieron los japoneses con la fisica con, digamos, la estructura industrial, el cine, la política, los sindicatos, los procedimientos judiciales … Un segundo de humildad a tiempo salva todo un futuro secular.

Plan energético

Si yo fuese presidente, lanzaría un Plan Energético en el que, además de estudiar la forma de reducir los costes de producción eléctrica sin prejuicios y de ver fórmulas de reducir el consumo (que incluya un plan para mejorar el factor de potencia de los consumidores) pondría énfasis en el ahorro en la distribución, estudiando la sustitución de tramos de alta tensión con muchas pérdidas, por redes de superconductores de alta temperatura.


Intrusismo laboral

Si yo fuese Presidente, propondría una ley por la que quien asuma un cargo público para el que se demuestre que era totalmente incompetente, pueda ser procesado por intrusismo laboral. Resulta que para ser juez, notario, maestro, policía o bombero se requiere una preparación adecuada y un examen que permita demostrar que se está cualificado para desempeñar el cargo, pero para ser, digamos, Presidente del Gobierno, vale cualquiera.

Si a uno que se hace pasar por médico sin serlo, va por ahí deformando culos con inyecciones de cemento en los glúteos, se le procesa, ¿Cómo puede irse de rositas quien ha arruinado un país y millones de familias por su incompetencia para un cargo que libremente asumió?

lunes, 21 de noviembre de 2011

Medidas anti-crisis a ser consideradas por el nuevo gobierno

Si consideramos el panorama macroeconómico español, nos encontramos con dos problemas: el paro y la deuda.

A nivel teórico, sabemos que la actividad económica de un país se determina por el equilibrio entre la demanda agregada y la oferta agregada, mientras que la deuda de un país, suma de la deuda pública y la privada con el exterior, es fruto del déficit público y de los desajustes de la balanza de pagos, que incluye las transacciones por el comercio exterior por bienes y servicios (turismo incluido en ambos sentidos), las remesas financieras y los flujos de capitales por inversiones y préstamos.

El punto de cruce de las curvas de oferta y demanda nos señalan el volumen de actividad para un determinado nivel de precios. Aumentar el nivel de empleo supone elevar la actividad del país.

Lo que Keynes propone para combatir las crisis es desplazar la demanda hacia arriba, estimularla, con lo que el punto de equilibrio se desplazará a la derecha, aumentando el volumen de actividad y con él el empleo.

El problema es que, además del paro, sufrimos un elevado déficit público, una costosa deuda pública y una elevada deuda como país. El problema es complejo, ya que la conjunción de baja actividad económica y alto déficit público son contraproducentes, lo que supone que muchas de las medidas aconsejables para combatir el paro aumentarían el déficit y la mayor parte de las medidas para reducir el déficit provocan mayor recesión.

Es como tener un paciente que sufre hemorragias y trombosis al mismo tiempo. Si le das anticoagulantes se desangra y si le das coagulantes sufriría una trombosis. Tendríamos que dar liquidez al sistema, estimular el empleo, reducir el déficit público y bajar el déficit exterior. Dada la dificultad de acometer todo a la vez, tenemos que o buscar acciones compatibles o dar prioridades. En mi opinión, tendremos más éxito si relanzamos primero la economía y se da prioridad a la lucha por reducir el paro, para acometer a continuación la reducción del déficit, buscando en la primera fase ir reduciendo la deuda con medidas no restrictivas del gasto.

Una opción sería el reducir los costes de la oferta; si la oferta agregada desciende, también se desplazaría el punto de equilibrio a la derecha con la consiguiente generación de empleo sin incrementar el déficit, como lo haría una política fiscal expansionista que estimulase la demanda. La medida de controlar la oferta tiene la ventaja añadida de contener la inflación.

La reducción de los costes de la oferta se puede conseguir reduciendo cualquiera, y mejor todos, los componentes del coste: Impuestos, salarios, materias primas, intereses, gastos operativos y energía. Reducir los impuestos de las sociedades es una medida que también impacta en el problema de la deuda, por lo que en tanto no se cree la suficiente actividad adicional como para compensar el descenso en la recaudación por la bajada de tipos impositivos con una mayor base imponible, habría que ser prudentes con lo que se haga en materia de recortes de impuestos. En una economía globalizada, el precio de las materias primas no depende de nosotros, salvo que, a ejemplo de China, nos pongamos a comprar minas en África y América del Sur, lo que incrementaría el déficit de la balanza de pagos. La bajada de los intereses requeriría una bajada del tipo de interés, lo que nos remite de nuevo al problema de la deuda pública. Parece que la batalla inmediata debiera darse en la racionalización de los procesos y en el coste de la energía.

La racionalización corresponde a cada empresa hacer la suya, pero las administraciones debieran simplificar los procedimientos administrativos para mejorar su propia productividad y facilitar a las empresas su gestión simplificando trabas administrativas. Una mera licencia de poda, si la pides en otoño, no te la conceden hasta la primavera, cuando ya no puedes podar. Un amigo que tiene una empresa de jardinería me contaba que teniendo firmados varios contratos grandes para podar diversas fincas, tiene a la plantilla parada en espera de que sus clientes reciban la licencia correspondiente. Donde decimos poda, léase apertura, construcción, reforma o cualquier otra licencia. ¿A cuántos promotores, un retraso de años de una licencia les ha supuesto pasar de un mercado de la vivienda en alza en el que todo se vendía a cualquier precio, a un mercado parado en el que nada se vende a ningún precio? El proceso debe acompañarse de una simplificación administrativa radical que simplifique y abarate la creación de nuevas empresas y una agilización de las licencias de actividad. Simultáneamente, habría que invertir más en investigación, a fin de lograr ser más competitivos por el lado de la innovación.

El componente laboral requiere un sistema de contratación colectiva que facilite y agilice la incorporación al trabajo de personas en paro en condiciones competitivas. La reforma laboral pendiente es un paso imprescindible para salir de la crisis por el lado de la oferta. Hay que hacer una reforma que mantenga los derechos de quienes actualmente tienen contratos fijos, pero establezca nuevas normas para los nuevos contratos que faciliten la contratación de los ahora en paro.

La otra gran medida a tomar con gran urgencia es acometer un plan energético que nos garantice una energía segura a un coste competitivo, lo que supone no descartar la energía nuclear. Un ambicioso plan nuclear que, además, se financie por empresas privadas y mejor si son extranjeras, produciría una inyección de capital, una generación de puestos de trabajo, una reducción de las importaciones energéticas y bajaría el precio de la energía haciendo a las empresas españolas más competitivas.

La lucha contra el déficit en esta fase debe centrarse en la reducción del gasto público no productivo y generar liquidez mediante la privatización de todo tipo de activos para amortizar deuda. Hay que hacer caja, privatizando todo lo posible: empresas públicas, rentables y deficitarias, tales como AENA, Paradores de Turismo, Correos, las participaciones en empresas en manos del SEPI, tales como: Red Eléctrica (20%), ENAGAS (5%), Enresa, MERCASA… terrenos y edificios públicos…y hasta vender algún cuadro del Prado si ello nos salva de la bancarrota. Cuando ya no queda nada, hay que vender las joyas de la abuela para sobrevivir.

Todos los recursos obtenidos mediante las privatizaciones deberán dedicarse a amortizar deuda pública, bajando con ello los intereses financieros y contribuyendo a la contención del tipo de interés e ir recortando gasto público al reducir el importe de los intereses a pagar por el Estado, ahorro que habría que destinar también a amortizar deuda.

Otra consideración macroeconómica a tener en cuenta es el componente monetario. Sabemos que el valor de la actividad económica hay que financiarlo, lo que nos lleva a la ecuación del intercambio de Irving Fisher, por la que el valor de los intercambios en un periodo de tiempo, es decir, el producto de los precios medios por el número de unidades vendidas, es igual a la masa monetaria en manos del público por la velocidad de circulación media del dinero. En una situación, como la actual, en la que el dinero apenas de mueve, no estaría de más aumentar la masa monetaria en manos del público.

Es cierto que un aumento no controlado de la masa monetaria puede disparar la inflación en vez de estimular la actividad económica, como ocurrió en muchos países sudamericanos durante décadas, no es menos cierto que la medida estaría en manos del Banco Central Europeo y no aparece en sus estatutos otro objetivo que el controlar la inflación, pero dadas las circunstancias, no estaría de mas revisar esos estatutos y alinear las funciones del BCE con los de la FED americana. Habría que convencer a las autoridades alemanas. Una vía indirecta seria que el BCE permitiese a los estados miembros la emisión de deuda europea o que el Banco avalase las emisiones nacionales. Lo más rápido sería poner en marcha la máquina de imprimir e inyectar liquidez en el sistema a través de los Bancos Centrales Nacionales. La inyección de liquidez sería desaconsejable si estuviésemos cerca del pleno empleo, en el tramo asintótico de la curva de oferta, eso produciria inflacción a cambio de escaso incremento de la actividad económica, pero estando con tan alto paro, en la parte casi plana de la curva de oferta, no hay duda en que las inyecciones controladas de liquidez activarian la economía con mínimos incrementos de precios. Y puestos en Europa, habrá que fortalecer la unidad política europea, a fin de asegurar la unidad de gestión fiscal. Ya vimos que la Zona de Libre Cambio que defendían el Reino Unido con los Paises Nórdicos no podía funcionar sin una Unión Aduanera que eliminase los certificados de origen, que la Unión Aduanera requería un Mercado Comun que eliminase las barreras interiores y que éste necesitaba una moneda única que desterrase los riesgos de tipo de cambio y la acumulación de divisas. Ya se sabia, pero ahora lo vemos y sufrimos, una moneda única requiere una Union Fiscal que garantice la viabilidad de la moneda única y el equilibrio presupuestario común.

Como impulsos menores pero eficaces por el lado monetario, habría que, por ley, pagar las deudas públicas a los proveedores en un máximo de 30 días. Parece mentira que con un proceso que se inicia con el presupuesto y se sigue con el expediente de crédito, el informe económico-legal, la reserva del crédito, la orden de crédito, la disposición del gasto, la licitacion y contratación; tras realizar la obra o prestar el servicio, hay que presentar la factura y quedar a la espera del pago durante meses y meses, para la liquidación del crédito, la orden de pago y recibir el dinero. Por la misma razón, la de dar impulsos a la liquidez monetaria que están en nuestras manos, no se debiera tener que pagar el IVA nada más que de las facturas cobradas. Y por el mismo camino, deberíamos buscar cuantos medios estén en manos de las administraciones nacionales y locales para impulsar la liquidez en manos del público. Aprovechando la consideración de estas medidas, habria que hacer una ley sensata y viable de financiación local que permita la financiación fluida e impida el derroche.

A medida que se va creando empleo y aumentando la base impositiva, habría que considerar, ahora si, el lado de la demanda y lanzar un Plan Nacional de Inversiones, rentables, en infraestructuras, prospecciones mineras, recuperación de riquezas submarinas, investigación y ahorro energético que se financie con la venta de patrimonio nacional y local o bien, se financien con fondos privados a cambio de beneficios futuros que proporcione el proyecto, incluso con fondos internacionales a los que se accederia mediante concurso público internacional. En dichos concursos habría que exigir que toda la obra civil que fuese necesaria deberá ser realizada por empresas españolas y que al menos el 90% de los compnentes necesarios sean realizados por la industria española.

Para estimular más la demanda, habría en este momento que considerar bajar determinados tipos impositivos para fomentar la inversión, el ahorro y el empleo.

Siguiendo con la contención del gasto, habria que revisar la ley de financiación de los partidos políticos y los gastos de las campañas electorales. La esperiencia nos ha enseñado que bastaría contar con unos espacios gratuitos en medios públicos que den a conocer los "curricula vitae" de los candidatos y los programas de los partidos para decantar los votos. Haciendo, además, que los programas sean contractuales, a fin de poder demandar a los gobernantes que no cumplan sus promesas. Como complemento, eliminar la corrupción mediante medidas adecuadas, es decir, medidas antimafiosas, como dar inmunidad y recompensa a los delatores que aporten pruebas incriminatorias de políticos corruptos, con penas de incautación del patrimonio de los convictos y el de sus cónyuges por encubridores.

Simultáneamente, habría que replantearse la financiación y función de los sindicatos, pues ya no estamos en el siglo XIX ni en el XX.

A fin de contribuir a la reducción del paro, se debería facilitar a los emigrantes en paro su regreso a sus países de origen, empezando por los maleantes convictos, y contribuir a redactar una ley europea de emigración.

El crecimiento progresivo de la economía mejorará las cuentas públicas al aumentar la recaudación y, solo cuando el paro esté controlado, se podrá aumentar prudente y progresivamente los impuestos pero sin tocar el IVA. Ya hemos visto al comienzo de este artículo, que si se desplaza la oferta hacia abajo se estimula la actividad económica, por el contrario, si se desplaza hacia arriba, encareciendo los precios, se reduce la actividad económica y se genera paro.

Durante el proceso de recuperación económica, necesitamos mantener bajos los tipos de interés lo que nos obliga a acelerar cuanto se pueda la amortización de deuda pública e ir controlando el déficit con la caída de los intereses a pagar.

Aunque las diferentes medidas se apliquen en diferentes plazos a lo largo del tiempo según vaya respondiendo la economía, habría que anunciarlas de golpe, como un programa coherente y completo.

miércoles, 6 de abril de 2011

El futuro de la energía nuclear

Medida de choque para salir de la crisis
Por Carlos del Ama
Dr. En Económicas e Ingeniero Industrial

El desgraciado accidente de Fukushima esta forzando a los gobiernos a revisar sus proyectos nucleares, pero no debiera alterar significativamente el papel que la energía nuclear tiene en el inmediato futuro energético.

Analizando objetivamente el desastre de Fukushima, vemos que en una catástrofe con más de 26.000 muertos, aceptando que gran parte de los desaparecidos habrán fallecido, Fukushima ha producido a la fecha 32 heridos y ningún muerto, si bien, habrá que añadir los efectos a largo plazo en la salud de los afectados por niveles de radiación nocivos.

Si comparamos esas cifras con los riesgos en otras plantas de producción de energía, vemos que las centrales térmicas de carbón son en gran parte responsables de los 2.500 muertos anuales, y eso solo en China, que se producen en accidentes de las minas de carbón. Pensemos también, que si se produce un terremoto de magnitud del de Fukushima cerca de la presa de una central hidroeléctrica, los daños y las vidas perdidas en la mayoría de ellas serian muy considerables. No se habla de las explosiones habidas en Japón tras el terremoto en depósitos de gas y petróleo de las centrales térmicas y las muertes causadas por ellas.

En Fukushima 1, a pensar de ser una central de mas de 40 años, los seis reactores aguantaron bien los efectos del terremoto, siendo el sistema eléctrico que alimentaba la central el que falló, aun así, los generadores de emergencia funcionaron debidamente, paralizándose después, al ser destruidos los depósitos de combustible que alimentaban los generadores, por el tsunami que siguió al terremoto. Mientras, la central de Fukushima 2, de características semejantes a Fukushima 1 y distante de ella solo unas millas, apenas se vio afectada por el desastre geológico.

La lección a aprender de Fukushima es que no vale con asegurar la seguridad de las centrales nucleares, sino que hay que asegurar sus sistemas de alimentación eléctrica y seleccionar adecuadamente su localización. Pero, en su conjunto, Fukushima es un aval de la energía nuclear, difícilmente nada pueda ser sometido a una prueba mayor. El Dalai Lama, tradicionalmente opuesto a la energía nuclear, tras su visita a Fukushima declaró que estaba convencido de la seguridad que proporcionan las plantas de energía nuclear y aboga por su utilización.

En Fukushima el zirconio que recubría las cápsulas del combustible reaccionó con el vapor de agua recalentado, produciendo oxido de zirconio y liberando hidrógeno produciéndose a continuación la explosión de ese hidrógeno, causando daños en la central. También pudo producirse hidrógeno por disociación del vapor de agua recalentado a más de 2.000 grados en la cámara de condensación. En ningún caso se produjo una explosión nuclear como algún medio mal informado llegó a publicar en España, es imposible una explosión nuclear en una central, ya que la cantidad de uranio utilizado simultáneamente es muy inferior a la cantidad crítica para que una explosión de esa naturaleza se produzca.

Desde un punto económico, no solo no podemos prescindir de las centrales nucleares, sino que nos es necesario aumentar su número. Estamos en una crisis económica de grandes proporciones en la que al paro se unen unos grandes déficits públicos. Esa situación antagonista hace muy difícil resolver el problema aplicando medidas de reactivación Keynesianas de estimulo de la demanda agregada, pues si bajamos los impuestos o aumentamos el gasto publico para reducir el paro, aumentamos el déficit y si subimos los impuestos o reducimos el gasto publico para reducir el déficit publico y con él la deuda, aumentamos el paro. La solución a la crisis tiene que venir por el lado de la oferta agregada, de forma que una reducción de los costes de producción haga descender los precios de la curva de oferta, desplazando el punto de equilibrio macroeconómico a la derecha, generando mayor actividad, de forma que, simultáneamente, aumente el empleo y mejore la recaudación fiscal con el aumento del producto nacional.

Reducir los costes productivos equivale a reducir los salarios, a lo que no se prestan fácilmente los sindicatos, bajar los intereses, reducir impuestos a las empresas, mejorar la logística o reducir los costes energéticos. Francia es un país de baja productividad: se trabajan pocas horas, hay frecuentes huelgas y los salarios son altos, pero Francia es un país con alta competitividad, porque el coste de su energía es muy bajo, debido a que más del 77% es energía nuclear.

En este momento, en los EE.UU, el 20% de la energía eléctrica producida es de origen nuclear. No pueden prescindir de la energía nuclear, habría que parar el 20% de su producción industrial, pero si habrá que asegurar la seguridad de las centrales. ¿Es asumible parar el 20% de las fábricas y dejar sin luz a la población durante 5 horas al día?

Las centrales nucleares hoy en desarrollo son centrales de tercera generación con mayores medidas de seguridad y refrigeradas por agua a presión, de forma que se impida su disociación, pero China anunció hace unos días que en abril de 2011 comenzara la instalación de una central de cuarta generación refrigerada por helio. Hoy se pueden construir centrales subterráneas, que prevendrían cualquier tipo de radiación al exterior incluso en el peor de los desastres.

En las circunstancias actuales, todos los países debieran revisar la seguridad de sus centrales nucleares. En algunos países se pararán y desmantelarán algunas centrales antiguas cuyo desmantelamiento ya estaba previsto hacer en uno o dos años. Pero la energía nuclear, con más y mejores medidas de seguridad, seguirá adelante. El presidente Sarkozi ha pedido nuevas normas de seguridad para las nucleares. China ya anunciado seguir con sus planes nucleares y cerrar centrales térmicas de carbón. India también sigue con sus planes y el Presidente Obama declaró en su discurso en la Universidad de Georgetown sobre la energía, que la energía nuclear es un importante recurso para sus planes de reducir la importación de petróleo, pero que es necesario garantizar su seguridad.

En resumen, previsiblemente, los proyectos nucleares se verán retrasados algún tiempo para verificar y mejorar su seguridad, pero la energía nuclear seguirá adelante y con mas fuerza, una vez que las medidas de seguridad se vean reforzadas.

España debería identificar dónde poner parques nucleares de varias centrales por parque, diseñar las características y fijar las especificaciones de capacidad y seguridad y sacar las licencias que se determinen a concurso internacional. Qué más da que sean chinos, rusos, alemanes o españoles quienes inviertan en ellas y nos construyan. Lo que habría que exigir es que la obra civil la hagan empresas españolas y que el 90% de los componentes se fabrique en España, reduciríamos el paro de las ingenierías españolas de un plumazo, las obras de las centrales absorberían mano de obra de la construcción y dispararía la cartera de pedidos a la industria y a medida que entren en producción las plantas, el coste de nuestra energía bajaría haciéndonos más competitivos y al dejar de importar energía, nuestra balanza de pagos mejoraría. Quienes se oponen a la energía nuclear parten de prejuicios, es decir, de juicios a priori no documentados ni técnica ni científicamente.

A grosso modo, se necesitaría lanzar cuanto antes la construcción de 16 centrales nucleares de 980 MW de potencia media.

Dado que una central suele necesitar un año de diseño y cinco para su instalación, si se comienza el plan a lo largo de 2012, el objetivo seria el 2017.

El consumo actual de 260 TWh al año pasaría a no menos de 300 Twh al año, suponiendo un crecimiento del actual consumo de un 2% medio anual acumulado, más lo que requieran los nuevos sectores de consumo eléctrico, como el parque de coches eléctricos. Podemos calcular un incremento del 20% en seis años.

Habría que reemplazar 60 TWh nucleares de las plantas actuales que habrá que cerrar, mas 50 TWh de carbón cuya polución de unos 22,7 millones de toneladas de CO2 debiéramos eliminar, total 110 TWh más el 20% de incremento suponen 132 TWh, más 5,5 TWh que importamos, nos da una energía total de 137,5 TWh al año, lo que requiere una potencia nuclear a instalar de 15,7 GW, es decir: 16 centrales de 980 MW de potencia cada una, o algo más si queremos aumentar nuestra capacidad de exportación a nuestros clientes tradicionales: Portugal, Marruecos y Andorra o si pensamos que el consumo crecerá por encima del estimado.

La seguridad deberá ser un criterio prioritario en el diseño, debiendo pensar en centrales de cuarta generación que eviten la disociación del agua con la consiguiente producción de hidrógeno, que sean muy seguros y estén duplicados, triplicados o cuadruplicados los sistemas de refrigeración y no descartar el que estén enterradas para impedir todo tipo de radiación al exterior y puedan ser refrigeradas por inundación en el peor de los casos.

A pesar de que las nuevas centrales y los sistemas de depuración de residuos nucleares y su recombustión reducen los residuos radiactivos sustancialmente, la construcción de centrales nucleares debe ir en paralelo con la creación de un cementaerio de residuos nucleares que nos ahorre los costes de tener que llevar nuestros residuos al extranjero.