viernes, 3 de febrero de 2012

Tratando de entender el pensamiento árabe desde Occidente

Al contemplar el mundo árabe desde la perspectiva occidental y más concretamente europea, lo primero que llama la atención es la asimetría que existe en el conocimiento mutuo. Mientras muchos árabes conocen muy bien a los europeos, nosotros tenemos un distorsionado estereotipo suyo. Son numerosos los árabes bilingües, poblaciones enteras que, como herencia de su anterior situación colonial, hablan perfectamente el idioma de sus antiguos colonizadores. Muchos de los que actualmente configuran las elites árabes han estudiado sus carreras universitarias en francés, inglés, alemán, español o ruso y cada vez son más los que residen o han residido por algún tiempo en Occidente; sea como emigrantes, sea como estudiantes, sea como exiliados, sea como turistas recurrentes. Su conocimiento de idiomas les permite escuchar nuestras emisoras, leer nuestra prensa y seguir nuestros avatares políticos, nuestras carreras ciclistas y nuestras ligas de fútbol.

Frente a ese hecho, pocos entre nosotros conocen el idioma árabe, muy pocos pueden decir que conocen la cultura arábiga-islámica y del fútbol norteafricano, de conocer algo o a alguien, conocemos a Zidane. Y si ese es nuestro caso, el caso americano es mucho peor. Una pareja de amigos americanos, ambos universitarios, que pasaron unos días en mi casa a mi vuelta de un viaje a Túnez, no sabían bien si Túnez era una ciudad española o italiana. Esa asimetría hace que mientras ellos poseen un muy claro conocimiento de nuestras virtudes y defectos, nosotros tenemos un difuso estereotipo del “árabe”, heredado de épocas anteriores y al que hemos añadido la imagen del productor de petróleo y la del terrorista, distorsionado la realidad del árabe medio que ni tiene petróleo ni es terrorista y padece, como todos, las subidas del precio de la gasolina y las bombas terroristas.

La segunda sorpresa es su vasta cultura. Hemos de distinguir entre cultura y civilización, el hecho de que, a lo largo de las últimas décadas, el mundo árabe viene saliendo de una economía agraria y poco tecnificada incita a pensar que pudieran ser unos incultos, la realidad es muy distinta. Su aun baja capacidad tecnológica y científica contrasta con su extensa cultura. El contrapunto lo tenemos en el americano medio, miembro de una civilización mucho más tecnificada pero de inferior cultura. No quiero con esto decir que todos los árabes sepan quien es Velásquez, Cervantes, Shakespeare o Göthe, me refiero a que el pueblo domina su vasta y secular cultura árabe. Una cultura de tradición oral, humanista, memorista, llena de historias, poesías, anécdotas y sentencias que les proporciona una gran memoria, un profundo conocimiento del ser humano y un vivo interés por saber y conocer a los otros. No sólo conocen el Koran, una amplia mayoría de los árabes recitan de memoria largos fragmentos de Farazdaq, de Mutanabbi, de Abu Nuwas y tantos otros; narran cientos de historias, conoce al detalle las gestas de Saladino y cantan enternecidos los temas de Umm Kulzum. No digo que no haya excelentes físicos, químicos e ingenieros entre los árabes, que los hay, ni quiero decir que no haya muchos americanos con una excelente cultura humanista, que tambien los hay. Me refiero al contraste entre ciudadanos medios. Es evidente el contraste tecnológico y, cuando se ha convivido con ambos mundos, es también notable el contraste cultural. La cultura americana es mucho más superficial, egocéntrica y provinciana; la cultura árabe es más profunda, está más abierta a lo otro y es más universal.

Llaman poderosamente la atención su hospitalidad, el gran respeto del árabe por la intimidad del hogar y el valor de los lazos familiares, su sentido del honor, su estima por la amistad, su recrearse en el lenguaje y en la conversación, saboreando las palabras como si fuesen sorbos de té con hierbabuena, así como su sentimiento tribal jerarquizado. Ese sentimiento tribal hace que el árabe esté muy identificado con los suyos y tenga un profundo y genuino sentimiento de solidaridad familiar, tribal, racial... la jerarquización les lleva, en paralelo con los enfrentamientos tribales, a sentir un genuino sentimiento de identidad pan-árabe, que se ha amasado en el antisemitismo y se ha fraguado en la lucha de Afganistán contra la URSS y en el apoyo de todo el mundo árabe a la causa palestina. Tienen claro el concepto de nación, como valor integrador, siendo la nación árabe un concepto identificador que transciende fronteras. Un sentimiento vivo entre las masas del pueblo y frustrado por la falta de unión entre los gobernantes. El sentimiento anterior denuncia la escasa representatividad de la mayoría de los gobiernos árabes y la fractura entre el pueblo árabe y muchos de sus gobiernos. La tensión entre las diferencias nacionales oficializadas por las estructuras estatales y la generalizada aspiración unitaria en el pueblo, alimentada en buena parte por el ejemplo integrador de la Unión Europea. Las fronteras fueron trazadas por las potencias occidentales con líneas artificiales que llegan a separar miembros de una misma tribu, como es el caso de los pastunes, extendidos a ambos lados de la frontera entre Afganistán y Pakistán, o cortar los desplazamientos milenarios de tribus nómadas, como ocurrió con los magrebíes.

Tiene el árabe un grave problema que le quita iniciativa y le merma responsabilidad: el fatalismo determinista. Es ese un problema que compartió durante siglos con la Europa cristiana, pero el dilema de la omnisciencia divina y la libertad quedó definitivamente resuelto por Leibnitz en el siglo XVII cuando dejó clara la diferencia entre verdad y necesidad. El que ahora, querido lector, estés leyendo estas líneas no es necesario, podrías estar haciendo otra cosa, pero es verdad que las estás leyendo. El que alguien sepa que estás leyendo ésto sabe una verdad, pero no lo hace necesario; sigue siendo el tuyo un acto contingente y libre. El que Dios sepa desde toda la eternidad que ahora tú estarías leyendo ésto tampoco lo hace necesario. La omnisciencia divina ni implica determinismo ni merma la libertad. Es más, es el materialismo ateo el que implica determinismo, pues, como señaló Laplace, lo material está sujeto al mecanicismo determinista en el que todo se produce por sus causas haciéndolo predecible. Es la libertad del hombre la que permite rectificar el determinismo al actuar por fines. Por eso, la física se predice y las ciencias humanas se explican. La historia siempre se escribe a posteriori y la economía también. Muchos podrán explicar una bajada de la bolsa tras haberse producido, nadie pudo predecirla, a lo sumo, algunos podrían haberla intuido como probabilidad.

Dentro de este contexto, es innegable la confrontación entre la actual mentalidad occidental y la mentalidad árabe moderna, que se plasman en un sentimiento de recelo por parte de la mayoría de los occidentales hacia los árabes y un dilema admiración-desprecio, atracción-resentimiento por parte de una mayoría de los árabes hacia los occidentales. Nos ven descreidos, inmorales, materialistas, egoístas...y ricos. En aberrante contradicción con el versículo 5 de la sura 2 del Corán: “Ellos (los creyentes) son los que van en la dirección de su Señor y son los que tendrán éxito”, el éxito parece preferir a los que ellos consideran impíos.

La evolución de los sentimientos populares queda reflejada en la evolución de la literatura árabe tras las guerras de liberación colonial. Desde el más puro existencialismo, fruto de la frustración de las esperanzas puestas en la independencia, donde la decepción se manifiesta en angustia vital, a la crítica encubierta de los regímenes políticos hecha desde obras heroicas en contextos y escenarios históricos claramente identificadas con problemas contemporáneos, hasta las novelas realistas describiendo una amarga realidad y los ensayos sobre temas sociales, para terminar por producir una narrativa del absurdo en su formulación más kafkiana, muestra del rechazo a una realidad ingrata, para pasar a poner su esperanza en las poesias a los daños de la guerra y los cánticos islámicos revolucionarios.

Son las canciones el más fresco testimonio del sentimiento popular, en ellas, además de cantar al amor y llorarle a la muerte, vibran las proclamas a la resistencia palestina, a la unión del pueblo árabe y a la lucha como única esperanza de liberación y futuro. Incluso el chiísmo, tradicionalmente resignado y propenso a la autoflagelación y al martirio, está cambiando sus planteamientos hacia una actitud más combativa, pudiéndose vislumbrar una efervescente media luna chií, desde el sur del Líbano a Pakistán cruzando Siria, Irak, Irán y Afganistán, una comunidad de fé coordinada por Irán, donde los shiitas dejan de ser árabes. Podemos hablar de decepción, frustración, deseo de revancha y esperanza en una victoria final en la que creen que fatalmente ha de llegar con la ayuda de Dios, pues finalmente, “serán los creyentes quienes tendrán éxito”.

Respecto a las concepciones de la realidad, es notable la diferencia entre la visión árabe contemporánea y la visión occidental. Una clara discrepancia radical entre nuestras dos culturas arranca de nuestra distinta concepción de la verdad, tenemos diferentes cosmovisiones, diferencia que se ha establecido y arraigado a lo largo del siglo XX y que podríamos etiquetar como la confrontación entre relativismo y fundamentalismo.

El pensamiento occidental, muy esquemáticamente, ha pasado por tres fases que han estado marcadas por el desarrollo de la física.

En primer lugar, tuvimos el pensamiento aristotélico, que compartimos con el Islam a lo largo de la Edad Media. Para Aristóteles, la tierra era el centro del universo, un universo ordenado en esferas concéntricas que se movían con un movimiento regular y eterno. Es un universo sencillo, con cinco elementos y un lugar natural para cada cosa que explica los movimientos naturales, como la cida libre, mediante una mecánica intuitiva y fácilmente comprensible por todos. Era un universo estable, eterno, ordenado y conocido que tenía al hombre como centro y a Dios como primer motor. Como Aristóteles era filósofo, la reflexión filosófica era coherente con la concepción física del universo, por lo que tanto la metafísica, como la física, la ética y la política eran coherentes entre sí, conocidas y ampliamente asumidas. La solidez y coherencia del pensamiento aristotélico hizo que perdurase 2.000 años, durante toda la edad clásica y a lo largo del medioevo sin ser cuestionado, pues, además, en una época carente de instrumentos de gran precisión, se correspondía con lo observado en la vida cotidiana. Esta larga etapa estuvo plenamente compartida por el pensamiento europeo y el pensamiento árabe, siendo numerosas las aportaciones técnicas y científicas de los árabes al conocimiento europeo en esos siglos. Tuvo que llegar Galileo, con su nuevo telescopio, para comprender que los astros no estaban hechos de quinta esencia ni eran puros y que la tierra no estaba quieta en el centro del universo.

La edad moderna trae a Newton. Con su mecánica, la tierra deja, definitivamente, de ser el centro del movimiento celeste y se reconocen una serie de leyes universales que rigen la física en cielos y tierra. El sol es el centro del universo y Kepler ya había demostrado que las órbitas de los planetas son elípticas, hecho que Newton justifica mediante la teoría de la gravedad. Tenemos la suerte de que Kant lee a Newton, lo estudia y lo entiende, desarrollando el pensamiento crítico a partir de cuestionar la verdad de los juicios universales a priori que le plantéa la lectura de Newton. La razón se manifiesta como clave para el conocimiento de la verdad. Surgen la razón pura y el imperativo categórico. El tiempo y el espacio se vuelven formas de la sensibilidad. El hombre no es el centro, pero sabe donde está el centro. Dios y su obra son racionales y el hombre cuenta con la razón para conocerlos y saber que debe hacer. El imperativo categórico es un claro criterio moral, racional y universal. Sólo un puñado de intelectuales árabes herederos de Averroes aceptaron la crítica racional en un esfuerzo por integrar la razón y la fe abriendo el salafismo una esperanza de reconciliación entre tradición y modernidad. Tan solo un reducido grupo de intelectuales islámicos asumió la modernidad y aceptaron el pensamiento crítico. Iniciándose con la Nahda (el renacimiento) desde mediados del siglo XIX y hasta principios del XX, el esfuerzo por asimilar la modernidad y despertándose el interés por viajar y estudiar en Europa. Tahtawi volverá fascinado de París y Huda Shaarwi se quitará desafiante el jiyab en la estación de El Cairo a su vuelta de Roma. La Nahda es semejante a la revolución Maiji japonesa, pero la modernización árabe fue un movimiento más cultural y el japonés más científico. A los árabes les interesaban las formas de vida, los métodos de enseñanza y la literatura occidentales, a los japoneses, de occidente, solo les interesaba la física. La diferencia entre las consecuencias de cada enfoque fue notoria.

En Occidente la modernidad se cierra con Einstein, quien nos abre los ojos a la relatividad y deja a la humanidad a la espera de un nuevo Kant que lo entienda, lo medite y aclare las implicaciones gnoseológicas y morales de la relatividad. El problema de nuestro tiempo parte de que todos hemos oído hablar de Einstein y nos suena eso de que todo es relativo, pero pocos se han preocupado de entender lo que la relatividad física realmente significa e implica. El pensamiento occidental actual se encuentra confuso y sumido en una confrontación con el pensamiento islámico radical. El origen de esa confusión está en haber asumido como absoluto el principio de relatividad. Pensar que “todo es relativo” y pensarlo como si fuese un principio irrebatible, y como tal absoluto, lleva, desde su intrínseca contradicción, a una serie de conclusiones con traumáticas consecuencias personales y sociales.

La primera consecuencia de tomar al principio de relatividad como fundamento es que la verdad no existe, lo cual ya es una contradicción con el propio principio de relatividad, pues éste no sería verdad. Eso prueba su inconsistencia como principio radical. La siguiente implicación es la de negar toda autoridad, pues al no haber una verdad, nadie está en posición de decir lo que hay que saber ni lo que se debe hacer. Como consecuencia, tampoco hay moral y dado que todo es relativo y nadie puede decir lo que hay que hacer, todo vale. Y además, como nadie puede decir la verdad, no hay que escuchar a nadie. Tampoco los compromisos hay que cumplirlos, pues para empezar, son relativos al momento en el que se contraen, lo cual les invalida para un futuro en el que las circunstancias serán otras y nosotros mismos seremos otros. Es decir, no sólo tendemos a rechazar todo compromiso, sino que nos percibimos como carentes de identidad, dado que no somos los mismos que en el futuro seremos o antes fuimos, y, como tales, irresponsables de nuestros propios actos, ya que el autor de lo que hicimos fue otro yo, ya desaparecido, y quien deberá dar cuenta de lo que hagamos hoy será un yo que aún no existe. Las repercusiones son fatales: nada es cierto, nada tiene valor, tampoco la vida, se puede mentir, se puede matar, no hay ley ni norma, ni autoridad válida, ni palabra dada, ni responsabilidad. Todo es cuestionable y el criterio que cuenta es mi opinión personal.

Frente a ese relativismo radical, absurdo, pero generalizado en Occidente, se encuentra el fundamentalismo, no menos radical. Para el fundamentalismo, hay una verdad absoluta y conocida, textual, que hay que seguir y obedecer fiel y ciegamente, sin resquicios y sin crítica. Sólo cabe la actitud sumisa del muslím. La verdad está en el Corán y no hay otra. El dogmatismo tiene la ventaja de proporcionar seguridad, identificación con los otros creyentes y pautas de acción incuestionables. Además de evitarnos tener que reflexionar y cuestionar sobre las propias creencias, aparcando el pensamiento crítico. Una de las ventajas de llevar el jiyab es el sentimiento de fraternidad que proporciona. Nunca antes estuvo el pensamiento árabe tan distante del occidental, a diferencia de cuando, como hemos recordado, durante siglos estuvimos compartiendo una misma cosmovisión y el diálogo era mutuamente inteligible, fluido y enriquecedor. Hoy domina la incomprensión. Faltos de guía y ajenos a la verdad, nos engolfamos los occidentales por el camino de las apariencias y las opiniones personales sin estar a la altura de nuestro propio tiempo, pues no hemos comprendido a Einstein, es más: hemos retrocedido al pensamiento pre-parménico, en el que primaba la apariencia observable sobre la verdad, una verdad oculta pero accesible a la razón. Esa forma de pensar es rechazada de plano por un Islam que se afirma en el reconocimiento y aceptación de una verdad revelada, indiscutible e incuestionable. Hace ya veintiséis siglos que Parménides previno de seguir el camino de la opinión y advirtió de la conveniencia de buscar y seguir el camino de la verdad. Pero claro, si no hay verdad, no hay camino...

A nosotros nos suena ahora que el tiempo y el espacio se integran en un conjunto de dimensiones relativas. El universo carece de centro, el hombre se encuentra perdido en él y Dios, si existe, parece estar ausente del mundo. La razón se queda reducida a razón práctica y la verdad práctica se hace tecnología, de manera que es verdad lo que funciona en tanto funciona. Sólo nos podemos fiar de los aparatos. El hombre, que ha aparcado tanto la razón reveladora como la fe en lo revelado, se ha abandonado al sentimiento y al deseo, deseo que ha dejado de ser deseo de la verdad y se ha quedado en deseo de cosas. Hoy el hombre es un ser que se ha vuelto sospechoso y amenazante ante la mirada recelosa de los otros hombres. El otro, de repente, es un extraño. El alter ego ya no es el hombre, cualquier hombre, sino sólo aquel que piensa como yo tras haber asumido mi misma perspectiva. Y cuando las cosas dejan de funcionar: el coche no arranca, el ordenador no funciona o la luz se va; nos sentimos perdidos en un mundo incomprensible y hostil. En política no importa la verdad, sino la opinión de la mayoría aunque esté equivocada. En moral, de contar algo, sólo cuenta la propia opinión subjetiva. Por fortuna, como afirman los fundamentalistas, la verdad existe. Otra cosa es que, como defienden los relativistas, ninguno de nosotros esté en posesión de la verdad y todos nosotros tengamos una perspectiva relativa desde la que sólo podemos alcanzar una opinión personal desde un punto de vista parcial. Sin embargo, volviendo a la física de la relatividad, saben los físicos que las ecuaciones de Lorenz permiten conocer las propiedades del objeto observado si conocemos nuestra propia posición relativa y medimos desde ella las características aparentes que podemos observar desde nuestra perspectiva del objeto observado y transformamos nuestras observaciones aplicando Lorenz. Es decir, hay una verdad que podemos estimar, siempre y cuando seamos conscientes de nuestra propia relatividad y del carácter parcial y relativo que tienen nuestras opiniones.

Podemos ver cada uno de nosotros una imagen diferente de una silla, forjarnos, en función de esa imagen, nuestra propia opinión sobre la silla que podrá ser distinta a la opinión que de la misma silla tiene quien está sentado en ella, pero el que ninguno tengamos una visión completa de la silla no es razón para pensar que no hay silla. Hay una verdad ontológica de la silla que es la silla misma, independiente de cómo la veamos e incluso de que sea o no vista por alguien. Si no hubiese verdad, no habría realidad. Lo más curioso es que Einstein nunca dijo que “Todo es relativo”, muy por el contrario, lo que dijo es que la velocidad de la luz es una constante absoluta. La relatividad es una propiedad de la percepción, de la aperiencia, pero no atañe a la esencia de lo observado aunque, como dice Scherödinger, al observarlo lo modifiquemos, lo cual no niega que exista, sino que confirma su existencia. También alteramos toda herramienta al utilizarla y no por eso es menos real, de no modificarse, ni habría que afilar las tijeras ni que sacar punta a los lápices.

Y hay una parte de la realidad especialmente fascinante que es la realidad del otro. Es verdad que el otro, al igual que cada uno de nosotros, tampoco conoce de la realidad nada más que lo que le permite su propia perspectiva, pero sobre esa parte de la realidad que es él mismo, hemos de reconocerle que tiene una perspectiva privilegiada, pues está en el “en sí” de sí mismo. Podemos, por tanto, recuperar desde Einstein-Lorenz el valor radical de verdad que tiene el cogito de Descartes. El otro podrá ignorar muchas cosas, pero sabe lo que piensa, aunque lo que piense fuese falso. Nos cabe, por tanto, poder descubrir aspectos de la verdad del otro si dice lo que piensa y, si le escuchamos, podremos comprender que aunque lo que diga no es más que una opinión, su opinión sobre las cosas de las que habla, si habla con verdad lo que dice es la verdad de lo que opina y, como tal, un aspecto cierto de él mismo. Un daltónico podrá decir que una silla verde la ve roja, será falso que la silla es roja, posiblemente la silla no tenga en sí misma color alguno, pero será verdad que él la ve roja. Descubrir la verdad de lo opinado por el otro facilita poder descubrir nuestra propia relatividad y lo opinable de nuestras opiniones.

Surge de esto la importancia del diálogo como medio para conocer la verdad del otro y la relatividad de nuestra propia opinión para, juntos, acercarnos a la verdad del mundo. Un requisito para acercarnos a la verdad es asumir la relatividad de nuestras propias opiniones y, desde ese conocimiento, aplicar Lorenz, es decir, corregir nuestra opinión sobre la base de nuestra propia relatividad, nuestra mayor o menor cercanía (en concepto amplio) a la realidad sobre la que opinamos y la movilidad de ésta (en el más amplio sentido de cambio); asumiendo la información, también relativa, que nos proporciona el otro desde su personal perspectiva. El diálogo es inviable cuando uno de los dos se cree en posesión de la verdad y considera cualquier opinión disidente como un ataque a su propia integridad. El fundamentalismo dogmático es tan incapaz de alcanzar la verdad como lo es el relativismo absoluto. El primero, porque, al confundir su opinión con la verdad, se cree en posesión de ésta y no la busca, cometiendo, además, el grave error de ignorar la relatividad de sus opiniones, con lo que carece de un requisito básico para acercarse a la verdad. El segundo, porque al pensar que la verdad no existe, ha renunciado a buscarla.

En cualquier caso, habría que asumir por parte de Occidente la relatividad del principio de relatividad y reconocer que el desconocimiento que podamos tener de la verdad no implica su inexistencia. Hemos de redescubrir la verdad. Además, conocer la opinión del otro solo puede enriquecer la nuestra. El diálogo, la acción comunicativa como diría Habermas, sólo es posible desde la humildad del reconocimiento del relativismo personal con la esperanza de una verdad alcanzable en común mediante el mutuo enriquecimiento, mediante la comunicación, con la puesta en común de la información disponible desde las diversas perspectivas. Dada la relatividad de nuestra propia opinión, para conocer la verdad necesitamos de la opinión del otro. El dogmático debe de ser consciente de que lo que toma como conocimiento de la verdad es solo una interpretación, su interpretación de un texto, por cierto que ese texto sea.

Posiblemente, una de las causas de la desorientación radical del pensamiento actual surja de la separación entre la enseñanza científica y la enseñanza de las humanidades. El saber es uno y no hay auténtico Saber, si es un saber a medias. Es cierto que la amplitud del conocimiento y la brevedad de la vida impulsa hacia la especialización, pero eso no debe implicar la ausencia de una enseñanza media equilibrada entre las humanidades y las ciencias. Platón exigía el conocimiento de la geometría para estudiar filosofía, hoy habría que estudiar física para poder ser buen filósofo y filosofía para poder ser un buen físico. Algo que múchos físicos hacen. Nuestras diferencias con las otras formas de pensar surgen del enfrentamiento entre dos sistemas de enseñanza imperfectos, por su excesiva especialización.

Lo peor de los malosentendidos surge cuando el fundamentalismo dogmático se radicaliza sobre bases teológicas manipuladas por la política. Uno de los malosentendidos ancestrales entre Islám y Cristianismo surge de la percepción islámica de que la Trinidad implica politeísmo. Conversando sobre este problema con dos imanes yemeníes en Sanaa, llegamos al siguiente acuerdo:

• Hay un solo Dios y no hay más Dios que Dios.
• Dios se manifiesta al hombre y el hombre sólo puede conocer a Dios por sus manifestaciones.
• Una manifestación natural de Dios es como creador, manifestándose como tal en la naturaleza.
• Otra manifestación divina es en la intimidad del interior del corazón del hombre cuando éste medita buscando a Dios dentro de sí.
• La otra manifestación de Dios al hombre es en la palabra revelada como Verbo.
• El que Dios se manifieste como Creador, como Espíritu y como Verbo no implica que sean tres Dioses.

Los tres estábamos de acuerdo, pero uno de los imanes puntualizó: “Estamos de acuerdo, pero la verdadera revelación se da en el verbo del Corán.” Efectivamente, tenemos dos credos, pero es posible el diálogo.

Gefühl der Frustration in der arabischen Welt

Woher kommt dieses allgemeine Gefühl der Frustration in der arabischen Welt?
Beim Betrachten der historischen Entwicklung der arabischen Welt seit der Renaissance finden wir eine blühende und mächtige arabische Nation, deren Wohlstand vom Monopol kam, das sie über den Handel zwischen Ost und West hatte. Ende des 15. Jahrhunderts sehen die Araber, wie die Portugiesen eine neue Rute nach Indien eröffnen, eine Rute, die später die Holländer und die Briten erben würden, wodurch ihnen die wichtigste Quelle ihres Reichtums entzogen wurde. Ihre Hafenbarkassen, die für ruhige Meere geeignet waren, waren leichte Beute gegenüber den transatlantischen Schiffen. Vier Jahrhunderte später zerbricht mit dem Verschwinden des Sultanats von Istanbul endgültig die letzte Spur der arabischen Einheit, wodurch eine Kolonialepoche der totalen Abhängigkeit vom Westen unterstützt wird. Wir können vier historische Etappen seit dem Ende des 18. Jahrhunderts unterscheiden: die koloniale Phase, die laizistischen nationalistischen Staaten, das Auftauchen des islamischen Nationalismus und die schrittweise Entwicklung des Panarabismus als Gefühl, das im Prozess der allgemeinen Verbreitung war, das jedoch als Konsequenz einer wiederholten Frustration nach aufeinander folgenden Niederlagen und nach dem Tod von Nasser abrupt endet. Es entsteht der Verdruss der Niederlage und das Auftauchen der Fundamentalismus.

Die Daten der Übergänge sind nicht immer exakt, im Allgemeinen findet der Schritt von einer Etappe zur nächsten während einer Zeitspanne, die jedes Land in einem anderen Moment betrifft, statt, wobei jede Epoche beginnt, bevor die vorherige vollständig geendet hat. Der Kolonialismus beginnt mit der Landung Napoleons in Alexandria im Jahr 1798, und reicht bis zur jeweiligen Unabhängigkeit der verschiedenen kolonisierten arabischen Länder. Die türkische Eroberung, mit britischer Unterstützung, stellte die Wachablösung der Franzosen durch die Engländer dar, wodurch die britische Präsenz begann, die bis zur Sueskriese von 1956 dauern sollte.

Mit dem Sieg der westlichen Mächte über die Türkei im ersten Weltkrieg wird die letzte Spur der arabischen Einheit endgültig verwischt, und der Prozess der Kolonialisierung breitet sich vollständig aus. 1919 bestätigen die Abkommen des Versailler Friedens die Aufteilung der arabischen Gebiete zwischen England und Frankreich. Als Konsequenz behielt Großbritannien Ägypten und eignete sich Jordanien, den Irak und Palästina an, während Frankreich den Libanon und Syrien erhielt und freie Hand hatte, sich Tunesiens, Algeriens und Marokkos zu bemächtigen. Man zieht auf den Landkarten Linien, die auf den Sand leerer Wüsten voller Erdöl Auswirkung haben. Die Unabhängigkeitskriege werden von Arabern geleitet, die den Invasoren gut kennen, sie sprechen seine Sprache und sie haben im Mutterland studiert. Die Staaten, die aus der Unabhängigkeit entstehen, haben laizistische Verfassungen nach europäischem Muster und einen stark nationalistischen Stil, der im Kampf um die Unabhängigkeit entstanden ist.

Parallel zur Kampf gegen die Kolonialherrschaft ruft die Anwesenheit von Ausländern Anfänge von Selbstkritik hervor, die Anlass zu einer Reihe von religiösen Erneuerungsbewegungen und von kultureller Renaissance geben. Die politische Frustration wirft das Dilemma auf, wie es möglich ist, dass die Hüternation der göttlichen (im Sinne des Koran) Offenbarung durch Mächte der Ungläubigen unterworfen sein kann. Die Antwort ist die traditionelle semitische Antwort, die in der Bibel bei den großen historischen Krisen des jüdischen Volkes wiederholt wird: „Wir haben uns vom Glauben entfernt und müssen zu den religiösen Praktiken zurückkehren, um aus dem Zustand des politischen und wirtschaftlichen Daniederliegens zu entkommen“. Um 1928 entstehen auf dieser Grundlage eine Reihe von Initiativen, die den Glauben an die Zukunft in das Wiederbeleben der religiösen Handlungen und die Erneuerung des Islams setzen. Aus ihnen ragt die Muslimbruderschaft heraus, deren Motto ist: „Der Islam ist die Lösung“. Sie wurde von Hassan al-Banna gegründet, und ihre politischen Tendenzen bewirkten, dass sie von den Machthabern der neuen nationalistischen und laizistischen Republiken verfolgt wurde. Hassan al-Banna wurde 1949 ermordet.

Die verschiedenen Versuche der arabischen Wiedervereinigung der laizistischen Republiken scheitern nach der Niederlage des Nasserismus; die Invasion des Irak in Kuwait war der postume Versuch, diese Tendenz gewaltsam durchzusetzen, aber der Sieg der Iranischen Revolution öffnet eine neue Hoffnung auf den alten Traum der Erneuerung aus dem Glauben heraus. Das persische Beispiel öffnet der panarabischen Union neue Horizonte auf dem Weg des islamistischen Fundamentalismus. Die Wallfahrten nach Mekka sind Gelegenheiten, die Einheit zu leben und die Ideen der Revolution zu verbreiten, aber sie sind auch Grund für Konflikte. Der Krieg des Irak gegen den Iran macht den Unterschied zwischen Arabern und Persern trotz der Religionsgemeinschaft deutlich. Ein althergebrachter Unterschied, der auf die Sassaniden zurückgeht. Dessen ungeachtet stärkt sich der Fundamentalismus in seinem siegreichen Kampf gegen die russischen Invasoren in Afghanistan. Der Sieg untermauert die Ideale. Aber welche Ideale sind das? Oder besser: Aus welchen Ideen wurde der Fundamentalismus geschmiedet?

Vor diesem historischen Hintergrund des wirtschaftlichen Bankrotts, der Auflösung des Sultanats, der territorialen Zerstückelung und der Kolonialisierung, der Gründung des Staates Israel, der Unabhängigkeitskämpfe, der autonomen nationalistischen und laizistischen Staaten, der Frustration der Hoffnungen des Volkes nach der Unabhängigkeit, der Niederlage des Panarabismus, des finanziellen Neokolonialismus’, der integrativen fundamentalistischen Revolution, entsteht eine Reihe von Begriffen, die in gefestigte Termini des Korans eingefügt werden, wodurch ihnen neue Färbungen hinzugefügt werden. Die fundamentalistischen Bewegungen haben ihr Fundament nicht im Koran, sondern in dieser Reihe von von Ideologen verzerrten Termini, die diese manipulieren und ihre traditionelle Bedeutung durch politische Intentionen verändern, die die Mobilisierung der Massen suchen, die sich für die Siege der Iranischen Revolution und für den Abzug der russischen Armee aus Afghanistan begeistern, die durch die Enttäuschung nach der Unabhängigkeit, die aufeinanderfolgenden Niederlagen gegenüber Israel und die wirtschaftliche Unsicherheit großer Massen frustiert sind und die für die traditionelle Benutzung der Religion als politisches Instrument anfällig sind.

The source of the frustration in the Arab world

Where does this generalised feeling of frustration in the Arab world arise?
On going over the course of Arab history from the beginning of the Renaissance, we find a prosperous and powerful Arab nation, whose prosperity came fundamentally from the monopoly it had over trade between East and West. At the end of the XV century, the Arabs saw how the Portuguese opened up a new route to India, a route that would later be inherited by the Dutch and the British, depriving them of their main source of wealth. Their dhows, which were suitable for calm seas, were easy prey to ocean going ships. Four centuries later, the disappearance of the Sultanate of Istanbul definitively broke up the last vestige of Arab unity, intensifying a colonial epoch of total dependence on the West. We can appreciate four historical stages from the end of the XVIII century: the colonial phase, the nationalist lay states, the appearance of Islamic nationalism and the progressive development of Pan- Arabism as a sentiment in development, which is blocked due to repeated frustration after successive defeats and the disappearance of Nasser. The bitterness of defeat was followed by the emergence of fundamentalism.

The transition dates are not always precise, generally the passage from one stage to the next occurs over a period of time that affects each country at different times, and each epoch begins before the previous one has ended. Colonialism began with the disembarking of Napoleon in Alexandria in 1798, and extends to the independence of the Aran countries colonised. The Turkish re-conquest with British support meant the relief of the French garrison by the British, initiating a British presence, which lasted until the Suez War in 1956.

With the triumph of the Western powers over Turkey in the First World War, al the vestiges of Arab unity disappeared and the colonial process became generalised. In 1919, the Peace of Versailles sanctioned the share out of Arab territory between Britain and France. As a consequence of this, the United Kingdom kept Egypt and took over Jordan, Iraq and, later, Palestine; while France received Lebanon and Syria and was free to take possession of Tunisia, Algeria and Morocco. Lines were drawn on the plans that affected the sands of empty deserts full of oil. The wars of independence were led by Arabs who knew the invaders well, spoke their language and had studied in the metropolis. The States that arise from independence have European type lay constitutions and a strong nationalist tone created during the struggle for independence.

At the same time as the colonial presence, the foreign presence gave rise to some examples of self-criticism, which led to a number of religious renovation and cultural renaissance movements. The political frustration involves the dilemma concerning how it is possible that the nation that is the depositary of divine revelation (Koranic) can be subjected to infidel powers. The answer is the traditional Semitic response that is repeated in the Bible, in the great historical crises of the Jewish people: “We have separated from the faith and we must return to religious practice in order to escape from the state of political and economic prostration” About 1928, based on this, there arose a number of initiatives which put their faith in the future in breathing new life into religious practice and the renovation of Islam. Among these is the movement of the Muslim Brotherhood, whose motto is, “Islam is the solution”. This was founded by Asan al Banna, whose political tendencies led to them being persecuted by the authorities of the new nationalist and lay Republics. Asan al Banna was assassinated in 1949.

The Iranian revolution brought new hope to the dream of renovation through faith. The Persian example open up new horizons for pan-Arabic union through Islamic fundamentalism. The pilgrimages to Mecca are occasions for living this unity and propagating the ideals of the revolution, and the cause of confrontations. The Iraq-Iran War clarified the difference between Arabs and Persians despite the communion of the faith. An ancient difference that comes from the epoch of the Sassanids. However, fundamentalism is strengthened in its victorious struggle against the Russian invader of Afghanistan. The victory boosts the ideals of the jihad. But what are these ideals? Or what are the ideals that forged fundamentalism?

With this historical background of economic bankruptcy, the dissolution of the Sultanate, the break-up of territory and colonial occupation, the creation of the State of Israel, violence in search of independence, autonomous nationalist States, the frustration of the popular expectation of independence, the defeat of pan-Arabism, financial neo-colonialism, fundamentalist revolution; there arise a number of concepts which are included in consolidated Koranic terms which provide them with new nuances. The fundamentalist movements are not founded on the Koran, but on a number of terms distorted by ideologists who manipulate these, altering their traditional meaning with political intentions which seek to mobilise masses incited by the triumphs of the Iranian revolution and the withdrawal of the Russian army from Afghanistan, frustrated by the deception after independence, successive defeats by Israel and the economic precariousness of the masses, prone to traditionally use of religion as a political instrument.

Origen del sentimiento de frustración en el mundo árabe

¿De donde surge ese sentimiento generalizado de frustración en el mundo árabe?

Al revisar la trayectoria histórica del mundo árabe desde el inicio del Renacimiento, encontramos a una nación árabe próspera y poderosa, cuya prosperidad le venía fundamentalmente del monopolio que tenía sobre el comercio entre Oriente y Occidente. Al finalizar el siglo XV, los árabes ven como los Portugueses abren una nueva ruta a la India, ruta que más tarde heredarían holandeses y británicos, privándoles de su principal fuente de riqueza. Sus falúas, aptas para mares tranquilos, son presa fácil frente a las naves trasatlánticas. Cuatro siglos más tarde, la desaparición del Sultanato de Estambul quiebra definitivamente el último vestigio de unidad árabe, intensificando una época colonial de total dependencia de Occidente. Podemos apreciar cuatro etapas históricas desde el final del siglo XVIII: la fase colonial, los estados nacionalistas laicos, la aparición de los nacionalismos islámicos y el desarrollo progresivo del panarabismo árabe como sentimiento en proceso de desarrollo, que se trunca como fruto de una reiterada frustración tras las sucesivas derrotas y la desaparición de Nasser. Surgen el sinsabor de la derrota y la emergencia del fundamentalismo.

Las fechas de transición no son siempre precisas, generalmente el paso de una etapa a la siguiente se produce a lo ancho de una franja temporal que afecta en diferentes momentos a cada país, comenzando cada época sin haber terminado del todo la anterior. El colonialismo se inicia con el desembarco de Napoleón en Alejandría en 1798, alcanzando hasta las independencias de los diferentes países árabes colonizados. La reconquista Turca, con apoyo Británico, supuso el relevo de la guarnición Francesa por la Inglesa, iniciándose una presencia Británica que duraría hasta la guerra del Canal de 1956.

Con el triunfo sobre Turquía de las potencias occidentales en la primera guerra mundial, desaparece todo vestigio de unidad árabe y el proceso colonial se generaliza. En 1919, los acuerdos de la Paz de Versalles sancionaban el tratado Sykes-Picot de 1916 con el reparto entre Inglaterra y Francia del territorio árabe. Como consecuencia, El Reino Unido mantenía Egipto y se apropiaba de Jordania, Irak y, más tarde, de Palestina; mientras Francia recibía Líbano y Siria y quedaba en libertad para apoderarse de Túnez, Argelia y Marruecos. Se trazan líneas en los planos que repercuten sobre las arenas de vacíos desiertos llenos de petróleo. Las guerras de independencia son lideradas por árabes que conocen bien al invasor, hablan su idioma y han estudiado en la metrópolis. Los Estados que surgen de la independencia tienen constituciones laicas de molde europeo y un fuerte tono nacionalista fraguado en la lucha por la independencia.

En paralelo a la lucha anticolonial, la presencia extranjera produce unos brotes de autocrítica que dan lugar a una serie de movimientos de renovación religiosa y renacimiento cultural. La frustración política plantea el dilema sobre cómo es posible que siendo la nación depositaria de la revelación divina (coránica), pueden estar sometidos a potencias de infieles. La respuesta es la tradicional respuesta semita que se repite en la Biblia, en las grandes crisis históricas del pueblo judío: “Nos hemos apartado de la fe y debemos volver a las prácticas religiosas para salir del estado de postración política y económica” En torno a 1928 surgen, sobre esa base, una serie de iniciativas que ponen la fe en el futuro en la revitalización de las prácticas religiosas y la renovación del Islam. Entre ellos destacará el movimiento de los Hermanos musulmanes, cuyo lema es: “El Islam es la solución”. Fue fundado por Hasan al Banna, cuyas tendencias políticas les harán ser perseguidos por las autoridades de las nuevas Repúblicas nacionalistas y laicas. Hasan al Banna será asesinado en 1949.

La revolución Irání abre una nueva esperanza al viejo sueño de la renovación desde la fe. El ejemplo persa abre nuevos horizontes a la unión pan árabe por el camino del fundamentalismo islámico. Las peregrinaciones a la Meca son ocasiones de vivir la unidad y propagar los ideales de la revolución, pero también motivo de enfrentamientos. La querra de Irak contra Irán deja clara de difencia entre árabes y persas a pesar de la comunión de fe. Una antigua diferencia que llega desde la época de los sasánidas. Con todo, el fundamentalismo se fortalece en su lucha victoriosa contra el invasor ruso de Afganistán. La victoria refrenda los ideales. Pero ¿cuáles son esos ideales? O mejor, ¿cuáles son las ideas con las que se forjó el fundamentalismo?

Sobre ese trasfondo histórico de quiebra económica, disolución del Sultanato, desmembramiento territorial y ocupación colonial, implantación del Estado de Israel, violencia independentista, estados autonómicos nacionalistas laicos, frustración de las esperanzas populares tras la independencia, derrota del pan-arabismo, neocolonialismo financiero, revolución fundamentalista; van surgiendo una serie de conceptos que se insertan en consolidados términos coránicos inoculándolos de tintes nuevos. Los movimientos fundamentalistas no tienen su fundamento en el Corán, sino en esa serie de términos distorsionados por ideólogos que los manipulan, alterando su significado tradicional con intenciones políticas que buscan la movilización de unas masas enardecidas por los triunfos de la revolución Irání y la retirada del ejército ruso de Afganistán, frustradas por la decepción tras la independencia, las sucesivas derrotas frente a Israel y la precariedad económica de grandes masas, propensas a la tradicional utilización de la religión como instrumento político.

Die islamische fundamentalistische Ideologie

“Dieser Krieg ist ein ideologischer Krieg”. Präsident Bush

Beschränken wir uns – um zu vereinfachen, auch wenn wir vielleicht zu sehr schematisieren – auf vier Denker, zwei Sunniten: Qutb und Maududi; und zwei Schiiten: Schariati und Khomeini. Zwei Araber , ein Pakistaner und ein Perser. Ihre Theorien entwickeln sich durch die semantische Transformation einer Reihe von Termini des Korans, mit denen alle Moslems vertraut sind und die sie mit neuem Sinn versehen, einige mit gewissem marxistischen Inhalt und alle mit einer revolutionären Absicht, die wie eine Reaktion auf den Imperialismus des Westens und gegen die pro-westlichen arabischen Regierungen gelenkt werden.

Die islamischen Theoretiker gehen von dem Konzept der Dschahiliyya, der Unwissenheit, aus. Der Koran bezieht sich mit diesem Terminus auf die polytheistische Situation vor dem Predigen Mohammeds, aber sie aktualisieren den Fachausdruck, um sich auf die momentane Situation der Ignoranz und das Fehlen der Ausübung der Riten und der Gesetze des Korans zu beziehen, sowohl seitens der nicht-praktizierenden Moslems als auch seitens der gottlosen Ausländer. Ein wichtiges konzeptuelles Begriffspaar ist das Paar: Hakimiyya-Ubudiyya. Die Hakimiyya ist die Herrschaftsgewalt, die laut des Korans nur Gott gehört, und die Ubudiyya ist der Gehorsam als Folge dieser Herrschaftsgewalt, der absolut sein soll. Der Islam ist eine freiwillige und absolute Unterwerfung unter den göttlichen Willen.

Das politische Problem entsteht, wenn diese “Herrschaftsgewalt” in den Händen eines Ignoranten dschahili liegt. In diesem Fall ist der Herrscher ungerecht, kafir, und die, die ihm ihren Gehorsam versprechen, sind unwürdig, talin. Beide, die Ungerechten und die Unwürdigen sind verderbte und eliminierbare takfir.

Ein weiteres wichtiges Begriffspaar im politischen fundamentalistischen und revolutionären Denken sind die mostadafine, die Enterbten, und die mostakbirine, die Arroganten. Im Koran wird auf die angespielt, die Recht auf Almosen haben, und auf die Reichen, die nicht wohltätig sind. Aber in der fundamentalistischen revolutionären Literatur werden die zwei Ausdrücke mit den marxistischen Konzepten der Kapitalisten und der Proletarier beladen. Das letzte Begriffspaar ist das der Da’wa, die Verbreitung des Guten, und der Dschihad, die Bekämpfung des Bösen. Es sind zwei sichere Wege zum Paradies: die Lehre verbreiten und den kafir bekämpfen. Dieser Kampfgeist hat eine private Lesart des asketischen Kampfes und eine öffentliche Lesart des kollektiven Kampfes als Teil der asabiya, der solidarischen Union des Islams.

Mit diesen wenigen Ausdrücken haben wir genug Zutaten, um eine islamische Revolution ideologisch auszurüsten. Khomeini begründet seine Revolution damit, dass der Schah der Dschahiliyya (der Ignoranz) schuldig ist, und da er die Hoheit (Hakimiyya) innehat, ist er ein kafir (ungerecht und gottlos) und demzufolge verderbt und eliminierbar. Genauso wie seine Anhänger. Außerdem sind diejenigen, die Regierungsposten unter dem Schah besetzen, „anmaßend/Kapitalisten“ und der Rest des Volkes „Enteignete/Proletarier“. Dadurch schafft er es, die bürgerliche mit der proletarischen Revolution zu verbinden; die Händler, die ohne politische Macht und von der Macht ausgeschlossen sind, vereinen sich mit den Jugendlichen ohne Arbeit und Hoffnung auf eine Zukunft, die wirtschaftlich ausgeschlossen sind. Die Konsequenz ist die Iranische Revolution. Es ist verständlich, dass sich nach der Landung von Khomeini am 1. Februar 1979 in Teheran weder die Armee noch die SAVAK (Gemeinpolizei) ihm in den Weg stellt, niemand wollte mit dem Etikett „Unwürdige im Dienst einer ungerechten Macht“ versehen werden. Es gibt eine große Ähnlichkeit zwischen dem fehlenden Widerstand gegen Khomeini 1979 und dem Vormarsch ohne Widerstand der Taliban nach Kabul 1996. Der Grund ist ein doppelter: Keiner will als talin erscheinen, und auf der anderen Seite verbindet das Volk den Islam mit Gerechtigkeit.

Aber der Schah ist nicht der einzige kafir auf dieser Welt. Es gibt andere Herrscher islamischer Länder, die eliminiert werden können und gegen die eine Revolution legitim ist, und diejenigen, die sie unterstützen, sind „unwürdig“, wie u.a. die USA. Aber am schlimmsten war die UdSSR, Invasorin in Afghanistan, und gegen die die Dschihad deklariert wird, mit der Unterstützung von Pakistan und den USA. Die Niederlage der Macht des Schahs im Namen Allahs hat gezeigt, dass die Macht des Ungerechten, sei sie auch noch so groß in materialistischer Hinsicht, nichts gegen die unbesiegbare spirituelle Macht des Islams ausrichten kann. Die Niederlage der UdSSR überstieg die optimistischsten Erwartungen. Die Mudschahidine kehrten siegreich in ihre jeweiligen Länder zurück: Algerien, Marokko, Palästina, Saudi-Arabien, ... und bereit, die Revolution innerhalb und außerhalb ihrer Länder fortzuführen. Wer würde der nächste sein? Wer ist arrogant schlechthin, ein unverbesserlicher Unwissender, der mächtigste und größte kafir (unwissende und gottlose unrechtmäßige Besitzer der Macht), der reichste der „arroganten/Kapitalisten“, der schlimmste der „eliminierbaren“: die USA. Man muss es nur immer wieder in den Koranschulen und in den Freitagspredigten wiederholen und auf Kassetten und in Schmähschriften vervielfältigen, um es weit zu verbreiten, so dass unter den „Enteigneten/Proletariern“ Mudschahidine auftauchen, die des Sieges sicher sind und dazu bereit sind, als Märtyrer ins Paradies zu kommen und gegen das Symbol des „Kapitalismus und den widerrechtlichen Besitzer der Macht“ schlechthin ein Attentat zu verüben: das World Trade Center. Ist es etwa akzeptabel, dass ein ungläubiger Materialist die Hegemonie der Welt übernimmt?

Als Khomeini den Schah als “schuldigen und gottlosen widerrechtlichen Inhaber der legitimen Macht“ anklagte, fehlten ihm die historischen Gründe dazu nicht, die Familie Pahlavi hatte vom Thron des Iran widerrechtlich Besitz ergriffen. Reza Khan gelangte durch einen Militärputsch an die Krone, als er Kriegsminister unter Qavam Saltaneh (der ewige Prätorianeraufstand) war. Er tat das mit der Unterstützung von Großbritannien, das sich seine Erdölinteressen in Masjed Soleyman sichern wollte. Der neue Schah förderte, in Nachahmung von Atatürk, die laizistische Erziehung, als Gegengewicht zum Monopol der Madrasas der Moscheen, gründete 2500 Schulen und verbot, neben weiteren Änderungen zur Modernisierung, den sardari (das traditionelle männliche Gewand) und den Tschador oder das weibliche Kopftuch. Aber er war der letzte Schah, der die große Sünde beging, die großen Besitztümer zu verstaatlichen, um eine Agrarreform herbeizuführen, wo doch die Großgrundbesitzer Ayatollahs waren. Der erste öffentliche Mord, der von einem religiösen Fundamentalisten verübt wurde, ist der Mord am persischen Premierminister Razmar, am Mittwoch den 7. März 1951, als er zur Moschee ging, am Vorabend der Erneuerung des Erdölvertrags des Iran mit der britischen AIOC. Neben den religiösen Motiven der Fundamentalisten gibt es wirtschaftliche und politische. Die Attentate in Madrid wollten einen Regierungswechsel in Spanien herbeiführen.

Handlungen wie die Besetzung des Irak schüren das Feuer der Fundamentalisten, und je länger die Besetzung dauert, um so größeres fundamentalistisches Kapital kann man daraus schlagen, da sich die USA nicht nur als das „arroganteste und mächtigste“ Land zeigt, sondern auch in zwei moslemische Länder eingefallen ist, die Hoheit widerrechtlich an sich gebracht hat und darauf besteht, diese für ihre Interessen zu behalten, und zwar mittels einer Marionettenregierung, und gleichzeitig beweisen ihre Truppen täglich öffentlich vor den Augen der Bevölkerung ihr „Unwissen“ und das Fehlen jeden Respekts vor den islamischen Regeln und Sitten, und zwar mit Handlungen wie Frauen auf der Straße abzutasten oder gewaltsam die Privatsphäre der Häuser zu verletzen, indem sie Mitten in der Nacht Türen einschlagen; demzufolge zeigen sie sich als störrische „verderbte und eliminierbare Personen“, die man bekämpfen und denen man die Dschihad erklären soll. Die Attentate gegen die Besatzungsmächte werden permanent andauern und zu einer Spirale der Gewalt führen, wie die, die mit der Intifada in Palästina losbrach, aber mit mehr Mitteln und ohne die Möglichkeit einer Lösung, so lange die Besatzungsarmee in dem Gebiet bleibt.

Aber das Ziel des Umsturzes sind nicht die USA, sondern Saudi-Arabien. Ein Staat, der nicht als „gottlos“ angeklagt werden kann, so wie der Schah von Persien, noch als „arrogant, der sich nicht um die Armen kümmert“, wo er doch einen großen Teil der Moscheen und der Madrasas auf der ganzen Welt finanziert, und es fehlt ihm auch nicht die dynastische Legitimität und die puritanische Orthodoxie wahabista, aber man kann ihn als „unwürdigen Diener im Dienst eines mächtigen Gottlosen“ anklagen, weil er Vasall des großen „gottlosen unrechtmäßigen Besitzers der Macht“, nämlich der USA, ist. Die nordamerikanische Regierung als „gottlos und mächtig“ anzuklagen, ist so, als wenn man die saudische Regierung als „Diener im Dienste eines Gottlosen“ anklagte. Das Feuer zielt gegen Amerika, aber das Zielfernrohr ist auf Riad gerichtet.

Die Invasoren von Afghanistan und dem Irak bestätigen in der fundamentalistischen Mentalität die widerrechtliche Besitzergreifung der legitimen Herrschaft durch die USA und rechtfertigen die Anwendung der Dschihad gegen sie. Die Fotografien von Abu Ghraib und die Szenen von Guantanamo sind nicht wirklich entlastende Argumente. Wenn man mit der Hilfe Allahs das materialistische Sowjetimperium vernichtend schlagen konnte, dann haben die islamistischen Aktivisten keine Zweifel daran, dass man analog dazu den nordamerikanischen Materialismus schlagen kann. Die Attentate gegen die westlichen Invasoren sind dadurch gerechtfertigt, dass sie „Gottlose sind, die unrechtmäßig die Macht als Invasoren innehaben“, und die Attentate gegen die örtlichen Sicherheitskräfte, die im Dienst der Regierungen stehen, welche von den Invasoren eingesetzt wurden, werden dadurch gerechtfertigt, dass sie „ungerechte Diener im Dienste eines mächtigen Gottlosen“ sind. Es stimmt, dass es jeden Tag mehr Personen gibt, die dazu bereit sind, sich zu opfern und die kafir zu „exekutieren“. Die größten Extremisten geben sich nicht damit zufrieden, die Invasoren des Irak und von Afghanistan zu eliminieren und den palästinensischen Konflikt zu lösen, sondern sie streben danach, ein islamisches Imperium auf der Welt zu errichten, und zwar mit der Hilfe Gottes, denn „der Erfolg gehört den Gläubigen“.

The fundamentalist ideology of Islam

“This war is an ideological war”
President Bush

In order to simplify and at the cost of giving a schematic view more than is due, we will restrict ourselves to four thinkers, two Sunnis: Quotb and Mawdudi; and two Shiites: Shariati and Jomeini. Two Arabs, one Pakistani and a Persian. Their theories were developed through the semantic transformation of a number of Koranic terms, which they boost with new meanings, some with a Marxist sense and all with revolutionary intentions as a reaction against the imperialism of the West and against the pro-Western Arab and Iranian Governments.

The Islamic theorists start from the concept of jahiliya, ignorance. The Koran uses this term to refer to the polytheist situation previous to the preaching of Mahomet, but they update the term to refer to the current situation of ignorance and the failure to practice the Koranic rites and laws by non-practicing Muslims and by impious foreigners. An important conceptual binomial is the pair: hakimiya-ubudiya. Hakimiya is the sovereignty which, according to the Koran, belongs only to God, and ubudiya is the obedience due to this sovereign, which must be total. Islam is the voluntary and absolute submission to the divine will.

The political problem arises when this “sovereignty” is in the hands of an ignorant jahili, in which case, the sovereign is evil, kafir and those who obey him are worthless talin. Both the evil and the worthless are perverse and eliminable takfir.

Two other relevant concepts in fundamentalist and revolutionary political thought are the mostadafine, the disinherited and the mostakbirine, the arrogant. The Koran refers to those who have a right to alms and the rich who do not exercise charity. However, in the fundamentalist, revolutionary literature, the two terms are charged with the Marxist concepts of capitalists and proletarians. Finally, another two terms are the wada, to propagate good, and jihad, to combat evil. There are two sure ways to paradise: to propagate doctrine and combat the kafir. This spirit of combat has a private version of ascetic struggle and a public version of collective struggle as part of the asabiya the union of Islam in solidarity.

With these few terms we have sufficient ingredients to ideologically arm an Islamic revolution. Jomeini justified his revolution on the grounds that the Shah was guilty of jahiliya (ignorance) and, as he held sovereignty (hakimiya), he is a kafir (evil ad impious), consequently, perverse and eliminable, as were his followers. Moreover, those who occupied posts in the Government of the Shah were “arrogant/capitalist” and the rest of the people “dispossessed /proletarians”. With this, he managed to unite the middle class and the proletarian revolutions, those with businesses, the members of the bazar, with no political power, dispossessed of power, joined the young people with no work and no hope in the future, economically dispossessed. The consequence was the Iranian revolution. It is understandable that, after Jomeini landed in Teheran on February 1, 1979, neither the army nor the SAVAK (secret police) opposed him, nobody wanted to be labelled as “worthless at the service of an evil power”. There is a similarity between the lack of resistance to Jomeini in 1979 and the unopposed advance of the Talibans towards Kabul in 1996. There were two good reasons: nobody wanted to appear to be talin and the people associated Islam with Justice.

However, the Shah was not the only kafir in this world. There are other rulers in Islamic countries, who are eliminable, and revolution against these is legitimate, and they are “worthless” like those who back them, among others, the United States. However, the worst was the USSR, the invader of Afghanistan, against which the jihad was declared with the support of Pakistan and the United States. The defeat of the power of the Shah in the name of Allah demonstrated that the power of the evil one, however great it may be in material terms, could do nothing against the invincible spiritual power of Islam. The defeat of the USSR went beyond the most optimistic expectations. The Muyahidines returned victorious to their respective countries: Algeria, Morocco, Palestine, Saudi Arabia, ready to continue the revolution within and beyond the borders of their own countries. Who will be next? Who is the epitome of arrogance, unrepentant in its ignorance, the most powerful and the greatest kafir (ignorant and impious illegitimate holders of power), the richest of the “arrogant/capitalists”, the worst of the “eliminable”? The United States. It is only necessary to repeat this over and over again in the Koranic Schools and in the Friday sermons, reproduce it in cassettes and in pamphlets in order to divulge it widely so that Muyahidines might arise among the “unprotected /proletarians”, with victory assured and ready to enter paradise as martyrs, ready to attack the symbol of the epitome of “capitalism and the usurper of power”: the Twin Towers. Is it possible to assume that a materialist infidel can assume world hegemony?

When Jomeini accused the Shah of being “the evil and impious usurper of legitimate power”, he did have historical reasons, the Palavi family had usurped the throne of Iran. Reza Khan acceded to the throne through a coup d’etat when he was War Minister with Qavam Saltaneh (the eternal Praetorian revolt). He did so with the help of the United Kingdom, which wanted to ensure its oil interests in Masjed Soleyman. The new Shah, imitating Ataturk, promoted lay education against the monopoly of the madrassas of the mosques, he created 2,500 schools and, between other modernising changes, he prohibited the sardari (the typical male suit) and the chador or women’s veil. But it was the last Shah who committed the great sin of nationalising the large properties in order to carry out an agricultural reform, when the large landowners were the ayatollahs. The first public assassination committed by a religious fundamentalist was the killing of the Prime Minister Persa Razmar, on Wednesday March 7, 1951, when he was on his way to the mosque, on the eve of accepting the renewal of the oil contract made by Iran and the British AIOC. Added to the religious motives of the fundamentalists were the economic and political reasons. The attacks in Madrid sought to change the government in Spain.

Actions such as the occupation of Iraq stoked the fundamentalist bonfire and the longer the occupation lasts, the greater will be the fundamentalist capitalisation of the situation as the United States is not only the most “arrogant and powerful”, but has invaded two Muslim countries, has usurped sovereignty and insists on maintaining this in its own interest through puppet governments; while each day its troops publicly show the population their “ignorance” and lack of respect for the norms and customs of Islam, with actions such as searching women in the street or breaking down the doors of private houses breaching their sanctuary, knocking down doors at midnight; consequently, it has shown that it is unrepentantly “perverse and eliminable” and must be combated and a jihad declared against it. The attacks against the occupation forces will be permanent, and threatens to spiral into violence similar to what was unleashed in Palestine with the intifada, but with more resources and with no possibility of solution while the occupying army remains in the zone.

However, the revolutionary objective is not the United States, but Saudi Arabia. A state which cannot be accused of being “impious”, as was the Shah of Persia, nor “arrogant and not attending to the poor”, when it finances a large part of the mosques and madrassas all over the world and does not lack dynastic legitimacy and puritan Wahabi orthodoxy, but it can be accused of being “worthless servants of an impious power”, insofar as it is a vassal of the great “impious one illegitimately holding power”, the United States. To accuse the U.S. Government of being “impious and powerful” is to declare that the Saudi Arabian Government is “a servant at the service of an impious one”. The shots are being fired against the United Stats, but the target is Riad.

The invasions of Afghanistan and Iraq confirm the usurpation of legitimate sovereignty by the United States in the fundamentalist mentality and justify jihad against it. The photographs of Abu Ghrib and the scenes in Guantánamo are not precisely arguments for the defence. If the materialist soviet empire was defeated with the help of Alah, the Islamic militants have no doubts that U.S. materialism will be defeated in a similar way. The attacks against the Westerners who participate in the invasions are justified as these are “impious and illegitimately obtain power as invaders” and the attacks against the local security forces at the service of the governments imposed by the invaders are justified as these are “evil servants at the service of an impious power”. What is certain is that each day more and more persons are ready to sacrifice themselves in order to “execute” the kafir. The most extremist are not satisfied with eliminating the invaders of Iraq and Afghanistan and to resolve the Palestinian conflict, but they also aspire to set up an Islamic Empire in the world, a Caliphat, with the aid of God as “success is for the believers” and, as a first stage, the recuperation of territories that were once islamic, beginning with Jerusalem.

La ideología fundamentalista Islámica

“Esta guerra es una guerra ideológica”. Presidente Bush

Para entender las bases ideológicas del Fundamentalismo Islámico, vamos a limitarnos, a fin de simplificar y al coste de esquematizar quizás más de lo debido, a cuatro pensadores, dos sunnitas: Quotb y Mawdudi; y dos chiitas: Shariati y Jomeini. Dos árabes, un paquistaní y un persa. Sus teorías se desarrollan mediante la transformación semántica de una serie de términos coránicos, a los que potencian con nuevos sentidos, algunos con cierto contenido marxista y todos ellos con una intencionalidad revolucionaria que se encauza como reacción ante el imperialismo de Occidente y contra los gobiernos árabes pro-occidentales.

Los teóricos islámicos parten del concepto de la jahiliya , la ignorancia. El Corán se refiere con este término a la situación politeísta previa a la predicación de Mahoma, pero actualizan el término para referirse a la situación actual de ignorancia y falta de práctica de los ritos y leyes coránicas, tanto por parte de musulmanes no practicantes como de extranjeros impíos. Un binomio conceptual importante es el par: hakimiya-ubudiya. La hakimiya es la soberanía que, según el Corán, pertenece sólo a Dios, y la ubudiya es la obediencia debida a esa soberanía, que debe ser total. Islam es el sometimiento voluntario y absoluto a la voluntad divina.

El problema político surge cuando esa “soberanía” está en manos de un ignorante jahili , en cuyo caso, el soberano es inicuo, kafir y los que le prestan su obediencia son indignos talin. Ambos, inicuos e indignos son perversos y eliminables takfir .

Otro par de conceptos relevantes en el pensamiento político fundamentalista y revolucionario es el de mostadafine , los desheredados y los mostakbirine , los arrogantes. En el Corán se alude a los que tienen derecho a limosna y los ricos que no ejercen la caridad. Pero en la literatura fundamentalista revolucionaria, los dos términos se cargan de los conceptos marxistas de capitalistas y proletarios, en una permanente lucha de clases. Un último par de términos es el de wada , propagar el bien, y jihad combatir el mal. Son dos caminos seguros al paraíso: propagar la doctrina y combatir al kafir . Ese espíritu de lucha tiene una versión privada de lucha ascética y una versión pública de lucha colectiva como parte de la asabiya la unión solidaria del Islam.

Con esos pocos términos tenemos los ingredientes suficientes para armar ideológicamente una revolución islámica. Jomeini justifica su revolución, porque el Sha es reo de jahiliya (de ignorancia) y como ostenta la soberanía (hakimiya) es un kafir (inicuo e impío) y, por consiguiente, un perverso y eliminable. Al igual que sus seguidores. Además, los que ocupan puestos de gobierno con el Sha son “arrogantes/capitalistas” y el resto del pueblo “desposeidos/proletarios”. Con lo cual logra aunar la revolución burguesa con la proletaria, los comerciantes, carentes de poder político, desheredados del poder, se unen con los jóvenes sin trabajo ni esperanza de futuro, desheredados económicamente. La consecuencia es la revolución Irání. Es comprensible que, tras aterrizar Jomeini el 1 de febrero de 1979 en Teheran, ni el ejército ni la SAVAK (policía secreta) se opongan, nadie quiere ser etiquetado de “indignos al servicio de un poder inicuo”. Hay una gran semejanza entre la falta de resistencia ante Jomeini en el 79 y el avance sin resistencia de los Talibanes hacia Kabul en el 96. La razón es doble: nadie quiere aparecer como talin y, por otra parte, el pueblo asocia Islam con Justicia.

Pero el Sha no es el único kafir de este mundo. Hay otros gobernantes de países islámicos reos de ser eliminables, contra los que es legítima la revolución y son “indignos” como quienes los soportan, entre otros, los EE.UU. Pero el peor era la URSS, invasora de Afganistán y contra la cual se declara la jihad con el apoyo de Paquistán y de los EE.UU. La derrota del poder del Sha en el nombre de Alá ha demostrado que el poder del inicuo, por grande que sea en términos materiales, no puede nada contra el invencible poder espiritual del Islam. La derrota de la URSS desbordará las expectativas más optimistas. Los mujaidines regresarán victoriosos a sus respectivos países: Argelia, Marruecos, Palestina, Arabia Sudí,... dispuestos a continuar la revolución dentro y fuera de sus países. ¿Quién será el siguiente?. ¿Quién es el arrogante por antonomasia, el ignorante empedernido, el más poderoso y el mayor kafir (ignorantes e impios detentadores ilegítimos del poder), el más rico de los “arrogantes/capitalistas”, el peor de los “eliminables”: Los EE.UU. Solo queda repetirlo una y otra vez en las escuelas coránicas y en los sermones de los viernes, de reproducirlo en casetes y en pasquines para difundirlo ampliamente, para que, entre los “desamparados/proletarios”, surjan mujaidines , seguros de la victoria y dispuestos a entrar en el paraíso como mártires, que estén listos para atentar contra el símbolo “capitalista y usurpador del poder” por antonomasia: Las Torres Gemelas. ¿Acaso es asumible que un infiel materialista asuma la hegemonía mundial?

Cuando Jomeini acusó al Shah de “inicuo e impío usurpador del poder legítimo”, no estaba falto de razones históricas, la familia Palavi había usurpado el trono de Irán. Reza Khan accedió a la corona mediante un golpe militar cuando era Ministro de la Guerra con Qavam Saltaneh (la eterna revuelta pretoriana). Lo hizo con el apoyo del Reino Unido, que quería asegurar sus intereses petrolíferos en Masjed Soleyman. El nuevo Shah, a imitación de Ataturk, potenció la enseñanza laica, frente al monopolio de las madrazas de las mezquitas, creo 2.500 escuelas y, entre otros cambios modernizadores, prohibió el sardari (el tradicional traje masculino) y el chador o velo femenino. Pero fue el último Shah quien cometió el gran pecado de nacionalizar las grandes propiedades para realizar una reforma agraria, cuando los grandes terratenientes eran los ayatolás. El primer asesinato público cometido por un fundamentalista religioso es la muerte del Primer Ministro Persa Razmar, el miércoles 7 de marzo de 1951, cuando iba camino de la mezquita, en vísperas de aceptar la renovación del contrato petrolífero de Irán con la AIOC británica. A los motivos religiosos de los fundamentalistas se unen motivaciones económicas y políticas. Los atentados de Madrid buscaban un cámbio de gobierno en España.

Acciones como la ocupación de Irak proporciona leña a la hoguera fundamentalista y cuanto más dure la ocupación mayor será la capitalización fundamentalista de ese hecho, ya que los EE.UU. se muestran no sólo como el mayor “arrogante y poderoso”, sino que ha invadido dos paises musulmanes, ha usurpado la soberanía y se empeña en mantenerla para sus intereses mediante gobiernos títeres; a la vez que, diariamente, sus tropas manifiestan públicamente a los ojos de la población su “ignorancia” y falta de respeto por las normas y costumbres islámicas, con acciones como cachear en la vía pública a las mujeres o la vulneración por la fuerza de la patada en la puerta el santuario de las viviendas privadas, derribando puertas a media noche; por consiguiente, se muestra como un “perverso y eliminable” recalcitrante al que hay que combatir y declarar la jihad . Los atentados contra las fuerzas de ocupación serán permanentes, amenazando una espiral de violencia análoga a la que se desencadenó con la entifada en Palestina, pero con más medios, y sin posibilidad de solución en tanto el ejército de ocupación se mantenga en la zona.

Pero el objetivo revolucionario no son los EE.UU, sino Arabia Saudita. Un estado que no puede ser acusado de “impío”, como lo fuera el Sha de Persia, ni de “arrogante que no atiende a los pobres”, cuando financia gran parte de las mezquitas y madrasas de todo el mundo y no esta falto de legitimidad dinástica y ortodoxia puritana wahabista, pero si se le puede acusar de “indignos siervos al servicio de un impio poderoso”, en cuanto vasallo del gran “impío detentador ilegítimo del poder” que son los EE.UU. Acusar al gobierno norteamericano de “impíos y poderosos” es declarar al gobierno saudita como “siervos al servicio de un impío”. Los tiros van contra América pero la diana esta puesta en Riad.

Las invasiones de Afganistán y de Irak confirman en la mentalidad fundamentalista la usurpación de la soberanía legítima por los EE.UU. y justifican la aplicación de la jihad contra ellos. Las fotografías de Abu Ghrib y las escenas de Guantánamo no son precisamente argumentos de descargo. Si con la ayuda de Alá se derrotó al imperio materialista soviético, a los militantes islámicos no les cabe duda que, de análoga manera, se derrotará al materialismo norteamericano. Los atentados contra los occidentales que participan en las invasiones están justificadas por ser ellos “impios que ilegítimamente obtentan el poder como invasores” y los atentados contra las fuerzas de seguridad locales al servicio de los gobiernos impuestos por los invasores quedan justificadas por ser “siervos inícuos al servicio de un impio poderoso”. Lo cierto es que cada día son más los dispuestos al sacrificio por “ejecutar” a los kafir. Los más extremistas no se conforman con eliminar a los invasores de Irak y Afganistán y resolver el conflicto palestino, sino que aspirán a implantar el Califato, el imperio islámico en el mundo, con la ayuda de Dios, pues “el éxito es de los creyentes” y, como primera fase, recuperar los antiguos territorios, empezando por Jerusalen y terminando por Al Andalus.